Archivo de la categoría: Individualización

Del pesimismo por construir un mundo habitable. Zygmunt Bauman, el pensador inmortal

«En nuestros días, toda demora, dilación o espera se ha transformado en un estigma de inferioridad. El drama de la jerarquía del poder se representa diariamente (con un cuerpo de secretarias cumpliendo el papel de directores de escena) en innumerables salas de espera en donde se pide a algunas personas (inferiores) que «tomen asiento» y continúen esperando hasta que otras (superiores) estén libres «para recibirlo a usted ahora». El emblema de privilegio (tal vez uno de los más poderosos factores de estratificación) es el acceso a los atajos, a los medios que permiten alcanzar la gratificación instantáneamente. La posición de cada uno en la escala jerárquica se mide por la capacidad (o la ineptitud) para reducir o hacer desaparecer por completo el espacio de tiempo que separa el deseo de su satisfacción. El ascenso en la jerarquía social se mide por la creciente habilidad para obtener lo que uno quiere (sea lo que fuere eso que uno quiere) ahora, sin demora»

Zygmunt Bauman, 2008.

Pesimista, que en el fondo no sería sino un optimista bien informado, considera la felicidad como una meta inalcanzable para el individuo. En esto, la doctrina metafísica de Schopenhauer es clara y precisa. La vida está determinada por una fuerza ciega, irracional e inescrutable: la voluntad. Pero no hay que entender aquí por voluntad la facultad individual para dirigir la propia conducta, sino la energía metafísica primigenia de la que surgen todas las cosas. La vida, por depender de esta, no puede ser sino mera apariencia e ilusión. Toda finalidad, todo orden, toda organización del devenir que fluye incansablemente es sólo el espejismo siempre recurrente de la vida, la ilusión inevitable del ser, la mera manifestación de una voluntad desbocada a la que el hombre se empeña infructuosamente en someter a ciertos parámetros. La vida es privación, carencia, necesidad; de este modo, provoca angustias y preocupaciones, afanes y fracasos, desazón y dolor. A veces parecería que tras la satisfacción de un deseo o la consecución de una meta se instaura la calma. Pero no es así: pronto irrumpe, no menos arrollador, el sentimiento de hastío y aburrimiento. Este constituye, sin embargo, un estado de ánimo iluminador que, cuando menos lo esperamos, hace acto de presencia para revelarnos con claridad dónde estamos situados y recordarnos que la vida carece de significado, es vacía, inane, vana. Somos títeres en el teatro de la voluntad.

Una voluntad que deviene del exterior producto de los vaivenes que se producen a partir de las instituciones que genera la globalización y sus consecuencias. Este mecanismo que deambula y genera fuerzas motoras que rompe el esquema y modifica las estructuras de todo arquetipo social, cultural, ético, económico y político no genera más que focos incandescentes de incertidumbres y miedos latentes.

Un mundo que se ha desocupado de la paz, de la seguridad, de la fraternidad, de la templanza, la bondad y la reciprocidad entre los individuos, resquebraja las vínculos y eleva los desafíos por mantenerse yuxtapuesto a los valores morales, civiles y políticos que en un momento determinado de la historia, daban sentido a los destinos  de los países y posibilitaban la construcción de futuros esperanzadores que podían ser alcanzados a través de  la idea de la armonía, la búsqueda de la justicia, el fervor de la libertad y de la importancia por construir un terreno lleno de conocimiento, arte y medicina.

Este contexto de cambios latentes y crisis presentes, paradójicamente, provoca un otro tipificado de extraño, un ser desconocido, codiciado de sentimientos vulnerables y peligros invariables.

El mundo, que se ha convertido en un escenario oscuro que lo habitan los extraños, y expulsa a todos aquellos quienes viven bajo el desconcierto  de los que irradian protesta y arrebatan con el acto del pensamiento las imposiciones de un telos comercial-capital que intenta por invisibilizar todo acto de cambio.

Estos extraños han sido representados por el estigma de ser un portador de suciedad, y ha sido encasillado y tratado como un actor contaminante que pretende alterar el orden, y por ende, debe ser expulsado definitivamente.

Zygmunt Bauman, fue uno de esos extraños que sufrió la diáspora de un país sumido en la guerra, lo que lo orilló a convertirse en un refugiado lleno de magia y lucidez que, poco después, se convirtiera en uno de los grandes referentes del pensamiento contemporáneo, y que sus aportaciones, sin duda describen y ponen en tela de juicio no sólo una época de terrenos inhóspitos, sino que ponen el dedo en la daga todas aquellos “malestares” que en nuestros tiempos se han convertido en temas de análisis en conferencias, ponencias, debates y reflexiones alrededor de todo el mundo.

Zygmunt Bauman, a pesar de su prolongada edad, supo mejor que nadie describir el mundo de las nuevas generaciones. Millones de jóvenes en cualquier parte del globo, han leído o saben de su obra, sobre todo porque este pensador no sólo se ocupaba de las grandes cátedras y los grandes debates con los magnánimos pensadores de la época. Bauman, entre otras muchas virtudes intelectuales, sabía que para describir y analizar nuestros tiempos, las posibles respuestas a las diversas interrogantes se encontraban en el quehacer cotidiano de la vida de los individuos, y los jóvenes eran una herramienta fundamental para explicar los nuevos derroteros.

La elegancia de su pensamiento se caracterizaba por la fluidez, por el enfoque transdiciplinario, a pesar de pertenecer al universo de la sociología determinada por la lógica deductiva. Sus obras, legado que dejó más de cincuenta títulos traducidos a diversos idiomas, se caracterizan por aproximarse a la filosofía, retomando saberes sociales y políticos que se generaban en la realidad, y de la misma forma, le otorgaba esa mirada versátil que solamente la literatura puede otorgar en el análisis sobre algún fenómeno político, sociocultural y económico.

Zygmunt Bauman a menudo era considerado como el autor del pesimismo. Sin embargo, su voz siempre fue una voz moral para los pobres y los desposeídos en un mundo vencido por la globalización, acechado por la guerra, por la individualización y por la desacreditación de la política institucionalizada. De ahí que no sea raro, que al revisar los títulos de su obra uno se encuentre obras dedicadas al holocausto, a la globalización, a la ética, la migración, al trabajo, a la cultura, a la vida.

Bauman con el respaldo de su obra, utilizaba categorías flexibles que por lo regular lo acercaban más a la gente. Su pluma, su pensamiento y la elegancia para plantear los grandes problemas a menudo eran comunicadas de forma agradable, concisa. Sus lectores, podían leer de forma tranquila y digerible, aunque hay que destacar que no todas sus obras se caracterizaron por ser un texto ligh, basta con leer por ejemplo Las ciencias sociales y la hermenéutica para darse cuenta que también podía escribir de forma compleja y técnica.

No obstante, después de su salto a la fama a partir de su obra intitulada Modernidad líquida. Bauman se caracteriza por escribir no para una comunidad académica, sino para la gente ordinaria con el propósito de que estos, comprendieran mejor el mundo que les tocó habitar. Este motivo, lo orilló a que gran parte de la comunidad científica lo desacreditara en más de una ocasión, considerándolo como un charlatán. Por lo que sus libros, a menudo son tomados sin importancia bajo el argumento de que la ciencia de lo social no se banaliza con metáforas que no demuestran la evidencia teórica y práctica rigurosa.

Sin embargo, estas descalificaciones a Bauman lo tenían sin importancia. Nuestro autor mostraba más interés por comprender todo aquello que estaba más cerca de las personas como la política, el amor, las redes sociales, los vínculos de las relaciones humanas con las pantallas, el consumismo, la comunicación y el internet que pertenecer a un grupo selecto de intelectuales y escribir desde el olimpo y el soliloquio.

Su deseo por comunicar, por pensar y por decir lo llevó a transcender a la vida de las personas del sentido común. De esta forma, Bauman cumplió uno de sus últimos deseos que confesó en sus últimos días de vida, confesando en un entrevista lo siguiente: Soñaba con la inmortalidad, soñaba con dejar un rastro en el mundo, dejar el rastro atrás de mí, vivir la vida de tal manera que no desapareciera junto con el polvo”.

Zygmunt Bauman fue brillante y su legado dejará una huella entrañable por su valentía y su apego fiel a la condición de pensar y dialogar. Sigamos su camino.

Descanse en paz.

