Sobre la Idea del Sujeto Revolucionario en la Nueva era Global. Limitaciones y Nueva Propuesta: El Malestar en la Democracia y La Nueva Cuestión Social Post-Revolucionaria. Parte 3

Todos los males de la democracia pueden curarse con más democracia.

Alfred Emanuel Smith 

Hace algunos meses leí un libro titulado América Latina: ¿renacimiento o decadencia? del politólogo mexicano César Cansino, dicha obra fue publicada en los albores del  Nuevo [des] Orden Mundial, posterior a la Guerra Fría, la caída del muro de Berlín, después de lo que muchos analistas sociales han considerado llamarle la década perdida para América Latina.

Dicha obra concluía, que pese a los constantes avances democráticos registrados en la región, sobre todo en el último tercio del siglo XX, el futuro para América Latina, era poco promisorio, debido a la difícil condición imperante, ya que este fenómeno, en consecuencia, propiciaba la condición necesaria para el resurgimiento de actores y discursos populistas, con posibles soluciones semi-constitucionales o semi-militares, trayendo consigo, que las próximas y consolidadas democracias latinoamericanas estuvieran en peligro. “Lamentablemente al cabo del tiempo el pronóstico no sólo se confirmó, sino que fue rebasado sobradamente por la realidad.”[1]

Se manifestaron en algunos países latinoamericanos crisis económicas y políticas de gran profundidad. Por citar algunos ejemplos, encontramos el caso de Brasil, Argentina, Colombia, México, Perú, Venezuela, El Salvador, Chile, Uruguay,  y en algunos casos, peligrosos retrocesos autoritarios en naciones, como el caso de Abdalá Bucarám en Ecuador, Alberto Fujimori en Perú, Hugo Chávez en Venezuela y Evo Morales en Bolivia, sólo por nombrar algunos casos. Reapareciendo el fenómeno en muchos otros países, aunque con nuevas características, así como también surgieron movimientos guerrilleros de diversa afiliación ideológica.

Sin embargo, América Latina ha conservado un activo primordial, en donde la Sociedad Civil, está cada vez más involucrada, informada, crítica y participativa en los asuntos públicos, contrastando cada vez más a los obtusos políticos profesionales. “Si nuestras maltrechas democracias han logrado persistir en el tiempo, salvo algunos casos lamentables como Venezuela, no es por afanes de nuestros partidos y gobernantes, sino por la terquedad de los ciudadanos y ciudadanas.”[2]

De ahí que el Malestar en la Democracia no sólo sea de fondo, sino de forma. Ya que la propia sociedad, se ha visto en la tarea de crear y suministrar  espacios de persistencia participativa, pues aunque parezca contradictorio, la  Democracia se encuentra en Crisis, pero pese a los peligros que la acechan y/o amenazan, han efervecido diversos espacios en donde se recrea lo público-político. La calle, la plaza, la familia, la escuela, las organizaciones no gubernamentales, el barrio, el chat y ahora el facebook, el twitter y demás redes sociales. Estos son los nuevos espacios públicos en donde se discuten, reflexionan y se analiza la nueva realidad política, cultural y económica.

Estos nuevos espacios se han convertido en los lugares en donde los ciudadanos ratifican cotidianamente su voluntad de ser libres, en donde se originan los ámbitos que se producen los contenidos simbólicos, cuya resonancia coloca su ejercicio en el vilo del poder instituido.

Por lo tanto, la Individualización democrática, hace que los ciudadanos “sean de facto el principio y fin de la democracia y no las organizaciones de masas.”[3] Como se hacía pensar el pasado corporativo, clientelista mexicano.

No significa que la sociedad se haya pulverizado o atomizado, sino que por primera vez en su historia, ésta se ha constituido y afirmado como lo que realmente es: “un conjunto de individuos radicalmente diferentes pero invariablemente iguales ante la ley.”[4]

La sociedad individualizada,[5] sigue más  vive que antes, pues ahora los ciudadanos saben que su destino no depende de nadie, sino de ellos mismos, para orientar la vida política de sus comunidades y naciones. Transparentando sus intereses y expectativas, gestionando sus afinidades en bienes comunes.

