Sobre el concepto de Estado en la Globalización: ¿Cómo aproximarnos al Estado desde América Latina?

Por: Víctor Hugo López Llanos

Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Urbana.

Candidato a maestro en Humanidades y Ciencias Sociales por la

Universidad Autónoma de la Ciudad de México. (UACM)

y maestro en Estudios Políticos y Sociales por la UNAM.

El Estado ha sido un concepto clave en la ciencia política y objeto de estudio de varias disciplinas de las ciencias sociales. El término por lo regular asocia diversos vocablos para entender su naturaleza, pero sobre todo desprende una serie de mecanismos y fenómenos que genera en relación con la sociedad.

Junto con el Estado, las concepciones de soberanía y legitimidad han conformado los ejes principales del análisis político, en especial al ser abordado el problema del ejercicio del poder en diversas vertientes de diseños jurídicos-institucionales modernos, por ejemplo: monopolio de la violencia, monopolio de la recaudación fiscal, promoción del bienestar, facilitador de la libre empresa, entre muchos otros.

En la actualidad, la idea y concepción de Estado se ha convertido en una entidad que ha generado diversos debates y reflexiones acerca de su naturaleza, así como el papel que debe jugar en el terreno de la lógica del mercado, de la relación con las instituciones internacionales que genera la globalización, pero sobre todo por las problemáticas que enfrenta en sí mismo, no sólo en las sociedades internacionales, sino desde las sociedades regionales-latinoamericanas. Pues uno de los principales cuestionamientos que se le acecha hoy en día al Estado, es la pérdida creciente de autoridad.

En la actualidad, diversas corrientes teóricas, como la liberal y la desarrollista, le siguen adjudicando funciones de garante del bien común y el principal responsable de la aplicación de la ley. Bajo esta lógica nos preguntamos: ¿En qué sentido debemos plantearnos la nueva discusión sobre el Estado? O ¿Cómo debemos aproximarnos en la actualidad a la idea de Estado desde América Latina?

Diversos analistas e interesados sobre la idea del Estado en la globalización consideran que éste se encuentra en retirada, debido a que ya no es garante de seguridad, ni protección social. Su autoridad se ve diluida ante la firma de los tratados del libre mercado, dejando en el entredicho su soberanía que lo caracterizó en algún momento de la historia, y su legitimidad con la sociedad se ve cada vez más afectada, inhibiendo así la libertad de los individuos y la búsqueda de la igualdad a través de la impartición de la ley y la justicia.

En contraparte, hay quienes afirman que el Estado, no se encuentra ni en retirada, ni mucho menos ha sido adelgazado, sino que ahora el Estado ha sido transformado, el Leviatán ha sido redefinido bajo nuevas lógicas y ha adquirido nuevas razones de ser. Su soberanía, (aunque no es la misma que la modernidad generó), sigue en marcha. Si bien es cierto que ya no cuida, protege ni controla a su pueblo, ahora vela por los intereses del mercado, es decir, se encuentra subordinado a las determinaciones del orden global.

Justo como Víctor Manuel Moncayo afirma:

“Asistimos a una transformación, denominada globalización, que aún no tiene completa toda su arquitectura, que se ha convertido en un proceso endógeno al Estado nacional. En la globalidad no existe un grado de formalidad suficiente, pero lo que sí es indudable es que los Estados están jugando un papel central en ese proceso mediante la desnacionalización de muchos elementos que lo caracterizaban al Estado nacional”. (Moncayo, 2012: 21).

En la actualidad cuando se refiere al rol que juega el Estado en la globalización, podemos encontrar que la tarea principal asignado por la ideología neoliberal consiste en que aquél debe mantener las condiciones de estabilidad macroeconómica y disciplina fiscal de todos los contribuyentes, esto con la finalidad de generar buena expectativa en el mercado extranjero, pero que sobre todo permita un buen ambiente para las inversiones de empresas y grupos transnacionales.

