Academia e idolatría política

Tal parece que estamos viviendo los tiempos del inminente triunfo de la democracia. Aunque pareciera una vil simulación, las instituciones del Estado en México atraviesan por una serie de transformaciones que, conllevan a que los ciudadanos, crean y depositen sus esperanzas en los cambios que prometen diversos políticos en escena.

El fervor de cambio desde, paradójicamente, una reformación a las estructuras políticas en este país, ha generado que las conciencias ciudadanas se expresan a través de diversas acciones políticas sobre posiciones que ellos consideran de gran relevancia nacional: quitarle la pensión a los expresidentes, consultas sobre obras públicas y algunos otros temas de gran envergadura y polémica. Ha generado que la sociedad asuma y apoye los “proyectos de nación” que vislumbran, o que, en su caso, se opongan al “proyecto” que se viene en marcha.

Bajo este panorama los académicos, y en especial, para aquellos que se animan a comprender y a explicar este fenómeno político, asuman su rol de espectadores, pero también de actores dentro de la militancia partidaria.

Mucho se puede discutir sobre la labor del intelectual, y en este caso, del académico dentro de los roles militantes de los partidos políticos.

Este tema no es nada nuevo, pero con el triunfo presidencial de un personaje que se dice ser popular protector de los intereses nacionales, ha originado que diversos académicos tomen el discurso políticamente correcto para ganar adeptos y prebendas dentro de la academia.

La militancia desde la academia, desde mi perspectiva, produce mentes solipsistas, pone en tela de juicio la credibilidad del académico frente a la autonomía de sus ideas y la libertad de crítica frente a los dispositivos de poder.

Lo que ocasiona que en gran parte de su vida académica, se la pase fundamentando regímenes inefables con resultados que siempre son observados desde la imperfección de sus resultados.

Esta posición del académico no sólo genera que produzca panfletos con investigaciones que pretendan ser objetivos pero que en realidad fomentan la ideología, la falta de la razón crítica y conciencia de la labor política.

Esta posición del académico militante trae consigo beneficios, ya que por lo regular quien ejerce esta labor obtiene puestos públicos en el gobierno o pretende acceder a uno bajo la máscara de un personaje activo y comprometido con su quehacer intelectual y político.

Bajo este panorama habría que citar una precisa categorización del maestro Gabriel Zaid sobre quienes no son intelectuales:

No son intelectuales:
a) Los que no intervienen en la vida pública.
b) Los que intervienen como especialistas.
c) Los que adoptan la perspectiva de un interés particular.
d) Los que opinan por cuenta de terceros.
e) Los que opinan sujetos a una verdad oficial (política, administrativa, académica, religiosa).
f) Los que son escuchados por su autoridad religiosa o su capacidad de imponerse (por vía armada, política, administrativa, económica).
g) Los taxistas, peluqueros y otros que hacen lo mismo que los intelectuales, pero sin el respeto de las elites.
h) Los miembros de las elites que quisieran ser vistos como intelectuales, pero no consiguen el micrófono o (cuando lo consiguen) no interesan al público.
i) Los que se ganan la atención de un público tan amplio, que resulta ofensivo para las elites” (Zaid, 2004: 486).

En este contexto, esta especie de intelectuales y académicos se caracterizan por el predominio de un discurso platónico, romántico y filantrópico. Irracionales por convicción, serviles por profesión. Ya que creen en la noción de la educación como camino al poder a través de la idea; hacen creer a sus seguidores en sus ilusiones y convicciones  de mártires para salvar al mundo de la injusticia y  la desgracia a través de su conocimiento postergado enclaustrado premeditadamente en la nostalgia revolucionaria de la segunda mitad  del siglo pasado; aunque en realidad ellos mismos formen parte de la senda de la corrupción, de la mafia política y la delincuencia organizada de cuello blanco y traje sastre.

Se perciben como herederos de la verdad política, autoproclamándose como aquellos que deben ser seguidos por sus causas ya que el hecho de ser una persona de ideas y de libros les da derecho de facto a acceder al poder. Como si las ideas y el pensamiento tuvieran representantes. Justo como menciona Gabriel Zaid: “Ahora no llegan al poder los que han demostrado tener las mejores soluciones [con o sin título], sino los que han pensado mejor en los problemas [con muchos títulos]” (Zaid, 1988: 233).

De ahí que no sea raro ver en diferentes ocasiones que entre ellos mismos se inviten y organicen sus propios coloquios, seminarios, cursos o congresos en donde la principal característica de estos olimpos de la meditación es la falta de propuesta, de crítica y conocimiento relevante para ser discutidos entre sus panelistas y asistentes.

En conclusión y a título personal:

No tengo nada contra la militancia política, lo que me desanima mucho de quienes ejercen esa labor es la repetición de libelos discursivos emanados por los líderes. Una militancia digna de ser representada radica, entre muchas otras cosas, en la crítica y en la auto-crítica, en la proyección política y en la sapiencia. Sobre todo cuando seguimos planteando la idea de los partidos políticos de izquierda o de derecha [significaciones que desde mi perspectiva están agotadas e ilimitadas en nuestro panorama nacional e internacional]. La militancia cuando es profesada significa la transformación del prestigio de la ideas en el influjo de la autoridad, la sumisión de las instancias inferiores por las instancias superiores del partido. Esta falta de capacidad origina que los partidos políticos caigan en un vacío intelectual para reformularse, y así mismo, la incapacidad para plantear discusiones y soluciones que a la sociedad los acongoja dejando atrás los estereotipos y los estigmas. Ejemplos claros de temas que quedan pendientes: legalización de la marihuana, temas sobre equidad de género, la problemática del calentamiento global, contraloría de las instituciones que garantizan el quehacer democrático realmente ciudadanas y no mafiosas o tergiversadas por los propios partidos políticos, entre muchos temas pendientes que quedan en el embrollo por su descalificación que parte desde la misma estigma y acciones que devienen de la misma mafia partidaria. Robert Michels explicó que “a medida que se desarrolla una organización, no sólo se hacen más difíciles y más complicadas las tareas de la administración, sino que además aumentan y se especializan las obligaciones hasta un grado tal que ya no es posible abarcarlas de una sola mirada”. Es decir, a medida que van creciendo como organizaciones, el trabajo en los partidos se va complicando y con ello su organización. En ese sentido, la militancia tiene como obligación y responsabilidad fundamental de ejercer la crítica constante del lugar donde se realiza y condiciona su práctica política para ir avanzando hacía los objetivos que establece el partido en la escena pública.

Aboguemos con el intelecto, actuemos con el estandarte de la crítica, que la democracia y la acción política se nutre de ideas, de posiciones, conflictos y mediaciones. Es todo lo que nos queda: Una democracia toda por hacerse.

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La crisis del capitalismo: Reflexión sobre una alternativa teórica y política en América Latina

Introducción:

En el presente trabajo se pretende reflexionar sobre la crisis del capitalismo con el propósito de aproximarse y dar respuesta a la pregunta: ¿es posible una alternativa teórica y política en América latina? Para ello se hace un breve discernimiento sobre las crisis que se desprende el capitalismo moderno en su fase global, para establecer una respuesta a estas crisis por la que atraviesa la región Latinoamérica y el mundo en su conjunto. Se tiene como referencia las diferentes discusiones, reflexiones y análisis abordados en nuestro curso de América latina del posgrado en ciencias sociales y las lecturas realizadas durante el curso. Para terminar con una conclusión sobre el tema abordado.