Si bien en el Estado Social, con una retórica más o menos populista, se encargaba de homologarnos y estabularnos, de derramar selectivamente dadivas a cambio de apoyos, haciendo de la libertad una moneda de cambio, ahora el imperativo individualista de la igualdad ante el derecho tiende a prevalecer sobre la nación de defensa de los interés colectivos.[6]

En el ámbito teórico, cuando empezaron a caer las dictaduras militares, muchas de las preguntas que sobresalieron oscilaban y se cuestionaban lo siguiente ¿Qué hace que los distintos actores  políticos y sociales elijan democracias tan costosas, dadas las condiciones económicas adversas? Ahora la pregunta ha cambiado: ¿Qué  hace que las maltrechas democracias de la región latinoamericana, incapaces de resolver los problemas de las sociedades, con partidos políticos corruptos e ineficaces, puedan persistir?

La respuesta fácil argumenta que la causa es la falta de una cultura política activa, pues la ignorancia de la gente, la débil participación, su escasa cultura cívica-democrática y su baja politización, vuelve que los ciudadanos sean presas fáciles de líderes populistas, partidos y políticos corruptos y ambiciosos.

Obviamente, no comparto esta visión, pues si bien la poca democracia que se ha mantenido en la región, pese a sus inconsistencias y graves problemas, es  debido precisamente, aunque no deja de ser paradójico, a la Sociedad Civil, a su creciente politización e involucramiento en los asuntos públicos y a una percepción muy clara de lo que significa vivir y no vivir en democracia.

Es cierto que no se puede generalizar, pues el grueso de nuestra población se preocupa más con resolver el día a día que por la política, pero el dinamismo de esta parte de la sociedad consciente de su condición de ciudadano termina por contaminarlo. He aquí La Nueva Cuestión Social Post-Revolucionaria.

El tránsito de un estado social y proveedor a uno desobligado de dicha responsabilidad, el tránsito de la política de intereses colectivos al de intereses individuales, el tránsito de sistemas cerrados a sistemas abiertos, de regímenes autoritarios donde se pisoteaban indiscriminadamente los derechos civiles y políticos a regímenes democráticos que garantizan condiciones mínimas de libertad e igualdad a los ciudadanos, el tránsito de sociedades articuladas por el Estado-fuerza a sociedades secularizadas donde más que el orden predomina el conflicto, el tránsito de modelos y patrones de conducta patrimonialistas y paternalistas fuertemente arraigados a otros en donde los ciudadanos no tenemos que valernos por nosotros mismos.[7]

Con la cita anterior quiero dejar en claro que esta investigación no es una simulación o una enésima reproducción del credo o del ideal latinoamericanista, ni propone un concepción que vanaglorie a la Sociedad Civil como virtuosa, frente a la maldad de Estado, sino que es una visión profundamente realista de la intervención, muerte o renacimiento del Sujeto Revolucionario; más ya no socialista, ni mucho menos comunista, como se le consideró en un momento de la historia mundial moderna.

Ya que es justamente la democracia el símbolo con el que se juega el estandarte de las próximas revoluciones de la estructura política, social y económica. No me refiero a la democracia discursiva que emplean los populistas, demagogos, políticos, empresarios y tecnócratas, pues lo único que propician es la deslegitimación constante y falta de credibilidad sobre la misma, haciendo que la Democracia encante en el discurso, pero decepcione en el modus operandi.

Es por ello que desde el plano de la Sociedad Civil, y desde el ciudadano en particular, debe perfeccionarse e inventarse día con día el ejercicio democrático o en su defecto revolucionarse en tensión creativa hacia la sociedad, con sus necesidades, anhelos y sueños. Pues “En las democracias modernas, la institución verdaderamente instituyente”[8]es la sociedad.

En consecuencia, si la poca democracia institucional se mantiene en la región, es por la intervención constante de la Sociedad Civil, más que las virtudes y el compromiso de los políticos profesionales.

Si bien, la democracia se encuentra deslegitimada[9], es precisamente por los enormes problemas, inconsistencias, incompetencia, ambiciones y desinterés exacerbado de la clase política en su conjunto, más que a la ignorancia, la desinformación y la apatía de la sociedad.

En efecto, no conozco todavía a ningún ciudadano que no aspire a tener mejor gobernantes, mejores partidos, mejores representantes, mejores leyes, mejores garantías y mejores libertades, pero si conozco a muchos políticos profesionales que solo aspiran a ascender en sus carreras políticas, con o sin el respaldo social.[10]

Es por ello que comúnmente en las encuestas y sondeos de opinión, elaboradas por reconocidas agencias internacionales como Latinobárometro, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), atestiguan que la mayoría de los latinoamericanos estarían dispuestos a sacrificar la democracia por un sistema autoritario, inmolando sus libertades políticos y civiles, con el objetivo de mejorar sus condiciones sociales y económicas.

