En alabanza de la literatura en los tiempos líquidos

Vivimos en los tiempos de inseguridad, caos y miedo latente. La sociedad moderna en nuestros tiempos actuales atraviesa por una serie de peligros latentes en donde las condiciones de actuación por parte de cada uno de sus miembros cambian de forma repentina antes de que se consoliden sus hábitos y sus rutinas. La “vida líquida”, como la llamaba Zygmunt Bauman a la manera de vivir y ser de las sociedades se caracterizan, entre otros elementos, como sociedades altamente inestables, volubles y cambiantes en donde sus estructuras de relación así como las instituciones que las determina en un parámetro de cohesión social no pueden mantener su rumbo ni su forma durante mucho tiempo.

En los tiempos líquidos (Bauman, 2006), los logros individuales no pueden jactarse de ser éxitos de larga duración, ya que los activos y los placeres que de estos se desprenden se convierten en pasivos, lo que las capacidades se hacen fragilidades generando una confusión y un sentimiento de derrota constante.

En resumidas cuentas, la vida y los tiempos líquidos se traduce en una existencia precaria sumida en condiciones de incertidumbre latente.

Sobrevivir en las sociedades actuales depende de la rapidez con la que los individuos se adaptan a dichos procesos. Para ello, las personas se ven en la necesidad de especializarse continuamente así como desarrollar diversas actitudes y capacidades que lleven al individuo adaptarse a las necesidades que demanda tanto su bienestar como su estabilidad.

Esta nueva forma de vida líquida ha generado una serie de posicionamientos que, desde los ámbitos académicos, se encuentran en la constante reflexión, crítica y debate con el propósito de encontrar una salida a estos derroteros.

Diversos intelectuales y académicos desde diversas perspectivas, han propuesto una serie de herramientas teóricas y empíricas para construir una sociedad más estable, equilibrada, amena, desarrollada, progresiva y equitativa.

Sin embargo, el afán de la cientificidad y apagarse a metodologías lógicas-deductivas ha generado que la explicación de los problemas que acechan a la sociedad caigan cada vez en la confusión. Generando que el problema no solamente sea de malestares sociales, económicos, éticos, culturales y políticos, sino que también, sean de carácter académico e intelectual.

Problemas que generan la violencia, la corrupción, la crisis financiera, el narcotráfico, la falta de credibilidad institucional por parte del Estado, las endebles democracias. Condicionan que los rumbos con las que se enfrentan las sociedades demanden una mayor complejidad de comprensión, análisis, reflexión y crítica.

Nuestro presente se manifiesta de ambigüedades, de contradicciones, pero sobre todo de fragilidades para tomar decisiones que equilibren de nuevo el barco en la escena social, económica y política. Tal pareciera que todas las sociedades del mundo y en particular los individuos quienes las conforman necesitan voltear a ese extremo olvidado y usurpado por el consumo, la imagen y el entretenimiento. Hoy más que nunca la condición del pensamiento y la imaginación es un acto necesario y además urgente.

La inestabilidad con la que vivimos día a día, invita a parar por un momento el mundo y concebirlo como ese ente en donde lo espectacular se impone a la arrolladora fuerza de lo positivo, en un momento en donde la pobreza, la migración, el terrorismo, la desigualdad, las masacres, el calentamiento global y las latentes guerras sacudirá todavía a más poblaciones que podíamos denominar hasta hace algunas décadas como <<estables>>.

Es en este momento cuando la literatura tiene un camino y una virtud como uno de los pocos poderes legítimos por el sentir humano. Los miedos locales y globales, los recelos de un conjunto de desórdenes de élites políticas y económicas ya no pueden ser solucionados ni muchos menos sostenidos por políticas internas de ningún país.

Ante el triunfo de la vida ligera y prolongada, pero sobre todo ante el empobrecimiento del pensamiento, de la extinción paulatina de la naturaleza y de la frustración por la búsqueda incesante de la justicia, el espacio de la literatura es imprescindible.

Es a través de la literatura como todavía pueden desarrollarse otros mundos posibles en dónde el amor condicionado y sin compromiso es una simple historia de terror y suspenso. Es a partir de la literatura como el individuo todavía puede permanecer, transformar, proponer, soñar  y resistir.

Esa es la fuerza sólida de un mundo líquido que persiste a pesar de los desafíos. La literatura, así como los lectores no fugaces y ávidos son necesarios. Así como los grandes músicos, cineastas, poetas, cuentistas, ensayistas, pintores, interpretes, teatreros y un sinfín de artistas que los une un objetivo en común: la búsqueda de un mundo nuevo a partir de un viaje personal y colectivo en el tiempo.

Es el momento de salir a escena; la imaginación y el pensamiento deben dar un nuevo testimonio.

 

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Un comentario sobre “En alabanza de la literatura en los tiempos líquidos

  1. es imprescindible fomentar la lectura como una salvación de todo nuestro entorno, desgraciadamente nos encontramos en un mundo donde la tecnología acecha y arranca todo a nuestro paso. a opinión personal es la falta de educación, incluso me atrevo a decir la falta de responsabilidad de fomentar la lectura como un proceso de entendimiento, de razón y porque no, la liberación de la imaginación.

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