Ética de la ligereza: Reflexiones sobre la conducta social en el mundo moderno

En la actualidad, diversos problemáticas que aquejan al mundo han  sido  repensados desde diferentes ópticas del conocimiento. El quehacer político, el calentamiento global, la inestabilidad financiera, el terrorismo, la violencia son algunos de los temas son  reflexionados debatidos en diferentes espacios universitarios, medios de comunicación, entre otros.

Todas estas adversidades que manifiesta el mundo actual, ponen entredicho las viejas aportaciones que contrajo la modernidad desde sus comienzos del siglo XVII hasta nuestra época  actual. La ciencia, la tecnología, las artes y los saberes de lo que hoy se conoce como ciencias sociales, atraviesen por una severa una transformación que medían entre el caos y el déficit de entendimiento y comprensión por lo que acontece al interior de las sociedades.

En lo que respecta a la cuestión social, la sociedad atraviesa por una serie de transformaciones que ameritan adentrarse en el complejo y diverso mundo de posiciones que intentan por explicar los diversos acontecimientos y caracterizaciones que expresan los individuos en relación  con los otros.

En ese sentido, no es peculiar que existan diferentes intelectuales, académicos y pensadores que, en su búsqueda por explicar la nueva realidad, establezcan diversas categorías, apoyadas en la metáfora, para explicar la política, la sociedad, la economía y la cultura.

La ligereza, la liquidez, las esferas es la  nueva terminología con la que se explican las problemáticas que acecha el individuo  en relación con su quehacer político, social y civilizatorio.

La cuestión social, se encuentra en cambio constante. El individuo que la conforma a traviesa por una severa mutación que se expresa en su conducta moral; en su creencia religiosa; en su actitud política; en su ideología; y en la manera de relacionarse con los otros. Zygmunt Bauman y Gilles Lipovetsky argumentan que hoy en día la sociedad moderna se encuentra en una individualización constante. Es decir, existe una mutación sociológica que se materializa en el tejido social y en la relación de los individuos con sus semejantes y su medio.

En ese sentido, habría que preguntarse, ¿qué pasa con la ética del individuo, en la etapa que hoy diversos pensadores,  llaman posmoderna?, ¿Cuáles son los valores morales que caracterizan a este nuevo individuo?, así como, ¿qué repercusiones mantiene este tipo de organización social con la estructura política y sociocultural?

Estas son las interrogantes que abordaremos durante el desarrollo de esta reflexión con el propósito de debatir las diferentes posiciones acerca de esta nueva forma de sociabilidad y cohesión social.

1.1.- Ética de la ligereza y el des-dibujamiento de la responsabilidad social

“Vivimos en la civilización de lo ligero” (Lipovetsky, 2016). Afirma el sociólogo  y filósofo francés Gilles Lipovetsky en su más reciente obra intitulada Sobre la ligereza, según este autor la condición ligera es la tendencia dominante en el espíritu social, político y cultural de nuestra época.

Tiempos caracterizados por la desmaterialización del cuerpo, del culto físico, del compromiso por la relación duradera y responsable, por la búsqueda insaciable de los valores personales, del consumismo exacerbado, la búsqueda constante de diversión, libertad y entretenimiento. Todas estas nuevas formas de ser del individuo juegan un rol importante en la manera de confeccionar los nuevos modelos de sociabilidad de las sociedades de nuestros tiempos.

En la actualidad, son raros y los momentos en que reine la obligación por consagran y fomentar el respeto, el apoyo y el bienestar al prójimo y la vida social colectiva. Actos como hacer el “bien” al otro han sido actos suplantados por las normas y placeres individuales, hedonistas y egoístas; los valores altruistas han dejado de ser evidencias morales a los ojos de los individuos y de las familias que conforman a la sociedad.

En la sociedad actual, el exceso de información, el ocio, los tendientes consejos de bienestar están más presentes en la exigencia de cumplir con nuestras funciones como individuos espectadores de una nueva forma de vida social caracterizada por el aislamiento y el respeto, que por la intransigencia, la convivencia y el bienestar colectivo. Es decir, lo que conocemos como lo moral dejan de estar en el espacio público; “El imperativo maximalista del corazón puro, las llamadas por devoción absoluta, el ideal hiperbólico de vivir para el prójimo, todas esas exhortaciones han dejado de tener resonancia colectiva” (Lipovetsky, 2012: 128). En todas partes reina la desvitalización del “deber” y del compromiso social colectivo.

