Ethos Barroco y la Modernidad Capitalista (Parágrafo).

Cuando hablamos sobre el Ethos barroco, nos estamos refiriendo particularmente a la manera de vivir en la modernidad desde la periferia. Es una forma de sobrevivir, contraponer, criticar y ubicar los elementos contradictorios que manifiesta el capitalismo en los países emergentes.

El progreso y el desarrollo del capitalismo, se produce a costa de víctimas que son sobre-explotadas y oprimidas en países que manifiesta grandes índices de desigualdad, pobreza, impunidad, injusticia y segregación.

Los modos de producción capitalista en nuestros tiempos establecen diferentes rasgos que confeccionan otro tipo de sociabilidad a través de las nuevas tecnologías que produce la globalización, así como también produce en la sociedad nuevos valores de relación basados en la lógica del consumo. Como nos recuerda Bolívar Echeverría: “La modernidad capitalista vive de sofocar a la vida y al mundo de la vida (Bolivar, 2010).

El capitalismo se ha desarrollado de tal manera que sus formas de producción y reproducción atenta contra cualquier tipo de vida, desde la sobreexplotación de la naturaleza hasta la destrucción de la vida del individuo. “El capitalismo es un sistema que brinda al ser humano los instrumentos de su propia destrucción” (Bolívar, 2010).

Partiendo desde estos argumentos, el propósito del siguiente trabajo es reflexionar acerca de uno de los campos de estudio del Dr. Bolívar Echeverría, acerca de la modernidad de lo barraco, entendida como una versión de la modernidad que proclama a la vida con una forma elemental del individuo, a pesar de las limitaciones que le imponga la lógica productiva impuesta por la modernidad capitalista occidental.

Para ello intentaré responder la siguiente interrogante: ¿De qué forma el Ethos barroco se contrapone con la modernidad capitalista?

Analizaré brevemente las características del Ethos barroco que establece Bolívar Echeverría para después conectarlo con una pequeña relación sobre las limitaciones que impone el capitalismo y la lógica productiva sobre el individuo.

El Ethos Barraco

Para Bolívar Echeverría, el Ethos barraco nace como una consecuencia de la destrucción que hace el mundo europeo sobre los mundos prehispánicos. En esta lógica, tiene que ver con la forma en como se reinventa el mundo indígena y el mundo español, frente a nuevas formas de relación y vida para cohabitar de forma civilizada en América.

Si bien los antiguos códigos culturales fueron devorados por el código vencedor de los europeos, este proceso se llevo de tal forma que lo que se reconstruyó resultó ser un modelo totalmente diferente al modelo esperado.

De esta manera, el Ethos barroco:

Surge de este momento en el que jugando a ser europeos, imitando a los europeos, poniendo en escena lo europeo, los indios asimilados montaron una representación de lo que ya no pudieron salir, representación en la que incluso nosotros nos encontramos todavía como parte de ese proceso, de esa puesta en escena absoluta, de ese performance sin fin que significa nuestro mestizaje” (Echeverría, 1998: 37).

En otras palabras, Echeverría entiende al Ethos como:

Un término que tiene ventaja de un doble sentido, ya que se le puede entender por: refugio o abrigo, y por otro, está relacionado con los usos, costumbres, y comportamientos automáticos de una comunidad o de una sociedad. Es un modo de ser, o una manera de imponer nuestra presencia en el mundo. (Echeverría, 1998: 37).

En este sentido, el Ethos funciona como un mecanismo que incorpora en la sociedad un conjunto de normas y códigos sociales, que posibilitan la co-existencia del mundo europeo e indígena. Es una actividad que pretende ser armoniosa entre los seres humanos. Por lo que el Ethos, es una creación indispensable para poder organizarse como sociedad y generar las reglas mínimas que van a regular y, en cierta manera administrar su propio comportamiento.

El barroco, definido por Echeverría:

Es la decoración absoluta, adornos superfluos que centran la atención más en lo necesario que en lo sustancias (…) Como arte, es una forma de expresión que prefiere el efecto local y efímero por sobre el impacto duradero, buscando persuadir al entendimiento mediante la conmoción de los sentidos. El exceso de énfasis en las formas o la abundancia de su decoración lo hacen muy diferente de los otros estilos en los que prima una racionalidad más equilibrada y sobria como el caso neoclásico francés. (Echeverría, 1998:41).

Según nuestro autor, el término barraco estuvo asociada como un elemento peyorativo entre los siglos XVIII y XIX, pues era sinónimo de irracional y desmesurado. “Se decía que era una expresión de la simulación que termina por transformar al arte en un instrumento de lo festivo” (Echeverría: 1998:52).

De manera que el Ethos barroco actúa como una forma alterna de rebelión y resistencia dentro de la opresión y subordinación del capital y lo hace a partir de una especie de teatralización de la vida, impulsado el imaginario y resaltando el folclor de nuestra forma de vida.

