Crítica a la ideología democrática liberal: sobre las paradojas de la democracia en el nuevo orden mundial.

Víctor Hugo López Llanos

En la última década se ha desarrollado una ideología nueva que rompe con eso. Pretendemos que el único rol del Estado es desmantelar todas las legislaciones que protegen a los trabajadores para darles lo que se les antoja a los reyes de la economía. El poder no tiene límite. Sin embargo, una de las formulas de la democracia la dio Montesquieu: ningún poder ilimitado puede ser legítimo.

Tzvetan Todorov.

En el presente trabajo se pretende realizar una crítica a la democracia liberal usurpada bajo el sistema económico capitalista. Con el propósito de delinear el elemento principal que impide el progreso, el desarrollo y fortalecimiento de la democracia en gran parte del mundo. Estableciendo que el principal problema para su consolidación  radica en la ideologización de la democracia, utilizada por la elite política y económica para salvaguardar y proteger al proyecto capitalismo, dejando de lado las promesas y las expectativas que promovió esta forma de gobierno después de la segunda guerra mundial, en materia de seguridad y de protección social lo que genera en la actualidad la formación de diversas paradojas que manifiesta en si misma la democracia en nuestros días. Así como de diversos valores que le dieron razón ser a lo largo de la historia. Para ello, se parte del pensamiento del filósofo esloveno Slavoj Žižek a partir de sus aportaciones y crítica que realiza el autor a la ideología  y que se intenta trasladar a la lógica democrática en el nuevo orden que produce la económica globalizada. Para terminar con una conclusión al respecto.

Recientemente la revista digital observaciones filosóficas publicó un artículo intitulado “El  espectro de la ideología” del filósofo esloveno Slavoj Žižek, en dicho texto, el autor  establece los dilemas y perversiones que ha originado el sistema ideológico dominante producido por el capitalismo global frente a los arquetipos organizacionales que se producen en el modelos políticos y culturales.

Para Žižek, el capitalismo en su fase globalizada ha generado una limitación y una evaporación constante de la soberanía estatal producida por una transnacionalización del poder político en donde la toma de decisiones deja de estar enmarcados a través de las fronteras territoriales de los propios Estados, y por ende, de sus instituciones, normas y códigos. Además, esta crisis de la soberanía estatal se ve afectada por una grave crisis ecológica y una constante amenaza de militarización y producción de armas nucleares. “Esta erosión de autoridad estatal desde ambos lados se refleja en el hecho de que hoy el antagonismo político básico es que se opone a la democracia liberal cosmopolita universalista” (Žižek, 2015).

En este sentido, el capitalismo reafirma su naturaleza de la contradicción y de la paradoja para trasladarlo a la demás esferas que dan sustento y legitimidad a su lógica de producción. Uno de esos grandes engranajes que permite la consolidación del capitalismo es la democracia liberal, que en nuestros días es utilizada por la naciente elite global para domesticar, legitimar y reinventar el desarrollo del capitalismo en los países emergentes y desarrollados. Lo que produce una especie de desencanto hacia esta forma de gobierno, ya al no responder a las promesas de libertad y de bienestar social que se le adjudicaron después de la segunda guerra mundial, des-legitima su condición y su razón de ser frente a la sociedad. Sin embargo, frente a este panorama de crisis de la democracia, su discursividad  cada vez más se incrementa y toma mayor relevancia en el mundo de lo social y de lo político.

Desde la perspectiva zizektiana, la democracia liberal ha dejado de ser una forma de gobierno, para convertirse en la nueva ideología que organiza los propios individuos de casi todas las naciones en el mundo, a excepción de China, ya que esta nación, según nuestro autor, atraviesa por una forma ini-maginada de sociali-capitalismo (Žižek, 2010) que consiste en una forma ideológica de socialismo en sus instituciones y constituciones, pero que resguarda y desarrolla el sistema capitalista como un modelo económico de producción y de relación entre los habitantes de ese país.

Por lo tanto, la democracia que persiste en nuestros días, para recurrir a  la desgastada frase de Churchill, es el  peor de todos los sistemas posibles, el único problema es que no hemos descubierto otra forma de gobierno que satisfaga nuestras perspectivas intelectuales- academicistas y esperanzas políticas, sociales, éticas y económicas. Es decir, el problema con la democracia “es que siempre acarrea con la posibilidad de corrupción del gobierno de la obtusa mediocridad. El único problema es que en cada intento de eludir este riesgo inherente y de restaurar la democracia real acarrea necesariamente su opuesto, termina en la abolición de la democracia misma” (Žižek, 2012: 28).