Estas formas de relación, conlleva a que la vida del individuo se haga un poco más ligera, ya que éste, puede explorar con mayor dominio el espacio en donde lleva a cabo su existencia. Hoy en el día, el individuo ligero puede trabajar en el aislamiento de la comodidad de su hogar y relacionarse con sus compañeros desde una computadora portátil, puede iniciar campañas de  mejoramiento social desde una cuenta de Facebook, sin la necesidad de salir a la calle o puede entablar charlas con sus parias a través de una web-camp.

Esta manera de relacionarnos, hace de la vida social un poco más libertaria, ya que el individuo se hace dueño de sus obligaciones, de sus deberes, de sus inter-compromisos, y a la vez, tienen un mayor tiempo para consumir diversos prototipos de actitudes que se encuentren supeditas bajo los estándares de la libertad.

En ese sentido, la civilización ligera de la sociedad actual ha desembarazado un tipo de individualismo egoísta que flagela y fragmenta las relaciones humanas y que afecta toda aquella actividad que tenga ver con estar juntos y tomar decisiones que afecten o beneficien a ciertos estratos de la sociedad; el desinterés por la actividad política es un claro reflejo de este individualismo. Cada vez la política importa menos y sus promesas cada vez desencantan cada día más, debido, entre otras consideraciones, por no cumplir con los placeres y beneficios de la vida individual y colectiva.

“La gente no tiene confianza, hay cólera entre los ciudadanos, enojo, hay un sentimiento de incompetencia con la corrupción, con la pobreza, con la desigualdad, con la violencia…” (Lipovetsky,  2016).

La esfera política flirtear con la libertad, amabas hacen promesas que jamás serán cumplidas, por lo que, en consecuencia, la acción política se convierte en una acto cínico, falaz, hipócrita y aparente. En ese sentido, la ligereza se muestra en la imagen de los políticos, en el marketing y la publicidad política. A diferencia de lo que se creía en la modernidad, la esfera política ha perdido su “magia”, su “esencia”, pues en el pasado se creía que las soluciones políticas devenían de un Estado omnipotente que podía cambiar el mundo a partir de sus instituciones.

Como resultado, el individuo manifiesta  una ética hedonista, egoísta y aparente, y que poco a poco empieza  a ser fomentada por los grandes consorcios transnacionales. Pues a medida de que el Estado deja de detentar el monopolio del interés general, las empresas comienzan a ser los promotores de una nueva conducta moral con el propósito de buscar nuevas vías de legitimización. En ese sentido, llega la creación de la “empresa comprometida” y ciudadana preocupada por el bienestar público y con las causas que aquejan el interés general.

Las empresas llamadas socialmente comprometidas, más allá de establecer relaciones mercantiles con el exterior, ahora se preocupa por crear lazos de solidaridad que se encuentren encaminadas hacia  el bienestar social, así como también, fomentar diversos mecanismos que permitan la armonía de la productividad con el medio ambiente generando entre los individuos una especie de identidad empresarial y sensible por los embates que manifiestan los países. De ahí que no sea casualidad que a menudo se hagan campañas de reforestación, de caridad humana, del fomento a la salud y el deporte, de valores como la tolerancia, el respeto, la paz, entre otros.

Bajo estos desafíos que manifiestan estas problemáticas, el pensamiento empresarial cambia totalmente sus lógicas de productividad y de relación con el consumidor. Por lo que la ética se convierte en ese parámetro que constituye nuevos métodos de organización del trabajo y de la vida en sociedad.

“La empresa con ultralogos debe considerar a los hombres como su principal baza, experimentar nuevos modos de gestión centrados en el respeto y la valoración del individuo” (Lipovetsky, 2012: 270).

Esta nueva lógica empresarial, en la actualidad son ampliamente conocidos y difundidos, como por ejemplo, existen una sustitución de la autoridad de animación por la autoridad disciplinaria, enriquecimiento de las responsabilidades, delegación de poderes y desburocratización de la empresa, actitud de escucha y de diálogo, medidas de redistribución de los beneficios, política de formación permanente del personal” “Lipovetsky, 2012: 270-271).

Esta nueva forma de pensamiento y lógica empresarial produce una ética social y  humana debilitada, caracterizada por una creciente “ceguera, que impide movernos hacia nuevas rutas de convivencia, esto debido a que las normas del deber y del hace con el otro, le resultan a la individuo actos que atentan contra su libertad, su recreación y su tiempo libre. Hacer con los otros y buscar el bienestar en sociedad resultad un acto rígido, tedioso, pesado, que atenta contra la existencia ligera de los seres humanos.

