La libertad intelectual en el pensamiento de Octavio Paz

La libertad es indefinible;

no es un concepto sino una experiencia concreta y singular,

enraizada en un aquí y un ahora irrepetibles.

Por ser siempre distinta y cambiante la libertad es historia.

Mejor dicho,

la historia es el lugar de la manifestación de la liberta.

Octavio Paz, Discurso de Jerusalén

“Si no hay reflexión sobre la libertad simplemente no puede haber  filosofía política” (Paz, 1996). La libertad fue uno de los temas que más apasionó a Octavio Paz durante toda su vida. Además de ser un gran defensor de sus causas y virtudes, también hacia de ella motivo de inspiración en diferentes momentos de su poesía y pensamiento. De ahí que podamos encontrar en sus diversos ensayos y poemas la ocupación y  la preocupación por el desarrollo y acción de la libertad. ¿Qué es un intelectual sino tiene la libertad para crear o transmitir  sus ideas a sus lectores, seguidores, admiradores y oyentes? (Paz, 1996), se peguntaba en diversas ocasiones en entrevistas que le hacían al respecto.

La libertad, si bien en la mayor parte de las discusiones se enfocan a su carácter filosófico, ético y político. Para Paz la libertad era mucho más que eso, ya que para nuestro pensador, la libertad se deposita en las letras, en el amor, en la vida y en la muerte. En la independencia del intelectual frente al príncipe y el poder, depositándose en la vida cotidiana.

Para Octavio Paz no puede haber libertad si no existe el ejercicio de la crítica y de la autocrítica. En ese sentido, no hay crítica si no hay libertad. Su pasión por esta condición humana fue igual que la concepción orteguiana de la vida y del hombre: un continuo gerundio.

De ahí que su celo por la libertad sea muy parecido al que tuvo Aristóteles por la verdad. El poeta desde sus primeros escritos demuestra que el tema de la libertad es fundamental para su labor y su causa. En 1935 cuando apenas tenía 21 años de edad escribió:

“El principio de la libertad está ligado con el de la verdad. Yo no soy libre de decir una mentira. Si digo una mentira, a sabiendas, no ejercito la libertad, sino la esclavitud… todo el mundo quiere huir de la libertad; muchos, aterrorizados quizá por la falta de congruencia de algunos tiranos que hablan de la libertad mientras la violan –y otros, fascinados. Se requiere substituir a la libertad por el mito totalitario. ¡Como si eso fuera posible! Los mitos dice Malraux, no acuden a nuestra razón, sino a nuestra complicidad” (Paz, 1988:71).

Este argumento demuestra que Paz estaba inmerso en la difícil circunstancia internacional por la que atravesaba el mundo en la década de los treinta del siglo XX, en la que las dictaduras totalitarias y autoritarias conducían al mundo hacía sendas inhóspitas. Sus palabras bajo este contexto se inscribieron a la tradición existencialista de El ser y tiempo (1927) de Heidegger y El Ser y la nada (1943) de Sartre. Justo como se puede mostrar al respecto: “La libertad absoluta es la nada, ser libre es un contrasentido, pues el ser se opone a la libertad” (Paz, 1988:72).

En ese sentido, la libertad no es entonces un tema de la ética, sino también de la política por lo que se convierte en una cuestión fundamental del quehacer político. Por lo tanto, esta condición llevó a Paz a convertirse en un intelectual crítico cuya aflicción atravesaba por la necesidad de abrir espacios para la política en México y el mundo.

En consecuencia, si podemos ubicar una filosofía política de Octavio Paz sin duda, la condición de la libertad es el epicentro de su pensamiento, utilizando a la poesía y a la literatura como su hermenéutica cuyo propósito es develar el sentido de su existencia y la importancia de ésta para desarrollar una sociedad más justa, digna y equilibrada.

Sin embargo, para comenzar a realizar una filosofía política es necesario pasar por los sentidos de la literatura. El poeta dice: “Nadie debería atreverse a escribir sobre temas de filosofía y teoría política sin haber leído y meditado a los trágicos griegos, así como, a Shakespeare, a Dante y a Cerventes, a Balzac y a Dostoiesvsky” (Paz, 1993: 128).

En diversas ocasiones a los literatos, poetas y pensadores han sido menospreciados para la acción política. Ya que sus textos son vistos como meros soliloquios alejados de la realidad, aunque sin duda alguna la influencia de la teoría política en la praxis es indiscutible. Grandes textos de filosofía política no pasan inadvertidos y tienen una gran vigencia actual.