 

Anuncios

La transfiguración de la libertad como acción política en los terrenos de la sociedad individualizada

Mi concepto de libertad. Hay veces en que el valor de una cosa no consiste en lo que se obtiene al conseguirla, sino en la que nos cuesta alcanzarla. Voy a poner un ejemplo. Las instituciones liberales dejan de ser tales en cuanto se conquistan: a partir de entonces no hay nada que ocasione daños más nocivos y radicales a la libertad que dichas instituciones. Ya se sabe, en efecto, cuál es su resultado: minan la voluntad de poder, son la nivelación de montes y valles elevada a la categoría de moral, hacen a los hombres cobardes, mezquinos y ávidos de placeres; con ellas triunfa siempre el animal del rebaño. Por hablar claramente, el liberalismo equivale a convertir al hombre en animal gregario.

Friedrich Nietzsche, Cómo se Filosofa a Martillazos.

*El presente texto corresponde a un esbozo de un ensayo que se encuentra en redacción con el título: “El proceso de individualización en la sociedad moderna. Hacia la configuración de un nuevo pensamiento crítico”.

El rechazo de la política con el ámbito de lo público se ha convertido en una de las actitudes que genera gran discrepancia e inconformidad en el individuo en nuestra época actual. De forma casi generalizada, los diversos sujetos políticos han encontrado una forma discreta, escéptica, distante y disconforme sobre los asuntos de la política que proviene, regularmente de  las cuestiones que devienen del Estado y de las instituciones.

En nuestros tiempos líquidos (Bauman, 2008), como denomina Zygmunt Bauman a nuestras presentes realidades, la poca incapacidad por parte del individuo por manifestarse y expresarse en el espacio público es una condición que constantemente se va redefiniendo en el tiempo y en el espacio en el actual proceso de globalización.

Esto origina que la acción política como dominio de la experiencia de la libertad referida a acción política colectiva, tenga repercusiones considerables tanto en la vida del individuo, en los aparatos del poder del Estado y, por ende, en la misma sociedad. Pues la libertad limitada que establece los valores del mercado, atenta contra la libertad colectiva e impide recuperar la experiencia de la libertad política a partir de la esfera pública, instaurada y mantenida por las interacciones humanas a partir de la acción conjunta entre los individuos.

En ese sentido, la dimensión de la libertad asumida como acción política colectiva tiene sus supuestos a partir del pensamiento de Hannah Arendt entendida como “el espacio establecido por muchos y en el que cada cual se mueve entre iguales” (Gaviria, 140: 2013). Para Arendt la libertad; no se refiere a un modo de ser, una virtud o un virtuosismo, sino más bien a un don supremo que recibe y se manifiesta en las diversas actividades que experimenta (Delgado, 2016). Se trata de un concepto que es compuesto a partir de dos categorías fundamentales: la pluralidad de los hombres iguales en el diálogo pero diferentes en cuanto a percepciones que tienen del mundo, y por otro lado, la idea de natalidad como posibilidad de comenzar algo nuevo (Gaviria, 2013). Bajo esta óptica, a diferencia  de la libertad limitada que impulsa  y promueve los valores del mercado que fundamenta a la individualización como arquetipo de socialización y organización social, la libertad política colectiva vendrá a reconfigurar el ideario individual sobre el sentido de la acción política, así como su relación y compromiso con los otros y los diversos. Pues mientras la libertad limitada atenta contra la creación de algo diferente en cuanto a organización política y modos de relacionarse con los diversos; la libertad política colectiva supondrá el comienzo de la realización de algo nuevo, el inicio que anima e inspira todas las actividades humanas” (Delgado, 2015:65). En consecuencia, la acción no es una actitud pasiva contemplativa direccionada hacia los mecanismos mercantiles cosificada a través de la especialización, la división social del trabajo y solidaridad productiva, sino, más bien, es una forma posible de cambiar las realidades de los individuos a través de la acción política.

En la actualidad, la vida política pareciera estar lacerada por las diversas interconexiones que a partir del uso exacerbado de la tecnología, el consumo y el interés privado imposibilitan una sensibilidad por los asuntos públicos y el interés colectivo.

Bajo este panorama, la libertad limitada se desarrolla y se germina constantemente bajo un modelo discursivo arropado a través de imaginarios democráticos en la existencia del individuo. Esta forma de libertad aparece a través de condiciones que posibilitan actuar, pero que paradójicamente, se puede hacerlo bajo estándares establecidos por la élite política y económica.

La libertad limitada aparece en la senda de la política como ejercicios electorales, el cual el individuo es libre si tiene la capacidad de decidir, elegir e involucrarse con los otros si cuenta con la disposición de disipar y votar periódicamente por un personaje público. Esta forma de libertad limitada con tintes políticos es promovida por las élites que se reproducen y se consolidan en las democracias liberales en el mundo.

En el modelo actual del proceso de globalización, las estructuras que confecciona y dan fundamento a la política; aparecen nuevas formas de control que soslaya los comportamientos de los individuos. En ese sentido, las diversificaciones de los modos de vida, las creencias, los roles y la existencia privada del individuo ingresa en una fase donde la libertad limitada que promueve los valores del mercado tendrá su mayor adepto y atentará considerablemente contra la libertad como acción política colectiva. Esto se debe, fundamentalmente a la base psicologista con el cual ha sido creado el individuo modero.

El sujeto individualizado cree en la necesidad de estimulación y de autonomía para exaltar sus bienes y su sensibilidad humana, para ello, el individuo a través de la habida información con la que se encuentra, genera nuevos valores morales que se materializan a través del culto por lo natural, por la cordialidad no comprometida, a la indiferencia con apariencia de tolerancia y el derecho al libre acceso al entretenimiento y recreación. A partir de estos rasgos, la libertad limitada tendrá su mayor éxito.

En consecuencia, la individualización implica una forma de organizarse, de comportarse y de pensar. En el cual la libertad limitada se caracterizará por estar vaciado de acción política, de compromiso y responsabilidad con los otros y se convertirá en un principio de legitimización y de nuevos valores de relación que confeccionará una forma de sensibilidad y expresión individual expresados a través del hedonismo, el respeto por la indiferencia, la liberación sexual, el relajamiento, la libre expresión, el entretenimiento, la cultura emprendedora, el sentimiento ecologista, el sentimentalismo por los animales no humanos, el egoísmo, entre otros. Estas actitudes vendrán a asumir en un individuo capaz de vivir sin cadenas, percibiéndose como un ser aparentemente autónomo e independiente.

El derecho a tener libertad limitada se encuentra en las costumbres y en la vida ordinaria. Lo que produce que las formas de existencia no tengan tabúes rígidos de comportamientos, se aniquilan los ídolos, se exacerba el consumismo y se actúa bajo un espacio que se percibe vacío de toda consideración y compromiso (Lipovetsky, 2003).

Esta forma de vida es el resultado de una serie de mutaciones sociológicas que se desprendieron de los valores del mercado y que mantuvieron su base a partir de la solidaridad productiva, la creciente especialización del individuo y la división del trabajo.

Estas categorías permitieron la mutación de diversos valores morales, que, como la libertad, sirvieron para fundamentar su método en la vida social, política y cultural del individuo. Pues ambos elementos permitieron involucrar a los sujetos a parámetros de conducta y discursos psicologistas que dieron como resultado un individuo acechado a comportarse como el mercado lo demande,  y así mismo,  mantener aspiraciones con sed de éxito a través de estándares mercantilizados. De ahí que no sea raro, que diversas personas en nuestros días asemejen el éxito con la abundancia material, el tiempo para relajare o para emprender algún tipo de negocio que genere seguridad familiar.

Justo como Gilles Lipovetsky menciona:

Estos elementos ampliaron la necesidad de multiplicar las posibilidades de existencia a través de la diversificación de elecciones establecidas por las élites económicas y políticas, anularon los puntos de convergencia que daban lugar a una identidad colectiva y dieron paso a una cultura despersonalizada o hecha a la medida de las necesidades, con el fin último de autorealizarse individual, pero no colectivamente (Lipovetsky, 2003: 25).

Esto tipo de conductas ha dado brecha a un tipo de relaciones selectas. El individuo se reúne con el otro porque se parece a él, manteniendo sus mismos intereses y propósitos. En ese sentido, la solidaridad no solamente tiene que ver con la capacidad de producción, sino también con los objetivos existenciales: crear nuestra propia empresa, desarrollar lugares de trabajo o generar grupos que satisfagan intereses personales, constituyen una forma de relacionarnos con los otros.