La virtud es cosa del pasado, lo que importa es el placer personal que se realiza desde el individualismo excluyente, “tan exclusivo que no se interesa ni asume la responsabilidad ni compromiso ni siquiera con la pareja en la experiencia del amor, ni en el conflicto por los otras hacer involucrarse por la senda política”. (Bauman, 2016).

Esto forma de vida social, ha conllevado a que diversos pensadores, intelectuales y científicos sociales lleven sus estudios y reflexiones al campo de la ética, al preguntarse ¿Para qué sirve realmente la ética? Justo como Adela Cortina intitula su más reciente bajo la misma interrogante. Según nuestra autora, hoy más que nunca la ética es rentable. Por lo que las empresas y lógica consumista se apoderan de sus mecanismos y la transforman en una especie de sensibilidad  que son vapuleadas por las sensibilidades y los grandes sufrimientos.

Por lo que cultivar la confianza como uno de los recursos morales más importantes de nuestras sociedades, según la autora, permitirá “que nuestro mundo sea más económico en dolor evitable y también en dinero” (Cortina, 2013: 42).

Produciendo esta nueva ética que deviene de las lógicas productivas impulsadas por el las élites capitalistas e institucionales de un frágil estado en una sociedad cada vez más tendiente al individualismo.

1.2  Conducta, sentimiento moral e individualismo en la sociedad actual

Existen distintas expresiones que constituyen a la sociedad de nuestros tiempos: falta de solidaridad, decadencia de valores morales, cultura del narcisismo, egoísmo, pensamiento reivindicativo de corte radical o conservador y, hedonismo términos que resuenan constantemente en la voz cotidiana de la gente.

Al respecto, el obispo católico de Limburgo Franz Kamphaus, argumenta:

Cada movimiento en el campo infinito de la libertad va acompañado de crisis de relaciones, rupturas de lealtades, desgarramientos en la trama de la tradición. El hombre que quiere gozar por completo de su libertad, ¿goza, finalmente, de su propia vida? ¿Parecen sociedades modernas a causa de su atomización, del agotamiento de solidaridad? (Kamphaus, 1994).

La sociedad del siglo XXI vive de recursos morales que han sido sustituidos por diversos valores que están orientados hacia la productividad y lazos que establece el capitalismo globalizado, y que desde nuestra perspectiva, se desprenden de tres categorías fundamentales que hemos analizado con detenimiento en el capítulo anterior: la solidaridad productiva, la división social y  la especialización de la fuerza de trabajo. Elementos que constituyen los motores de la descomposición de valores tales como sentido de comunidad, solidaridad social y justicia. Y que substancialmente echan raíz a todo el fundamento de la democracia en la actualidad.

Alexis de Tocqueville, escribe: “Luchar contra la libertad significa luchar contra Dios” (Tocqueville, 1957: 6). Ese principio, es desde un comienzo una especie de autorización que el individuo se otorga a sí mismo para que el individuo formule sus propias realidades a partir de su propia fe y convencimiento.

Esto significa que toda la sociedad del yo o del egoísmo no pueden ser combatidos con menor libertad, sino con una mayor libertad política. Ya que ésta funda los vínculos necesarios en el espacio público que promueven una mayor colectividad y una mayor armonía, todo lo contrario a lo que establece el mercado neoliberal. Hoy más que nunca somos “hijos de la libertad” (Beck, 1999: 1). La sociedad de nuestros tiempos no vive bajo una crisis de la cultura, pero vive rodeado de diversos peligros latentes que ponen a prueba su estabilidad.

El sentido de la libertad, que promueven nuestras élites políticas y económicas, es la peor amenaza que hoy enfrenta al individuo: “El elogio verbal de la libertad se convierte en hechos y en vida cotidiana, y con ello ponen en duda los fundamentos de la convivencia existentes hasta ahora” (Beck, 1999: 9). Según Ulrich Beck, la catástrofe consiste, en que tenemos que reconocer, entender y consolidar más y distintos tipos de libertades que los que no habían sido previstos en la famosa y prometida democracia. El miedo a no poder hacer algo que cambie nuestras situaciones sobre seguridad y protección orillan al individuo a arroparse en una caótica libertad que confunde e inhibe la existencia del individuo.

