Hegel: Reflexiones sobre la Filosofía del Derecho.

Por: Víctor Hugo López Llanos

En el presente trabajo se intenta reflexionar en torno al objeto de la filosofía del derecho en Hegel, es decir, los postulados y propuestas que otorga el autor para la conformación del Estado moderno, abordando la estructura ética como el primer depósito para la conformación del poder político.

Se pretende reflexionar las conexiones que existen entre el poder y la dominación desde las acepciones de libertad, del derecho y de la constitución que propone el autor para la conformación de la idea del Estado.

Además se intenta hacer una especie de dialogo entre filósofos, específicamente con Kant y Rousseau, para ubicar los discernimientos y críticas que hace el autor entorno al concepto de voluntad, de libertad y de racionalidad como elementos dialecticos de la filosofía hegeliana. Para terminar con una pequeña conclusión en torno a las ideas y propuestas que realiza el autor en torno a la conformación del Estado moderno.

El Objeto de la Filosofía del Derecho en Hegel

“La ciencia filosófica del derecho tiene por objeto la idea del derecho, el concepto del derecho y su realización” (Hegel, 1993: § 1).

Hegel se caracteriza por hacer de su pensamiento, un elemento demasiado abstracto y en cierta manera compleja. Ya que para este autor al hacer filosofía del conocimiento de la totalidad en sentido fuerte, es hacer ciencia del saber. Es decir, Hegel es el primer filósofo moderno que intenta hacer ciencia filosófica y aunque epistemológicamente sea una expresión redundante, para Hegel la filosofía es la ciencia por excelencia. “Hegel sostiene que la verdadera ciencia tiene lugar en el ámbito subjetual, el de la sociedad, el del Estado, y no en el de la naturaleza” (Dri, 2012: 217).

Por lo tanto, el objeto de la filosofía del derecho es la idea del derecho y el concepto del derecho. Hegel mencionará que la filosofía tiene que ver con ideas y no con la simple realización de conceptos.

El concepto en Hegel no es entendido como una categoría que explica el entendimiento, sino que el verdadero concepto del que trata Hegel es el de la verdadera realidad del Sujeto. En este sentido el verdadero Sujeto no es un sustantivo, sino es verbo. “Ser sujeto es hacerse sujeto, ponerse como sujeto, crearse como sujeto, concebirse, o sea, ser concepto” (Dri, 2012: 217). Como se puede apreciar el carácter de la idea y del concepto son sinónimos y ambos se refieren en sentido estricto como la idea que expresa la máxima realización del concepto.

En la obra de la filosofía del derecho, el tema es el concepto de derecho referido a la filosofía política, en donde su principal objetivo es construir la idea del Estado a partir de sus mismos inicios y entenderla desde su máxima pobreza y unidad fundamental en la cual está depositada la base del Estado que es el derecho, en otras palabras, el derecho abstractamente considerado es el primero momento de la dialéctica del Estado.

Hegel se refiera a:

“El ámbito de derecho es en general lo espiritual y su lugar más exacto y punto de partida es la voluntad, que es libre de tal modo que la libertad constituye su sustancia y determinación, y el sistema del derecho es el reino de la libertad realizada, el mundo del espíritu producido a partir de él mismo como una segunda naturaleza” (Hegel, 1993: § 4).

El ámbito de derecho o de lo político, es lo espiritual. El espíritu es para Hegel el sujeto individual, pero también el sujeto colectivo que se materializa en la familia, la comunidad, la corporación, la iglesia, la propia sociedad y el mismo Estado. Por lo tanto el espíritu no tiene una significación religiosa, sino que se refiere a la sustancia o de la forma del ser desde la base racional. Bajo este argumento podemos entender que la configuración del sujeto adquiere diferentes disposiciones, y por lo tanto la configuración del ámbito político o del derecho es la propia voluntad.

Es aquí cuando entramos al tema de lo político desde su unidad fundamental que es el poder y para realizar una reflexión en torno a él, debemos entender al sujeto como voluntad.

Para Hegel la voluntad es libre, en tanto la libertad es su sustancia y su determinación, de manera que el sistema del derecho, es decir del sistema político, es el “reino de la libertad realizada”. (Dri, 1993: 218).

En contraparte a este argumento, Rousseau piensa que la libertad es un espacio propio del individuo, esencia de sí, limitada por la existencia del otro, en este sentido, la libertad es sustancial en la medida en que van surgiendo otras libertades y se eleva cuando detona mejores relaciones con los otros. “Todos entregan todo en el contrato social para ser plenamente libres, obedeciendo a leyes que ellos mismos se han dado” (Dri, 1993: 218).

