Sobre la Idea del Sujeto Revolucionario en la Nueva era Global. Limitaciones y Nueva Propuesta. Parte 1

Por: Víctor Hugo López Llanos.

El símbolo por excelencia del Sujeto Revolucionario Tradicional, es el proletariado y el campesinado como su principal aliado. No obstante, la globalización, reconfigura las clases sociales en sociedades  cada vez más heterogéneas. Haciendo que la identidad autóctona del individuo sea cada vez más débil ante el trans-culturalismo que propicia el uso de las nuevas tecnologías entre las nuevas generaciones.

Esto origina, que el lazo social por la cultura se disperse, así como por la política. Si bien, en un momento las sociedades evidenciaban su alto rasgo politizador, en donde existía la visión de un mundo alterno, organizado por el socialismo, hoy cada vez las nuevas generaciones dejan de identificarse al ideal viejo, para ahora identificarse con un nuevo ideal.

Las libertades civiles juegan un papel importante, no sólo de los gobiernos, sino ahora de la humanidad entera. Naciendo con ello diversos movimientos en defensa de los derechos humanos, los movimientos ecologistas, los movimientos sobre el respeto a la preferencia sexual, entre muchos otros.

Quitándole protagonismo a los viejos movimientos sociales de corte  proletaria, pues aunque no  han dejado de existir y manifestarse en la escena pública, ahora son con los demás actores con los que comparte el escenario. Y me atrevería a decir, que ahora los movimientos sociales mantienen Sujetos tan diversos, que lo único que los hace ser iguales son sus objetivos y sus fines.

Es decir, podemos encontrar, por mencionar algún  ejemplo: movimientos ecologistas, que están integrados por obreros, campesinos, intelectuales, feministas, académicos, amas de casa, padres de familia, homosexuales, políticos, y algunas veces, hasta pequeños empresarios.

Por lo tanto, aceptar la tesis de que ahora cada vez más disminuye la clase proletaria de los países industrializados, es una verdad. Esto se debe, entre muchas otras cuestiones, por el método de la globalización, al pasar de un sector industrial, a un sector en donde se demande los servicios de una cierta especialización capitalista. Sin embargo, el nuevo capital financiero no deja de tener fuerza de trabajo.

Entonces, ¿podemos hablar del  fin del proletariado como aquel propulsor del cambio revolucionario?

Ante el retroceso parcial de los obreros industriales en la escena política. Son los grupos emergentes los que toman el relevo de esas acciones, influenciados por los métodos de lucha y experiencia política del antiguo proletariado.

Por lo tanto, estos nuevos actores  sociales caen en el reformismo de sus propias condiciones. Haciendo que sus demandas sean insoportables para el capital y se conviertan en una especie de reformas-semi-revolucionarias. No porque esta sea la concepción de estos grupos, si no por cuestiones exógenas y ajenas a los propios grupos. He aquí un resultado importante de la globalización en nuestras vidas.

Anthony Giddens, explica este fenómeno social, en su obra “A Runaway World. Effects of  Globalization on our Lives”.

La globalización según este autor, tiene efecto en la familia, en el sistema político (Democracia), en la naturaleza por el calentamiento global (Riesgo) y por nuestra forma de vida (Tradiciones).

Esto nos conduce a que nuestros comportamientos locales tengan poca injerencia en los asuntos globales, principalmente en la cuestión del poder, la economía y la ecología, así como demás problemas que acechan la armonía de la humanidad en su conjunto.

Es por ello, que si consideramos al Sujeto Revolucionario Tradicional que actúe bajo la  intención de mejorar la condición global de la sociedad, su accionar está propenso a quedar demasiado corto, debido a la poca fuerza que pueda acumular en el terreno local. Ya que con la globalización, las elites, los grupos y los mecanismos de opresión, como los consideran los marxistas, ya no se encuentran en el espacio local, en otras palabras, ahora el poder de estos grupos  es transnacional.

Por tal motivo, si pensamos en la construcción de un Nuevo Sujeto Revolucionario, es indispensable considerar el nuevo orden mundial imperante, así como la mutación de valores, ideas y cosmovisiones de la sociedad mundial. Considerando también la redefinición del Estado, de la cultura, de la economía y de los medios de comunicación. Además, es indispensable para el Nuevo Sujeto Revolucionario, considerar las transformaciones demográficas y territoriales de su actuar.

En pocas palabras, el Sujeto fundamental del cambio revolucionario debe tornarse bajo este proceso de globalización, es decir, bajo procesos inacabados y cambiantes a los nuevos panoramas globales.