Las demandas de la industria, las empresas y los medios de comunicación saturan de positividad la existencia. Es por ello que en nuestros tiempos líquidos no se dialoga, no se intercambian argumentos, emociones y sentimientos que conlleven a un compromiso a corto, mediano y largo plazo, no se toma el tiempo para pensar en el otro. El individuo vive acechado y bombardeado constantemente de noticias que no dicen nada. Abundan los programas televisivos en el cual el único objetivo es paralizar con muertos vivientes, robots perversos, enfermedades horrendas e historias de personajes engarzados (Beck, 1999). El individuo moderno vive perdido en  la pantalla o en el teléfono inteligente en cuyo extremo se encuentra el otro, todo el tiempo alineado a un texto que envía muchas veces de forma superficial. El individuo de nuestra época ha dejado de tener tiempo, pero paradójicamente, se siente lleno de libertad y posibilidad. 

“La sociedad de yoicos” como bien las denomina Ulrich Beck en la introducción de la obra Hijos de la Libertad, la positividad es un elemento característico de este tipo de sociedad, cuyo principal objetivo es que la persona trabaje, rinda, desquite el tiempo en alguna labor que beneficie su productividad, sus ingresos y que permita de manera eficiente su sociabilidad. Esto permite que el individuo se sienta libre pero que no perciba el sentido de sometimiento y de opresión.

En los trabajos que ofertan las empresas cada vez más hay menos sometimiento del tipo amo-esclavo “en el que la lucha por el reconocimiento implicaba que el esclavo deseaba ser visto por el amo, y por eso se esforzaba buscando en el otro-amo” (Orozco, 2015: 171). Por eso hoy el individuo es amo y esclavo de sí mismo. Uno se impone las tareas, las demandas excesivas, las metas inalcanzables. “La esperanza de ser reconocido se desvanece y en ocasiones ya no importa. Es como si hubiésemos introyectado al amo en cada uno de nosotros” (Orozco, 2015: 171). Por eso el individuo corre para ir al gimnasio, come a la carrera, vuelve a su trabajo y durante años hace el mismo ritual. Mientras que por mucho tiempo no entabla charlas con nadie y su sentimiento y ánimo de soledad aumenta. Emergiendo diversos trastornos depresivos, ansiedad, angustia y desolación, “el sujeto ya no sabe ya qué quiere, para qué quiere algo, tiene problemas de identidad de todo tipo” (Orozco, 2015: 172).

La sociedad de individuos requiere de competencia. En nuestros tiempos líquidos la competitividad mantiene al individuo a flote, es por ello que la colaboración y el trabajo en conjunto para perseguir bienes comunes se esquivan. Prevalece una especie de temor disperso que remite a alguien  que lo sabe todo sobre uno. Cámaras que nos vigilan a todas horas del día, inspección de correos electrónicos, verificación de visitas de páginas web. Hoy nada es secreto, todo lo que rodea al individuo es público, los sentimientos, las relaciones virtuales, las emociones, los juicios, las opiniones, los comentarios sobre algún tipo de interés. El libre  albedrío y la libertad de expresión parecieran que se encuentran en su máximo esplendor, y de hecho se permite siempre y cuando no transgreda o atente contra el estatus quo de la política, de las estructuras sociales o de la misma  economía. La sociedad de individuos tiene como carácter determinante la irrelación.

Esa es la positividad como negación del otro que nos niega. Velocidad, violencia, consumo, competencia, individualismo, hartazgo, silencio, pensamiento escaso, atención, desprecio por los pobres, guerra sin remisión, hambre (…) no importa lo original de cada quien. Importa lo que uno hace en la medida en que eso da puntos para ganar más dinero. Tampoco se estudia por gusto y amor a la vocación. El joven simplemente quiere mantener el promedio para no perder la beca. Nunca va a la oficina el profesor enamorado de una idea, peleando por una ideología. Quiere pasar con diez. Y a las autoridades les importa la excelencia pero mediando horarios infames, exigenciales que enferman a estudiantes y profesores, con controles de todo tipo que apenas se dejan ver. Y eso en todas las escuelas, en todo el sistema. Hoy que todo se controla es cuando menos se educa. Y ahora que en las empresas hay capacitación los empleados viven enajenados y con temor. Esclavizados y ganando poco. Todos hacen lo mismo, todos padecen lo mismo. Todos indiferentes a todos (Orozco, 2015: 172-173).

En la actualidad no hay enemigos comunes, hay desconocidos y extraños. La otredad significa enemistad, de esa forma todo se torna igual. “En el siglo XXI todos superan la idea del otro como agente patógeno”  (Orozco, 2015: 174), pues la globalización, el triunfo liberal y los sistemas de interconexión matan las indiferencias, hoy ya no se tolera, se ignora.