En la sociedad de individuos se vive con el permanente deseo de información y de expresión. El individuo se convierte en interlocutor de lo que le mortifica, y al mismo tiempo, desea ser escuchado y asimilado. Por lo que se ve en la necesidad de especializarse para diferenciarse por el otro. La espacialidad, en el mundo de la individualización toma sentido cuando cada individuo debe sentirse único para actuar, para opinar, para relacionarse, y a su vez, posicionando su autonomía e independencia sin algún lazo de compromiso o afectación por el otro.

En otras palabras, el individuo es libre de decir, pero no de criticar, es libre de relacionarse pero sin afectar la dignidad del otro, es libre para pensar, pero sin poner en jaque el estatus quo. Al final, el individuo se percibe como un ser realmente autónomo pero con marcos de comportamientos establecidos. En consecuencia, este panorama no es más que otra expresión de la  libertad limitada que promueven los valores del mercado.

Lo que respecta a la división del trabajo, produce una sociedad con valores mercantiles tutelados por la producción y el consumo de mercancías. La oferta y la demanda, en ese sentido, se expresan a partir de la cultura de la innovación.

Lo nuevo constituye la nueva piedra de toque de la sociedad de individuos, por lo que las personas deben adaptarse a los cambios veloces que se establecen en el mundo. Este ambiente crea individuos inmersos en seducciones continuas, viéndose en la necesidad de especializarse con mayor frecuencia para adaptarse a las transformaciones que se imponen en el nuevo orden social. En consecuencia, la solidaridad productiva, la especialización y la división del trabajo generan que las estructuras de todo el sistema organizacional se conviertan en una especie de arenas movedizas, cuya libertad limitada de actuar detona inestabilidad, incertidumbre y miedos psicosociales.

Es así como la libertad limitada, se convierte en un marco de referencia donde se deposita un discurso de felicidad paradojal orientada hacia las referencias culturales de los individuos. En este terreno sus consecuencias y efectos se invisibiliza y se construyen otros imaginarios colectivos cuyas sensaciones aparentan tener mayor posibilidad de bienestar individual. Estos discursos que predominan en las sociedades democráticas liberales modernas actuales posibilitan que el proceso de individualización se desarrolle de forma continua y ordinaria. Por lo que hay una afectación considerable en las sendas de la acción política.

Este contexto permite cuestionarse sobre una vieja pero pertinente  interrogante que ocupó el tiempo de una parte del pensamiento de Hannah Arendt, ¿tiene la política todavía algún sentido? (Arendt, 1997:61).

Para explicar la respuesta a esta interrogante, antes es necesario desarrollar la idea de libertad política [colectiva] que para estos términos, servirá para contraponer a la libertad limitada que impulsa los valores del mercado.

El concepto de libertad política en Arendt, se presenta como un “concepto polisémico que permite a sus lectores penetrar diferentes contextos históricos, con el objetivo de hacer frente a la dominación total para conservar, lo que ella ha llamado en la promesa de La política el milagro de libertad” (Ribeiro, 2013:141).

En el artículo que publicó Hannah Arendt intitulado ¿Qué es la libertad? publicado en la obra Entre el pasado y futuro. Ocho ejercicios sobre la reflexión política (1961), nuestra autora advertía que preguntarse por la idea de libertad pareciera ser un telos sin esperanza, pues “es tratar de entender algo así como la cuadratura del círculo o superar la eterna tensión entre la conciencia que se dice que es libre y el consciente que muestra una orientación de las acciones desde el principio de causalidad” (Ribeiro, 2013:143).

La libertad, según Arendt,

Resulta ser un espejismo cuando la psicología observa lo que, supuestamente, es su campo más recóndito, lo que pone en juego es una enorme cantidad de causas, factores y motivaciones que en muchos casos, aún se encuentran ocultas en la naturaleza de cada individuo y que la mente tendrá que hacer un enorme cantidad de causas, factores y motivaciones que en muchos casos, aún se encuentran ocultas en la naturaleza de cada individuo y que la mente tendrá que hacer un enorme esfuerzo para poner en orden todos los elementos que saldrán a la luz según las exigencias de las propias experiencias (Arendt, 1996:155).

Para Arendt, la libertad interna y moral (filosófica) del individuo, no tendrá mayor relevancia como la libertad que se desarrolla y se práctica en el espacio público, ya que la libertad no es quedarse encasillado por la voluntad de ser libres, sino más bien, la libertad consiste en salir a un campo que se construye entre los hombres y se renueva desde ahí (Arendt, 1996). Por lo tanto, existen dos conceptos de libertad que Arendt concibe, por una parte la libertad moral que corresponde al campo interno de la mente humana gobernada por la razón y la voluntad “ubicada en el terreno pre-político” (Arendt, 2002), y la libertad política que se comparte en el espacio construido por hombres, acción y conductas políticas.

En ese sentido, a diferencia de la libertad limitada que genera los valores del mercado, la libertad política “irrumpe en la conciencia de los hombres para evitar que estos si aíslen del mundo y se conviertan en seres irrelevantes para la sociedad” (Arendt, 1996: 158). Para nuestra autora la libertad política no depende de voluntad o de merecimiento, sino más bien depende de acción y palabra, pues ambas, al ser puestas en escena otorga existencia a algo que no existía, y por lo tanto, la fuerza de la libertad dependerá de circunstancias cambiantes en el mundo y del valor de los hombres por construir nuevos arquetipos según sus propios principios. “La libertad está libre de la razón y de la voluntad y ahora está lista para actuar, ni antes ni después, porque ser libres y actuar es la misma cosa” (Arendt, 1996:160). En otras palabras, “la libertad supone el comienzo de la realización de algo, el inicio que anima e inspira todas las actividades humanas, la acción como principio de la vida política” (Delgado, El concepto de libertad en Arendt para el ejercicio de los derechos humanos).

La libertad política en contraparte a la libertad limitada, demanda acción, mientras que en la segunda establece comportamientos establecidos en un marco de referencia. Por lo tanto, es en la libertad política como el individuo encontrará los parámetros para insertarse en la acción en un mundo donde ya se encuentran presentes otros. Sin embargo, la acción, sólo es política, sino se encuentra acompañada de palabra [lexis] (Arendt, 1997). “Sólo hablando es posible comprender, desde todas las posiciones cómo es realmente el mundo. El mundo es pues lo que está entre nosotros, lo que nos separa y nos une” (Arendt, 1997:19).

Toda acción cuando se hace política, se convierte en una red de relaciones y referencias ya existentes. Por lo tanto, nos menciona Arendt, que toda acción se caracterizará por ser imprescindible en sus consecuencias, ilimitada en resultados y también a diferencia de los productos del trabajo, irreversible (Arendt, 1997:17-19). La acción permite que los hombres entren en el juego de generar nuevos discursos y derroteros de aparición en donde el individuo pueda realizarse con los otros. En contraparte, a lo que postula la libertad limitada que promueve los valores del mercado, el individuo con el afán de buscar su libertad política se ve en la necesidad de autorealizarse con los otros, “pues la acción posee una cualidad  propia como es crear su propia memoria” (Ribeiro, 2013:154).

Al respecto Arendt argumenta:

La convicción de que lo más grande que puede lograr el hombre en su propia aparición y su realización no es cosa natural. Contra esta convicción se levanta la del homo faber al considerar que los productos del hombre pueden ser más duraderos  que el propio hombre, y también la firme creencia del animal laborans de que la vida es el más elevado de todos los bienes. Por lo tanto ambos son apolíticos, estrictamente hablando, y se inclinan a denunciar la acción y el discurso como ociedad…y por lo general juzgan las actividades públicas por su utilidad con respecto a fines supuestamente más elevados. Hacer el mundo más útil y hermoso es el caso del homo faber, hacer la vida más fácil y larga en el caso del animal laborans (Arendt, 2005: 233).

En ese sentido, la libertad limitada que engendra el mercado produce que las personas no sean pensadas como tales, sino son concebidas como productores y su relación queda medida por lo producido. Por lo tanto, el esquema de relaciones está cautivada por la apetencia de lo producido y no por la fuerza del discurso y la acción de las personas, pues cada acción tiende a generar una reacción distinta, creadora, innovadora, plural y diversa. De ahí que no sea raro que en el pasado, los individuos históricamente hayan construido ágoras y lugares para sus reuniones e intercambio de palabras, ideas y acciones.

