Individualización, Violencia y Proceso des-civilizatorio

Por: Víctor Hugo López Llanos

El problema de la individualización es un asunto complicado por las diversas posiciones que se desprenden al realizar un análisis comparado. Por ejemplo, con los países del llamado centro en comparación con los países que conforman la periferia del sistema mundo. Eso en cuanto a realidades existentes especificas. La cuestión se problematiza cuando se aborda el proceso de individualización desde la cuestión teórica.

Si bien podemos entender a la individualización como el rompimiento de la lógica y la razón de ser de la sociedad civil a partir de los lazos de comunidad, representación y participación sobre las cuestiones públicas. Este nuevo fenómeno de la sociedad trae consigo diversas interrogantes que pueden ser de gran importancia para entender diversas problemáticas con las que se encuentra hoy en día la sociedad. Como por ejemplo el incremento de la violencia y el nuevo proceso civilizatorio que trae consigo la individualización de la sociedad.

Para diversos autores, consideran que el problema de la individualización realmente no es un problema, sino es una transformación natural de los individuos frente a la sociedad. Ya que los individuos se reivindican y se reconocen como lo que realmente son; individuos aislados que sólo en su necesidad de sobrevivir se relacionan con el otro.

Por lo que este proceso de individualización más que una trasformación es un nuevo proceso sociabilidad que se establece a partir de la ruptura de las instituciones políticas, del advenimiento del Estado y de la imposición de los valores que trae consigo el mercado frente a la sociedad.

A partir de este argumento, esta reflexión abordará la relación del individualismo con la violencia y estos dos elementos en relación al nuevo proceso “des-civilizatorio” en la sociedad. Para terminar con una conclusión sobre el tema abordado.

 

 Individualismo y violencia

La violencia como toda acción cambia el mundo

Hannah Arendt.

“On Violence”,

1970.

Con el advenimiento del Estado, diversos conflictos se han manifestado en la sociedad. Esto debido a las nuevas formas de administrar las cuestiones públicas con las que se gestiona, se dirige y se orienta a los individuos.

A partir de la flexibilidad laboral, la desigualdad que produce el mercado, la lógica democrática como preservación de la propiedad privada y circulación de elites políticas, la imposición de los valores del consumo, la idea del emprendimiento, la innovación, la cultura del entretenimiento y de la rapidez con las que se disuelven las relaciones sociales. Han producido que el individuo se transformé en la manera en cómo se desarrolla y se relaciona con el otro y con la sociedad.

Sin embargo, esto también ha producido otras grandes problemáticas, por ejemplo: el incremento exacerbado de la pobreza, la marginación, la migración y junto con ello el incremento exponencial de la desigualdad social.

Es decir, la individualización de la sociedad actual, no sólo debe ser entendida como el rompimiento de los lazos solidarios y comunitarios que antes lubricaban a la sociedad civil a partir de colectividades, grupos y comunidades que participan en la escena política, social y cultural.

Sino que ahora la individualización de la sociedad debe ser entendida como un producto de una seria crisis institucional. Ya que las endebles instituciones que dan una efímera cohesión a la sociedad se encuentran amenazadas y acosadas por la lógica del mercado y el proceso globalizatorio.

Es aquí cuando aparecen nuevas formas de socialización o en términos de Lipovetsky, un nuevo proceso de personalización[1], que trae consigo comportamientos paralelos a las normas establecidas; estos procesos están en la base de la aparición de un incremento constante de la violencia.

En este sentido, la modernización de la economía ha producido que la sociedad caiga en una especie de vacío, de incertidumbre en donde el temor a ser negado o desaparecido sea el motor fundamental para el que el individuo se movilice, se capacite, se tecnifique, se profesionalice. Por lo que el individuo genera en sí mismo un proceso de psicologización en donde la violencia se convierte en un modo de protección de su vida. Esto da origen a que la sociedad individualizada se deposite en el riesgo constante.

Beck menciona al respecto:

Con la extensión de los riesgos de la modernización (con la puesta en peligro de la naturaleza, de la salud, de la alimentación, etc.) se relativizan las diferencias y los limites sociales (…) En este sentido, las sociedades del riesgo nos son sociedades de clases; sus situaciones de peligro no se pueden pensar como situaciones de clases, ni sus conflictos de clases[2].

La violencia es por lo tanto un rompimiento de la estructura del Sujeto, ya que rompe con su esquema racionalizador que le da significado a sus propias acciones, por lo que las normas institucionales se ven severamente afectas, perdiéndose la noción de normalidad, de paz, de cohesión social y existencia.

Por lo tanto, es más fácil que los sujetos se inclinen a la violencia, cuando no cuentan con ningún proyecto de vida, cuando sus expectativas quedan limitadas por las estructuras que confeccionan su modo de superarse, pero sobre todo cuando se produce un desencantamiento con su creatividad y su proyección.