Durante nuestro curso de teoría social latinoamericana, estuvimos debatiendo y reflexionando a grandes rasgos diversos enfoques teóricos que nos permitieron hacer un diagnóstico sobre la situación que vive en la actualidad América latina. Desde su comienzo como una región autónoma e independiente, hasta llegar a la etapa de lo que hoy en día se conoce como la globalización del capitalismo financiero.

Estos temas de gran relevancia para el mundo de la academia latinoamericana desprenden en su interior otros grandes temas que también son fundamentales para entender el desarrollo de nuestra región en relación con el mundo.

La importancia de la democracia, el  ejercicio de un aparato teórico-crítico sobre nuestras condiciones económicas, políticas, sociales y culturales, entre otros enfoques son de suma relevancia para entender nuestro pasado, nuestro presente y proyectar  nuestro futuro.

Cuando revisamos la historia de nuestro región y de los países que lo conforman, podemos observar que la mayoría de los países latinoamericanos hemos atravesado por los mismos problemas, pero cada uno con una característica única. Por ejemplo, las dictaduras que se suscitaron a lo largo de la región a partir de la década de los 70’s, las crisis económicas que se manifestaron en los 80’s, los procesos de transición democrática y los cambios económicos-tecnológicos a partir de la década de los 90’s, las nueva formas de vida y organización política a partir del 2000.

Es decir, Latinoamérica, en sí misma es especial, pues además de ser diversa, folklórica, criolla, mestiza y autóctona, guarda en sí misma un pasado que no ha dejado de atormentarla hasta la actualidad. Que le ha impedido desarrollarse plenamente a lo largo de su historia, pero sobre todo le ha impedido situarse como una verdadera entidad independiente y autónoma capaz de guiarse ante diversos problemas que trae consigo, principalmente el capitalismo económico dominante.

No quisiera repetir lo que siempre se dice de nuestra América latina, ni tampoco quisiera hacer una reflexión romántica que muchos latinoamericanistas hacen sobre la misma. Sino quisiera desarrollar  algunos puntos que considero pueden aproximarse a una posible respuesta o alternativa a nuestra condición política y económica por la que atravesamos hoy en día las sociedades de cada una de las naciones que integran nuestra región.

La comprensión actual de lo que algunos llaman la crisis actual del capitalismo mundial reviste una  gran complejidad analítica, ya que concita diferentes interpretaciones teóricas canalizadas sobre diversos paradigmas filosóficos, sociológicos, antropológicos, y sobre todo económicos.

Sin embargo, el problema de la crisis del capitalismo es monolítica, es decir, está fundamentado y situado en el carácter estructural, sistémico y civilizatoria que produce el capitalismo en su fase actual.

En primera instancia, y como lo discutimos en algunas sesiones de nuestro curso, en primera instancia  existe una crisis de valorización en términos económicos, es decir existe una grave sobreacumulación de mercancías que está provocando la pérdida de ganancia, pero que a su vez demanda mano de obra barata que desproporciona los estándares de igualdad entre los estratos sociales que integran las sociedades latinoamericanas.

A partir de esta problemática, se desprenden otras crisis de índole ecológica, debido a la sobre-explotación de los recursos naturales, de índole política, pues la democracia al no garantizar una cierta igualdad y un bienestar social, está forma de gobierno está gravemente atentada ante otras formas antagónicas que impiden el libre ejercicio de derechos y obligaciones que son de suma importancia para lograr una cohesión social, cultural y política que permita una mejor administración de la gestión publica, fortalecimiento de las instituciones, del ejercicio y ejecución de la justicia, y por ende lograr una mejor gobernanza, y es de índole social, pues la sociedad endeblemente se está individualizando bajo un moral hedonista, superflua, consumista y apolítica; y sobre tdo de índole teórica ya que nuestros referentes modernos han demostrado incapacidad para comprender, explicar y analizar los nuevos problemas que manifiesta nuestra nueva realidad.

La crisis del capitalismo muchas veces es mal entendida y mal estudiada, ya que está crisis es muchas veces entendida como una crisis que viene de fuera hacia adentro, focalizada en el imperialismo yanqui. Esto produce  una visión reduccionista  del problema, pues si bien es cierto que Estados Unidos es el centro y la doxa del capitalismo mundial, la gran burbuja económica  no sólo depende de un centro regulatorio, sino también depende de una periferia que permita la carburación de todo el sistema económico y político.

En este sentido el capitalismo mundial, ideologizado en el neoliberalismo ha generado una propensión de crisis recurrentes en distintas regiones del planeta, particularmente en las regiones periféricas (Asia, y América latina).[1]

A partir de este desglose breve de problemas y crisis, ¿es posible formular alternativas teóricas  y políticas en América latina frente al capitalismo? La respuesta obvia, es clara, por supuesto que existen, han sido temas de debate no sólo desde la academia, sino desde convenciones, coloquios, seminarios y eventos de investigación. Latinoamérica tiene diversos autores y personajes importantes que han dedicado parte de su vida  a  formular posiciones teóricas que permiten y proyectan una alternativa al capitalismo desde la teoría crítica y desde la dialéctica del materialismo histórico.

Sin embargo, ante esta crisis del capitalismo con la que se encuentra Latinoamérica y el mundo entero, considero conveniente abordar seis grandes postulados para tener una verdadera alternativa política, económica, social, cultural y tecnológica.

Considero que como primer paso, en la nueva edad  global se debe de generar una nueva revolución tecnológica, en donde la crisis del capitalismo sea traspasada por una nueva etapa de crecimiento e innovación en materia científica.

La ideología del neoliberalismo debe ser rebasada e ir más allá. Es decir, el libre mercado nos ha demostrado a  través de la historia que no puede operar en sí mismo sin una regulación por parte de Estado, el mercado, como los sistemas de gobierno necesita de un contrapeso real que regule la actividad mercantil financiera. En otras palabras, el neoliberalismo debe ser trascendido, debe de ser una etapa antagónica en la dialéctica materialista.

Por lo tanto, el mito del desarrollo y el progreso requiere de ser desmantelado o al menos debe de ser refutado, criticado y re-direccionado hacia los ámbitos más sensibles de la actividad social y cultural.

En este sentido, se debe dejar atrás el capitalismo global moderno para introducirnos hacia un poscapitalismo. Pero este poscapitalismo no necesariamente significa alcanzar la utopía socialista o comunista.

Si bien es cierto que la idea del socialismo, históricamente se ha instaurado como el gran proyecto alternativo, en la actualidad se ha convertido en un sistema que ha sido fruto de diversas críticas. Sobre todo por aquellos que analizan la realidad existente, como los casos como China, Cuba o la extinta Unión Soviética.

Lo que respecta a América latina, en la actualidad han surgido varios proyectos que presuponen ser alternativos frente al capitalismo. El llamado al nuevo socialismo del siglo XXI, si bien es cierto que pone freno a las políticas neoliberales y en cierta manera lo amordazan. La realidad es que las naciones que integran este nuevo socialismo siguen jugando bajo la lógica del mercado y por ende del capitalismo.

