¿HACIA DÓNDE VA LA CIENCIA POLÍTICA? LA METODOLOGÍA Y EL LÉXICO DE LA POLÍTICA EN LA ERA DE LA GLOBALIZACIÓN

¿A dónde va la ciencia política? No lo sé (…)

Se me pide hacer de historiador de mi propio presente.

Probaré, pero no sin antes haber metido las manos al fuego.

Tengo un consuelo: Se me ha pedido lo imposible.

Giovanni Sartori

Dove va la Scienza Política, 1984.

 

Por Víctor Hugo López Llanos*[1]

Resumen: El objetivo de este breve ensayo es reflexionar acerca de la trayectoria metodológica y léxica de la ciencia política contemporánea y precisar su valor heurístico en relación a los nuevos sujetos sociales, surgidos a partir del proceso de la globalización. Se abordará la crítica realizada por Giovanni Sartori; en el uso excesivo de la cuantificación del fenómeno político por parte de los politólogos norteamericanos, así como de los provenientes de las universidades privadas, además de la necesidad de debatir los nuevos referentes conceptuales con los que se estudia la nueva realidad política. Se concluye proponiendo a la comunidad politológica abrir nuevos candados mentales para interpretar los nuevos sujetos de la política, no sólo con metodologías numéricas, sino ir construyendo paulatinamente una nueva disciplina, cada vez más sensible a los actores protagonistas de los fenómenos políticos.

Palabras clave: Ciencia, Léxico, Metodología, Cuantificación, Globalización, Política.

El hombre desde su aparición como ser pensante se ha preocupado siempre por el devenir e investigar de su entorno. Situándose primariamente ante los acontecimientos naturales que lo acompañan durante su existencia. El individuo, si bien se caracteriza por ser un objeto complejo para su estudio, crea metodologías científicas que explican su actitud y su comportamiento ante la sociedad.

La ciencia política, es una de las disciplinas más complejas que existen en el panorama del conocimiento. Ya que no sólo estudia el conflicto que se desprende del poder, como un ente esencial de la naturaleza humana, sino además, se atreve a justificar e interpretar al poder como símbolo de sometimiento para la organización social y económica, a través de la conformación del Estado y la Sociedad civil.

Sin embargo, hoy en día, la ciencia política pasa por un proceso de transformación, que muchas veces imposibilita, de manera detallada, la explicación del fenómeno político.

Este documento nace partir de varias investigaciones de politólogos que ponen en tela de juicio la metodología empleada por la ciencia política en las últimas décadas. Tal es el caso del politólogo italiano más popular del mundo, Giovanni Sartori, autor prolífico que ha considerado a nuestra disciplina como una ciencia que camina con pies de barro, debido a la incapacidad, por parte de la ciencia política, de generar un conocimiento nuevo e importante.

El fenómeno político, en años anteriores se había concentrado sólo en la cuestión de lo público estatal, pues los estudiosos sobre la política, consideraban a lo político como aquellas coyunturas que sólo se veían situados en el contexto del Estado, producidos y reproducidos por él mismo a través de su causa y efecto.

Esto provocó, que la ciencia política en particular creara una especie de lenguaje particular para explicar dichos fenómenos. Como por ejemplo: el gobierno, la burocracia, la sociedad civil, las formas de gobierno, el sistema de partidos.

No es hasta en la décadas de los 80’s del siglo XX cuando la terminología va sufriendo una especie de transformación en sus significados, apareciendo otros elementos también importantes, como por ejemplo: La globalización, la tecnocracia, la sustentabilidad.

Si bien es cierto que la ciencia política, como comúnmente la entendemos hoy en día, nació en Europa occidental a principios de la década de los 50’s, desde el último tercio del siglo XIX hasta la segunda guerra mundial, se le había considerado, como una disciplina cautiva dominada por los estudios históricos y los enfoques jurídicos.