Lo anterior, configura que ahora los nuevos líderes revolucionarios remodelen y redefinan sus mecanismos de acción, para poder influir  y solucionar sus problemas globales de forma local.

No obstante, en el terreno de lo político, han surgido lideres con fervor y discurso revolucionario, pero que en cierta manera, recomponen el modelo revolucionario anti- sistémico, hacia una configuración manualística, pragmática, populista y carismática. Utilizando el eje izquierdista para fomentar y proyectar sus lineamientos para conseguir bienestares sociales.

Por ejemplo, en Latinoamérica, a raíz de lo que se conoce como la crisis del neoliberalismo, surgen líderes que retoman el viejo discurso revolucionario para solventar y ganar votos en las elecciones. Creando una nueva especie de social democracia partidaria.

Sin embargo, los fieles admiradores del marxismo, critican a estos partidos políticos, al considerarlos como partidos manualísticos, pragmáticos, oficialistas, izquierdas tibias, pero sobre todo reformistas con las causas de la sociedad.

Pues el revolucionario tradicional, se caracteriza etimológica y esencialmente como transformador de su propia realidad, a través de la modificación total de su cultura, de su economía, de su forma de relación con otro, y por ende, de su forma de hacer política.

Por lo tanto, al contraponer la izquierda radical marxista, comunista, guevarista, socialista, anarquista, autonomista, trotskista, maoísta, leninista, fannonista, etc. Procede más allá de manualidades institucionales, establecidos por la burguesía,  conformando así una izquierda anti-sistémica, en donde se proclame la libertad y la igualdad de la sociedad.

Aquí podemos ubicar a grupos anti-sistémicos que concuerdan con esta izquierda radical, a los Piqueteros en Argentina, al Movimiento sin Tierra en Brasil, al Ejercito Zapatista de Liberación Nacional en México. Por lo que podríamos decir que aquí es en donde se desenvuelve, se materializa y se reproduce la ideología política del Sujeto Revolucionario Tradicional.

Todo lo contrario a la izquierda social demócrata oficial, ya que al  no contraponer una idea de liberación y de igualdad, se convierte automáticamente en un elemento  tibio, al sólo buscar reducir los niveles de crueldad del capital entre los individuos. Aquí  podemos encontrar a presidentes que han ascendido al poder, como Lula Da Silva en Brasil, Evo Morales en Bolivia, Hugo Chávez en Venezuela, Bachelet en Chile, entre otros. Entonces ¿Se puede ubicar  en este nuevo grupo al Nuevo Sujeto Revolucionario pro-Democrático?

Como hemos argumentado, la izquierda, el Sujeto Revolucionario, la democracia y  tantos otros conceptos que estructuraban y eran parte de la realidad de la primera modernidad, hoy con la globalización, dichos conceptos se convierten en terminologías inestables, efímeras, liquidas.

Pues al examinar los motivos implícitos que estuvieron detrás de los discursos izquierdistas del Sujeto Revolucionario Tradicional de las décadas de los 60’s y de los 70’s en América Latina del siglo XX, pronto aparecerán que son supuestos meramente ideológicos. Y lo son en el sentido marxista de la expresión, pues hay que recordar que para Marx, la ideología es una transformación de la realidad que no necesariamente corresponde a la realidad holística de la sociedad.

El establecimiento de la revolución social, hoy es cada vez más difícil y me atrevería a decir, casi imposible, pues ahora son los nuevos ciudadanos mundiales que concuerdan con la vieja, pero con la aun vigente teoría del discurso liberal político. Es decir, ahora las nuevas luchas son por el cumplimiento de los derechos y las obligaciones de los propios ciudadanos y por ende, de los nuevos ideales democráticos, ya no solo en el terreno local, sino ahora, en nuevo terreno  global.

Esto ha propiciado, que junto con la globalización, la izquierda, el pueblo, la democracia y lo que se conocía como el Sujeto Revolucionario Tradicional se conviertan en conceptos que significan todo y nada. Esto debido en gran parte a la utilidad que le dan los demagogos  para despertar y perseguir intereses propios.

Otro supuesto de la incapacidad y la poca pertinencia del Sujeto Revolucionario Tradicional en la era de la globalización, recae necesariamente, en el modus operandi de este Sujeto. Pues hay que recordar que otra característica principal del Sujeto Revolucionario Tradicional es la necesidad de combatir con las armas.