Esto ha originado que el capitalismo genere transformaciones radicales en los modos de producción y de la división del trabajo, es decir, el nuevo capitalismo global genera en la sociedad y en la política una especie de subordinación constante, pero sobre todo eleva el conflicto a un nuevo nivel.

La transformación del capitalismo genera, un nuevo control de lo que Foucault llamó biopoder. Gracias a este nuevo control, el poder que manifestaba el Estado, ahora es cedido por el capitalismo, convirtiendo el poder en biopoder capital, ya que ahora el capital ejerce el control sobre el trabajo y la vida después de este. En este sentido es cuando el conflicto se eleva de nivel, pues pasa del conflicto laboral a todos los rasgos de la vida personal.

Esas características biopolíticas de la producción determinan que el poder se manifieste cada vez más sobre la vida misma; ya no sólo importa el control disciplinario de la fuerza del trabajo, sino un control pleno sobre toda la población. “Se ha llegado a un estadio más acabado de la subsunción real para lo cual es preciso un biopoder, que ante la pérdida del factor de medida en el uso de la fuerza laboral que permitía la sujeción salarial, ahora llegue a todos los espacio de la vida individual y social”. (Moncayo, 2012: 25).

El poder ha trascendido, y junto con ello el análisis y la reflexión en torno a este, ya que ahora no solamente se trata de observar quien debe ejercer el poder, sino ahora el debate gira en torno a cómo se está ejerciendo el poder y con qué propósito.

En este sentido, el Estado adquiere una nueva significación, ya no es el mismo que el pensamiento político occidental moderno estableció. Ahora el nuevo Leviatán, gira en torno a la lógica del mercado y del trabajo. El Estado ha girado el volante teniendo una nueva dirección, una nueva misión.

Bajo este argumento, el Estado no ha desaparecido, ni mucho menos se encuentra en retirada, sino que ahora se ha convertido en un nuevo intermediario. Interviniendo de una manera diferente para la organización de la globalidad, en otras palabras, el Estado se ha convertido en un elemento más del gran engranaje que está generando la globalización y el nuevo orden mundial.

Por otro lado, esta nueva forma de ser del Estado genera en el interior de los los sistemas de gobierno grandes dificultades en su implementación, en especial de la democracia, y en el desarrollo activo de los ciudadanos quienes integran los endebles Estados-nacionales.

Guillermo O’Donell, ubica diversas crisis en el interior del Estado, pero una de las principales problemáticas que enfrenta el Leviatán, se encuentra en el rasgo institucional-normativo, ya que el Estado encuentra una precariedad para establecer sistemas democráticos afines a la impartición de la justicia y aplicación de la ley. Sobre todo en América Latina, pues la gran ola de democratizaciones que se han originado en los últimos años en la región carece de representación notable.

En este sentido, la crisis del Estado, está sedimentada por diversos aspectos que según O’Donell son fundamentales para su entendimiento. Podemos ubicar tres aspectos fundamentales:

  • El Estado y las diversas crisis económicas nacionales y globales
  • La desintegración del aparato estatal y la ineficacia del aparato burocrático.
  • Y la atomización creciente de la sociedad, debido a la endeble consolidación democrática, produciendo ciudadanos de baja intensidad sobre los asuntos públicos.

La crisis del Estado se materializa en la incapacidad de promulgar leyes y regulaciones a la vida social, que sean eficaces a lo largo de las jurisdicciones y de sus sistemas de estratificación.

En muchas democracias emergentes, la eficacia de un orden representado por la ley y la autoridad del Estado se desvanece (…) El aumento de la criminalidad, las intervenciones ilícitas de la policía en los vecindarios pobres, la práctica habitual de la tortura e incluso ejecuciones sumarias de sospechosos de crímenes que provienen de sectores pobres o estigmatizados, la negación de los derechos de la mujer y de diversas minorías, la impunidad del tráfico de drogas y el gran número de niños abandonados en las calles (…) También expresan la ineptitud creciente del Estado para poner en vigor sus propias regulaciones. (O’Donell, 1993: 73).