Hegel compartirá la idea de la libertad que propone Rousseau, de ahí que para Hegel, como lo hemos mencionado, el Estado sea la cumbre del “reino de la libertad realizada”. De esta manera el ejercicio de la libertad no puede darse fuera del Estado, pues antes de que éste se convierta en aparato, es antes de todo, voluntad y totalidad de los sujetos que lo componen. Por lo tanto, el espíritu que produce esto es la segunda naturaleza del sujeto que materializará de forma a posteriori como eticidad.

En consecuente:

“El Estado es la realidad de la idea ética, es el espíritu ético en cuanto a voluntad patente (…) En lo ético, el Estado tiene sus existencia inmediata; y tiene su existencia mediata, y esta conciencia de sí, por medio de los sentimientos, tiene su libertad sustancial en él, como su esencia, fin y producto de su actividad” (Hegel, 1993: § 257).

En este sentido, el Estado se convierte en la idea racional de la voluntad individual sustancial elevada hacia el rasgo de universalidad, por lo que a partir de este elemento, los individuos que lo conforman alcanzarán la plena libertad.

Hegel menciona al respecto: “El Estado es espíritu objetivo, por lo que tiene una relación diferente con el individuo, pero sólo el individuo se convierten espíritu racional universal cuando es miembro del Estado” (Hegel, 1993: § 258).

Por lo tanto la racionalidad del individuo político, consiste en la unidad propia y de la compenetración de la universalidad, es decir, de la comprensión de lo que lo rodea. Pero esta racionalidad del individuo debe ser obrada y protegida por las leyes y normas universales que conforman el Estado, pero sobre todo el poder político. Aquí es cuando Hegel, está de acuerdo con Hobbes, pues el fin último de la conformación del Estado es la preservación del espíritu eterno o de la preservación del hombre.

Como lo hemos mencionado en párrafos arriba, el Estado deposita su realidad en la ética, por lo que libertad es y debe ser su esencia natural.

Kant considera que mientras más moralidad exista en una sociedad, materializada en las leyes, permitirá mayor libertad. Hegel argumentará todo lo contrario, pues si bien las leyes administran las libertad de los individuos y en cierta manera la limita, entonces debe ser considerada como libertad concreta, entendida como: “El hecho de que la individualidad personal y sus intereses tiene pleno desenvolvimiento y reconocimientos de sus derechos” (Hegel, 1993: § 260).

A partir de este argumento Hegel considerará el pensamiento de Locke, al reflexionar que el Estado frente a las esferas de derecho y del bienestar privados, es una necesidad externa, en otras palabras es “el poder superior al cual están subordinados y dependientes las leyes y los intereses de esas esferas” (Hegel, 1993: § 261).

La propiedad como espacio de realización de la persona entra en conflicto con el espacio de realización de las otras personas. Pues el contrato es el “proceso en que se expresa y media la contradicción de que yo, cual existente para mí, soy y continuo siendo propietario que excluye a la otra voluntad en tanto que ceso de ser propietario en una voluntad idéntica con la otra” (Hegel, 1993: § 72).

Aquí es cuando considero, que deviene la voluntad universal del Estado a la voluntad particular del individuo, pues a partir de las condiciones que le proporciona la existencia del Estado, el individuo en el cumplimiento de su deber, debe encontrar su propio interés, su satisfacción o su provecho. Hegel menciona: “…Y su relación con el Estado debe sobrevenirle un derecho mediante la cual la cosa universal llegue a ser su propia cosa particular”. (Hegel, 1993: § 262).

No obstante, bajo este argumento, para Kant el individuo dejará de ser ético, pues la conducta del individuo debe ser obrado conforme a la voluntad y deber del imperativo categórico.

Por otro lado, Hegel menciona que el Estado se escinde sobre dos esferas ideales, la familia y la sociedad civil, el cual es el reflejo de la individualidad y es producto de su racionalidad y de su necesidad, pero esta realidad debe estar cohesionada bajo la rigidez de las instituciones.

Ya que “integran la constitución, es decir la racionalidad desplegada y realizada. Son la base firme del Estado. Son las piedras angulares de la libertad pública. En ellas existe realizada la libertad particular como racional y donde se da la unión de la libertad y la necesidad” (Hegel, 1993: § 265).

En este sentido, las instituciones es la parte que dará forma a la constitución “interna” del Estado, Hegel la define como “La organización y proceso de su vida orgánica en referencia a si” (Hegel, 1993: § 272). Esta constitución es el producto racional de su actividad y el reflejo de su conciencia propia del pueblo.