Bajo este argumento cabría repensar el presupuesto hegeliano sobre la democracia, en donde el modelo de democracia que impera hasta nuestros días se ve trazada por una especie de dialéctica universalista, que lejos de ser una superación histórica progresiva y desarrollista de la democracia, es una connotación sistemática de fracasos rotundos por los intentos de establecer esta forma de gobierno en todo el mundo.  En otras palabras, el perseguimiento de la democracia en nuestras sociedades y en nuestros sistemas políticos, no están libradas de la contradicción inmediata que manifiesta esta forma de gobierno. De ahí el surgimiento de populismos, de una exacerbada ola de violencia, de corrupción, de nepotismos, desigualdades y de la fisura de la libertad.

En el campo de lo social que se basa en esta noción de antagonismo es Chantal Mouffe y Ernesto Laclau, en su libro intitulado: Hegemony and socialist strategy establecen que para diagnosticar y otorgar soluciones a los problemas con las que se encuentra la democracia hoy en día, no debe a travesar por propuestas en el sentido de apuntar soluciones radicales, ya que “toda solución es provisional y temporal” (Mouffe, 2012; Laclau 2012: 89). En este sentido, la democracia como un modelo paradójico, la podemos salvar de la crisis que la acecha, tomando en cuenta su propia imposibilidad radical que se hará visible en los diversos antagonismos que se desprenden de ella, y que posibilitará  la capacidad de análisis y de conocimiento a partir del reconocimiento real de sus exigencias.

Norberto Bobbio, por su parte, también expondrá las paradojas de la democracia contemporánea a través de las tensiones y contradicciones internas de la propia democracia y sus promesas incumplidas. Este autor resalta, que la democracia contemporánea manifiesta diversas fallas y contradicciones  debido a diversos procesos históricos  específicos, pero sobre todo por los contantes obstáculos con las que se encuentra constantemente. Bobbio señala: “falta de pluralismo, imposibilidad de participación política de los individuos, persistencia de las oligarquías y subordinación del interés general al de individuos o grupos dominantes” (Bobbio, 1984: 6). Señalando cuatro paradojas  de la democracia: las grandes dimensiones, la creciente burocratización del aparato estatal; la cada vez mayor tecnicidad de las decisiones; los tres efectos perversos: la ingobernabilidad, la privatización de lo público; el poder invisible (Bobbio, 1985).

Algunos teóricos de la democracia en América Latina establecen las paradojas que manifiesta la democracia en esta parte del mundo, considerando que además de ser una región en transición y consolidación democrática de sus instituciones, de sus relaciones y de sus cogidos y leyes, la democracia se ve afectada por el endeble crecimiento económico que aqueja a la región, de esta forma Fareed Zacaria comenta que “la democracia solo puede tomarse en países económicamente desarrollados. Cuando los países en vías de desarrollo son prematuramente democratizados, se genera un populismo que desencadena el desastre económico y el despotismo político” (Zacaria, 1992: 36). No obstante, esta visión desarrollista de la democracia, queda en la limitante cuando se analiza a través de la política comparada y se analiza en relación con otras regiones del mundo, como por ejemplo con los países de Asia occidental como Rusia, Taiwán o la India.

Por otra parte, el malestar que se ha desprendido de la democracia se expresa particularmente en un distanciamiento progresivo de la actividad política institucionalizada, que incide en una creciente desconfianza principalmente de la clase política, a partir del escepticismo  que se produce por parte de la sociedad frente a los políticos debido a la incapacidad de gobernar y solucionar problemas que le preocupan a los ciudadanos.

Frente a estos malestares de la democracia, muchos intelectuales y académicos han llevado a formular diversas posiciones y papeles que debe asumir la ciudadanía para equilibrar el barco que naufraga cada vez más por zonas pantanosas.  Rafael del Águila, argumenta que “a partir del desazón de la democracia y de la creciente despolitización de la sociedad, es necesaria la construcción de un ciudadanía reactiva definida a partir de sus compromisos y responsabilidades públicas para el perseguimiento del bienestar colectivo. En donde la capacidad de análisis y de participación sea una de sus características principales de este tipo de ciudadano” (Del Águila, 2000: 383).