Por lo que la ciencia política, tuvo un nuevo comienzo a partir de la posguerra, convirtiéndose en un campo de investigación por su propio derecho.

Entre sus autores fundadores se encuentran Giovanni Sartori, Stein Rokkan, Juan Linz, Matter Dogan. No obstante, no hay que dejar de lado a los pensadores clásicos para el estudio de la política. Desde Aristóteles a Platón, de Maquiavelo a Hobbes, Rousseau, Montesquieu, hasta los primeros ilustrados, Kant, Hegel, Tocqueville, Weber, Mosca, entre muchos otros, que han contribuido con sus aportaciones, entender y reflexionar el fenómeno político.

A partir de la década de los 50’s, los británicos generalmente se han resistido a llamarle a esta disciplina como ciencia política. Ellos prefieren llamarla estudios políticos o de gobierno.

Según Giovanni Sartori, la manzana de la discordia que provocó el estudio de la política como una disciplina endeble, fue el error de concebir a esta disciplina con el carácter de positivista, lógica y deductiva, tomando como eje transversal metodológico, la cuantificación de la política.

En los años 50’s los politólogos modernistas, abogaban fielmente, que la política debía de regirse base sistemas metodológicos estrictos, la matemática y la lógica-deductiva debía ser adoptada y mejorada con el propósito de contribuir a una explicación real del fenómeno político, sin entabladuras, ni adjetivos ni subjetivaciones.

Bajo esta premisa, la filosofía británica sobre los asuntos de lo político de la primera mitad del siglo XX, no llaman a la ciencia política, como ciencia, debido a que no emplea un lenguaje especializado, además de que en sus estudios no exige una metodología ad hoc. Es decir, la ciencia política no genera una metodología autóctona para reflexionar y explicar la realidad política, por lo que se vuelve en sí misma una copiadora de paradigmas dominantes, principalmente de las doctrinas de las ciencias naturales y exactas.

Por tal motivo, Sartori plantea una pregunta medular ¿Qué tipo de ciencia puede y debe ser la ciencia política?

La gran crítica que se le ha hecho a la ciencia política nace a raíz de la forma en cómo obtiene y origina su propio conocimiento. Ya que el modelo metodológico de esta disciplina, es análoga a la metodología de las ciencias económicas. “Los economicistas tienen una tarea más fácil que otros. El comportamiento económico se apega a un criterio (utilidad, la maximización del interés, del beneficio, de la renta, del déficit, de la inflación.”[2] Mientras que el comportamiento político no lo hace. Debido a que el hombre político manifiesta una variedad de motivaciones y emociones. En segundo lugar: “Los economistas trabajan con números reales (cantidades monetarias) inscritos en el comportamiento de su animal económico.”[3]

La ciencia económica se desarrolla en un contexto en la que la ciencia necesitaba definiciones precisas y estables con su terminología básica, creando una especie de contenedores de datos que permitan la circulación acumulativa de información.

Mientras que la ciencia política anglosajona, rápidamente se encontró con paradigmas de Khun y sus revoluciones científicas y alegremente entro en el emocionante pero insustancial camino revolucionarse a sí misma, más o menos cada 15 años de búsqueda de nuevos paradigmas, modelos, enfoques.[4]

Por lo que la ciencia política debe separarse de la metodología dominante, ya que su aberración por explicar el fenómeno político de manera cuántica, está llevando una batalla en la cual está fracasando, produciendo una especie de renuncia de su propia esencia.

Libros cuyos títulos son de metodología de las ciencias sociales, pero esas obras simplemente tratan sobre técnicas de investigación y procesamientos estadísticos (…) Por lo que tenemos una ciencia deprimente que carece de método lógico y, de hecho, ignora la lógica pura y simple.[5]

Sartori, caracteriza la ciencia política de nuestros días, en tres tesis substanciales:

  1. Anticonstitucional y, en el mismo sentido, conductista;
  2. Progresivamente tan cuantitativa y estadística como fuera posible; y
  3. Dada a privilegiar la vía de la investigación teórica a expensas nexo entre teoría y práctica.[6]

A partir de estos supuestos. La ciencia política in factum mantiene una interacción constante entre el comportamiento y las instituciones.