Los griegos, al interior de la Polis, como espacio que se comparte, los hombres libres participaban, debatían, actuaban y tomaban decisiones; eran la palabra –lexis- y la acción -praxis- las que se fundían para dar sentido a la organización del pueblo en torno al ágora, un espacio que garantiza la memoria de los actores y que garantiza a cada uno de los ciudadanos y políticos que sus acciones y palabras serán perdurables; pero para que esto suceda, los hombres tendrán que vivir junto a otros hombres y dejar espacios de “Solitud” para vivir a sí mismo, como el dos en un socrático, que le permite a los individuos a pensar y reflexionar, como una acción que prepara también para el espacio público. (Ribeiro, 2013:155).

La libertad política emerge como una reflexión y como una posibilidad que le devuelve el sentido a la política, de la forma que también genera nuevas rutas de acceso para la comprensión del mundo de la modernidad y del mundo individualizado. Por lo tanto, la libertad política depende, en el individuo, de experiencias y de luchas por ser él mismo y vayan más allá de los embates que generan la individualización, los procesos de globalización y la libertad limitada.

Por lo tanto experimentarse a sí mismo a través de la libertad política conduce necesariamente a una relación con los otros y los diversos. En ese sentido,  la pluralidad vendrá a convertirse en un elemento que según Arendt, forme parte de la condición humana. Sin embargo, esta pluralidad no debe confundirse con la simple alteridad, sino debe entenderse como la distinción que se produce a través de la acción y del discurso que los individuos emplean al momento de relacionarse políticamente con los otros.

En otras palabras, la pluralidad no significa pluralismo político o alteridad como comúnmente se concibe; pluralidad desde la lógica arendtiana es un espacio de visibilidad, en que los hombres y mujeres pueden ser vistos y oídos y revelar mediante la palabra y acción quienes son (Arendt, 1997). Esto viabiliza que los individuos no sólo persigan sus existencias privadas e individuales, sino que al mantenerse en la búsqueda constante por su la libertad política salvaguarden la vida del mundo.

De esta manera, la política más que ser una condición no natural de los individuos, es una forma de estar juntos con los otros y los diversos. Es por ello que la acción política  se funda sobre el caos de las diferencias. Por lo tanto, el individuo no es un “zoon politikon” pues el hombre no es político por naturaleza. El individuo nace siendo apolítico. La política es algo que se crea y nace a través de la relación entre los individuos. En otras palabras, la política surge entre y se establece como relación. Y en esa asociación se gesta la libertad política.

En contraparte, la libertad limitada que gran parte impulsa el liberalismo democrático fundamenta una forma de hacer y concebir la actividad política. Para estos discursos se es más libre mientras el individuo menos se involucre en los ámbitos de la política.

Está clásica posición liberal se vincula a la libertad [limitada] con garantía de seguridad a los individuos, atribuyendo a la actividad política como esa labor de liberar a los individuos de todas aquellas actividades que se encuentre dentro de los terrenos públicos y políticos. “Para el liberalismo, la esfera política debe garantizarnos una posible libertad en relación a la política” (Ribeiro, 2000).

La noción de libertad [limitada) que emerge de las prácticas liberales y que se radicalizan en los tiempos de gran movilidad e inestabilidad constante, equivale al libre albedrío. De esta manera, la representación política de una cierta sociedad delibera a sus ciudadanos para que cumplan un papel en específico, pero sobre todo ejerzan diversas actividades con el propósito de que no impliquen necesariamente acciones políticas.

Las democracias liberales representativas restringen la libertad política al mínimo instante del voto. La actividad política, para el liberalismo, debe respetar las actividades privadas de los individuos o la libertad económica de los propietarios privados, dejando que hagan las reglas y las normas de sus prácticas. En esa distinción liberal, la libertad es pensada como “libertad en relación a la política”, destinada exclusivamente al crecimiento y desarrollo económico privado, promoviendo una apatía política que se rige del proceso de aislamiento de los ciudadanos y la masificación de los individuos, incrementado por el imperialismo económico, aumentado el empleo de la violencia para la resolución de conflictos, la multiplicación de las minorías… (Ribeiro, 2000).

De esa manera no es raro que Arendt haya sorprendido en su crítica y su reniego de considerar al liberalismo como la única alternativa política que se manifestaba en los lejanos albores de la Guerra fría. Sosteniendo, además, que tanto los defensores de los pueblos libres y de los mercados abiertos también existen elementos característicos de los movimientos totalitarios en todas las sociedades que son consideradas como libres, tales expresiones se manifiestan en la apatía política, el aislamiento de los ciudadanos, el carácter superfluo de los hombres, la irresponsabilidad y la indiferencia con relación al mundo público y el obscurecimiento liberal entre la libertad y la política.

La libertad ilimitada que promueve los valores del mercado y el liberalismo es pensada como libertad en relación al ejercicio político activo, destinado exclusivamente al crecimiento y el desarrollo económico privado. El estado moderno se tornó una asociación de propietarios, cuya función primordial es preservar  la propiedad privada y crear condiciones de acumulación de más riqueza. “Pero su permanencia  es de otra naturaleza: se trata de un proceso continuo de acumulación para satisfacer el consumo y no una estructura estable” (Ribeiro: 2000).

Por tal motivo, Arendt acusa a la democracia liberal de haber transformado el ejercicio plural de la política en una compleja administración burocratizada, y actualmente tecnologizada, de utilidades, expresados en interés que se manifiestan en el nuevo hombre laborans (Arendt, 2003) y que se desarrollaron a partir, de nuestra óptica, de la solidaridad productiva, la especialización y la división social del trabajo.

La actividad política para el liberalismo debe respetar las actividades privadas de los individuos, dejando que formen sus reglas de asociación y conducta. Por lo tanto, la libertad que seduce los valores del mercado, siempre debe estar separada de la acción política, porque ésta tiene la función de garantizar seguridad.

La libertad limitada que proclaman las élites económicas y políticas la justifican en la no política, trasmitida y entendida como la capacidad de liberarse de la política, y por ende, de todo compromiso posible, dado que toda acción política está al servicio de las garantías que confieren al individuo la libertad económica y que se enuncian en el trabajo, la propiedad y la sobrevivencia.

En el ensayo Sobre la Revolución, Arendt considera que esta tradición confundió el sentido de la libertad con el de liberación. Ya que no basta  con que estemos liberados para ser políticamente libres.

La separación entre libertad y política está enraizada en una larga tradición que remonta al desencanto con Platón con la antigua polis. Según Arendt esta tradición que comenzó con el pensamiento platónico; la vida política es una actividad que fue concebida como un elemento elevado en sí mismo. Tanto Platón como Aristóteles pensaban que la política debería ser organizada de tal manera que la filosofía, el cuidado de la verdad y de las cosas eternas, fueran posibles. Sin embargo, fue con los autores modernos de corte contractualista en donde la política es algo fabricado artificialmente, es decir, que no es permanente en la realidad sino que es producido entre las acciones de los diversos sujetos que la conforman con el único  sentido de asegurar una existencia pacífica y prevenir la muerte  violenta.

Siguiendo con el pensamiento de Arendt, el diálogo se convierte en la única actividad que se da entre los hombres y mujeres, sin la mediación de las cosas naturales, por lo que la acción política plural es la substancia intangible de las relaciones humanas. Y por lo tanto, uno de los actos fundamentales para emprender la búsqueda de la salida a esa libertad limitada que impulsa los valores del mercado y que tal parece, reina en nuestro tiempo

Por lo tanto, para comenzar a perseguir la libertad política como acción política colectiva y  plural, un mecanismo viable en el actual proceso de individualización, es través del diálogo y de la acción colectiva. Pues ambas, a ser conjugadas significa la capacidad de asimilación, interpretación y comprensión del mundo a partir de métodos de cambio que se desglosan  de la diversidad y de los interés comunes que cada sujeto político mantiene como  afinidad permanente sobre los asuntos relacionados a sus derechos, inquietudes, afinidades e ideologías.

En consecuencia, la esfera pública es, por definición el espacio de la acción libre que nos interpone “entre los individuos y prescinde la mediación de los objetos o de la materia, dado que se ejerce solo a partir de la convivencia y de la interacción humana en la medida de que los hombres se encuentran envueltos los unos con los otros en la realización de intereses comunes” (Ribeiro, 2000). Dichos intereses “constituyen, en la acepción más literal de la palabra algo que inter-esa, que está entre las personas y que, por lo tanto, las relaciona e entrelaza” (Arendt, 2001: 195).