Estos son algunas de las problemáticas que desprende la insolvencia del Estado para solucionar los problemas internos de ciertos países a nivel latinoamericano y el resto del mundo. Es aquí cuando afirmamos que el Estado es demasiado grande para solucionar sus problemas locales y demasiado pequeño para solucionar los problemas globales. Por lo tanto, el capitalismo de la globalización demanda integración financiera subordinando al Estado, y por el otro lado genera segregación en la sociedad, banalizando el doble discurso de los ganadores y perdedores de la globalidad.

El Estado de la globalización adquiere una nueva dimensión, la contradicción en sus aparatos administrativos, institucionales, normativos y hasta territoriales se han convertido en una especie de simbiosis poco ortodoxa. Ya que la estructura del Estado ahora es garante de una nueva relación y de un nuevo paradigma que se desprende de la relación contradictoria y conflictiva de la sociedad y el capitalismo. “Si el Estado en una forma de una relación social contradictoria, sus acciones y morfología misma dan cuenta de esa contrariedad” (Thwaites y Ouviña, 2012:59).

En las sociedades actuales, el Estado, el poder y la sociedad se están convirtiendo en categorías inescindibles, en el sentido de que ahora el poder juega desde los escenarios globales, convirtiéndose en un nuevo poder transnacional, y por lo tanto la sociedad está adoptando nuevos rasgos de relación por ejemplo: la individualidad.

Este nuevo escenario obliga a repensar el concepto de Estado, pero sobre todo a entenderlo desde una nueva gramática, justo como Guillermo O’Donell lo afirma. No es pretensión de este texto dar una nueva definición al respecto, sino poner diferentes acentos en las diferentes características que ahora lo componen, para después sustraer un nuevo debate de un nuevo referente acerca de lo que se ha convertido el Estado.

En este sentido, si hoy en día abordamos el concepto del Estado y analizamos la razón de ser del mismo en la era global, nos obligaría a pensarlo desde un arquetipo no ideal, desprendiendo así diversas interrogantes por ejemplo: ¿cómo debemos analizar al Estado desde el contexto internacional?, ¿cómo un actor proactivo? o ¿como un espectador de la nueva economía política mundial?, ¿sigue siendo el Estado el contenedor de la violencia legítima como lo apuntaba la reflexión weberiana o es cada vez más tangible y observable la desaparición de dicho ejercicio para mantener el orden social?, ¿Qué papel juega la academia latinoamericana sobre los estudios del Estado para aportar nuevos referentes que expliquen nuestras nuevas realidades?

En suma, la situación latinoamericana en este contexto, debe mostrar nuevas aristas para pensar la potencialidad de su conocimiento, pero sobre todo deberá generar diversas salidas e interrogantes como punto de partida al momento de reflexionar sobre la idea del Estado en los procesos globalizatorios, y de la misma manera ubicar la contradicción del capitalismo para generar diversas soluciones que acechan a la región en cuestión económica, estatal, cultural y social.

Latinoamericana manifiesta y tiene enfrente un nuevo desafío.

Bibliografía:

O’Donell, Guillermo. “Estado, democratización y ciudadanía”, en: Nueva Sociedad No. 128, noviembre-diciembre de 1993.

Moncayo, Víctor Manuel. “Repensar la legitimidad democrática. La opinión pública a debate”. En: ¿Qué democracia en América Latina? Isidoro Cheresky (coord.) Prometeo/CLACSO, Buenos Aires.

Thaites Rey, Mabel y Ouviña Hernán. “La estatalidad latinoamericana revisitada. Reflexiones e hipótesis alrededor dell problema político y las transiciones”, en: El estado en América Latina: continuidades y rupturas. (Mabel Tahwaites Rey, ed.) Arcis/CLACSO, Santiago de Chile, 2012.

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