El principio de la toma del poder por la vía armada, en la era de la democracia, está fuera de toda concepción. Pues al concebir que un grupo llegue al poder a través de este mecanismo, casi en automático, caería en la ilegitimidad entre su población, fuese catalogado por los medios informativos como autoritario por prohibir la libertad para elegir gobernantes, además se crearía un espacio de incertidumbre al no tomar en cuenta la necesidad de las libertades sociales y civiles.

En lo que respecta a la economía, se conduciría por el terreno de la economía cerrada, creando una espacie de estancamiento económico, debido a que los mercados internacionales demandan su apertura, además impulsando la migración y un desperdicio del bono demográfico.

En el aspecto ideológico, existiría un desgaste constante de las ideas marxistas, pues al ser corrompido por el líder en el poder, la sociedad dejaría de creer en su proyecto, cayendo en la incredibilidad y con ello, el brote de movilizaciones por toda la nación.

Sin embargo, hay que reconocer que en la actualidad el mundo experimenta cambios. Prevaleciendo, que algunos grupos altermundistas, sigan abogando, que son precisamente, los días difíciles de crisis y de incertidumbre, los que orillan a realizar una nueva revolución. A partir de los cuatro pilares que conforma una sociedad posmoderna en la era global: la política, la economía, la cultura, y hoy en día, el medio ambiente.

En el nivel político, estos actores argumentan, que hoy es más que evidente una crisis de representación por parte de la elite política. En el terreno cultural, con la globalización, ha quedado de manifiesto, a través del modelo neoliberal, un sistema depredador de las condiciones materiales y naturales. En donde, la sobre-explotación por parte del empresario sobre la fuerza de trabajo propicia las condiciones infra-humanas de sobrevivencia, degradando las costumbres y las tradiciones de los pueblos y de las naciones.

En la esfera económica, al ser testigos de las constantes crisis, volatibilidad financiera, inflación y desprotegimiento de la seguridad social. Hoy es más que evidente y el momento propicio para realizar una revolución global, y con ello, alcanzar los ideales de un mundo alterno, justo y libre. Sin embargo, estos argumentos pueden ser catalogados como ilusos y poco promisorios.

A pesar que ambos discursos son adversos, presentan un elemento que los hace ser casi análogos, la idea de libertad.

Para Marcuse, la tesis principal es la idea de la voluntad de emanciparnos de las redes de la propia sociedad y del predominio del capital, lo que Marcuse nunca consideró es que es la propia sociedad necesita de la relación de los individuos para poder subsistir, y con ello desarrollar las libertades.

Por lo que liberarse significa deshacerse de cualquier eslabón que impida movimiento. Tal y como Zygmunt Bauman argumenta:

“Liberarse” significa literalmente deshacerse de las ataduras que impiden o constriñen el movimiento, comenzar a sentirse libre de actuar y moverse. “Sentirse libre” implica no encontrar estorbos, obstáculos, resistencias de ningún tipo que impidan los movimientos deseados o que puedan llegar a desearse.[1]

El presupuesto tácito de nuestra realidad; la libertad ha sido concebible en nuestras mentes, a tal grado de realizar, lo que Fernando Savater llamaría en un capítulo de su obra Ética para Amador, haz lo que quieras.

Los hombres y mujeres de la globalización son absoluta y verdaderamente libres, al menos  en los grandes centros urbanos. Por lo que el ideario Marcusiano sobre la libertad ha quedado agotado. De forma que la nostalgia por la comunidad de Marcuse, pueden ser manifestaciones de valores opuestos, pero ambos igualmente anacrónicos e incompatibles a los procesos globalizadores.

El dilema de Marcuse ha perdido vigencia, ya que se le ha garantizado al “individuo” toda la libertad que hubiera podido soñar o anhelar; las instituciones sociales están deseosas de traspasar a la iniciativa individual el incordio que representan las definiciones  y las identidades, a la vez que resulta difícil encontrar principios universales contra las cuales resbalarse. En cuanto al sueño comunitarista de “dar nuevo arraigo a lo desarraigado”, nada puede cambiar el hecho de que únicamente hay transitorias camas de hotel, bolsas de dormir y divanes de análisis, y que de ahora en más comunidades –más postuladas que “imaginadas”- ya no serán las fuerzas que determinen y definan las identidades sino tan sólo artefactos efímeros del continuo juego de la individualidad.[2]        

Es ahora cuando la sociedad se siente tan libre, que actualmente se preocupa ya no solo por sus condiciones materiales, sino ahora se preocupa por sus condiciones culturales, políticas y civilizatorias. Utilizando los nuevos espacios públicos en donde todo es politizable, y por ende, discutible, analizable e informable.