Resultan insustanciales desde el momento que le  solicitan a los encuestados elegir entre los extremos de una falsa disyuntiva, como si el bienestar socioeconómico y las libertades básicas fueran mutuamente excluyentes o no pudieran caminar juntas, lo cual es una disociación de laboratorio o de cubículo que le gente de a pie simplemente no se coloca o nunca se colocaría. En efecto, la idea, o mejor, el ideal de bienestar  o de desarrollo o de progreso integral o no es.[11]

Por otra parte, varios académicos e interesados sobre la Calidad  de las Democracias, llaman a la actividad ciudadana latinoamericana, como “ciudadanos de baja intensidad”[12], “ciudadanos precarios”[13] o como “ciudadanos imaginarios.”[14]

Contra este tipo de posiciones, considero que no es cualquier cosa tener que soportar sobre nuestras espaldas democracias tan frágiles y endebles. Si bien es cierto que más allá de la actividad ciudadana, las democracias necesitan de un orden institucional, el papel de la ciudadanía es por necesidad más activa y decisiva, pues si hubiese un apagón de la actividad ciudadana, las endebles democracias líquidas, caminarían hacían rumbos totalitarios, en donde la realidad política de las naciones se estacionaría en la ambigüedad y el predominio cada vez mayor de la incertidumbre.

Para ello, es necesario la construcción de nuevo Sujeto que posea los nuevos valores democráticos que modelen a la nueva sociedad global en su conjunto, pues pensar en la solución de los problemas con un Sujeto Revolucionario Tradicional, que modele y cambie las estructuras políticas y socio-económicas en un asunto, que en nuestros días se queda en la imaginación, en la ideología y en la nostalgia.

Considerar que el malestar en la democracia y en la globalización puede ser modificado por un Sujeto Revolucionario Tradicional, al que conocimos en un momento de la historia, puede parecer bastante iluso, pues las sociedades cambian, así como su cosmovisión.

Como el propia Marx lo afirmara “la clase burguesa y revolucionaria se forja a un mundo a su semejanza y a su imagen”. Es por ello que me atrevería a decir que padeciendo los problemas que enfrenta día con día la sociedad, es imposible imaginar un Sujeto Revolucionario Tradicional único e aislado que cambie las nuevas condiciones locales y mundiales.

Buena parte de la sociedad global, ha dejado de creer en la abolición de la propiedad privada, cuestionando que el problema no es ese, sino más bien son los mecanismos con lo que se desenvuelven y se reproducen los “bienes” del mercado. Pues estos no se redistribuyen de manera adecuada y servil al bienestar público. Es decir, el problema reside en la mala distribución de la riqueza.

Es ahora cuando el hombre en el idealismo utópico, no procura alcanzar una cierta igualdad económica como el socialismo lo proclama entre sus postulados, pero si un cierta igualdad ante la ley, ahora pide libertades para la oportunidad laboral, respetando el género y orientación sexual, respetando usos y costumbres de las comunidades indígenas y de la sociedad en general, lograr una verdadera libre expresión por parte de grupos altermundistas, o mejor dicho anti-sistémicos, que los políticos profesionales realmente representen a los nuevos ciudadanos, con transparencia, rendición de cuentas, servicios públicos, y seguridad social, pide libre culto, asociación, pensamiento.

Es más me atrevería a decir que ahora las nuevas revoluciones, ya no son orientadas hacia el comunismo-socialismo, como en la década de los años 60’s del siglo pasado, sino más bien La Nueva Revolución del siglo XXI son las democracias, dando esto como resultado un Nuevo Sujeto Revolucionario Democrático, materializada en la Sociedad Civil, a través de Ciudadanos Libres y capacitados en los asuntos públicos. Ahora el Ciudadano es El Hombre Nuevo.

Mi posición puede llevar a muchos nostálgicos de la “lucha de clases” a calificarme como  reaccionario, pues sostengo, que la nueva fuerza social, contra el malestar en la globalización, reside en la fuerza de los Nuevos Sujetos Democráticos libres y no en un hipotético Sujeto Revolucionario Tradicional único e aislado, que los neo-marxistas llaman pueblo, multitud o cualquier otra expresión, para referirse a lo mismo que antes llamaban proletariado. Un Sujeto único y capaz de englobar los reclamos de todos los explotados del mundo que los conduzcan a la emancipación final contra la hegemonía de un capitalismo decadente.