Es  la acción y en el discurso como  los individuos se manifiestan y definen quiénes son. Más no a través del acceso al consumo y la vida determinada que imposibilita el desarrollo de la existencia plena. El individuo no es plural por sus diferentes gustos, placeres y valores; es plural por su condición de argumentar, de pensar y de actuar. En ese sentido, la pluralidad deviene del pensamiento, del juicio y de la identidad, mientras que en el proceso de individualización, atenta contra estas formas fenoménicas de racionalidad, sociabilidad y de ser-estar en el mundo. La individualización a través de la libertad limitada niega, borra y seduce. Para transgredirla, hay que interpelar, actuar, pensar y dialogar para aparecer en sociedad, y junto con ello, sensibilizar el sentido de comunidad y bienestar común desde lo diverso y lo plural. “La acción está estrechamente vinculada a la pluralidad en cuanto una de las condiciones fundamentales de la existencia humana” (Ribeiro, 2000).

En la sociedad de individuos, quienes las habitan, están condenados a trabajar para ellos mismos y disfrutar del ambiente artificial de las cosas materiales sin nunca comprometerse a un lazo sólido de interacción, debido a la inexistencia de acción y palabra. Ya que, la individualización atenta contra su existencia humana, pues desde la interpretación  arendtiana, el individuo deja de crear  lazos de supervivencia y de relación al ser sustituida por la lógica de la innovación, de la inter-relación y el consumo exacerbado que establece la propia vida líquida.

Sin libertad la vida política como tal sería destituida  y despojada de significado y pertinencia. (La individualización pretende atentar contra esto). De ahí que se reproduzca la idea de que la política ha dejado de servir y de solucionar los problemas que nos aquejan.

Para ello, para comenzar a salir de las arenas movedizas de la individualización es pertinente volver a crear, y para crear, no basta con la acción política y el dialogo,  sino es necesario volver aprender a pensar.

En esa medida,

La gran tarea de la vida política es evitar la pérdida de la confianza de los hombres en la coincidencia entre libertad y acción. Es necesario tornar estable la esfera de la acción y del habla, teniendo en cuanta que es necesario impedir que esta desaparezca con el aislamiento producido por la tiranía o con la dispersión de los hombres en el regreso a sus vidas privadas (Ribeiro, 2000).

Para entrar a la vida pública no basta con hablar y actuar, sino además se necesita de coraje y valentía, es decir, se necesita de osadía para superar el servilismo de la autopreservación impuesta por las élites que establecen diversos mecanismos de dominación que mantienen a los individuos aislados e indiferentes. El coraje es la virtud política por excelencia.

Es necesario el coraje hasta para dejar la seguridad protectora de nuestras cuatro paredes y adentrarse en el ámbito político, no debido a los peligros específicos que puedan estar al acecho, sino porque hemos llegado a un dominio desde la preocupación con la vida para la libertad en el mundo. El coraje es indispensable porque, en política, lo que no está en juego no es la vida, sino en el mundo (Arendt, 2000: 203).

La libertad política colectiva demanda salir a los individuos al escenario público-político para que ahí se encuentren los unos con los otros en la modalidad de la acción y discurso. Es por ello que las cuestiones privadas y los intereses propios del individuo corresponden a prácticas pre-políticas, que para superar de este estadio, es necesario tener el coraje de superar el aislamiento con el fin de vincularse  los unos con los otros y promover procesos que inspiren y cultiven la confianza en la libertad de la acción política (Arendt, 2000).

El individuo, en su búsqueda por La libertad política colectiva asumirá la capacidad de disolverse en el pensamiento mismo ya que la “mente tendrá que hacer un enorme esfuerzo para poner en orden todos sus elementos que saldrán a la luz según las exigencias de las propias experiencias” (Arendt, 2000:155). Lo que permitirá al individuo desarrollarse en lo que Arendt llama espacio de aparición, donde los individuos se encuentran, aparecen y se hacen visibles; y la pluralidad juega un elemento fundamental, ya que no solo tiene la capacidad de articular el fundamento de lo político y la libertad de los individuos, sino que permite aglutinar la acción de los individuos con su propio pensamiento. “La acción de los hombres se soporta en la libertad política y la convivencia humana, como ser con otros en el mundo” (Franco, 2013: 154).

Así, la acción política “puede estimularse por la presencia de otros cuya compañía deseemos, pero nunca está condicionada por ellos; su impulso surge del comienzo, que se adentró en el mundo cuando nacimos y al que respondemos comenzando algo nuevo por nuestra propia iniciativa” (Arendt, 2005: 206).

En diferencia de lo que establece la individualización, el sujeto que cosifica este proceso niega al individuo como persona sino lo concibe  lo promociona como productor y su relación está supeditada por lo producido; y su ámbito público queda reducido al mero apetito que genera lo fabricado en relación con las mercancías y con sus deseos de consumo

Por lo tanto, el ciudadano no es mayor o menor activo dependiendo el grado de intromisión en las cuestiones políticas, eso es una falsa idea que promueve el liberalismo a partir de cuestiones que impactan en su vida sociopolítica a través de elementos como la cultura política, el voto y otras consideraciones que promueve. Sino el individuo es participativo cuando se ciñe y se relaciona a la esfera compartida de la convivencia con el otro. El buen individuo no es aquél que convertido en ciudadano es militante de algún partido político, ni mucho menos es aquél que lo mueve su espíritu político, sino es aquel que es capaz de crear diversos mecanismos y espacios de convivencia que posibiliten cambios y que impacten en su política, en su sociedad y en sus formas de vida; convencido de sus actitudes, pensamiento y responsabilidades con el propósito de construir un mundo público mejor,  alcanzando su plena libertad a través de su actividad política

En ese sentido la libertad política no busca espacios para el desarrollo de cada individuo, sino que propicia la participación con los demás, es en otras palabras, la fuente de la reconstrucción de la esfera pública.

En consecuencia, el sentido de la política en un mundo individualizado, sigue teniendo un propósito común que Hannah Arendt fue contundente a responder cuando se ocupó de dicho cuestionamiento. La libertad es el sentido de la política. No obstante, esta respuesta deja de ser tan obvia para nuestros tiempos que corren. Ya que la actividad política a traviesa por una severa crisis.

A pesar del tormento en la que se encuentra la política, su oficio sigue siendo una necesidad ineludible en la vida del individuo. En donde la libertad política expresada a través de la acción colectiva es su objetivo inmediato. Consiguientemente, la libertad política, comienza donde el ejercicio de la política termina.

No obstante, en la actualidad la tragedia de la política se arropa a través de experiencias políticas bastante desalentadoras. Ya que su oficio se encuentra diezmada por élites, mecanismos y estructuras que maniatan y atentan con la vida digna del individuo en su intención de seguir desacreditando su valor y su motivo a través de los discursos emprendedores y democráticos. El actuar juntos con los diversos ha dejado de mantener el objetivo común y constante por la búsqueda de alcanzar la plena libertad referenciada a estándares de una vida digna individual y colectivamente, sino más radicalmente, se ha convertido en la búsqueda y el cuidado constante por la preservación de la vida en todas sus dimensiones.

En ese sentido, el individualismo en el ámbito político, está repercutiendo de forma considerable la esperanza de los sujetos y actores políticos por construir un mundo mejor posible a partir de la acción en los terrenos tradicionales de la política, como a través de las instituciones que devienen de las estructuras del Estado. La individualización, produce indiferencia pero que se encuentran en los aparatos habituales del quehacer político.

Por ahora el sueño de la alteridad aterriza en otras formas de participación políticas  vinculadas al ser-estar-juntos con los otros y los diversos, ya que aquello que convoca como: la injusticia, la violación de los derechos humanos, la inseguridad, la falta de empleo, las problemáticas migratorias, entre otros problemas nos conduce necesariamente a interesarnos por los otros, pero desde otras dinámicas que se manifiestan más allá de la individualización de la sociedad y de la política.

En ese sentido, hay una endeble irrupción de la libertad política colectiva en los terrenos de la sociedad individualizada, y que sin duda, están abriendo un espacio de transgresión hacia aquellos esquemas que impone las élites a través de la libertad limitada que promueve el mercado y la lógica capitalista en el actual proceso de globalización.

Bibliografía:

Arendt, Hannah (2005). De la historia a la acción. Buenos Aíres: Paidós.

—————— (2000). Responsabilidad y Juicio. Barcelona: Paidós.

—————— (1997). ¿Qué es la política? Barcelona: Paidós.

—————— (1996). Entre el pasado y el futuro. Ocho ejercicios sobre la reflexión política. Barcelona: Ed. Península.

—————— (1996). La vida del espíritu. Buenos Aires: Paidós.

—————— (2007). La promesa de la política. Barcelona: Paidós.