Sin embargo este tipo de posiciones que han surgido en los últimos años se quedan cortas en el análisis, y que desde el posicionamiento zizektiano reproducen más de lo mismo, respondiendo a una forma ideológica que invisibiliza lo real y la encubre por la fantasía intelectualista. En este sentido, la democracia liberal usurpada por el capitalismo global, copta el discurso ciudadano y la convierte en una ideología  que responde a las diferentes circunstancias sociales, pero que cae en el relativismo del discurso y del análisis dominante. De ahí que “en la época contemporánea (…), la ideología es más que nunca un campo de batalla, y una de las batallas que hace furor tiene que ver con la aprobación de las tradiciones del pasado” (Žižek, 2012: 125).

En consecuencia, Žižek considera necesaria tener la importancia de la relación surgida entre saber y poder. Mientras que el saber, bajo la lógica lacaniana, Žižek la considera como un acumulado de percepciones y conocimientos, el poder, por su parte será entendido como la capacidad de influencia o de decisión por parte de un individuo o de un grupo.

Desde esta óptica, la gran paradoja con la que se enfrenta hoy en día en el estudio de la democracia actual, es que existe en un incremento exponencial del saber democrático, en la cual existe una sobre información de la democracia que no sabemos que hacer o cómo actuar ante los problemas que la acecha, por lo tanto, el poder de decisión por parte de los grupos políticos, sociales y académicos queden en el vacío. En otras palabras, lo que nos hace incapaces de solucionar el malestar en la democracia, no es el hecho de no saber, sino al contrario, el hecho de saber demasiado nos lleva a no saber qué hacer (Žižek, 2012: 207).

No obstante, la velocidad con la que se produce los saberes sobre la democracia, corresponde a las diferentes insurgencias que se han producido a lo largo de los últimos años en casi todo el mundo, que se asocian a los desencantos que generan la democracia y el capitalismo global.

Gran parte de estas insurrecciones promueven re-pensar a la democracia más allá de las fronteras del Estado-nación, ya que esta forma de concebir a la democracia ha demostrado la incapacidad para frenar las consecuencias perversas y destructivas de la lógica capitalista. Además, estos grupos ponen la daga en el cuello al establecer que la democracia juega el elemento principal para sustentar y legitimar la actividad económica, pues lo que pretende la elite burguesa global es democratizar al capitalismo, es decir, “extender el control económico sobre la democracia a través de la exposiciones y creaciones  de instituciones que protejan y permitan la libre acumulación de capital” (Žižek, 2013).En ese sentido, Žižek cuestiona la idea de la libertad de la democracia actual.

Según nuestro autor:

La cuestión de la libertad no debe ser situada principalmente en la esfera política, es decir, en cosas tales como las elecciones libres, un poder  judicial independiente, una prensa libre, el respeto a los derechos humanos. La verdadera libertad reside en la red apolítica de relaciones sociales, desde el mercado a la familia, donde el cambio necesario para hacer mejoras no es la reforma política, sino un cambio de relaciones sociales de producción (Žižek, 2013).

No votamos sobre quien posee una cierta verdad o una cierta salvación a nuestros desapegos políticos y carencias sociales cada periodo de tiempo establecido, por lo que atribuir las libertades políticas al mero sufragio del algún personaje o partido político, es otro elemento de esta ideologización que invisibiliza las paradojas de la democracia actual. En este sentido, para sanear el malestar en la democracia se debe producir diferentes cambios que vayan más allá de estos dispositivos de dominación democrática que utiliza el capitalismo para fundamentar su lógica productiva.

Al respecto, Žižek argumenta que “los cambios radicales en este ámbito deben hacerse fuera de la esfera de tales dispositivos democráticos como los derechos legales” (Žižek, 2013). Ya que estos dispositivos juegan en el engranaje de un gran aparato Estado-burgués que está diseñado para garantizar el funcionamiento inalterado de la reproducción capitalista.

Badiou tiene razón cuando dice que “el enemigo final de hoy no es el capitalismo, el imperio,  la explotación o la marginación” (Badiou, 2010: 6). Sino es la ilusión democrática, que se genera a través de los lazos ideológicos que reproduce la elite para organizar, convencer y encantar a gran parte de la sociedad. Pues es a partir de esta ideologización lo que genera la perversión y el dogma democrático como el único medio legítimo de cambio, lo que impide una verdadera transformación en las relaciones capitalistas. Generando que la democracia se encuentre un desequilibro constante, y que a su vez, sea cada vez más vulnerable a los cambios que produce el actual proceso de globalización.