Mi propósito en este escrito, no es ideológico, sino levantar un acta de realidad a través de la observación y la compresión de los nuevos aconteceres latinoamericanos.

En este sentido, considero que los viejos esquemas de análisis marxistas tan recurridos y persistentes entre los latinoamericanos para dar cuenta de nuestra situación, han dejado de ser concisos para entender la nueva complejidad social, producto de la liquidez estructural de la política, la economía y la cultura. Aunque no demerito, que dicha concepción sea punto de partida para dar explicación y entendimiento de la situación local y global entre los Nuevos Sujetos de la Política, ya que la nueva realidad, demanda un nuevo léxico. Pero querer siempre explicar la realidad de una forma bicolor, de los malos y los buenos, del explotado y oprimido, resalta incapacidad para comprender la nueva realidad socio-política actual.

Si muchos estudiosos se aferran todavía a sus preceptos es porque permanecer a ellos les ahorra la tarea de pensar, basta con aplicar el esquema de contradicciones de clase, de los buenos y los malos, todo para cuanto se quiera.[15]

Que no proclame, en esta investigación a la teoría neo-marxista,  para dar entendimiento a un fenómeno que éstos han estudiado arduamente, en debates, reflexiones y obras enteras, no significa que sea un neoliberal irredento o panegirista  de esta corriente de pensamiento.

De hecho el Sujeto que propongo, es un Sujeto Democrático, y no el mismo que presupone el neoliberalismo, es decir, un Sujeto atomizado, asilado y egoísta, sino un Sujeto involucrado, informado, crítico y participativo de los asuntos públicos.

Si bien, ambos Sujetos coexisten y se interrelacionan cotidianamente a través de los problemas que los convergen, el Sujeto Democrático, en comparación al Sujeto de Mercado, sabe que solo con el apoyo de los demás puede hacer política y conseguir lo que necesita, y solo con el otro puede ejercer su libertad y construir su propia ciudadanía. “pues ahora el verdadero motor de los pueblos ha sido su deseo de ser libres más que cualquier otra cosa.”[16]

De ahí que muchos de los lemas de los nuevos movimientos anti-sistémicos, sostengan la palabra libertad, como uno de sus principales fuerzas discursivas. Pero en el contexto del nuevo orden internacional, en donde cada vez los problemas sociales se incrementan, con el posible regreso del Estado Benefactor, ¿podría ser la solución a más democracia y menos malestares para las sociedades latinoamericanas? Mi respuesta es un no rotundo.

Que el Estado Benefactor haya sido un instrumento invaluable para el desarrollo social de Europa y Estados Unidos en la posguerra, no significa que haya pasado lo mismo en América Latina. Para esta región, lo único que significó fue el ascenso de grupos oligárquicos, autoritarios, dictadores militares y oportunistas, que en nombre de la justicia social, promovieron su propia riqueza, mientras que la sociedad en general se hacía cada vez más pobre y desigual. “Si el estado benefactor sucumbió en todas partes fue porque se volvió insostenible (crisis fiscal, crisis de gobernabilidad y crisis de legitimidad), no porque el neoliberalismo, haya irrumpido maquiavélicamente con su espada desenvainada.”[17]

De la misma forma que el socialismo ruso también sucumbió en 1989, precisamente por sus excesos y propias contradicciones que propició, el Estado Social Capitalista se agotó desde el momento que le fue imposible seguir satisfaciendo los enormes y crecientes expectativas que generó.

Sin embargo, hay que rescatar, que el primer intento para llevar a cabo la consolidación socialista por todo el mundo, hacia comienzos del siglo XX, propició un parte-aguas en la historia social mundial. Pues fue el primer intento para construir un mundo alterno, en donde los hilos del poder capitalista dejaran de tener la hegemonía organizacional.

Por lo tanto, el simbolismo de lo que han llamado el socialismo real, también fue el primer Estado-Nación, que intentó establecer al socialismo como una forma de organización política, sociocultural y económica, teniendo influencia posteriormente en los países asiáticos, africanos y latinoamericanos.

Esto conllevó que Norteamérica tuviera la necesidad de combatir la influencia socialista, pues como hemos mencionado, esto repercutió que la poca estabilidad política de la región latinoamericana se fragmentara,  estableciendo regímenes militares dictatoriales por toda la región.