Por lo tanto este poscapitalismo, debería ser un sistema regulado por el Estado[2], operado a partir de políticas públicas que permitieran la desconcentración del capital, y por ende que permitieran la distribución de la riqueza. No hay que olvidar que Latinoamérica se caracteriza por ser una región sumamente desigual, pobre y diversa. Por lo que esto permitiría un saneamiento social a través de la educación, de la salud, de la alimentación, de la recreación, en otras palabras esto permitiría que los índices bienestar aumentaran, todo esto logrado bajo un proyecto democrático que permitiera el libre ejercicio de derechos sociales y civiles.

Aunque pareciera una reflexión un poco romántica y bastante criticable, me parece que son diversos puntos que han sido fundamentales para entender Latinoamérica en la actualidad. Además considero que son a grandes rasgos los diversos temas que estuvimos reflexionando y debatiendo a lo largo de nuestro curso.

Es necesario seguir cultivando un pensamiento propio latinoamericano, con una base fundamentalmente crítica, sin negar lo otro. Partir del pensamiento establecido para generar diversas aproximaciones y  puntos de arranque para producir mayor conocimiento, y junto con ello, reconocer las diversas problemáticas y limitaciones por las que se encuentran nuestras sociedades.

Debemos de generar nuevos sabes latinoamericanos, que si bien es cierto, existen y han perdurado en el tiempo, deben de ser retomados para generar otros saberes desde nuestra región, cosificados bajo esta nueva realidad global, tecnológica, epistemológica, científica y humanística.

 Conclusión

La alternativa teórica y política, como se ha discernido a lo largo de este trabajo, dependen de nuestras condiciones imperantes en nuestra región latinoamericana. Poco a poco se ha ido instaurando nuevos mecanismos de participación política, y junto con ello se han ido configurando en el terreno teórico nuevos enfoques que ponen al capitalismo en el eje de la discusión y el análisis.

En este sentido, es menester considerar  un mundo en donde quepan otros mundos, justo como como los movimientos anti-sistémicos proclaman en sus intervenciones políticas. No obstante, la crisis del capitalismo no se ha descarrilado ni ha tomado una nueva interpretación que sea fundamental en su significado y en su naturaleza. Sino al contrario, el capitalismo sigue reinventándose a través de sus mecanismos de poder, en donde la ideología liberal sigue siendo el pensamiento dominante en diversas universidades, centros de investigación y los programas de ajuste gubernamental. No obstante, el pensamiento crítico sigue siendo aquel ejercicio que pone en tela de juicio su actividad y que poco a poco se están materializando en experiencias reales que intentan construir una ruta alternativa al capitalismo moderno en su fase globalizada.

En suma, somos los nuevos investigadores en formación quienes tenemos ese viejo pero vivo referente por establecer nuevas oportunidades y nuevos conocimiento, a partir de nuestro propio pensamiento.

Debemos de ser inteligentes y hasta en cierta menara proactivos y creativos por establecer nuevos referentes de nuestra nueva realidad.

Tenemos un gran reto por delante.

Bibliografía de apoyo

Cueva, A. “Reflexiones sobre la sociología latinoamericana” En Marini, R. y Millán, M. (Compiladores) La teoría social latinoamericana. Textos escogidos.

Tomo 3: La centralidad del marxismo. México: UNAM-FCPyS/CELA. Pp. 379-397.

Lander, E. “Ciencias sociales: saberes coloniales y eurocentrismo” En

La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas latinoamericanas. Buenos Aires, CLACSO. Pp. 4-23.

Díaz-Polanco, H. “Autonomía regional y territorialidad india. Perspectivas del Estado multiétnico” En Marini, R. y Millán M. (Coord.)

La teoría social latinoamericana. Cuestiones contemporáneas. Tomo IV. México: Ed. El caballito. Pp. 163-190.

Ceceña, A. “Tecnología y organización capitalista al final del siglo XX” En Marini, R. y Millán M. (Coord.) La teoría social latinoamericana. Cuestiones contemporáneas. Tomo IV. México: Ed. El caballito. Pp. 95-103.

[1]No se incluye África en esta periferia,  pues  bajo la lógica del capitalismo mundial, la región africana ha dejado de estar bajo el modelo económico financiero.

Ha dejado de ser reconocida, para ser negada y desaparecida. Aquí existe una negación histórica-cultural por parte del sistema capitalista. Para discutir más sobre esta posición considero pertinente revisar  el artículo de Sergio Almisas Cruz, “Movimientos sociales y políticos africanos. Del siglo XIX al siglo XXI: Una visión histórica”. Disponible en: http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=4457384

[2] Como estuvimos discutiendo en las ultimas sesiones de nuestro curso. Latinoamérica al  caracterizarse como una región esencialmente diversa, por los grupos indígenas y pueblos originarios que aún persisten y resisten bajo el esquema modernizador. La gran lucha se deposita por establecer un Estado auténtico, conformado por diversas  etnias  que permitan el libre ejercicio de la autonomía  regional y el reconocimiento del espacio (territorialidad) de estos pueblos originarios. Lograr un Estado multiétnico me parece que es otro gran reto por alcanzar por los gobiernos y las sociedades latinoamericanas. Además considero que sería un gran contrapeso a las políticas neoliberales esto debido por el  trasfondo tradicional con las que se organizan estas comunidades.

Reflexiones sobre el “Positivismo” de Stuart Mill, las “Ciencias del Espíritu” de Wilhelm Dilthey y las “Ciencias Naturales y Culturales” de Heinrich Rickert.

Introducción:

A continuación en el presente trabajo se reflexiona de manera breve sobre las diferentes disertaciones, debates y confrontaciones en torno al positivismo científico que propone John Stuart Mill, frente a los diferentes postulados que proponen Heinrich Rickert y Wilhelm Dilthey, con el propósito de ubicar, a grandes rasgos, cuáles son los puntos clave que nuestros autores proponen para la obtención del conocimiento científico en el ámbito de las ciencias sociales. Para terminar con una pequeña conclusión sobre las dificultades que el científico social se enfrenta al momento de analizar o estudiar, a partir de supuestos metodológicos, alguna problemática, hecho o fenómeno que le resulte de interés y pertinencia para el mundo del saber social.

El Positivismo de Stuart Mill, las Ciencias del Espíritu de Wilhelm Dilthey y las Ciencias Naturales y Culturales de Heinrich Rickert

Desde el nacimiento de las ciencias modernas, se han realizado una serie de estudios y debates en torno a la metodología, paradigmas y formas de esquematización de saber científico natural y social.

Diferentes formas de pensamiento en torno al deber ser de las ciencias han tomado un papel fundamental en la manera de organizar, observar, reflexionar e interpretar diferentes fenómenos que se desprenden al interior de la naturaleza y de los propios individuos.

El conocimiento que se ha producido en occidente, desde la época antigua, ha estado asociado bajo el esquema de la observación de las ciencias naturales: La biología, la física, la astronomía y las matemáticas han jugado un papel fundamental en la forma en cómo se debe obtener el conocimiento.

En donde la probable exactitud, la objetividad y el perfeccionamiento de sus mecanismos han generado en ellas, una especie de legitimación, de credibilidad y prestigio en los resultados obtenidos por estas disciplinas de lo natural. Para explicarse los diferentes fenómenos que se desprenden en el interior de la naturaleza.

Bajo este esquema, a partir del siglo XVIII, el carácter cientificista de las disciplinas de la naturaleza se consolida por los grandes aportes que se están originando al mundo de la ciencia y del saber.

No obstante, de manera casi análoga, diferentes pensadores se están dando cuenta que los fenómenos que acontecen en la naturaleza también afectan la actividad social. En otras palabras, el accionar de los individuos también está generando diversas problemáticas y fenómenos sociales que deben ser explicados, ya que estos acontecimientos devienen de la actividad natural de los individuos.