El predominio de lo cuantitativo nos está confundiendo, pero sobre todo, está creando en los estudiantes de esta disciplina, una tecnificación sobre los esquemas de la política, en la cual el conocimiento político cada vez es más propenso a la irrelevancia, ya que al no lograr confrontar la relación entre teoría y práctica, la ciencia política, se está convirtiendo en una especie de ciencia inútil. ¿Conocimiento, para qué? “Desde el punto de vista de la práctica, en gran medida inútil, porque no proporciona conocimiento que pueda ser utilizado.”[7]

Para ello es pertinente que la ciencia política restablezca y se adentre de nuevo en el campo de las caracterizaciones de sus componentes lingüísticos y metodológicos. Pasando por un proceso de modernización de su lenguaje especializado, así como de encontrar, o más bien de volver acercarse a los actores predominantes en el escenario público/privado.

Pero, ¿qué pasa con el lenguaje utilizado por la ciencia política hoy en día? El léxico de la política y de las ciencias sociales en general, está sufriendo una especie de reconfiguración de significados, debido al proceso de globalización, pues aunque ésta sea producto de las reconversiones económicas mundiales, sin duda trae repercusiones en la esfera política, sociocultural.

Es por ello, que considero que la ciencia política debe de redefinir tanto su metodología empleada, así como su lenguaje.

Si bien es cierto que hoy, con la globalización, la política está más cerca de los ciudadanos y de la sociedad en general, también es cierto que sus conceptos empleados se vuelven más de uso corriente y cotidiano, un claro ejemplo, es el uso de diversos léxicos que se emplean en los medios de comunicación para describir noticias de diversa índole, relacionados con la política.

No obstante, son pocos los que han decidió profundizar en el verdadero significado e historia en términos de modernidad, democracia, ciudadanía, tolerancia, autoritarismo, sólo por citar algunas del vasto universo.

Algunos filósofos como Aristóteles, definieron al ser humano como animales políticos y algunos otros, como René Descartes como animales esencialmente lingüísticos. Esto ha conllevado a que varios estudiosos y filósofos de la política realicen estudios entre el uso del lenguaje y su conexión con la política.

Aunque el estudio del lenguaje nunca ocupó un lugar central entre las disciplinas académicas relacionadas con la política, de vez en cuando algunos filósofos e intelectuales interesados sobre la ciencia política mostraron que son conscientes del problema.

En cuanto a las disciplinas con el lenguaje vale la pena señalar que, entre los escritores griegos y romanos, se consideraba al estudio de la retórica (el arte de la persuasión verbal) como suerte de la “ciencia política”. En la polis griega y en el imperio romano, la tradición retórica formaba parte del entretenimiento de oradores que cumplían importantes funciones públicas, incluso funciones políticas, y, en cierto modo, proporcionaba un aparato para la observación crítica del comportamiento verbal crítico.[8]

Por lo tanto a finales del siglo XX, surgieron diversos medios impresos y electrónicos, lo que significó que las personas se encontraran expuestas a diversos mensajes verbales. Pero sobre todo, las disciplinas académicas sufrieran a raíz del nacimiento de la globalización, una mutación en la interpretación de su propio lenguaje y por ende, de su propia realidad. Conllevando a nuevos debates por lograr consensar y realizar un nuevo léxico para la política.

Tradicionalmente, el significado de las palabras le ha traído problemas y ha causado preocupación tanto a la filosofía como a la ciencia política. Conceptos como la Democracia, la Sociedad Civil, el Estado y la Gobernabilidad, han sido objeto de debate una y otra vez. En el pasado se suponía que éstas tenían significados verdaderos, por lo que esta tendencia se mantuvo durante la mayor parte del siglo pasado.