Esta coyuntura, además con la creciente revolución cultural, intelectual e ideológica, dieran las condiciones necesarias para la realización de una nueva revolución socialista que se propagó por todo el mundo. En otras palabras, la revolución socialista estaba supeditada por una costumbre, juicio y valores sociales modernos.

Entonces, ¿Cuáles eran las claves político-culturales de la sociedad en los años magnánimos  de socialismo utópico del siglo pasado?

La figura central era la necesidad de cambio como promotor de la realidad social, política, cultural y económica. En donde la voluntad social se materializaba en una nueva forma de expresión para la toma de decisiones.

Inscriptas en un contexto de una fuerte radicalización política e ideológica, consecuencia de la disputa entre el socialismo y el capitalismo, así como la creciente descolonización de los países oprimidos. Argelia en África, Vietnam en Asia y Cuba en Latinoamérica.

Esta triada por la liberación, define con toda la claridad las características que asumía la participación política por aquellas décadas. De ahí que la voluntad se haya considerado como el motor de la transformación radical mundial. En donde la política además de ser el espacio para la emancipación, era también donde se originaba la voluntad transformadora.

Por lo tanto, existe una dimensión generacional  que emerge y muestra la presencia protagónica de la sociedad, quienes al calor de una mayor autonomía, fueron ampliando su círculo de injerencia y apropiándose gradualmente, en las decisiones de su propia vida.

Esto fue posible, a un Estado benefactor, pues así fue como ascendió  grupos oligárquicos al poder, también le permitió a la sociedad disponer de un mayor tiempo para sí mismas, a la vez que se ampliaron los espacios públicos para la reflexión, critica y análisis de la obra pública y privada. También hay que mencionar que el propio Estado era quien establecía, de una manera oficialista y ortodoxa, una ideología, y con ello, una forma de actitud política.

Además la notable juventud, propiciaba un paso generacional de la política en una especie de institucionalidad política revolucionaria, fundamentada en el marxismo, en el leninismo, maoísmo y demás derivados.

En este sentido, algunos críticos y opositores al marxismo, le llegaron a consideran a éste, más como una moda juvenil, que como una corriente de pensamiento de carácter político- filosófico. No obstante estos argumentos no tenían más que un valor peyorativo.

Posteriormente en la década de los años 80’s del siglo pasado, se sobreviene otra etapa que propiciará el rompimiento de los esquemas establecidos, ya que se empiezan a acelerar los sistemas productivos con base en la estructura tecnológica, automática y científica.

A nivel político y económico, se empiezan a crear las diversas condiciones para liberar al mercado, adelgazar al Estado y propiciar un mayor involucramiento de la sociedad, pero en base a la autonomía de su propia decisión.

Esto trajo entre sí muchas consecuencias negativas, pero también impulsó otras positivas, por ejemplo: se mejoraron las nuevas herramientas para el acceso a la información (internet), nacen con ellos los nuevos modelos de gestión, se desplaza la burocracia clásica para transformarse ahora en una burocracia gerencial, entre muchos otros mecanismos. Por lo tanto, y aplicando la máxima de algunos economistas; las reconversiones económicas propician el surgimiento de una nueva sociedad, con juicios, valores y costumbres muy diferentes a lo que se tenía conocimiento en la década de auge revolucionario, principalmente entre los años 60’ y 70’ del siglo pasado, a comparación con la actualidad globalizada.

Esto origina que en el plano de la política, se abandone su rasgo voluntario para convertirse en un plano solo para legitimar la producción capitalista  a través de la ley y parte de la elite empresarial-tecnocrática. De ahí que la democracia sea usurpada por esta nueva elite y sea utilizada para dar sustento a su propia actividad.

Esto hace que el ciudadano tenga la sensación de la llegada de una nueva época en la que el estado de las cosas no pueda ser modificada significativamente, como antes se tenía acostumbrado, a través de la voluntad revolucionaria tradicional, pues la caída de lo que se consideró como socialismo real, provocó tensiones, desilusiones y temores, al ver que el socialismo había sido derrotado por el gran capital. En palabras de Bauman la sociedad se mantiene al borde de la incertidumbre, producto de la vida líquida moderna.

Sin embargo, es necesario considerar y establecer nuevos mecanismos de acción, pues como lo he sustentado, la solución a los grandes problemas locales y globales ya no recae en una sola persona, gobierno u organización internacional, sino ahora en una Nueva Sociedad Civil Mundial Organizada.   