En este sentido, podemos ubicar a varios pensadores, que influidos por el paradigma de las ciencias naturales, empezaran a fundamentar el deber ser de las ciencias que se encargaran de analizar, interpretar, observar y explicar la actividad de los individuos desde una perspectiva que pretenda ser científica, pero que sobre todo, que ayude a entender los diferentes propósitos de la conducta humana.

John Stuart Mill en el “Resumen de Lógica”, en el capítulo sobre la libertad y la necesidad, se plantea una pregunta fundamental: ¿Hay o puede haber una ciencia de la naturaleza humana?

Mill abogará que la naturaleza humana depende de acciones que desprenden diversos fenómenos, pero que, en contra parte de los fenómenos naturales, estos no pueden ser predichos con exactitud, ya que la actividad humana se encuentra modificada por diferentes factores, ya sea por el conflicto que produce la actividad política o de la diligencia de la economía.

Por lo tanto, las nacientes disciplinas científicas que estudiaran la actividad humana, no pueden ser llamadas ciencias exactas, por lo que Mill las llamará ciencias morales, “cuyos efectos referentes estarán determinados por causas generales” (Mill: 1897: 269), supeditados a partir de la condición lógica.

Para poder explicar la actividad humana, Mill concebirá a la lógica productora de las ciencias morales y psicológicas. Por lo que los fenómenos que se desprenden de la actividad de los individuos deben ser analizados y entendidos desde este carácter lógico.

Es a partir de la lógica, lo que Mill otorgará el sentido de la cientificidad de las ciencias morales, y por ende de las ciencias sociales.

Por otro lado, Mill describirá a las ciencias geométricas y físicas y expondrá la fundamentación metodológica de estas disciplinas para la obtención del conocimiento natural-abstracto. No obstante, criticará de manera detallada la implementación de la metodología de las disciplinas naturales en el uso de las ciencias sociales.

Mill argumentará que el método erróneo, seguido por los hombres bastante ilustrados, es el método geométrico deductivo. Menciona que “asimilar el método de las ciencias sociales al geométrico (deductivo), supone que las ciencias sociales sólo interviene por cada fenómeno de factor, y tal suposición es inexacta” (Mill: 1897: 283).

En este sentido, Mill se definirá y tendrá mayor aceptación por el método físico o deductivo concreto, ya que según nuestro autor, este método permite a la ciencia social generar y verificar premisas después de deducir, a partir de la observación objetiva del fenómeno desprendido de la conducta humana.

Sin embargo, el conocimiento que se desprende de la actividad humana no sólo es resultados de fenómenos, sino también de acontecimientos, hechos que generan diferentes formas de conocimientos que pueden ser analizados y explicados de forma útil y objetiva.

A partir de esta acepción, empieza a surgir un nuevo concepto de ciencia, es decir, empieza a surgir un nuevo modo de conocimiento que no sólo dé cuenta de los fenómenos propios tanto de la naturaleza como de los individuos, caracterizado por una cierta regularidad de fenómenos que permite predecir diferentes acontecimientos, sino que permita comprender el sentido de la conducta humana y mundo natural.

Justo como señala Dilthey: “La ciencia es el descubrimiento de conexiones entre hechos, en la conexión el hecho desaparece como puro hecho y se transforma en miembro de un sentido. Entonces se le comprende. El sentido es la materia inteligible”. (Dilthey, 1986: 72).

Es aquí cuando la experiencia, no sólo se convierte en punto de partida para obtener el conocimiento de la conducta humana, sino que también se convierte en el ámbito en donde efectivamente se muestra la verdadera esencia de devenir y acontecer humano. Por consiguiente, Dilthey separará a la ciencia en dos supuestos: Las ciencias del espíritu y las ciencias de la naturaleza. Ambos elementos compuestos por estructuras y paradigmas opuestos, pero con un solo objetivo, el de conocer el saber del mundo natural en relación con el individuo.

A este respecto afirma Dilthey:

El motivo del que arranca el hábito a separar estas ciencias como una unidad de las de la naturaleza radica en la hondura y en la totalidad de la autoconciencia humana, intactas aun por las investigaciones sobre el origen de lo espiritual, encuentra el hombre en esa autoconciencia una soberanía de la voluntad, una responsabilidad de los actos, una facultad de someterlo todo al pensamiento y resistir a todo encastillado en la libertad de su persona, por las cuales se distingue de la naturaleza entera. (Dilthey, 1986: 119).

Bajo este argumento, se puede criticar la propuesta Milltiana, ya que siguiendo a Dilthey, los actos humanos no responde a la lógica de sus acciones y de sus pensamientos, por lo tanto no puede ser entendido desde la lógica, sino debe ser comprendido desde la autoconciencia en la que se gesta su propia libertad, y la historia es muestra de ese acontecer en sus acciones.

Dilthey dejará y depositará el rasgo lógico a las ciencias de la naturaleza, y las ciencias del espíritu las depositará en la limitante con el mundo natural, en donde la experiencia será el principal rasgo característico de estas ciencias.

Así concluye Dilthey:

Solo cuando las relaciones entre los hechos del mundo espiritual se muestran incomparables con las regularidades del curso de la naturaleza, en la forma de que se excluye una subordinación de los  hechos espirituales a los que ha establecido el conocimiento mecánico de la naturaleza, sólo entonces aparecen no los limites inmanentes del conocimiento de la experiencia, sino fronteras en que termina el conocimiento natural y comienza una ciencia del espíritu independiente, que se forma desde su propio centro. (Dilthey, 1986: 135).

Por lo tanto, el fin último de saber científico tiene su raíz fundamental en la vida, pero la vida no puede ser entendida a través de métodos cuantificables que solo demuestran incapacidad para la explicación y la comprensión autentica de cualquier fenómeno, hecho o suceso. De modo que para poder acceder al conocimiento auténtico de la vida es necesario ubicar las diferentes manifestaciones de la problemática y ubicar su consistencia que permitan una determinación duradera del fenómeno y de la experiencia.

Este tipo de dinamismo de la vida y de la conducta humana es lo que permitirá que la interpretación, por parte de las ciencias del espíritu, reactualiza el movimiento y el saber espiritual recogida y explicada a partir del uso del lenguaje, ya que: “Sólo el lenguaje encuentra lo interior humano una expresión que sea completa, exhaustiva y objetivamente comprensible” (Dilthey, 2000: 34). De ahí que: “el arte de comprender tenga su fundamento en la exégesis, o mejor dicho, en la interpretación de los vestigios de existencia humana contendidos en la escritura”. (Dilthey, 2000: 34). Es en el lenguaje en donde Dilthey encuentra el carácter objetivo y la universal de las ciencias del espíritu.

Sin embargo, el individuo esta inmiscuido dentro de la naturaleza, y su accionar genera un tipo de cultura que le otorga al individuo su identidad, su modo de socializar y la forma de concebir su entorno.

En este sentido, el accionar del hombre además de desprender, hechos y fenómenos, también actúa conforme a fines valorados por su propio interés y por su propia subjetividad de placer y deseo. De manera que la conducta humana siempre tendrá fines e intenciones valoradas.