Vivimos en los tiempos de las sociedades libres, tan libres, que se convierten en sociedades liquidas, debido a la inestabilidad, la excesiva movilidad y la proclive evaporación de sus propias estructuras de organización. Esto crea los escenarios necesarios para que la sociedad sea crítica de sus propias condiciones.

Por lo tanto, en la sociedad global del siglo XXI, no es que sea menos moderna o posmoderna, en comparación a la sociedad del siglo XX, sino que los procesos de modernización son mucho más rápidas e inestables, en el aspecto tecnológico, científico, artístico, sanitario e informacional. Configurando otro tipo de actividades y pensamientos.

Aquí reivindico que el Sujeto Revolucionario Tradicional, no tiene cabida y sentido en este nuevo modus vivendi por dos aspectos societales:

Por una parte, lo que Bauman llama: el gradual colapso y lenta decadencia de la ilusión moderna temprana: Aquí el Sujeto Revolucionario Tradicional producto de una naciente modernidad temprana, actuaba bajo un camino que tenia fin, un tipo de telos histórico alcanzable a los ideales socialistas, en un estado de perfección en donde podía ser alcanzado a través de lo que el “Che” Guevara llamara el nacimiento del hombre nuevo. En donde el tipo de sociedad, era considerada como buena y justa, en perfecto orden, en donde cada cosa ocupaba su lugar, absoluta transparencia en los asuntos que se necesitaba conocer, además de que existía un completo control del futuro, de los sueños y de las ideas.

No obstante, esta forma de vida perduró muy poco y con ello el ideal del Sujeto Revolucionario Tradicional se desvanece, por el cambio fundamental de la desregulación y la privatización de las tareas de la prospera modernización.

El sueño del trabajo colectivo y altruista, se convierte en pesadilla y coraje, y con ello se fomenta las individualidades, pasando de una administración colectiva, a una administración pública mecanicista y tecnocrática.

Naciendo diversos tipos de pensamiento, que reconocen al ser humano como un individuo aislado, que sólo en su necesidad de sobrevivir fisiológica, económica y políticamente, se asocia con el otro. De ahí que el individuo sea entendido como vida y pensamiento distinto.

El nacimiento de la filosofía feminista, de la diversidad sexual, de la filosofía de la liberación, de la teología de la liberación y demás corrientes de pensamiento. Concuerdan precisamente con esta conjetura, situarse ante el mundo predado como diferente y autóctono.

Reenfocando el marco del Estado y la Sociedad justa, hacia la sociedad de los derechos humanos y del  Estado de Derecho. Implicando re-definir el discurso de los derechos de los individuos como diferentes, eligiendo y  tomando a voluntad, sus propios modelos de felicidad y de estilo de vida más conveniente. Ahora la modernidad pesada, se ha convertido en la modernidad liviana de sus obligaciones, es decir, el Estado se emancipó de sus obligaciones con la sociedad.

De ahí la pertinencia de la sociedad civil, como el nuevo ente revolucionario, que propulse, alcance y luche por su propio bienestar a través de los diversos mecanismos institucionales  que establece la democracia.

El Estado de la primera modernidad observaba todo, y era el principal propulsor de una ideología oficial, esto propiciaba la existencia de líderes revolucionarios que promulgaran una idea alterna en la organización del Estado, de la Sociedad y la Economía.

Por lo tanto, en la actualidad:

Ya no hay grandes líderes que te digan qué hacer, liberándote así de la responsabilidad de las consecuencias de tus actos; en el mundo de los individuos, solo hay otros individuos de quienes puedes tomar el ejemplo de cómo moverte en los asuntos de tu vida, cargando de toda la responsabilidad de haber confiando en ese ejemplo y no en otro.[3]

Ahora es tiempo que el Nuevo Sujeto Revolucionario pro-Democrático, convertido en Sociedad Civil llene el vacío de desesperación y desesperanza. Pues  con la globalización  hemos dicho adiós al mundo como lo conocíamos antes, sus relaciones, sus conocimientos, sus costumbres, sus ideologías, sus utopías, sus luchas, se han convertido en una mutación permanente.

El poder no ha sido la excepción, si bien es cierto, que el Sujeto Revolucionario Tradicional, encontraba a su enemigo en el imperialismo yankee inmerso en el terreno local, la movilidad global ha hecho que el enemigo local tenga gran velocidad para evadir ataques y ofensas. Basta sólo con hacer un clic en el ordenador para desaparecer del lugar de origen, para situarse en cuestión de segundos en otro terreno.

En otras palabras, los detentadores de la opresión local de la segunda mitad del siglo pasado, se han transformado hacia un actor transnacional, que no está ni aquí, ni allá, pero que se siente su presencia en las megaciudades, en sus grandes consorcios y estructuras.