En consecuencia es ahora cuando la sociedad se debe reconciliar consigo misma, pues es ahora y no antes cuando los individuos pueden concebirse y  asumirse como verdaderos Sujetos Políticos o en palabras de Aristóteles como un verdadero Zoon Politikon, en donde la democracia sea entendida por los Nuevos Sujetos de la Política, no solamente como una forma de gobierno, sino como una forma de vida.

De ahí que, entre otras circunstancias, las nuevas movilizaciones globales y regionales, que se han desarrollado en las últimas décadas, tengan como reclamo central, la libertad democrática y el final de las dictaduras. Es ahora en donde la política empieza a ser entendida como: el mecanismo perfecto de acción social por excelencia, pero sobre todo, el gran campo en donde se origina el debate, la reflexión, la crítica y la concepción de un mundo nuevo. Es decir, hay un intento por modificar la nueva realidad social, a través de la institucionalidad gubernamental. A través de proyecciones y justificaciones de protocolos administrativos (participación ciudadana y/o política pública) para el mejoramiento de la sociedad en su conjunto.

El principal instrumento de alcance de los ciudadanos para promover soluciones o buscar consensos es ahora la política, o sea el debate o la deliberación públicas (aunque en muchas ocasiones es igualmente legitima la resistencia y la desobediencia, siempre y cuando sean civiles  y pacíficas, y que no atenten contra los derechos de terceros) y ya no la típica lucha de clases, o la confrontación violenta en cualquiera de sus expresiones, no significa que la sociedad civil haya perdido valor, congruencia o radicalidad, sino que ha aprendido a aceptar como dato incontrovertible de su tiempo la pluralidad compleja y heterogénea que cruza y, en consecuencia, lo intransigentes e intolerantes que resultan todas aquellas posiciones que se creen portadoras de verdades universales por lo que los partidarios las quieren imponer al resto de la sociedad a como dé lugar.[18]

Que ya no se pueda reducir el conflicto en las sociedades actuales a una lucha entre clases sociales o a una disputa por la hegemonía entre dos grandes proyectos antagónicos no significa que la sociedad no esté atravesada por conflictos de todo tipo o que el conflicto haya dejado de ser una condición inherente a la misma, sino que simplemente las modalidades de expresión de las diferencias es distinto que en el pasado.

No obstante, la realidad democrática latinoamericana enfrenta demasiados peligros, que pensar en su consolidación, resulta muchas veces ingenuo. Pues Latinoamérica, además de la notable desigualdad económica y las débiles instituciones que padece, enfrenta problemáticas mucho más promisorias, como por ejemplo, las re-militarizaciones nacionales, el predominio de los poderes fácticos, la corrupción, el populismo, la personificación de la política y la volatilidad económica.

En suma, la democracia sólo representa los discursos execrables por parte de la clase política o gerencial, de ahí el nacimiento del Malestar en la Democracia. No obstante, ésta debe ser concebida como una forma de vida, y para ello hay que inventarla día a día, a través del uso del espacio público y en el encuentro cotidiano con el otro, pues los ciudadanos son los Nuevos Sujetos de la Política a condición de participar en los asuntos públicos, ya que su acción es una forma de reforzar su actividad y su importancia, convirtiéndolos en los protagonistas de una nueva especie de Revuelta Silenciosa.

[1] César Cansino, América Latina: ¿renacimiento o decadencia?, FLACSO, Costa Rica, 1994, p.11.

[2]César Cansino, La Revuelta Silenciosa. Democracia, Espacio público y ciudadanía en América Latina, México, 2010, p. 12.

[3] Ídem, p. 13.

[4] Ídem, p. 13.

[5] Ruslan Posadas, op. cit. p. 91.

[6] Cesar Cansino, op. cit. P. 13.

[7] Ídem, p. 14.

[8] Carnelius Castoriadis, La Institución Imaginaria de la Sociedad, Fondo de Cultura Económica, México, 2005, p. 23.

[9] Ruslan Posadas, op. cit. p. 106.

[10] César Cansino, op. cit, p. 17.

[11] Ídem p.18.

[12] Guillermo O’ Donnell, Ciudadanos de Baja Intensidad, Trota, Barcelona, 2002.

[13] Duran Ponte, Ciudadanos Imaginarios, Grupo editorial tomo, México, 2003.

[14] Fernando Escalante, “Ciudadanos Imaginarios” en Revista Nexos, Núm. 8, Octubre 2002, México, p.28.

[15] Ídem, p. 19.

[16] Ídem, p. 20.

[17] Ídem.

[18] Ídem, p. 21.

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