Es entonces, en los objetos culturales donde residen los valores, y estos, bajo la percepción del individuo, se transforman en bienes comunes o individuales. De este modo podemos distinguirlos de los objetos naturales, que en cambio a los objetos culturales, estos no son pensados como bienes, ni muchos menos tienen un valor en sí mismo, pues están en la naturaleza de manera abstracta sin ningún valor. Ya que quien le otorga un cierto valor a los objetos es el hombre mismo.

Tal y como lo afirma H. Rickert: Los procesos naturales están libres de toda relación con los valores. Por lo tanto, si de un objeto cultural se retira el valor, queda reducido a mera naturaleza”. (Rickert, 1943: 33).

Por lo tanto, la ciencia de la conducta humana, no sólo describe y analiza fenómenos, hechos o sucesos que se desprenden de la actividad humana, sino que también analiza objetos valorados que complejizan y dificultad su estadio de análisis y comprensión. Aquí radica el gran conflicto entre el erklären (explicar) en las ciencias naturales y el verstehen (comprender) en las ciencias sociales. Dicotomía compleja que no reflexionaremos en este pequeño trabajo.

Reflexiones finales:

El dualismo metodológico que existe entre las ciencias naturales y las ciencias sociales es un problema que ha generado diversas aportaciones al campo del conocimiento. Cuya postura ideológica establecen cómo se debe fundamentar el deber ser de la ciencia, pero sobre todo como debe ser legitimado el saber que se desprenden tanto de la naturaleza como del accionar del individuo.

Lo que respecta a las ciencias sociales, no existe un punto convergente y único como generador de conocimiento. No existe una base única y segura en la cual, los estudiosos de la conducta humana pueden comprender diferentes fenómenos. El científico social identifica sólo parcelas de una pequeña parte de la realidad cultural, económica, política y geográfica del individuo.

Por lo que presuponer una sola unidad monolítica para capturar el conocimiento y explicar de manera científica un fenómeno, puede parecer un prejuicio racionalista. Aunque no debemos de dejar de lado las diferentes aportaciones que han generado diversas posturas en torno al conocimiento natural y social. Justo como sucede entre los degustadores del paradigma positivista frente a los hemeutas y lingüistas.

La llamada explicación científica en las ciencias sociales es una mezcla indisoluble del hecho y del valor que se desprende de las acciones humanas, así como también de una situación yuxtapuesta entre conocimiento y creencia.

Por lo tanto el científico social, no sólo tendrá que adoptar varias posturas metodológicas, sino que también deberá enfrentarse a diversos desafíos que la realidad le impone para analizar e interpretar la realidad social, pero que sin duda deberá ubicar y reconocer los diferentes debates entre diversas posturas epistemológicas para lograr definición y estudio de su objeto, fenómeno y/o hecho que le resulte importante y relevante para el mundo de la ciencia y del saber.

Bibliografía:

JOHN STUART MILL. Resumen Sintético del Sistema de Lógica, “Libro VI La lógica de las ciencias morales”, Librería de la viuda de Chet Bouret, México 1897, pp. 267-303.

WILHELM DILTHEY, Introducción a las ciencias del espíritu Volumen 271 de Alianza Universidad, 1986.

RICKERT. Ciencia cultural y ciencia natural, Buenos Aires: Espasa-Calpe Argentina, 1943.

Sobre la política en el mundo del fútbol

Hoy más que nunca el fútbol representa una de las actividades más lúdicas y recreativas a nivel mundial. Este deporte más allá del gusto y las pasiones que despiertan entre sus seguidores, representa a las élites políticas y económicas para producir y reproducir diversos espacios afines a interés de una clase hegemónica.

El fútbol si bien nació como un actividad que representa ideales como los de la competencia, la solidaridad en la cancha y el fervor e identidad por una camiseta y a  una comunidad; con el desarrollo del capitalismo moderno, comenzó a significar para la élite económica un elemento que puede dejar múltiples beneficios, como por ejemplo: difundir sus ideales, valores y por supuesto obtener mayores ganancias para aumentar la acumulación de capital.

Este generó que el fútbol fuese utilizado para generar redes de poder que se expresan fundamentalmente en inmensos consorcios, cuyo objetivo es monopolizar el fútbol y convertirlo en una industria. Por lo que el balompié, al menos en lo que respecta a México, se convirtió en un engranaje de diversas empresas que permite tener mayor relevancia e influencia en materia económica y política. Empresas cerveceras, de telecomunicaciones, cementeras y de servicios evidencia su poder que ejercen en la vida cotidiana.

El fútbol mexicano es el fiel reflejo del auge económico que mantiene un grupo selecto de empresarios, así como la capacidad de influencia que tienen estos en relación con el poder político. De ahí que no sea raro que a menudo escuchemos por los noticiarios deportivos o redes sociales que los estadios de fútbol son espacios que pertenecen al gobierno de algún estado y son rentados o patrocinados por algún equipo de fútbol, provocando que las fuerzas políticas locales brinden facilidades para contratos, licitaciones o permisos accesibles para dichas empresas. Lo que genera evidentemente procesos de identidad efímeros por parte de los amantes del fútbol con el equipo, pero también, en su forma radical y deshonesta contratos turbios, lejos de la legalidad.

En la era de la globalización, los deportes representan una opción viable para establecer organizaciones en diversos niveles. Esto ha conducido que esta actividad conserve su esencia de juego pero que transformen sus técnicas, las tácticas, las dietas de los jugadores y se modifiquen algunas de sus reglas con el propósito de hacer del fútbol una actividad más dinámica, más espectacular y entretenida, pero que, a su vez, estos cambios se hicieron con el objetivo de obtener mayores ganancias económicas.

En este sentido, las clases hegemónicas tienen la capacidad de transformarse, adaptarse rápidamente a los cambios y por consiguiente, tienen la capacidad de hacer que los otros hagan las cosas que ellos desean para su supervivencia, intereses y desarrollo. Aquí se centra la fundamentación del poder y la dominación convirtiendo al  fútbol no sólo en un mecanismo de poder, sino también, para decirlo en palabras de Althusser en un aparato ideológico del Estado.

“En México se instauró el fútbol como deporte hegemónico, los programas televisivos de corte deportivo comenzaron a centrar la mayoría de los temas de análisis hacia este deporte, y si bien, las transmisiones de fútbol americano, box o lucha libre están en televisión abierta, las horas de transmisión de estas disciplinas no se comparan al tiempo otorgado al balompié” (Montero, 2014: 6).

En este sentido, me atrevo a establecer un decálogo sobre los mexicanos al grito de gol en los tiempos actuales en su relación con el ámbito político y social:

1.- Facebook, twitter y todas las redes sociales han demostrado tres virtudes intrínsecas en el ciudadano: comentar, exponer y convertir las cosas privadas como algo público. El gusto por el fútbol por ejemplo.

2.- Sabes que un mexicano grita al ritmo de gol cuando paraliza la ciudad y un país entero, cuando festeja con entusiasmo, se pinta la cara y grita ¡viva México cabrones!

3.- Sabes cuándo un mexicano grita a ritmo de gol cuando cree que el futbol y la política son la misma cosa: Pan y circo.

4.-Sabes cuándo un mexicano grita al ritmo de gol cuando la selección o su equipo favorito sale campeón, y bloquea las avenidas principales para festejar, pero crítica y se enfurece cuando un conglomerado de maestros o grupo activista cierra las calles con lemas y pancartas de No a la privatización de la educación pública, etc.

