Daniel Cosío Villegas y el quehacer intelectual frente a la política

Uno de los intelectuales del siglo XX  que ocupan, desde mi perspectiva, un lugar destacado en la composición del quehacer intelectual frente a la política. Más allá de la congruencia, afinidad por sus ideas o fidelidad que estos grandes pensadores mexicanos pudieron haber tenido en la práctica como para la misma. Es Daniel Cosío Villegas, un intelectual ejemplar en el análisis de la política mexicana, así como su relación autónoma, crítica e independiente frente a su labor político.

Cosío Villegas fue quizá el intelectual más polémico y comentado de la época. Sus diversas obras son representaciones ejemplares de un ejercicio elegante de la crítica sobre el régimen posrevolucionario que alcanzaron gran difusión e impacto en su momento tanto en la esfera política, académica e intelectual de aquellos tiempos.

Villegas fue fundador de importantes instituciones culturales como el Fondo de Cultura Económica así como del Colegio de México,  por lo que tuvo que colaborar con los gobiernos en turno, pero su obra es una clara constancia de su capacidad crítica como historiador, ensayista y politólogo.

Cosío Villegas pensaba que la primera tarea fundamental de cualquier persona que se considerara intelectual y asumía un cargo en un gobierno debía renunciar a ser intelectual, aunque también sabía que era mucho pedir a sus pares y colegas  que preferían vivir en la simulación antes que renunciar a los privilegios que supone ser considerado un  individuo de letras.

En diversos ensayos sorprende su forma combativa y ácida. Algunas veces discurriendo filosamente contra los procesos políticos de aquellos tiempos. En diversas obras podemos dar cuenta de su crudeza y valentía para poner en tela de juicio las prácticas del viejo régimen autoritario, no importando las consecuencias adversas que su crítica incisiva pudieran traerle en su vida privada. Sólo basta con leer su ensayo “La crisis sobre México” de 1947 para dar cuenta de lo cometido.

En realidad ningún intelectual mexicano ha sido más congruente que el propio Cosío Villegas en el ejercicio de la crítica independiente. Muchos individuos que en nuestro días se autodenominan intelectuales críticos, así como académicos que dicen ser luchadores sociales deberían aprender un poco sobre la labor intelectual-político de este hombre.

Por otro parte, llama la atención el trabajo de Cosío Villegas en lo acertado de su crítica. Hoy es fácil decirlo pues la distancia transcurrida nos permite analizar y observar con mayor detenimiento lo que ocurría en aquellos años. ¿En qué acertó nuestro autor? “En que el régimen posrevolucionario, en la práctica, había abandonado sin remedio, ya sea por ineptitud, por insensibilidad o por irresponsabilidad, los principios ideológicos que le daban sustento y legitimidad de origen. En su lugar, las prácticas políticas se contaminaron de pragmatismo y corrupción, al grado de que se perdió por completo la brújula. En esas circunstancias, las metas de la Revolución Mexicana terminaron agotándose y el régimen posrevolucionario entró en una crisis política y moral, de credibilidad y de identidad, que se antojaba desde entonces muy difícil de revertir” [Cansino, 2012]”.

Realmente pareciera que la crisis nos sigue arropando desde sus tiempos hasta la actualidad, en sus términos: “el país está en una crisis política y moral de grave trascendencia, y si no se la reconoce y admite, y si no se hace el mejor de los esfuerzos, para remediarla, México caminará a la deriva, perdiendo un tiempo que un país tan retrasado en su evolución no puede perder, o se hundirá para no rehacerse quizás con una personalidad propia” [Villegas, 1947].

He aquí a un escritor y pensador ejemplar que sabe perfectamente que el  único compromiso posible de los intelectuales es con la verdad pública, que se asume como un sujeto político; que hace política desde una tribuna pero no desde las cloacas de los partidos políticos o algún otra institución parlamentaria y/o burocrática, pues su única labor con el quehacer político es simple: con la palabra escrita y hablada.

En suma, Daniel Cosío Villegas nos demuestra que criticar el discurso  y las acciones de las clases gobernantes no significa en principio estar apoyando a la oposición de un grupo político y muchos menos permanecer a las consignas de otra camarilla con alguna afiliación política y económica.

Criticar dialógicamente no es más que otra forma de hacer política democrática, es decir, de contribuir a formar y construir un nuevo imaginario social; un espíritu plural, en el cual los sujetos políticos son libres de decir, de pensar, de retribuir, de discernir y edificar un conocimiento político. En donde cabe la confrontación de las ideas, permitiendo que la crítica bien fundamentada haga prosperar el conocimiento. (Cansino, 2012).

 

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