Delgado, Concepción (2017). El concepto de Libertad en Arendt para el ejercicio de los derechos humanos. En imprenta.

—————— (2015). Los dilemas de la ciudadanía moderna y la dignidad de los derechos humanos. De Arendt a Benhabib. México: UACM-Gedisa.

Lipovetsky, Gilles (2003). La era del vacío. Barcelona: Anagrama

Franco Gavira, Luis, (2013). El concepto de libertad política en Hannah Arendt. Manizales: Universidad Autónoma de Manizales

Electrónicas:

Ribeiro Alves Neto, Rodrigo, (2010). La acción política como base fenoménica de la libertad en Hannah Arendt en http://www.observacionesfilosoficas.net/laaccionpolitica.htm Consultado el: 16 de Mayo del 2016.

Ética de la ligereza: Reflexiones sobre la conducta social en el mundo moderno

En la actualidad, diversos problemáticas que aquejan al mundo han  sido  repensados desde diferentes ópticas del conocimiento. El quehacer político, el calentamiento global, la inestabilidad financiera, el terrorismo, la violencia son algunos de los temas son  reflexionados debatidos en diferentes espacios universitarios, medios de comunicación, entre otros.

Todas estas adversidades que manifiesta el mundo actual, ponen entredicho las viejas aportaciones que contrajo la modernidad desde sus comienzos del siglo XVII hasta nuestra época  actual. La ciencia, la tecnología, las artes y los saberes de lo que hoy se conoce como ciencias sociales, atraviesen por una severa una transformación que medían entre el caos y el déficit de entendimiento y comprensión por lo que acontece al interior de las sociedades.

En lo que respecta a la cuestión social, la sociedad atraviesa por una serie de transformaciones que ameritan adentrarse en el complejo y diverso mundo de posiciones que intentan por explicar los diversos acontecimientos y caracterizaciones que expresan los individuos en relación  con los otros.

En ese sentido, no es peculiar que existan diferentes intelectuales, académicos y pensadores que, en su búsqueda por explicar la nueva realidad, establezcan diversas categorías, apoyadas en la metáfora, para explicar la política, la sociedad, la economía y la cultura.

La ligereza, la liquidez, las esferas es la  nueva terminología con la que se explican las problemáticas que acecha el individuo  en relación con su quehacer político, social y civilizatorio.

La cuestión social, se encuentra en cambio constante. El individuo que la conforma a traviesa por una severa mutación que se expresa en su conducta moral; en su creencia religiosa; en su actitud política; en su ideología; y en la manera de relacionarse con los otros. Zygmunt Bauman y Gilles Lipovetsky argumentan que hoy en día la sociedad moderna se encuentra en una individualización constante. Es decir, existe una mutación sociológica que se materializa en el tejido social y en la relación de los individuos con sus semejantes y su medio.

En ese sentido, habría que preguntarse, ¿qué pasa con la ética del individuo, en la etapa que hoy diversos pensadores,  llaman posmoderna?, ¿Cuáles son los valores morales que caracterizan a este nuevo individuo?, así como, ¿qué repercusiones mantiene este tipo de organización social con la estructura política y sociocultural?

Estas son las interrogantes que abordaremos durante el desarrollo de esta reflexión con el propósito de debatir las diferentes posiciones acerca de esta nueva forma de sociabilidad y cohesión social.

1.1.- Ética de la ligereza y el des-dibujamiento de la responsabilidad social

“Vivimos en la civilización de lo ligero” (Lipovetsky, 2016). Afirma el sociólogo  y filósofo francés Gilles Lipovetsky en su más reciente obra intitulada Sobre la ligereza, según este autor la condición ligera es la tendencia dominante en el espíritu social, político y cultural de nuestra época.

Tiempos caracterizados por la desmaterialización del cuerpo, del culto físico, del compromiso por la relación duradera y responsable, por la búsqueda insaciable de los valores personales, del consumismo exacerbado, la búsqueda constante de diversión, libertad y entretenimiento. Todas estas nuevas formas de ser del individuo juegan un rol importante en la manera de confeccionar los nuevos modelos de sociabilidad de las sociedades de nuestros tiempos.

En la actualidad, son raros y los momentos en que reine la obligación por consagran y fomentar el respeto, el apoyo y el bienestar al prójimo y la vida social colectiva. Actos como hacer el “bien” al otro han sido actos suplantados por las normas y placeres individuales, hedonistas y egoístas; los valores altruistas han dejado de ser evidencias morales a los ojos de los individuos y de las familias que conforman a la sociedad.

En la sociedad actual, el exceso de información, el ocio, los tendientes consejos de bienestar están más presentes en la exigencia de cumplir con nuestras funciones como individuos espectadores de una nueva forma de vida social caracterizada por el aislamiento y el respeto, que por la intransigencia, la convivencia y el bienestar colectivo. Es decir, lo que conocemos como lo moral dejan de estar en el espacio público; “El imperativo maximalista del corazón puro, las llamadas por devoción absoluta, el ideal hiperbólico de vivir para el prójimo, todas esas exhortaciones han dejado de tener resonancia colectiva” (Lipovetsky, 2012: 128). En todas partes reina la desvitalización del “deber” y del compromiso social colectivo.

Estas formas de relación, conlleva a que la vida del individuo se haga un poco más ligera, ya que éste, puede explorar con mayor dominio el espacio en donde lleva a cabo su existencia. Hoy en el día, el individuo ligero puede trabajar en el aislamiento de la comodidad de su hogar y relacionarse con sus compañeros desde una computadora portátil, puede iniciar campañas de  mejoramiento social desde una cuenta de Facebook, sin la necesidad de salir a la calle o puede entablar charlas con sus parias a través de una web-camp.

Esta manera de relacionarnos, hace de la vida social un poco más libertaria, ya que el individuo se hace dueño de sus obligaciones, de sus deberes, de sus inter-compromisos, y a la vez, tienen un mayor tiempo para consumir diversos prototipos de actitudes que se encuentren supeditas bajo los estándares de la libertad.

En ese sentido, la civilización ligera de la sociedad actual ha desembarazado un tipo de individualismo egoísta que flagela y fragmenta las relaciones humanas y que afecta toda aquella actividad que tenga ver con estar juntos y tomar decisiones que afecten o beneficien a ciertos estratos de la sociedad; el desinterés por la actividad política es un claro reflejo de este individualismo. Cada vez la política importa menos y sus promesas cada vez desencantan cada día más, debido, entre otras consideraciones, por no cumplir con los placeres y beneficios de la vida individual y colectiva.

“La gente no tiene confianza, hay cólera entre los ciudadanos, enojo, hay un sentimiento de incompetencia con la corrupción, con la pobreza, con la desigualdad, con la violencia…” (Lipovetsky,  2016).

La esfera política flirtear con la libertad, amabas hacen promesas que jamás serán cumplidas, por lo que, en consecuencia, la acción política se convierte en una acto cínico, falaz, hipócrita y aparente. En ese sentido, la ligereza se muestra en la imagen de los políticos, en el marketing y la publicidad política. A diferencia de lo que se creía en la modernidad, la esfera política ha perdido su “magia”, su “esencia”, pues en el pasado se creía que las soluciones políticas devenían de un Estado omnipotente que podía cambiar el mundo a partir de sus instituciones.

Como resultado, el individuo manifiesta  una ética hedonista, egoísta y aparente, y que poco a poco empieza  a ser fomentada por los grandes consorcios transnacionales. Pues a medida de que el Estado deja de detentar el monopolio del interés general, las empresas comienzan a ser los promotores de una nueva conducta moral con el propósito de buscar nuevas vías de legitimización. En ese sentido, llega la creación de la “empresa comprometida” y ciudadana preocupada por el bienestar público y con las causas que aquejan el interés general.

Las empresas llamadas socialmente comprometidas, más allá de establecer relaciones mercantiles con el exterior, ahora se preocupa por crear lazos de solidaridad que se encuentren encaminadas hacia  el bienestar social, así como también, fomentar diversos mecanismos que permitan la armonía de la productividad con el medio ambiente generando entre los individuos una especie de identidad empresarial y sensible por los embates que manifiestan los países. De ahí que no sea casualidad que a menudo se hagan campañas de reforestación, de caridad humana, del fomento a la salud y el deporte, de valores como la tolerancia, el respeto, la paz, entre otros.

Bajo estos desafíos que manifiestan estas problemáticas, el pensamiento empresarial cambia totalmente sus lógicas de productividad y de relación con el consumidor. Por lo que la ética se convierte en ese parámetro que constituye nuevos métodos de organización del trabajo y de la vida en sociedad.