Desde la Grecia antigua, los filósofos y literatos han aportado grandes ideas para la política. Sin embargo, los poetas casi siempre han sido considerados como mitómanos, ya que juegan con la fantasía para alejarse de la realidad. Por lo que muchas veces la poesía es considerada como algo inútil y un elemento poco trascendente para entender a la sociedad en su relación con el poder político, y sobre todo, es poco convencional para llevar a cabo la acción política en donde sea posible la búsqueda de la felicidad pública. De ahí que no sea raro que Platón en La República no considere a los poetas como parte de la ciudad virtuosa.

Sobre la misma dinámica, Braulio Peralta le preguntó una vez a Octavio Paz cuál fue la razón por la que Platón pretendía expulsar a los poetas de la República, Paz responde:

Para los griegos  los poetas eran los autores de los mitos y él estaba en contra de los mitos. La hostilidad frente a la poesía es de origen moral: la poesía es peligrosa porque expresa la parte irracional del hombre, sus pasiones, sus deseos, sus sueños. El poeta inventa imágenes y figuras más o menos reales con sentimientos y pasiones humanas que rompen el orden social (Peralta, 1996:25).

Sin embargo, hay que decir, que en realidad quienes hay profanado la palabra y prostituido la política no han sido ni los literatos y poetas sino los mismos gobernantes, que convertidos en demagogos, corrompen el honor del Estado al violar la ley, mentir para sus adeptos y desvirtuar el lenguaje para el bien privado y no velar por el bien público. No obstante, Paz también estaba consciente de la corrupción de la palabra en los intelectuales, poetas y pensadores.

Para evitar estas frivolidades Paz consideraba que era necesario democratizar a las sociedades para tener un desarrollo social, económico, cultural y político pues sólo así la labor de los intelectuales y pensadores frente al poder jugará un mecanismo de crítica, dialéctica, reflexión y retroalimentaciones entre quienes detentan el poder y quienes lo sojuzgan a partir de la razón y el pensamiento.  A partir de este dinamismo se desarrolla la plena libertad. Si no hay libertad intelectual no puede haber libertad política.

Octavio Paz fue un hombre libre  que defendió con pasión todas las formas de libertad: libertad para pensar; escribir; meditar; discutir; reflexionar; discernir; actuar; trabajar; entretenerse; cultivarse; de votar y ser votado; de movilizarse; de educarse y de amar. Por lo tanto, la libertad era para Paz una continua elección y una virtud inevitable. “Somos seres capaces de escoger. Y de ser escogidos. De aceptar y rechazar. En esto consiste la libertad. Y esto, justamente, es lo que tenemos que defender. La libertad es el núcleo de la persona” (Paz y Ríos, 199:178).

Octavio Paz como artista y como esteta suscribe las palabras que pronunció Ludwig van Beethoven: “hacer todo el bien que se pueda. Amar la libertad ante todo, y aunque fuera por un trono, no traicionar jamás la libertad” (Romain, 1968: 457). Paz defendió su vocación de poeta. No obstante jamás se desmarcó de los terrenos de la filosofía. Sólo basta con leer El arco y la Lira y podremos observar su acercamiento a autores filosóficos importantes como Aristóteles y su metafísica; así como las consideraciones de Étienne Gilson, conocedor de la filosofía medieval, San Agustín, Kant, Hegel, Kierkegaard, Nietzsche, Heidegger, Unamuno, José Ortega Gasset, Sartre, José Gaos entre otros.

En suma, para Octavio Paz el carácter de la libertad se materializaba en la vida ordinaria del individuo como parte de su elección pero también se convertía en un elemento que sólo se accede a ella a través de la acción política deconstruyendo su sentido concreto a partir de la poesía, la filosofía y por supuesto, la propia literatura. En consecuencia su poesía y su filosofía política se entienden precisamente desde la libertad. Es por ello que Paz hizo de la libertad el motor  su obra.

Hoy más que nunca, el sentido de la libertad y su búsqueda inminente abre nuevas posibilidades y formas de relacionarse, apertura nuevos saberes y sobretodo produce nuevos pensamientos. La libertad, en consecuencia, sigue siendo nuestra utopía y nuestro motor incesante.

Fuentes.

Paz, Octavio (1993). Itinerario. México: Fondo de Cultura Económica.

———- (1988). Primeras letras. (1931-1943). México: Vuelta.

——— (1996). Obras completas. México: Fondo de Cultura Económica.

Paz, Octavio y Rios, Julian (1999). Sólo a dos voces. México: Fondo de Cultura Económica.

Peralta, Braulio (1996). El poeta en su tierra. Diálogos con Octavio Paz. México: Grijalbo

Rolland, Romain (1968). Obras escogidas. Madrid: Aguilar.

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