La constitución es el carácter clave para entender y conformar al Estado moderno, pues el poder que posee debe estar constituido a partir de tres formas que se relacionan entre sí dialécticamente:

  1. El poder para determinar y establecer lo universal: el poder legislativo.
  2. La subsunción de las esferas particulares y casos individuales bajo lo universal: el poder gubernativo.
  3. La subjetividad como última decisión dela voluntad, el poder del príncipe, en el que están reunidos los diferentes poderes en la individual que por tanto es la cumbre y el comienzo del todo: la monarquía constitucional. (Hegel, 1993: § 273).

A partir de estas divisiones podemos establecer que el poder que adquiere el monarca es lo primero que se debe desarrollar, pues en él se establece la soberanía, y aunque parezca un argumento absolutista, lo es, en el momento en el que Hegel expresa que el monarca concentra en sí la totalidad del Estado, en la medida que concentra los poderes, pero no en sentido simple sino de superación dialéctica. “El monarca no puede prescindir de la universalidad de la constitución y de las leyes que son hechas por el poder legislativo. Pero también poco puede prescindir el poder gubernativo que aplica la universalidad de las leyes a los casos particulares”. (Dri, 1993: 236).

Hegel, considerará a la monarquía constitucional como la mejor forma de gobierno, pues según él, es la más perfecta al estar en la cima de la dialéctica del poder de Estado. Y por ende corresponde a la idea y al concepto que de este se desprende.

Anteponiéndose a la monarquía electiva, pues el monarca no puede ser elegido, pues no es un producto de la opción, sino de la evolución dialéctica del individuo, pues hay que recordar que para llegar a la constitución del Estado, de la soberanía y de la ética, la particularidad del individuo tuvo que haber pasado por un proceso de autodesarrollo dialectico a través de la composición de su propia espíritu (después vendrá Marx criticar este punto). Por lo tanto, “una monarquía electiva sería una vuelta al contractualismo, lo cual significaría destruir la eticidad” (Dri, 1993: 237).

Conclusión

Hegel es considerado como uno de los máximos exponentes de la filosofía occidental en donde la influencia de su pensamiento se ve reflejada no solamente en los aspectos jurídicos, sino también en la lógica, las artes, la religión y la historia.

Sobre las ideas aportadas por Hegel hacia la conformación del Estado moderno, considero que a través de su pensamiento dialectico, aglomera, determina y sintetiza la lógica y la naturaleza del poder político y su relación con la sociedad, pues si bien Kant, análoga la idea ética con la voluntad individual, Hegel establecerá que la ética materializa su voluntad en la realidad del Estado, determinando a la libertad como estructura fundamental del espíritu absoluto del individuo pero sobre todo de lo que llamará sociedad civil.

Otro aspecto que me parece importante de su pensamiento es sobre la cuestión de la soberanía depositada en el monarca y por ende, la argumentación que otorga Hegel sobre la constitución de las monarquías constitucionales como la mejor forma de gobierno y como debe dividirse el poder del Estado en tres grandes rubros, que si bien se parecen a los establecidos por Kant establece la manera en cómo deben regirse y comportarse los integrantes de estos poderes, pues a percepción personal, es la primera vez que un filósofo moderno habla sobre la cuestión de los nacientes servidores públicos.

Por último, sobre el poder y la dominación, a partir del pensamiento hegeliano, considero que ambos elementos conforman el punto convergente de la dialéctica entre el Estado y la sociedad originando que ambos elementos encuentren el equilibrio absoluto para determinar un eje de configuración política, pero sobre todo, una especie de orden en donde cohabite la voluntad particular y la preservación de la sociedad, y aunque este último argumento parezca complejo y polémico, Hegel en la filosofía del derecho, hace de esto, es una de sus principales aportaciones al campo del conocimiento político y juridico.

Bibliografía:

Kant, Immanuel (1785), Fundamentación de la metafísica de las costumbres. Escuela de Filosofía Universidad ARCIS, pp 26-30. Disponible en:

http://www.philosophia.cl/biblioteca/Kant/fundamentacion%20de%20la%20metafisica%20de20las%20costumbres.pdf

 

Hegel, Georg Wilhelm Friedrich (1968 [1821]), Filosofía del derecho, Buenos Aires: Editorial Claridad, pp 212-251.

Disponible en: http://www.cubc.mx/biblioteca/libros/53.%20Filosofia%20Del%20Derecho%20-

%20Hegel,%20Guillermo%20Federico.pdf

 

Dri, Rubén (1993), Lafilosofia del Estado Ético: La concepción Hegelina del Estado. Biblioteca virtual Clacso. Disponible en: http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/ar/libros/moderna/cap8.pdf

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