Materializándose su presión en la política local, interfiriendo con los privilegios de los actores locales, y por ende, de la propia población. Ahora son los propios actores transnacionales los que conducen a los pocos referentes de los Estados Nacionales, provocando que la soberanía y legitimidad queden en el entredicho. “Debido al poder que sobre el Estado ejerce el, ahora móvil, capital financiero mundial. Es justamente ese nuevo poder  económico (…), el que crea una elite transnacional que desplaza el rol de las antiguas elites nacionales”[4].

He aquí otra desventaja al considerar la pertinencia de un Sujeto Revolucionario Tradicional que actué localmente.

Por lo tanto:

La rotación de las elites tecnocráticas, en teoría, podría ser benéfica para la democracia, empero el problema es que dichas elites, que defiende la lógica de los mercados, casi nunca están comprometidas ni con los valores democráticos, ni con los arreglos institucionales locales. Su fin es la ganancia y en pos de ella aluden los controles estatales o realizan las reformas administrativas para destruirlos.[5]

Cuando las naciones entran en crisis sistemática de sus modos organizacionales, éstas entran en riesgo de construir líderes o demagogos disfrazados de héroes, para terminar su camino por la senda de la celebridad popular política y/o económica con el discurso pseudo- revolucionario.

De manera, que en la sociedad moderna, los mártires que conocíamos, como el “Che” Guevara, Lucio Cabañas, Miguel Enríquez, Carlos Fonseca, Sandino, Zapata, Villa, Camilo Torres, Camilo Cienfuegos, Tamara, entre otros, hoy cada vez sean más escasos. Precisamente por la inestabilidad ideológica de las masas y el miedo a morir por el ideario popular revolucionario.

Los revolucionarios tradicionales de la primera modernidad, tenían una virtud original; el martirio. En donde una de sus principales características era que actuaban contra probabilidades adversas, “no solo en el sentido de que su muerte es prácticamente segura”[6] Si no de que su muerte es motivo para seguir la senda de la lucha y la liberación. Es decir, sus vidas se convierten en motivo y esperanza para mejorar las condiciones de la vida entre la sociedad.

No obstante, al vivir en la era de las democracias y de los procesos globalizatorios, los mártires desaparecen, y los héroes convertidos en líderes aparecen. Esto configura lo que Robert’s Michels llamaría el liderazgo en las organizaciones democráticas.[7]

Este fenómeno se crea, debido a la existencia de la libertad y de los derechos políticos, pues al existir ciudadanos que gozan de estas facultades, el incremento por las cuestiones publicas crece, sobre todo cuando estos individuos tienen otras habilidades desarrolladas, como por ejemplo: la habilidad en la oratoria, el acceso a la información y el sentido carismático.

Esto propicia el surgimiento de líderes entre las masas, además los medios de comunicación juegan un rol importante, ya que estos pueden destruir o aumentar la simpatía de estos líderes entre la sociedad, en otras palabras, los medios de comunicación, pueden ser los motores para propagar el heroísmo de estos líderes entre la sociedad a través de logros y luchas que estos consideren pertinentes, o se pueden convertir en los realizadores de un personaje adverso, autoritario o tirano, esto sin importar la ética para comunicar, así como sustentar sus afirmaciones en base a la mentira y la manipulación, con el fin de mantener u obtener algún interés.

Por lo tanto, bajo estas condiciones, ¿Se puede considerar el nacimiento de un Nuevo Sujeto Revolucionario?, ¿La Sociedad Civil convertida en ciudadanos organizados puede reemplazar el papel del Sujeto Revolucionario Tradicional? O ¿El papel del Sujeto revolucionario es una categoría más que se encuentra zombi, es decir, muerto en la práctica y vivo en el discurso y en la academia?

[1] Zygmunt Bauman, Modernidad Liquida, México, Fondo de Cultura Económica, 2000, p. 21.

[2] Ídem, p.28

[3] Ídem, p. 35.

[4] Ruslan Posadas, “Política y Poder en la era Transnacional” en: La Toma de Decisiones en un Modelo Democrático, México, UNAM, 2010, p. 105.

[5] Ídem, p. 106.

[6] Zygmunt Bauman, Vida Liquida, Barcelona, Paídos, 2010, p. 60

[7] Robert Michels, Los Partidos Políticos 1. Un Estudio Sociológico de las Tendencias Oligárquicas de la Democracia Moderna, Argentina, Amorrourtu editores, 1996, p. 57.

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