Chul Han argumenta al respecto:

La sociedad  (…) se caracteriza por la desesperación de la otredad y la extrañeza. La otredad es la categoría fundamental de la inmunología. Cada reacción inmunológica es una reacción frente a la otredad. Pero en la actualidad, en lugar de esta, comparece la diferencia, que no produce ninguna reacción inmunitaria (Chul-Han, 2012: 45).

La muerte del otro, por llamarlo de alguna manera se convierte en un ser meramente diferente que no representa ninguna amenaza para las élites y para aquellos que mueven los hilos del mundo. El individuo para que no represente ningún peligro se neutraliza sin necesidad de aniquilarlo. Basta con disciplinarlo y especializarlo de forma radical, ubicarlo en procesos de asimilación e identificación. Así el indiferente querrá su celular, su coche, su pantalla de televisión. Se volverá parte de lo que Chul-Han llama sistema de rendimiento.

En consecuencia, existe un exceso de positividad, el otro ya no me niega. Niego su negación asimilando parte de lo suyo y eliminando el resto. Por lo que el individuo se vuelve egoísta, solitario, mudo, sin nada que decir, pero se convierte en un agente público de sus causas privadas.

Todos repelemos a todos. Y hacemos lo que hacen todos. Por lo que todos vivimos indiferentes. Es el fin de la empresa en la que uno es importante. El fin de la verdadera comunicación. El fin del diálogo largo e interesado. El fin del compromiso erótico. El fin de la amistad. Es el fin de las relaciones estables. Y es el fin de conflictos internacionales que nos quiten el sueño  (Orozco, 2015: 178).

Y así estamos organizados. Dice Chul Han  a través de una cita de Baudrillard:

Según la genealogía baudrillardesca de la enemistad, el enemigo aparece en la primera fase como un lobo. […] En la siguiente fase, el enemigo que opera en la clandestinidad y se combate por medios higiénicos. Después de una fase ulterior, la del escarabajo, el enemigo adopta por último una forma viral. […] La violencia viral parte de aquellas singularidades que se establecen en el sistema a modo de durmientes células terroristas y tratan de destruirlo. El terrorismo como figura principal de la violencia viral consiste, según Baudrillard, en una sublevación de lo singular frente a lo global.

 

La enemistad, incluso de forma viral, sigue el esquema inmunológico. El virus enemigo que penetra en el sistema, que funciona como un sistema inmunitario y repele al intruso viral. La genealogía de la enemistad no coincide, sin embargo, con la genealogía de la violencia. La violencia de la positividad no presupone ninguna enemistad. Se despliega precisamente en una sociedad permisiva y pacífica. Debido a ello, es menos visible que la violencia viral. Habita el espacio libre de negatividad de lo idéntico, ahí no existe ninguna polarización entre amigo enemigo, entre el adentro y el afuera, o entre lo propio y lo extraño. (Chul-Han, 2015: 21-23).  

En este sentido, la violencia de la positividad que manifiesta nuestra sociedad actual, niega  y desaparece cualquier forma de otredad. La vieja dicotomía de Carl Schmitt del amigo-enemigo queda arrebatada. No hay enemigo ni adentro, ni afuera de las fronteras imaginarias. La muerte de la otredad, significa que en la sociedad de lo idéntico el enemigo se invisibiliza y lo hace igual; convierte al extraño y al desconocido en similar; y aquel que queda afuera, que por lo regular son los grupos de inmigrantes, pobres, enfermos o subordinados es ignorado, admitido a medias y aceptado como una especie de carga a la que también se puede neutralizar sin problemas  porque, o  bien se asimila, o en su defecto se excluye.