“La empresa con ultralogos debe considerar a los hombres como su principal baza, experimentar nuevos modos de gestión centrados en el respeto y la valoración del individuo” (Lipovetsky, 2012: 270).

Esta nueva lógica empresarial, en la actualidad son ampliamente conocidos y difundidos, como por ejemplo, existen una sustitución de la autoridad de animación por la autoridad disciplinaria, enriquecimiento de las responsabilidades, delegación de poderes y desburocratización de la empresa, actitud de escucha y de diálogo, medidas de redistribución de los beneficios, política de formación permanente del personal” “Lipovetsky, 2012: 270-271).

Esta nueva forma de pensamiento y lógica empresarial produce una ética social y  humana debilitada, caracterizada por una creciente “ceguera, que impide movernos hacia nuevas rutas de convivencia, esto debido a que las normas del deber y del hace con el otro, le resultan a la individuo actos que atentan contra su libertad, su recreación y su tiempo libre. Hacer con los otros y buscar el bienestar en sociedad resultad un acto rígido, tedioso, pesado, que atenta contra la existencia ligera de los seres humanos.

La virtud es cosa del pasado, lo que importa es el placer personal que se realiza desde el individualismo excluyente, “tan exclusivo que no se interesa ni asume la responsabilidad ni compromiso ni siquiera con la pareja en la experiencia del amor, ni en el conflicto por los otras hacer involucrarse por la senda política”. (Bauman, 2016).

Esto forma de vida social, ha conllevado a que diversos pensadores, intelectuales y científicos sociales lleven sus estudios y reflexiones al campo de la ética, al preguntarse ¿Para qué sirve realmente la ética? Justo como Adela Cortina intitula su más reciente bajo la misma interrogante. Según nuestra autora, hoy más que nunca la ética es rentable. Por lo que las empresas y lógica consumista se apoderan de sus mecanismos y la transforman en una especie de sensibilidad  que son vapuleadas por las sensibilidades y los grandes sufrimientos.

Por lo que cultivar la confianza como uno de los recursos morales más importantes de nuestras sociedades, según la autora, permitirá “que nuestro mundo sea más económico en dolor evitable y también en dinero” (Cortina, 2013: 42).

Produciendo esta nueva ética que deviene de las lógicas productivas impulsadas por el las élites capitalistas e institucionales de un frágil estado en una sociedad cada vez más tendiente al individualismo.

1.2  Conducta, sentimiento moral e individualismo en la sociedad actual

Existen distintas expresiones que constituyen a la sociedad de nuestros tiempos: falta de solidaridad, decadencia de valores morales, cultura del narcisismo, egoísmo, pensamiento reivindicativo de corte radical o conservador y, hedonismo términos que resuenan constantemente en la voz cotidiana de la gente.

Al respecto, el obispo católico de Limburgo Franz Kamphaus, argumenta:

Cada movimiento en el campo infinito de la libertad va acompañado de crisis de relaciones, rupturas de lealtades, desgarramientos en la trama de la tradición. El hombre que quiere gozar por completo de su libertad, ¿goza, finalmente, de su propia vida? ¿Parecen sociedades modernas a causa de su atomización, del agotamiento de solidaridad? (Kamphaus, 1994).

La sociedad del siglo XXI vive de recursos morales que han sido sustituidos por diversos valores que están orientados hacia la productividad y lazos que establece el capitalismo globalizado, y que desde nuestra perspectiva, se desprenden de tres categorías fundamentales que hemos analizado con detenimiento en el capítulo anterior: la solidaridad productiva, la división social y  la especialización de la fuerza de trabajo. Elementos que constituyen los motores de la descomposición de valores tales como sentido de comunidad, solidaridad social y justicia. Y que substancialmente echan raíz a todo el fundamento de la democracia en la actualidad.

Alexis de Tocqueville, escribe: “Luchar contra la libertad significa luchar contra Dios” (Tocqueville, 1957: 6). Ese principio, es desde un comienzo una especie de autorización que el individuo se otorga a sí mismo para que el individuo formule sus propias realidades a partir de su propia fe y convencimiento.

Esto significa que toda la sociedad del yo o del egoísmo no pueden ser combatidos con menor libertad, sino con una mayor libertad política. Ya que ésta funda los vínculos necesarios en el espacio público que promueven una mayor colectividad y una mayor armonía, todo lo contrario a lo que establece el mercado neoliberal. Hoy más que nunca somos “hijos de la libertad” (Beck, 1999: 1). La sociedad de nuestros tiempos no vive bajo una crisis de la cultura, pero vive rodeado de diversos peligros latentes que ponen a prueba su estabilidad.

El sentido de la libertad, que promueven nuestras élites políticas y económicas, es la peor amenaza que hoy enfrenta al individuo: “El elogio verbal de la libertad se convierte en hechos y en vida cotidiana, y con ello ponen en duda los fundamentos de la convivencia existentes hasta ahora” (Beck, 1999: 9). Según Ulrich Beck, la catástrofe consiste, en que tenemos que reconocer, entender y consolidar más y distintos tipos de libertades que los que no habían sido previstos en la famosa y prometida democracia. El miedo a no poder hacer algo que cambie nuestras situaciones sobre seguridad y protección orillan al individuo a arroparse en una caótica libertad que confunde e inhibe la existencia del individuo.

Las demandas de la industria, las empresas y los medios de comunicación saturan de positividad la existencia. Es por ello que en nuestros tiempos líquidos no se dialoga, no se intercambian argumentos, emociones y sentimientos que conlleven a un compromiso a corto, mediano y largo plazo, no se toma el tiempo para pensar en el otro. El individuo vive acechado y bombardeado constantemente de noticias que no dicen nada. Abundan los programas televisivos en el cual el único objetivo es paralizar con muertos vivientes, robots perversos, enfermedades horrendas e historias de personajes engarzados (Beck, 1999). El individuo moderno vive perdido en  la pantalla o en el teléfono inteligente en cuyo extremo se encuentra el otro, todo el tiempo alineado a un texto que envía muchas veces de forma superficial. El individuo de nuestra época ha dejado de tener tiempo, pero paradójicamente, se siente lleno de libertad y posibilidad. 

“La sociedad de yoicos” como bien las denomina Ulrich Beck en la introducción de la obra Hijos de la Libertad, la positividad es un elemento característico de este tipo de sociedad, cuyo principal objetivo es que la persona trabaje, rinda, desquite el tiempo en alguna labor que beneficie su productividad, sus ingresos y que permita de manera eficiente su sociabilidad. Esto permite que el individuo se sienta libre pero que no perciba el sentido de sometimiento y de opresión.

En los trabajos que ofertan las empresas cada vez más hay menos sometimiento del tipo amo-esclavo “en el que la lucha por el reconocimiento implicaba que el esclavo deseaba ser visto por el amo, y por eso se esforzaba buscando en el otro-amo” (Orozco, 2015: 171). Por eso hoy el individuo es amo y esclavo de sí mismo. Uno se impone las tareas, las demandas excesivas, las metas inalcanzables. “La esperanza de ser reconocido se desvanece y en ocasiones ya no importa. Es como si hubiésemos introyectado al amo en cada uno de nosotros” (Orozco, 2015: 171). Por eso el individuo corre para ir al gimnasio, come a la carrera, vuelve a su trabajo y durante años hace el mismo ritual. Mientras que por mucho tiempo no entabla charlas con nadie y su sentimiento y ánimo de soledad aumenta. Emergiendo diversos trastornos depresivos, ansiedad, angustia y desolación, “el sujeto ya no sabe ya qué quiere, para qué quiere algo, tiene problemas de identidad de todo tipo” (Orozco, 2015: 172).

La sociedad de individuos requiere de competencia. En nuestros tiempos líquidos la competitividad mantiene al individuo a flote, es por ello que la colaboración y el trabajo en conjunto para perseguir bienes comunes se esquivan. Prevalece una especie de temor disperso que remite a alguien  que lo sabe todo sobre uno. Cámaras que nos vigilan a todas horas del día, inspección de correos electrónicos, verificación de visitas de páginas web. Hoy nada es secreto, todo lo que rodea al individuo es público, los sentimientos, las relaciones virtuales, las emociones, los juicios, las opiniones, los comentarios sobre algún tipo de interés. El libre  albedrío y la libertad de expresión parecieran que se encuentran en su máximo esplendor, y de hecho se permite siempre y cuando no transgreda o atente contra el estatus quo de la política, de las estructuras sociales o de la misma  economía. La sociedad de individuos tiene como carácter determinante la irrelación.