Según René Kaës:

“Cuando los símbolos institucionales están atascados o desfallecientes y que son representados en la desaparición de los espacios-soporte institucionales podemos observar la violencia destructiva cuando las funciones degeneradoras de símbolos están atascadas o desfallecientes y cuando el retorno de la violencia fundadora no puede ser simbolizada.”[3]

El definitivo agotamiento institucional refleja su ineficacia para lograr una nueva cohesión social que redefina al individuo frente la sociedad, por lo que genera un profundo resentimiento social, en donde los jóvenes son los más involucrados en esta problemática. Por lo que este fenómeno trae consigo una reacción de los individuos frente a la sociedad.

Bataille menciona en La parte maldita que “todos los sistemas vivos reciben su energía del desprendimiento que el sol hace de su propia energía. El sol da sin recibir (…) los seres vivos aprovechan esta energía para su propio funcionamiento y crecimiento, pero cuando su crecimiento llega a un limite dicha energía ya no tiene utilidad y debe ser derrochada”[4]

Esto significa para este contexto, que si la sociedad se encuentra bajo un proceso de individualización es gracias al debilitamiento institucional y por el encubrimiento y protección de la lógica del mercado; por lo que los individuos, al no cumplir con sus expectativas, se ven orillados a manifestar actitudes radicales de insatisfacción política y económica, en donde la violencia es la principal manifestación de inconformidad que paradójicamente atentan contra su bienestar y seguridad social.

Por lo tanto, para decirlo de una forma especial, si el Estado a través de sus instituciones no “regala” y garantiza el reto de la función de protección y seguridad que el individuo espera de él. Entonces el individuo al quedar deshonrada su voluntad necesita hacer lo mismo pero con un valor agregado[5]. Aquí es un ejemplo del potlatch que Bataille menciona en La parte maldita.

En otras palabras, las instituciones del Estado no sólo es su deber derrochar “generosidad” y “protección”, sino es la parte fundamental de coacción, gobernanza y reproducción de la vida social, cultural, política y civilizatoria.

Si bien es cierto que la violencia, también depende de otros factores como las costumbres, la marginación, el hábito, y por ende la desigualdad y la pobreza. Todo esto genera una especie de destrucción del entramado social. En donde el individuo materializa en su conducta nuevas formas de interacción y produce una nueva especie de civilización.

En donde la supervivencia se convierte en la base social que reproduce nuevos mecanismos de vida. Es decir, el individuo común inmerso en esta problemática, en donde la violencia reina y se manifiesta constantemente, sus gustos y sus valores están permeados por la ética de la distracción y la estética de la muerte. En una sociedad en donde se enfrenta a la tentación constante del consumo compulsivo.

En sentido cabría interrogarnos lo que el doctor Francisco Pamplona se pregunta en su artículo intitulado “Violencia y civilización en la sociología figuracional de Norbert Elías”, ¿por qué la violencia “parece” contraria a la civilización?[6]

Citando a Elías, el doctor Pamplona argumenta que “para poder entender la violencia en el marco del proceso civilizatorio. No podría entenderse sin la consideración de que los conflictos entre los seres humanos se resuelven de manera no violenta.”[7] Debido a que “este rasgo es inseparable del entendimiento de la “positividad” de la pacificación alcanzada en el interior de los estados.”[8]

A partir del anterior argumento, considero que para apaciguar la actividad violenta de los individuos en la sociedad depende del nivel de institucionalización que genere el Estado y que el gobierno, por su parte, se encargue de administrar la violencia en el interior de las sociedades para generar una mayor gobernanza entre toda la sociedad en su conjunto. Por lo tanto, es necesario que el Estado adopte y recupere el monopolio de la violencia.

Pero, ¿cómo es posible esto?

Estado y sociedad son productos que se retroalimentan a sí mismos, se complementan y se redefinen tanto en el tiempo como en el espacio en donde ambas convergen, se conflictual y se reproducen a partir del poder político, la economía, las leyes y la moral.

En este sentido, aunque pareciera una gran paradoja, la individualidad de la violencia debe ser traspasada a partir de varios mecanismos en donde se lubrique de nueva forma la institucionalidad, se rescate el sentido solidario de comunidad, de la distribución de la riqueza a partir de políticas públicas que logre y genere diversos bienestares sociales, pero que sobre todo se antepongan nuevos lazos y valores que unan a la sociedad en donde se reconozca al otro.

La individualización de la sociedad propicia la aparición de la violencia. Esto debido a las altas tasas desempleo, la indiferencia de las instituciones económicas y políticas hacia las situaciones de pobreza extrema, el problema de la drogadicción, entre otros problemas que generan y desatan violencia.

En otras palabras, al referirnos de una sociedad individualizada, en la que el desempleo, la pobreza, la marginación, la drogadicción y la exclusión de grandes cantidades de población, están provocando que las instituciones no puedan otorgar sentido de vida a los sujetos, por lo que paulatinamente la violencia dota a los individuos en una vía idónea para expresar su sentir hacia el mundo.