Esto ha originado que la democracia bajo el yugo ideologista de las elites políticas y económicas, se traduzca  como un aparato legalista, que tiene su mayor fundamento en la adopción de las políticas de transparencia y de las reglas electorales de los sistemas de partidos. En donde ambos elementos constituyen una especie de fervor democrática, en donde la claridad del juego de representación y de la participación institucionalizada eleva las expectativas y las esperanzas que trae consigo el ejercicio democrático. Pero que sin embargo, desencadena una serie de posturas adversas que luchan contra esta idea reduccionista de la democracia.

De ahí que en la actualidad, existan miles de estudios sobre la transparencia del gasto público y de la actividad parlamentaria, sobre la calidad de las democracias en relación con los niveles del crecimiento económico o sobre la participación ciudadana en su relación con los sistemas de partidos o instituciones de corte electoral con el propósito de vigilar y evitar la creciente corrupción que desacredita tanto a la clase como a la actividad política.

Esta misma fórmula ha sido transitada y adoptada en casi todo el mundo, pero que paradójicamente este modelo de democracia se encuentra en una grave crisis de legitimidad y de credibilidad. Bajo esta nueva emergencia por salvaguardar la democracia institucionalizada, la elite económica y política pretende diseñar nuevos mecanismos de ideologización para rescatar el proyecto democrático, pero sobre todo, para proteger al sistema capitalista. Dichos mecanismos poco a poco han sido construidos, y aunque se encuentran en proceso de confección, podemos señalar el más importante, el cual me atrevería a decir, que ese viejo pero renovado componente que viene al rescate de la democracia y del capitalismo, es la libertad.

Pero no es esta libertad moralista al estilo Kantiano, sino es una libertad que se transforma en la capacidad de decidir y de actuar bajo marcos regulados por parte de esta nueva elite global encaminados hacía la capacidad de elegir; qué consumir, qué hacer, cómo actuar y qué valores formarse tanto política, económica y civilizatoriamente.

Esto construye en la sociedad una especie de resentimiento, ya que ahora la lógica de este nuevo proyecto no es la creación de un sistema de seguridad social, sino la producción de opciones imaginadas producidas por el mercado para acceder a esta nueva forma ortodoxa de vida consumista y enajenada.

En suma, la democracia se encuentra en tela de juicio, existen sus fieles defensores y sus grandes críticos, nunca en la historia se había discutido tanto sobe una forma de gobierno que proyectara tantas expectativas, pero que generara diversos desencantados. Si bien es cierto, que la democracia se encuentra subordinada y maniatada a una elite que establece qué hacer y como adoptarla, esta forma de democracia, desde mi subjetiva percepción, ha originado un enclaustramiento y una limitación exponencial de los ideales democráticos. Si bien es cierto, que existen diferentes posiciones al respecto, considero, justo como pretendí desarrollarlo a lo largo de estas páginas, ese desmoronamiento  por la democracia, se origina a partir de la perversión y manipulación de la misma a través de los aparatos ideológicos que reproduce la elite política y económica para salvaguardar el proyecto capitalista en su fase globalizada lo que provoca que la democracia en la actualidad encante en el discurso, pero que decepcione en la praxis.

Sin embargo, eso no significa que haya que sacrificar a la democracia u otra institución que nos permita construir un mundo más justo. Sino el reto es la construcción de una forma critica que de-construya esa ideologización de la democracia usurpada por el sistema capitalista, la cual irrumpe con la consolidación de una verdadera democracia justa y libre. Por lo que necesitamos la construcción de otro tipo de pensamiento que le de otro sentido a la condición democrática. Necesitamos otra paideia.

 Bibliografía:

Badiou, A. (2012). Razonamiento altamente especulativo sobre el concepto de democracia. Paris: Abrégé de métapolitique

Bobbio, N. (1985). El futuro de la democracia. México: Fondo de cultura económica.

Chantal M. y Laclau E. (2012).  Hegemony and socialist strategy. Era Princeton: Princeton University Press

Žižek, S. (2012). El sublime objeto de la ideología. México: siglo XXI.

———-. (2010). “De la democracia a la violencia divina”, en Democracia ¿en qué estado? Agamben, G (ed.). Buenos aires: Prometeo libros.

———–. (2015). “El espectro de la  ideología” en Observaciones filosóficas. Disponible en: http://www.observacionesfilosoficas.net/elespectrodelaideologia.html

———–. (2013).  “Democracy is the enemy.” in: London Review of Books. October 28, 2011

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