5.- Sabes cuándo un mexicano grita al ritmo de gol cuando confunde al “Peje” con Cuauhtémoc Blanco, bajo el mismo argumento que estos dos personajes son iconos de pueblo pobre y obrero.

6.- Sabes cuándo un mexicano grita al ritmo de gol cuando reproduce, opina y habla igual que un narrador deportivo. Mucha palabrería, nada de fondo en su argumento.

7.- Sabes cuándo un mexicano grita al ritmo de gol cuando asemeja al árbitro con un político: ambos son autoridad delegada, los hay autoritarios, algunos corruptos, y poco eficientes.

8.-Los jugadores como los políticos son marionetas de una misma clase.

9.- La política como el fútbol nacen bajo la concepción de un barbarismo necesario. La política necesita fundamentar su barbarismo en el Estado y el fútbol necesita cimentar su barbarismo en los estadios.

10.- El fútbol como la política en sí mismos no son malos. Ambos recrean el conflicto, de la supervivencia, de la competición, de la diversión, de la euforia, del bien y la armonía colectiva. Sin embargo, ambos han caído por la misma senda que los hace ser, hasta el día de hoy, casi semejantes por quienes lo practican: Ambos carecen de credibilidad.

En suma, el fútbol desgraciadamente igual que el poder político se deslegitima profundamente. Ya que el fútbol al ser moldeado por las élites, lo utiliza como instrumento de enajenación para lograr adeptos que atentan contra el bienestar de toda la sociedad en su conjunto. Es por ello que a menudo después de un partidazo de la selección mexicana o de algún duelo de algún equipo popular como Cruz Azul, América, Chivas o Pumas, al terminar la pasión nos enteremos de noticias como la privatización de algún recurso natural, las muertes de mujeres o alguna nota de tragedia nacional.

Sin embargo, el fútbol como la vida de nuestros tiempos es la fiel expresión de nuestro existir, formamos parte de este capitalismo globalizado, y por ende, de esta modernidad que Zygmunt Bauman llama líquida. El balompié muestra esa susceptibilidad de cambios continuos, modificando realidades y generando pánicos y miedos. También nos muestra esa precariedad de los vínculos humanos en una sociedad ajena, individualista, narcisa y privatizada por los gustos y placeres que produce el consumo, el entretenimiento y la vida ligera. El fútbol forma parte de una sociedad de pocas certezas y violada por la manipulación constante de quienes tienen los hilos de la economía y la política. No obstante y a pesar de ello, el fútbol nunca dejará de ser lo que siempre ha sido, un momento de libertad y diversión.

 

Para mis colegas estudiantes muertos de la UACM, mujeres y millones de desaparecidos

Fue Isaac Luna, Carlos Esquivel, Jorge Martínez, Héctor Sarmiento y Miguel Arteaga. Pero así como han sido ellos, también han sido miles de mujeres, niños y millones de muertos en todo México. La muerte cuando es impuesta, además de desconsuelo, tristeza y depresión. También causa indignación, rabia, enojo, sed de justicia.

Vivimos tiempos más que violentos, son las épocas de la aniquilación y el exterminio constante. Nosotros los jóvenes hoy más que nunca tenemos que lidiar con la esperanza entre los dientes como bien intituló aquella obra John Berger. Estamos rodeados de fantasmas, de peligros latentes, enfermedades psicológicas, vivimos consternados envueltos en ilusiones de encontrar una vida llena de bonanza, paz, equitativa y libre.

Desde hace muchos años padecemos una guerra con la muerte, contra la destrucción; el despojo, el miedo y la humillación. Somos víctimas de la explotación, de la mentira política y el silencio impuesto por autoridades y élites económicas que repudian la conciencia, la crítica y las otras formas posibles de concebir diversos derroteros.

El viejo discurso de hipocresía “La juventud es el futuro del mañana”, es, en mi país, más allá de ser una realidad tangible, es un discurso trillado, populista, utópico, cruel e insensato.

La juventud vive una guerra contra la resistencia que día a día lidia en la calle, en la escuela, en el hogar, en cada rincón de nuestra existencia.

La juventud más allá de estatus social, cultural y político contra la defunción demanda vida. Contra la desaparición demanda respeto y letra, contra el crimen demanda justicia, contra la opresión, demanda libertad y democracia, contra el olvido, demanda conciencia y memoria, contra la ignorancia, demanda conocimiento y autocrítica, contra la pobreza, demanda trabajo y pasión, contra la humillación demanda dignidad.

Las muertes de mis colegas estudiantes de la UACM y de las de millones de mujeres, producen ruidos  que incitan a levantar la mirada con el otro, pero en un mundo tan globalizado e individualizado como el que habitamos en nuestros tiempos: ¿qué hacer? Si nos aniquilan a sangre fría, nos desaparecen sin que nos podamos defender, nos estigmatizan -diciéndonos- apáticos, millennials, ninis y un sinfín de adjetivos peyorativos que descalifican nuestra actitud frente a la vida en sociedad.

Ellos no comprenden que somos hijos de la libertad; que no existe una crisis de valores, sino que simplemente hay una transformación de esos valores que en el pasado conformaban una forma de cohesión social, ahora en los tiempos violentos, esos valores se redefinen en el tiempo, sencillamente porque ahora los jóvenes tienen otras formas de concebirse, de pensarse, de relacionarse con sus similares, tan diversos y plurales.

Ante la juventud hay una respuesta por parte de este sistema encabezado por élites políticas. Un centenar de jóvenes son reclutados cada año para forma parte de la policía federal, de las fuerzas armadas y peor aún, de grupos delincuenciales, narcotráfico y bandas del crimen organizado. Tal parece que el único proyecto viable que nos espera es ganarnos la vida a través del uso de las armas, de la venta de drogas o  ser parte de un sistema judicial corrupto.

Sin embargo, a pesar de nuestros  pesimismos, en lugar de ganarnos la vida con violencia y armas, seguimos construyendo puentes  y caminos llenos de arte, de emprendimiento laboral, lazos de solidaridad en una sociedad individualista. Seguimos soñando, seguimos estudiando, seguimos trabajando, nos seguimos equivocando, nos seguimos cuidando y también nos seguimos rifando el sudor, los puños y la sangre por habitar un mundo en donde la vida sea menos dolorosa,  increpada e incomprensible.

No es propósito de este  escrito victimizar a la juventud, ni mucho menos subestimarnos frente a las altas esferas de la política y la economía. Pero si es establecer lo que muchos de nosotros seguimos pensando y viviendo. Muchos de nosotros, mis amigos, conocidos y tantos más tenemos la convicción que nuestra práctica es luchar sin armas y rebelarnos con crítica, es una forma de expresar nuestro inconformismo. Que las muertes no son medallas ni el proselitismo barato que utilizan los candidatos presidenciales a la hora de la elección, sino más bien, es una indignación y un motivo para actuar. Muchos de nosotros los jóvenes pensamos que no necesitamos de caudillos, ni líderes políticos, ni mesías, ni salvadores  para que nos protejan de los embrollos de nuestras existencias perdidas. Los jóvenes sabemos la clave sólo basta con un poco de vergüenza, pasión, sueño, disciplina, respeto, trabajo, dignidad y mucha organización para poder hacerlo. Y así lo hacemos desde siempre. Cada uno desde nuestra trinchera.

Por eso nos matan, nos desaparecen y tratan de aniquilarnos vendiéndonos discursos falsos de libertad, de autoexploración, de autoconocimiento pero en realidad no son más que migajas para poder subsistir.