En consecuencia, los individuos viven al borde del cansancio y todas las expresiones de lucha cansan, estresan o en el peor de los casos, se deja de creer en ella. La lucha por prevalecer culmina con el agotamiento. La gente a menudo dice: “ya se privatizó el petróleo, qué más da. Ya nada se puede hacer”. Y si se intenta algo será inútil. Los muertos y las desapariciones ya no toman importancia, y dejan de tener grandes impresiones e indignaciones  en la sociedad. Las desapariciones y las muertes se concilian como una parte naturalizada de convivencia. Por lo que la maquinaria de la indiferencia, del cansancio y del egoísmo nos empareja a la funcionalidad. En este sentido, como afirma Orozco, Podemos dar muchos ejemplos, como el caso de quien se dice marxista pero trabaja como todos, inmanente al sistema de las ganancias, compra, vive de todo lujo, consume, presume, se queja de todo pero no ve a los otros, y termina siendo un grano más del conjunto, un sistema de trastorno de la personalidad como yo escindido que dice una cosa pero hace otra (y de ese tipo de positividad violenta estamos saturados: demagogos de la democracia que trabajan para minoristas; “comunicadores” que hablan pero no analizan nada o hablan de todo porque “saben todo” y nada dicen); millonarios que dicen ayudar a la sociedad pero pagan salarios de hambre; jefes que hablan de justicia y buen trato pero hacen lo que hacen todos los jefes cuando distribuyen cargas y prefieren a unos sobre otros repartiendo esas cargas de capricho (siendo ellos los jefes mismos- subordinados de ese trato respecto de sus jefes) (Orozco, 2015: 180).

En ese sentido, la sociedad de nuestros tiempos líquidos,  para utilizar la figura de Bauman, predomina una sobreabundancia de lo idéntico. Creándose una especie de espejismo, en donde al final el individuo se mantiene extenuado y trastornado en su personalidad. Teniendo repercusiones importantes a nivel psicológico (Orozco, 2015).

Para curar estos síntomas, los individuos crean rituales de relajamiento corporal, espiritual mental con el propósito de conservar una vida sana y mantener lazos comunes de felicidad. Por eso el individuo va a gimnasio, hace pesas, trota, asiste a clases de yoga, camina, escala, va al sauna a sudar, comen dietas apropiadas, se engalanan y de ahí vuelven al trabajo, a la escuela o a cualquier lugar donde ocupe su tiempo. El individuo moderno se exige a sí mismo para lograr todo lo posible hasta llegar a aquello que le es imposible. Al respecto, Chul Han menciona: “El hombre del rendimiento se encuentra en guerra consigo mismo y en medio de todos los que no logran sus propósitos (…) campea su depresión. Es la enfermedad de una sociedad positiva sumamente productiva” (Chul-Han, 2015: 85). De manera que tenemos a un Sujeto libre que se obliga a sí mismo a rendir, pero que en su trama de libertad lo lleva al extremo cansancio y eso lo conduce al aburrimiento.

Por lo tanto, el proceso de individualización de la sociedad contemporánea exige un exceso, una seducción  y diversos placeres. La cantidad de estímulos que afectan la vida de los individuos es impresionante. Hoy más que nunca se produce una cantidad sorprendente de música que es accesible a todo aquel que tenga las condiciones para acceder a ella a través del internet,  páginas que brindan servicios de series televisión y catálogos de películas a la carta, videojuegos, entretenimiento en tercera dimensión, impresiones de miles de libros en forma de best seller, se ofertan grandes cantidades de viajes guiados por el mundo en meses sin intereses, las empresas de la televisión de paga tienen mayor cobertura a un costo cada vez menor en donde el espectador puede tener a disposición 800 canales donde, por lo regular la programación siempre se repite, planes de celular para mantenerse siempre conectado; existen una gran cantidad de redes sociales en donde se suben fotos, se cuentan historias, se expone el currículo para buscar un empleo, se comentan experiencias, se hacen comentarios sobre algún tema en común, se seduce y pretenden congeniar relaciones de amor o de amistad, se emplean conversaciones para que todo el mundo sepa públicamente todo y todos a la vez nada de nadie.  

A la par, el individuo se convierte en un ser multifacético, hacedor de diversas actividades que lo mantienen en rendimiento y movimiento constante, pues la velocidad con la que se vive su experiencia, exigen, que el individuo de hoy se convierta en un humano versátil. Mientras el individuo escribe a la par puede escuchar su música favorita, está pendiente de los correos electrónicos; piensa millones de cosas  o actividades por hacer en diversas horas del día, puede atender una llamada telefónica y a la vez chatear con un amigo que se encuentra en algún lugar del mundo. Puede estar en una conferencia y enviar mensajes al mismo tiempo, al final del día volver al gimnasio para relajarse y volver a recuperar las energías para comenzar un nuevo mañana.

En nuestros tiempos, la individualización de la sociedad se recrea con el tiempo libre y el entretenimiento, pero que a la par, la velocidad para adaptarse a los tiempos que corren toma mayor relevancia. Es por ello que la especialización se convierte uno de los pilares fundamentales para sobrevivir en este mundo líquido. De ahí que no sea casualidad que hoy más que nunca aparezcan diversas formas de enseñanza e instituciones que educan y preparan al individuo para los retos que establece el nuevo mundo.