Por lo tanto, ante desgaste de la comunicación entre los individuos, ante el consumo exacerbado fomentado por el mercado como eje articulador de la sociedad, ante la personalización de la vida y ante la aparición de la ética hedonista como norma universal de comportamiento, la violencia tiene un gran estado de germinación en una sociedad de riesgo latente, efímera, móvil con miedo e incertidumbre.

En este sentido, la violencia y la individualización de la sociedad están dando brecha a nuevos formas de des-civilización en donde el terror, el hambre, la guerra, el éxtasis, la locura, el sacrificio y la confrontación de todos contra todos se encuentren a la orden del día.

De ahí que muchos críticos, intelectuales y estudiosos sobre las nuevas realidades consideren que el Estado, la cohesión social y la armonía institucional se encuentren en tela de juicio, y que hoy más que nunca en la historia moderna, se encuentren en peligro constante.

Conclusión:

Considero que la explicación de la violencia requiere de diversos análisis que vayan más allá de la mera descripción o cuantificación de los datos, que si bien es cierto, son relevantes para diagnosticar las diferentes variables que la producen, resulta muchas veces quedan limitadas a meros atributos económicos y políticos.

La explicación de la violencia debería voltear los ojos hacia las configuraciones sociales, en el entramado de relaciones que los individuos establecen entre sí de manera directa través de las siguientes instituciones.

De esta forma, considero que la individualización en relación con la violencia son efectos que va generando la re-estructuración de la economía, que paradójicamente afecta al capital financiero, al Estado y la cultura en las relaciones sociales y que en cierta manera ponen a la violencia como un fenómeno relevante que merece la atención poner énfasis sobre su estudio.

Ya que resalta las diversas formas en cómo se relacionan los actores sociales y las instituciones. Lo cual constituye, indudablemente, una forma de sopesar la manera en cómo cada sociedad afronta sus propios cambios y busca construir y ser artífice de su propio destino.

 

Bibliografía:

Bataille, George, La parte maldita, Barcelona, Les editions de minuit, 1987.

Hobbes, Thomas, Leviatán o la materia, forma y poder de una republica eclesiástica y civil, México, Fondo de Cultura Económica, 2006.

Lipovetsky, Gilles, La era del vacío, Barcelona, Anagrama, 2003.

Pamplona, Francisco, “Violencia y civilización en la sociología figuracional de Norbert Elías en: Acta republicana: Política y Sociedad, Número 12, año 12. Universidad de Guadalajara, 2013.

René, Kaës, “La violencia que esta en el origen de las instituciones”, Disponible en: http://www.pagina12.com.ar/2000/suple/psico/00-08/00-08-31/psico01.htm Consultado el día 5 de diciembre 2014.

Ulrich, Beck, La sociedad del riesgo. Amor, violencia, guerra, Madrid, Barcelona, Paidós, 1998.

[1] Lipovetsky, Gilles, La era del vacío, Barcelona, Anagrama, 2003, p. 25.

[2] Ulrich, Beck, La sociedad del riesgo. Amor, violencia, guerra, Madrid, Barcelona, Paidós, 1998, p. 42

[3] René, Kaës, “La violencia que esta en el origen de las instituciones”, Disponible en: http://www.pagina12.com.ar/2000/suple/psico/00-08/00-08-31/psico01.htm Consultado el día 5 de diciembre 2014.

[4] Bataille, George, La parte maldita, Barcelona, Les editions de minuit, 1987, p. 56.

[5] Aquí cabe la idea de revolución. Desterrar a la élite del Estado que no proteja, ni cumpla con la voluntad de todos para la protección y seguridad de la vida en sociedad.

Hobbes argumenta en el Leviatán sobre el derecho a la resistencia cuando: “La obligación de los súbditos con respecto al soberano se comprende que no ha de durar ni más ni menos que lo que dure el poder mediante el cual tiene capacidad para protegerlos. En efecto, el derecho que los hombres tienen, por naturaleza, a protegerse a sí mismos, cuando ninguno puede protegerlos, no puede ser renunciado a ningún pacto”. Hobbes considera de suma importancia la idea de seguridad, que construye un derecho inalienable, el cual el súbdito puede recuperarlo cuando el soberano no se le esté brindando. Aquí es cuando Hobbes ratifica en la seguridad el alma de la vida social”. Hobbes, Thomas, Leviatán o la materia, forma y poder de una republica eclesiástica y civil, México, Fondo de Cultura Económica, 2006, p.120.

[6] Pamplona, Francisco, “Violencia y civilización en la sociología figuracional de Norbert Elías en: Acta republicana: Política y Sociedad, Número 12, año 12. Universidad de Guadalajara, 2013, p. 25.

[7] Ídem, p. 25.

[8] Ídem, p. 25.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s