Ahora mismo en este instante, allá afuera en la calle, en la plaza pública, en la esquina de mi casa. Un hombre, una mujer, un niño, una niña, un homosexual, una anciana, un colectivo, un novio, un servidor público, un obrero, un estudiante, un campesino, un adicto, un soñador, un escritor, un intelectual, un académico, una persona  es golpeada, muerta, torturada, macheteada, baleada, rematada, aventada a un basurero y abandonada para después ser  recogida y velada, muertos enterrados pero nunca olvidados.

Estas palabras más allá de ser leídas, a título personal, es expresar a memoria de todos ellos: ¡ya basta!

Para:

Isaac Luna, Carlos Esquivel, Jorge Martínez, Héctor Sarmiento y Miguel Arteaga estudiantes de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México.

Alexis Benhumea, asesinado en el Estado de México.

Graciela Cifuentes asesinada profesora de la UNAM

Sol estudiante asesinada de la UNAM

Francisco Javier Cortés, asesinado en el Estado de México.

Juan Vázquez Guzmán, asesinado en Chiapas.

Juan Carlos Gómez Silvano, asesinado en Chiapas.

Sandra Luz Hernández, asesinada en Sinaloa.

Marisela Escobedo Ortiz, asesinada en Chihuahua.

Celedonio Monroy Prudencio, desaparecido en Jalisco.

Nepomuceno Moreno Núñez, asesinado en Sonora.

Y para todos los millones de muertos y desaparecidos en México.

 

Consideraciones sobre la mujer: no es un enésimo monólogo sobre la vagina

En la actualidad la condición de la mujer se ha puesto en vilo de la voz pública por diferentes acontecimientos atroces, que conlleva a toda la sociedad en su conjunto a debatir, reflexionar, enjuiciar y muchas veces a estigmatizar el sentido de lo que significa ser mujer en el mundo actual.

Desgraciadamente, las mujeres son tema de discusión y de análisis no por la importancia que son ellas para la construcción de una sociedad más equitativa, justa, libre y digna. Sino por las atrocidades que han padecido en los últimos años: muertes, violaciones, desapariciones, acosos y un sinfín de descalificaciones y estigmas acerca de su condición de vivir en sociedad de forma autónoma, libre e independiente.

Comúnmente cuando deambula por diferentes espacios públicos o se queda en el abismo de las redes sociales, con frecuencia se encuentran frases como: “las matan por putas”, “las mujeres en donde corresponden; en la cama y en las lavadoras”, “feminazis”, y una serie de descréditos execrables que no sólo atentan contra la integridad de la mujer, sino, me atrevería decir, de cualquier persona que tenga derecho a vivir plenamente bajo la responsabilidad de sus decisiones y actos.

A estos ataques y agresiones verbales que no necesariamente se dejan leer por hombres, sino también por las propias mujeres, el movimiento feminista se ha visto afectada por la malversación ideológica de lo que el feminismo realmente representa: sus propósitos, su motivo, sus objetivos, su filosofía y sus formas de acción. Debido a que el feminismo ha sido relegado por el estigma del mujerismo.

El mujerismo más allá de establecer epistémica, filosófica y argumentativamente la condición de ser mujer como lo hace el feminismo, el mujerismo se encarga de radicalizar el discurso feminista y llevarlo a su condición ignorante de ejecución, opinión y crítica. En el cual se caracteriza por las posiciones reaccionarias, por la negación de la otredad y por el insulto constante de la pluralidad.

El mujerismo se manifiesta en su estado esencial de lo que significa ser mujer. Es decir, ¿son mejores las mujeres que los hombres?  Es obvio que las mujeres no son mejores o peores que los hombres, sino simplemente, como cualquier individuo son diferentes.

Sin embargo, este tipo de esencialismo y de discursos malamente estudiados y adoptados, han sido muy atractivos para diversas mujeres que se conciben como malamente feministas, que sin asombro alguno se auto conciben como seres superiores por el hecho, por ejemplo: de decidir no embarazarse, la maternidad, el compaginar las actividades domésticas con las profesionales, por la capacidad de raciocinio. Estas formas de pensar, es una forma que nos instala en una suerte de mujerismo o hembrismo igual de perverso  a la idea patriarcal, o comúnmente llamado machismo. En ese sentido, el “mujerismo es algo así como un síntoma de enfermedad que acusa  el feminismo” (Cansino, 2011).

Bajo este embrollo nace una paradoja. Ya que el mujerismo se hace conservador atentando contra los ideales libertarios que establece el propio feminismo.  A menudo uno se encuentra con discursos realmente dogmáticos y sexistas que atraviesan, incluso,  los campos del conocimiento. Uno se encuentra constantemente con personas que piensa que se debe refundar la epistemología patriarcal, por una epistemología feminista, o se debe crear una sociología feminista, una ciencia política feminista y hasta unas ciencias exactas feministas. Como si la ciencia tuviera un género. No abogo por la exclusión de pensamiento, de posiciones y de aportaciones que nos ayuden a comprender mejor este mundo caótico, sino al contrario, la ciencia hoy más que nunca debe ser incluyente, propositiva, atrevida y sobre todo juzgada y aclarada bajo sus propios términos y condiciones. Y tanto como los hombres como las mujeres de ciencia son vitales y fundamentales para su construcción.

En consecuencia, el mujerismo es una enfermedad del propio feminismo  que homogénea perversamente el propio movimiento. No existe ningún grupo político, social o cultural que no matice sus posiciones, eso está más que claro. Y desde mi perspectiva, eso representa  la importancia  de construir movimientos, ya que además de fortalecer los lazos democratizadores del individuo, la sociedad y las instituciones del Estado, reconfigura el pensamiento, modifica los lazos de relación y construye otros mundos posibles a partir de la diversidad y la pluralidad. Por tal motivo, encontramos en el mismo pensamiento feminista subcorrientes como: feminismo de la igualdad, feminismo marxista, feminismo revolucionario, la visión queer del feminismo, el posfeminismo, el alter feminismo, el feminismo por la diferencia. Y diversas posiciones, que dentro del gran movimiento feminista encuentra motivos y que hacen de las ideas, el pensamiento y la crítica argumentada arquetipos éticos, teóricos, epistémicos y lingüísticos que fundamenta un ideal de sociedad.

Considero que habría que hacer una autocrítica sobre: ¿hasta dónde quedó atrapado el feminismo?, ¿cuáles son las problemáticas a las que se encuentra?, y, ¿cómo evitar la desvitalización del movimiento a través del mujerismo? Sara Sefchovich en su libro ¿son mejores las mujeres?  Establece que en nuestros tiempos, no se puede hablar sólo de la mujer, sino de las mujeres, reconociendo, efectivamente,  las diferencias  que existen entre ellas, pero habría que preguntarnos: ¿qué significa ser mujer  en un mundo donde reina el caos y la incertidumbre?, ¿en el mundo globalizado se puede definir qué significa ser mujer? Con la liberación del cuerpo y de la sexualidad existen hombres que teniendo pene se implanta senos y se concibe como mujer. En este caso, tal vez ser mujer no se reduce a una forma  fisiológica, sino, más bien, es una forma de vida. Charlando con un amigo transexual me decía: “yo sé que tengo pene, que me crece la barba y a veces tengo todos los rasgos “naturales” de un hombre; pero yo me siento mujer, no porque me vista con vestidos o me maquille la cara, sino porque pienso como mujer, tengo sentimientos de mujer y me presento ante los otros como una mujer hecha y derecha”.