Educar hoy en día al individuo, supone desestimular un esfuerzo para aprender a pensar sobre los aconteceres políticos, sociales, culturales, éticos y económicos. Educar en nuestros tiempos significa recibir métodos y herramientas que habiliten al individuo como un empresario de su vida, innovador, calculador de sus bienes y de sus relaciones. Esto hace suponer al individuo en términos de un ser superior, avanzado, civilizado, tecnificado, educado y libre. Aunque paradójicamente, estas peculiaridades hacen del individuo un ser más obsoleto y dependiente. Lo rezaga en lugar de impulsarlo, lo aísla y lo atomiza.

En la actualidad, hemos pasado de la preocupación por la buena vida a la ocupación por la sobrevivencia. Somos apenas sobrevivientes de un mundo hostil y veloz. Cuando nos alcanza el tiempo esquivamos las relaciones. Se diluye la existencia del otro. Los individuos de hoy,

No reflexionan en lo que miran. No dejan que las cosas hablen. Deben llegar a las siete, ir a junta, ir a dar clase, atender a los alumnos, volver a prisa a otra clase, ver otros alumnos, ir a clase una vez más. Luego, a casa. ¿A qué hora se puede contemplar algo? Los hombres tardemodernos han perdido la capacidad de contemplar. Ya no saben aburrirse correctamente. El aburrimiento no es negativo cuando se  liga a la actitud contemplativa (Orozco, 2015: 193).

Esto es lo que caracteriza al individuo de nuestros tiempos. En ese sentido, el individualismo podría definirse como aquella ideología que valora al individuo e ignora y subordina la totalidad social (Dumont, 1987). Contraponiéndose a la sociedad, generando una gran paradoja que caracteriza a la individualización, ya que “socializa a la individuos desocializándolos” (Lipovetsky, 2003). Por lo que los individuos de nuestra época son mucho y a la vez casi nada; son ante todo, el producto (Baudrillard, 2009), sin determinación personal y sin vocación (Mounier, 2002).

Nuestra civilización sería entonces, psicológicamente asocial y, a la vez, estructuralmente hipersocial. ¿Qué le incumbe al individuo en todo ello? ¿Dónde radica hoy su dignidad? ¿Cuál es el lugar que le pertenece? ¿En qué espacio puede desenvolverse? ¿Es ese espacio el que le asignaba la democracia, esto es, el espacio de la civilidad, el de la res publica? O bien, ¿el espacio idóneo para el individuo es solo el de la vida privada? Si es así, ¿no habría abandonado el individuo un espacio esencial de posibilidades y desenvolvimiento? (Moreno, 1991: 45).

En la sociedad de individuos somos socialmente nada, a fin de evitar compromisos sociales fuertes y responsables. Maffesoli menciona al respecto: “Al no ser nada estamos más allá de donde se nos espera, somos algo distinto de lo que se cree que somos” (Maffesoli, 2009: si la cita es literal falta el incorporar el número de página). He aquí la fuerza y la esencia de la individualización. Así pues ser esta o aquella persona, con nombre propio, identificable y por ello responsable ante los otros, el poder o la sociedad, en vez de ser esta o aquella persona, parece preferible a ser la persona (Moreno, 1991: 46). Dice Maffesoli “lo que nos permitirá hacernos partícipes de una energía vital primordial ajena a las determinaciones de la singularidad (…) gracias a un saber incorporado” (Maffesoli, 2009).

“El valor de la indiferencia por el otro es la piedra de toque de la individualización, y por consecuencia, este existir individual repercute fundamentalmente en la civilidad y en la política”. (López, 2016:15) Sin embargo, esta indiferencia se ve empoderada mediante el mecanismo de la subjetividad. Lipovetsky menciona al respecto “Hoy cuanto más solicita la subjetividad, más anónimo y vacío es el efecto” (Lipovetsky, 2003). De manera que algo aconteció con la subjetividad “de tal modo que su poder relacional y de apertura ya no se traduce fácilmente en responsabilidad moral, ni generosidad o espíritu solidario” (Moreno, 1991: 50).