Esto generó que muchos especialistas de la ciencia política, bajo la influencia del positivismo lógico; desearon eliminar la confusión y la ambigüedad de la retórica y el lenguaje político. Surgiendo en el último tercio del silgo XX un enfoque más relativista.

Sartori propone un enfoque más flexible, mientras que la noción de que los conceptos políticos, serian relativos al lenguaje de la organización política, y por lo tanto, estarían sujetos a discusión y reflexión.

La ciencia política, en función de la nueva realidad que nos presenta la globalización, obligaría a crear tanto una nueva metodología para la explicación del fenómeno político, así como la conformación de un nuevo léxico para su comunicación, pero sobre todo para explicar y reflexionar su objeto de estudio. Debido a que el mundo ya es muy distinto al que conocíamos hace apenas un cuarto de siglo. La manera de entenderlo también.

Esa cambiante realidad nos permite adentrarnos a los planteamientos y explicaciones definitivas. Con la globalización se han roto paradigmas que creíamos inmovibles. “Si hay un elemento que caracteriza a la globalización, es que nos permite la creación de nuevos modelos explicativos, pues los vertiginosos cambios hacen que lo que empezaríamos a considerar procesos de larga data estén en transformación.”[9]

En suma no pretendo sostener que la ciencia política ha agotado sus métodos, ni que la utilidad de los mismos ya tiene asideros, sino, todo lo contrario, afirmo la urgencia de incorporar nuevas formas de pensar para salir del embrollo, y continuar con el desarrollo del análisis político. Para ello, es necesario tener en cuenta la crisis con la que vive hoy en día la ciencia política e intentar abrir nuevas perspectivas desde adentro.

Hanna Arendt nos demostró en sus trabajos que la política no tiene un significado determinado, es decir, que no hay nada que lo defina o determine de ante mano. No obstante, nos señala que la política puede ser entendida como acción, en donde se escenifican conflictos, voces, criterios, intereses, ideologías, discursos.

De tal forma que la acción y el discurso de las personas inmersas en el espacio público, son las categorías y medios para comprender y entender a la política más allá de una simple descripción numérica que habitualmente ha desarrollado la ciencia política en los últimos años.

Los nuevos politólogos latinoamericanos, debemos sensibilizarnos y adentrarnos a la interpretación de los Nuevos Sujetos de la Política. No sólo diseñando metodologías numéricas, sino también reflexivas que tanto demanda el mundo de la política, así como sus campos afines. Esto nos permitirá abrir nuevos candados mentales para repensar lo político e ir más allá de los lugares comunes en la explicación de los hechos y fenómenos políticos.

FUENTES:

Giovanni Sartori, ¿Hacia dónde la va ciencia política?, Debate, México, 2004.

Ruslan Posadas Velázquez, Realidades líquidas, conceptos zombis: El Léxico de la política en la globalización, Alfert, México, 2010.

Teun A. Van Dijk, El discurso como interacción social. Estudios sobre el discurso II. Una Introducción Multidisciplinaria, Gedisa, Barcelona, 2000.

[1] Licenciado en Ciencia Política y Administración Urbana por la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM). Educador Ambiental del Centro de Educación Ambiental Yautlica de la Secretaria del Medio Ambiente del Distrito Federal (SEDEMA).

[2] Giovanni Sartori, ¿Hacia dónde la va ciencia política?, Debate, México, 2004, p. 365

[3] Ídem, p. 366.

[4] Ídem, p. 368.

[5] Ídem, p. 370.

[6] Ídem, p. 380.

[7] Ídem, p. 349

[8] Teun A. Van Dijk, El discurso como interacción social. Estudios sobre el discurso II. Una Introducción Multidisciplinaria, Gedisa, Barcelona, 2000, p. 298.

[9] Ruslan Posadas Velázquez, Realidades líquidas, conceptos zombis: El Léxico de la política en la globalización, Alfer, México, 2010, p. 56.

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