En los tiempos del boom academicista, tal parece que el feminismo se volvió más un asunto de encuentros de académicos que en un asunto que busque establecer sus diálogos y aportaciones en la vida cotidiana de las mujeres. Tal parece que se perdió en discusiones demasiado refinadas por especialistas que buscar construir otros derroteros en donde quepan muchos mundos posibles.

No es mi propósito atacar a mis amigas feministas, ni a la filosofía y al movimiento como tal, ni mucho menos establecer una crítica mal intencionada a  sus ideales. Sino más bien creo que quizá llegó el tiempo  de repensar seriamente al feminismo y a la noción de género. Siendo un tema  que no sea exclusivamente de las mujeres, sino también, de los propios hombres interesados en el tema.

Hoy más que nunca necesitamos de las mujeres que piensan, que argumentan, que sueñan con establecer y alcanzar un ideario de sociedad, con mujeres que denuncien las injusticias, que vivan libres sin estigmas y sin  ataduras, que decidan sobre su propio cuerpo, su vida privada y pública. Que luchen por alcanzar el ideal democrático de sus derechos elementales y se expresen en la cama, en la casa y nuestro país por el bien de ellas y de todos nosotros, los diferentes.  Y estoy seguro que para comenzar alcanzar dicho tipo ideal y hacerlo realidad, se consigue con autocrítica, pensamiento y acción.

El mujerismo como el machismo también mata.

 

Los partidos políticos y el trampolín “exitoso” de la vida académica

Tal parece que aquella vieja idea de que las instituciones que devienen y hacen política en relación con el Estado, en específico,  los partidos políticos se encontraban en crisis, es una vieja anulación que ha quedado en el pasado.

En México los partidos políticos están más vivos que nunca, así como su para ingenuidad y sus propósitos para sus afiliados e ideólogos; no sólo para conseguir bienes comunes, si no, según proclaman sus panegíricos, consolidar la tan ansiada democracia mexicana.

Basta con tan sólo adentrarse en las redes sociales para darse cuenta de la cantidad de personas que de verdad creen y defienden los procesos electorales y la pertinencia de llevar cabo acciones políticas desde la trinchera partidista. Y eso incluye desde jóvenes, adolescentes, adultos y personas mayores.  Y entre ellos, diversas personas que se dedican a cualquier actividad: obreros, estudiantes, amas de casa, académicos, burócratas, comerciantes…Este síntoma demuestra que los partidos políticos en la era del malestar en la democracia no solamente se han convertido en la piedra de toque del quehacer político, sino además, se han  convertido en la vía para alcanzar propósitos que tienen que ver con seguridades y protecciones sociales.

Sin embargo, la realidad, demuestra que los partidos políticos, más allá de representar a sectores de la sociedad, no representan más que a sus propios intereses, sin que ello afecte su reputación y su credibilidad, porque de ser el caso, millones de personas dejarían de creer en una institución, que al menos en nuestro país, son grupos de mafiosos que utilizan los mecanismos de los partidos políticos para mantener sus beneplácitos e intereses privados.

Pertenecer a un partido político en nuestros tiempos asegura bienestar personal y reputación social. Esto lo tienen bien entendido aquellos intelectuales que por lo regular, los define “el progresismo”, el discurso romántico y sobre todo la pose por la defensa de las causas perdidas que se encuentran en temas como: la defensa de los derechos humanos, la justicia social, el desarrollo y la creación de instituciones que posibiliten una mayor calidad de la democracias a partir de la transparencia, la rendición de cuentas o la preservación de la gobernabilidad a través de políticas públicas.

Si bien estos aparatos de la nueva democracia son fundamentales para la preservación de la misma, estos elementos son utilizados por esos intelectuales progres más por la retórica para generar adeptos tanto de sus pares como de sus sequitos de seguidores, que por la consolidación de estos dispositivos de control y vigilancia.

En ese sentido, los intelectuales que su afinidad es la política partidocrática encuentran en los partidos políticos comodidades, así como prebendas altamente rentables. De ahí que en nuestros tiempos haya un sinfín de académicos e intelectuales proto-críticos   que defiendan a capa y espada la labor de los partidos políticos sin importar que tan cínicos y corruptos sean.

Sin caer en la generalidad, para muchos que dicen trabajar con las ideas, es decir, quienes escriben libros, imparten conferencias, son profesores universitarios, publican artículos o ensayos en revistas indexadas, lo más fácil, para muchos de ellos es ofertar sus servicios al mejor postor. Y en este caso, el partido político es el trampolín del éxito y del reconocimiento académico.

En nuestros tiempos, tal parece que nadie se cuestiona  si con ello se pierde credibilidad como intelectual y como académico pues todo el mundo lo hace. En ese sentido, en un medio profesional tan acostumbrado a la mediocridad, a la vanagloria y a la confesión políticamente correcta, emplearse con los poderosos- ya sea a través de consultores, asesores, promotores, ideólogos, mercadólogos-, reivindicar la crítica y la independencia intelectual, en la actualidad resulta una tarea ilusa, pobre y hasta frívola.

En consecuencia, sigo pensando que el único compromiso plausible de los intelectuales y de los académicos, que al menos se interesan por la política, es el quehacer con la difusión y la divulgación de las ideas, sin quedarse, como es oportuno,  en el soliloquio que produce el escritorio o la soberbia que generan los olimpos que resguardan las universidades.

Por lo tanto, el quehacer político a través de la ideas requiere plena independencia del poder, de lo contrario, esos académicos e intelectuales se convierten en personas que se acomodan a lo que sea y a lo que pueden.

De ahí que hoy más que nunca el reconocimiento social de convertirse en asesor o consultor sea lo mejor que a alguien le pueda pasar, sobre todo al gremio de un sinfín de politólogos al que pertenecí por algún tiempo de mi vida.

Quienes consideren inscribirse  en los difíciles y caóticos ambientes que producen las ideas en su relación con la acción política deben mantener la virtud de la congruencia,  la honestidad, del valor de la crítica argumentada y sobre todo la plana libertad de atribuir ideas y respetar los disensos de los otros. La independencia intelectual no supone para los académicos e intelectuales renunciar a hacer política, pero sí a vender la pluma e ideas a los políticos profesionales, y por ende, también a los partidos políticos.

Considero que un intelectual con buenos cimientos de credibilidad puede opinar sobre todo lo que le preocupa sin más límite que su conciencia y sus convicciones; e incluso puede hacer públicas sus afinidades ideológicas o partidistas, pero cuando cobra por asesorar  partidos políticos, políticos profesionales, por apoyar a candidatos a algún cargo de representación popular o busca deliberadamente un beneficio personal con ello, no sólo sus ideas pierden autonomía, sino también, se convierte en un mercenario de las ideas.

En suma más vale navegar a contracorriente que subirse al barco de la conveniencia. Más vale que nuestros lectores o colegas comprometidos nos exhiban con críticas fundamentadas sobre algún ensayo o artículo y eso fomente el debate, la reflexión  y el análisis a que nos llamen vendidos o hipócritas de cubículo. Más vale el ostracismo que la incongruencia. Más vale ser uno mismo en la academia y en cualquier ámbito de nuestra vida que ser un reconocido intelectual exitoso lleno de  podredumbre y ostracismo.