El individualismo en la sociedad de individuos se manifiesta como ideología que tiene su base en la subjetividad y se expresa comúnmente en la intimidad y en el goce que produce los valores mercantiles. En este sentido, lo que define al individualismo es el ansia de lo que ha llamado Philipp Hersch “quest for fulfillment” que puede ser traducido bajo la idea de la búsqueda de placer, goce y bienestar. El individuo se convierte en un buscador de ambientes confortables. “El ideal moderno de subordinación de lo individual a las reglas racionales colectivas ha sido pulverizado, el proceso de personalización ha promovido y encarnado masivamente un valor fundamental, el de la realización personal” (Lipovetsky, 2003: 85).

Esta forma de organización tiene grandes repercusiones en el ámbito de lo política, en particular con la forma de hacer y organizarse. Esta incapacidad para pensar, escuchar, meditar y reflexionar sobre sus aconteceres que se desprenden de la actividad política tienen grandes efectos y que se manifiestan constantemente en un desencanto paulatino  por la  misma, pero que paradójicamente, el individuo a través de una aparente libertad que otorgan sus condiciones económicas a través del acceso al consumo, a la información y las diversas formas de seducción y  entretenimiento, posibilitan otras formas de asociación. Sin embargo, en lo que respecta a la política, hoy más que nunca vive sumergida en un desencanto constante y permanece bajo el yugo de la agonía. La política ha dejado de ser concebida como el espacio de posibilidad para convertirse en el lugar de lo imposible.

Esta situación tiene que ver en parte con el triunfo de las democracias liberales, ya que estas formas de gobiernos crean sistemas sociales complejos que tientan a los individuos como el espacio de posibles promociones de cualquier tipo, y orillan al individuo a huir de los gravosos compromisos.

En el sistema político de carácter democrático,  el individuo es apenas alguien que solo se visualiza en la participación política cuando vota en un lapso de tiempo determinado y después vuelve a su estado  “natural” de rol social. Por lo que el individuo se ve arropado bajo el discurso de mayor libertad y menos política. Pues el individuo al no encontrar otros mecanismos políticos y otras formas de acción política que no devengan de las instituciones del Estado, del sistema electoral, encuentra dificultades para actuar en el ejercicio político., Este síntoma crea un ambiente en el que surge un terrible sentimiento paralizante de impotencia, desgane e indiferencia. Las repercusiones son fuertes, en este proceso es preferible abandonar el sistema social y político antes que transformarlo. Y eso es una cuestión pendiente.

Bibliografía:

Cortina Orts, Adela, (2013), ¿Para qué sirve realmente la ética? Madrid: Paidós.

Baudrillard, Jean, (2009). La sociedad de consumo. México: Siglo XXI.

Beck, Ulrich, (1999). Hijos de la libertad. México: Fondo de Cultura Económica.

Byung-Chul Han, (2012). La sociedad del cansancio. Barcelona: Herder.

—————, (2015). La sociedad de la transparencia. Barcelona: Herder.

—————, (2015). La sociedad del aburrimiento. Barcelona: Herder.

Dumont, Louis, (1987). Ensayos sobre el individualismo. Madrid: Alianza.

Lipovetsky, Gilles, (2003). La era del vacío. Barcelona: Anagrama.

—————, (2012). El crespúsculo del deber. La ética indolora de los nuevos tiempos democráticos. Barcelona: Anagrama.

Franco Gavira, Luis, (2013). El concepto de libertad política en Hannah Arendt. Manizales: Universidad Autónoma de Manizales.

López Llanos, Víctor Hugo, (2016). El proceso de individualización en la sociedad moderna. Hacía la configuración de un pensamiento crítico. Tesis de maestría. México:UACM

Maffesoli, Michel, (2004). El tiempo de las tribus: El declive del individualismo en las sociedades de masa. México: Siglo XXI.

—————, (2009). Iconologías: Nuevas idolatrías postmodernas. Madrid: Península.

Mounier, Emmanuel, (2002). El personalísimo: Antología esencial. Barcelona: Sígueme.

Moreno, César, (1990). El papel del individualismo en la sociedad actual. Sevilla: Universidad de Sevilla.

Tocqueville de Alexis, (1957). La democracia en América. México: Fondo de Cultura Económica.

Electrónicas:

Aguilar Sosa, Yanet (2016), “La ligereza es la tendencia de nuestra época” En http://www.eluniversal.com.mx/articulo/cultura/letras/2016/08/24/la-ligereza-es-la-tendencia-de-nuestra-epoca Consultado el día 11 de noviembre del 2016.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Anuncios

Un comentario sobre “Ética de la ligereza: Reflexiones sobre la conducta social en el mundo moderno

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s