Por lo tanto, el Ethos barroco, es una manifestación de forma lúdica y artística que sirve como elemento para reivindicar la esencia de la vida y redefinir el sentido de lo humano, obstaculizando y criticando al capitalismo desde adentro; sus formas de sociabilización moderna así como el producto individualista que genera en el orden social.

El Ethos barroco, opera justamente como una especie de resistencia al productivismo moderno. “Por eso se suele escuchar a menudo que los países latinoamericanos no estamos hechos para el progreso, para la disciplina, o el sacrificio productivista, aspectos que son indispensable para una vida moderna-capitalista- o para el Ethos realista”. (Echeverría: 2007).

De esta forma el Ethos barroco se manifiesta como una forma de re-inventarse con la vida, e intentará vivir planamente las dimensiones de lo sensible, de lo natural, de lo festivo, por encima de la lógica y tradición netamente productivo, en otras palabras, el Ethos barroco es una respuesta alternativa a través del pensamiento crítico de los excluidos.

Por lo tanto, ser barroco en nuestros días, “significa amenazar, juzgar y parodiar a la economía burguesa, basada en la administración tacaña de los bienes, en su centro y fundamento mismo: el espacio de los signos, el lenguaje, soporte simbólico de la sociedad, garantía de su funcionamiento, de su comunicación” (Echeverría, 2000: 16).

De esta manera, el Ethos barroco busca la felicidad inmediata a partir de la transgresión directa con la modernidad capitalista, justo como Bolívar Echeverría menciona: “la felicidad debe darse aquí y ahora, por ello somete constantemente las leyes puras, clásicas y sobrias de la circulación mercantil a un juego constante de transgresiones” (Echeverría, 1998:34).

Por otro lado, a lo largo de la historia se ha ido construyendo una serie de concepciones acerca de la modernidad desde diversas perspectivas, corrientes y tipos de pensamientos, pero la que prevalece y mantiene una cierta hegemonía sobre las otras es a la perteneciente al eje capitalista.

No obstante, esta modernidad burguesa está produciendo una especie de crisis civilizatoria (pérdida de valores morales, religiosos y rasgos de la sociedad apegados al consumo, individualización de la sociedad, apatía de la política, carente de ideología, presa de sus deseos y placeres). Es decir, la modernidad rígida que se produjo en un momento de la historia se está volviendo inconsistente y por lo tanto la civilización que originó este tipo de modernidad está cayendo en crisis.

Bolívar Echeverría menciona:

Cuando hablamos de crisis civilizatoria nos referimos justamente a la crisis del proyecto de modernidad que se impuso en este proceso de modernización de la civilización humana: el proyecto capitalista en su versión puritana y noreuropea, que fue afirmando y afinando lentamente al prevalecer sobre otros alternativos y que domina actualmente, convertido en un esquema operativo capaz de adaptarse a cualquier sustancia cultural y dueño de una vigencia y una afectividad histórica aparentemente incuestionables. Echeverría: 2000: 34).

A partir de este argumento podemos darnos cuenta de que no existe una modernidad única y monolítica. Pues esta modernidad que pretende trascender con el capitalismo, tiene varios matices y críticas sobre su razón de ser, una de ellas es el Ethos barroco.

Sin embargo, este tipo de pensamiento que produjo Echeverría durante gran parte de su labor intelectual, no es una posible, ni muchos menos es una alternativa, ya que ésta no produce en sí misma la revolución, sino más bien es una de especie de resistencia al capitalismo. Es un modo de vivir dentro del esquema burgués, es una forma de hacer vivible la vida dentro de su esquema de destrucción, explotación y desencanto.

Este Ethos barroco “se lo puede asociar del algún modo a una de las formas de ser de izquierda, ya que de una cierta forma, aunque muy mínima, logra imponer una actitud de resistencia a la vorágine del esquema civilizatorio de la modernidad capitalista, así esta sea en lo íntimo o en lo público”. (Echeverría: 1998: 25).

En suma, si buscamos una posible respuesta a la modernidad burguesa y generar otra alternativa, entonces es necesaria reproducir la idea de una nueva reproducción social, en donde el individuo se auto-gestione, se autoconstruya, se auto-realice y se auto-proyecte con el propósito de que no recaiga de nuevo ante los placeres y deseos que promueve el capital, y no generé en el individuo un ser egoísta, maximizador de sus recursos. Y para lograr esto, según Echeverría es posible desde la izquierda, pero no en una izquierda dogmática, pragmática, institucionalizada, sino que en su naturaleza sea anticapitalista y se reconstruya al individuo y tome conciencia a través de la praxis, su historia y la filosofía.

Por lo tanto, concebir al mundo revolucionario, no sólo depende del Ethos que se desprende dentro del sistema, sino más bien, elevar el sentido de la revolución para transformar al capitalismo y así poder subvertirlo.

Bibliografía:

Echeverría Bolívar. (2000). La modernidad de lo barroco. Entorno al Ethos Barroco. México: Era.

——————-. (1998). Qué es modernidad. México: FCE.

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