Esa es la positividad como negación del otro que nos niega. Velocidad, violencia, consumo, competencia, individualismo, hartazgo, silencio, pensamiento escaso, atención, desprecio por los pobres, guerra sin remisión, hambre (…) no importa lo original de cada quien. Importa lo que uno hace en la medida en que eso da puntos para ganar más dinero. Tampoco se estudia por gusto y amor a la vocación. El joven simplemente quiere mantener el promedio para no perder la beca. Nunca va a la oficina el profesor enamorado de una idea, peleando por una ideología. Quiere pasar con diez. Y a las autoridades les importa la excelencia pero mediando horarios infames, exigenciales que enferman a estudiantes y profesores, con controles de todo tipo que apenas se dejan ver. Y eso en todas las escuelas, en todo el sistema. Hoy que todo se controla es cuando menos se educa. Y ahora que en las empresas hay capacitación los empleados viven enajenados y con temor. Esclavizados y ganando poco. Todos hacen lo mismo, todos padecen lo mismo. Todos indiferentes a todos (Orozco, 2015: 172-173).

En la actualidad no hay enemigos comunes, hay desconocidos y extraños. La otredad significa enemistad, de esa forma todo se torna igual. “En el siglo XXI todos superan la idea del otro como agente patógeno”  (Orozco, 2015: 174), pues la globalización, el triunfo liberal y los sistemas de interconexión matan las indiferencias, hoy ya no se tolera, se ignora.

Chul Han argumenta al respecto:

La sociedad  (…) se caracteriza por la desesperación de la otredad y la extrañeza. La otredad es la categoría fundamental de la inmunología. Cada reacción inmunológica es una reacción frente a la otredad. Pero en la actualidad, en lugar de esta, comparece la diferencia, que no produce ninguna reacción inmunitaria (Chul-Han, 2012: 45).

La muerte del otro, por llamarlo de alguna manera se convierte en un ser meramente diferente que no representa ninguna amenaza para las élites y para aquellos que mueven los hilos del mundo. El individuo para que no represente ningún peligro se neutraliza sin necesidad de aniquilarlo. Basta con disciplinarlo y especializarlo de forma radical, ubicarlo en procesos de asimilación e identificación. Así el indiferente querrá su celular, su coche, su pantalla de televisión. Se volverá parte de lo que Chul-Han llama sistema de rendimiento.

En consecuencia, existe un exceso de positividad, el otro ya no me niega. Niego su negación asimilando parte de lo suyo y eliminando el resto. Por lo que el individuo se vuelve egoísta, solitario, mudo, sin nada que decir, pero se convierte en un agente público de sus causas privadas.

Todos repelemos a todos. Y hacemos lo que hacen todos. Por lo que todos vivimos indiferentes. Es el fin de la empresa en la que uno es importante. El fin de la verdadera comunicación. El fin del diálogo largo e interesado. El fin del compromiso erótico. El fin de la amistad. Es el fin de las relaciones estables. Y es el fin de conflictos internacionales que nos quiten el sueño  (Orozco, 2015: 178).

Y así estamos organizados. Dice Chul Han  a través de una cita de Baudrillard:

Según la genealogía baudrillardesca de la enemistad, el enemigo aparece en la primera fase como un lobo. […] En la siguiente fase, el enemigo que opera en la clandestinidad y se combate por medios higiénicos. Después de una fase ulterior, la del escarabajo, el enemigo adopta por último una forma viral. […] La violencia viral parte de aquellas singularidades que se establecen en el sistema a modo de durmientes células terroristas y tratan de destruirlo. El terrorismo como figura principal de la violencia viral consiste, según Baudrillard, en una sublevación de lo singular frente a lo global.

 

La enemistad, incluso de forma viral, sigue el esquema inmunológico. El virus enemigo que penetra en el sistema, que funciona como un sistema inmunitario y repele al intruso viral. La genealogía de la enemistad no coincide, sin embargo, con la genealogía de la violencia. La violencia de la positividad no presupone ninguna enemistad. Se despliega precisamente en una sociedad permisiva y pacífica. Debido a ello, es menos visible que la violencia viral. Habita el espacio libre de negatividad de lo idéntico, ahí no existe ninguna polarización entre amigo enemigo, entre el adentro y el afuera, o entre lo propio y lo extraño. (Chul-Han, 2015: 21-23).  

En este sentido, la violencia de la positividad que manifiesta nuestra sociedad actual, niega  y desaparece cualquier forma de otredad. La vieja dicotomía de Carl Schmitt del amigo-enemigo queda arrebatada. No hay enemigo ni adentro, ni afuera de las fronteras imaginarias. La muerte de la otredad, significa que en la sociedad de lo idéntico el enemigo se invisibiliza y lo hace igual; convierte al extraño y al desconocido en similar; y aquel que queda afuera, que por lo regular son los grupos de inmigrantes, pobres, enfermos o subordinados es ignorado, admitido a medias y aceptado como una especie de carga a la que también se puede neutralizar sin problemas  porque, o  bien se asimila, o en su defecto se excluye.

En consecuencia, los individuos viven al borde del cansancio y todas las expresiones de lucha cansan, estresan o en el peor de los casos, se deja de creer en ella. La lucha por prevalecer culmina con el agotamiento. La gente a menudo dice: “ya se privatizó el petróleo, qué más da. Ya nada se puede hacer”. Y si se intenta algo será inútil. Los muertos y las desapariciones ya no toman importancia, y dejan de tener grandes impresiones e indignaciones  en la sociedad. Las desapariciones y las muertes se concilian como una parte naturalizada de convivencia. Por lo que la maquinaria de la indiferencia, del cansancio y del egoísmo nos empareja a la funcionalidad. En este sentido, como afirma Orozco, Podemos dar muchos ejemplos, como el caso de quien se dice marxista pero trabaja como todos, inmanente al sistema de las ganancias, compra, vive de todo lujo, consume, presume, se queja de todo pero no ve a los otros, y termina siendo un grano más del conjunto, un sistema de trastorno de la personalidad como yo escindido que dice una cosa pero hace otra (y de ese tipo de positividad violenta estamos saturados: demagogos de la democracia que trabajan para minoristas; “comunicadores” que hablan pero no analizan nada o hablan de todo porque “saben todo” y nada dicen); millonarios que dicen ayudar a la sociedad pero pagan salarios de hambre; jefes que hablan de justicia y buen trato pero hacen lo que hacen todos los jefes cuando distribuyen cargas y prefieren a unos sobre otros repartiendo esas cargas de capricho (siendo ellos los jefes mismos- subordinados de ese trato respecto de sus jefes) (Orozco, 2015: 180).

En ese sentido, la sociedad de nuestros tiempos líquidos,  para utilizar la figura de Bauman, predomina una sobreabundancia de lo idéntico. Creándose una especie de espejismo, en donde al final el individuo se mantiene extenuado y trastornado en su personalidad. Teniendo repercusiones importantes a nivel psicológico (Orozco, 2015).

Para curar estos síntomas, los individuos crean rituales de relajamiento corporal, espiritual mental con el propósito de conservar una vida sana y mantener lazos comunes de felicidad. Por eso el individuo va a gimnasio, hace pesas, trota, asiste a clases de yoga, camina, escala, va al sauna a sudar, comen dietas apropiadas, se engalanan y de ahí vuelven al trabajo, a la escuela o a cualquier lugar donde ocupe su tiempo. El individuo moderno se exige a sí mismo para lograr todo lo posible hasta llegar a aquello que le es imposible. Al respecto, Chul Han menciona: “El hombre del rendimiento se encuentra en guerra consigo mismo y en medio de todos los que no logran sus propósitos (…) campea su depresión. Es la enfermedad de una sociedad positiva sumamente productiva” (Chul-Han, 2015: 85). De manera que tenemos a un Sujeto libre que se obliga a sí mismo a rendir, pero que en su trama de libertad lo lleva al extremo cansancio y eso lo conduce al aburrimiento.

Por lo tanto, el proceso de individualización de la sociedad contemporánea exige un exceso, una seducción  y diversos placeres. La cantidad de estímulos que afectan la vida de los individuos es impresionante. Hoy más que nunca se produce una cantidad sorprendente de música que es accesible a todo aquel que tenga las condiciones para acceder a ella a través del internet,  páginas que brindan servicios de series televisión y catálogos de películas a la carta, videojuegos, entretenimiento en tercera dimensión, impresiones de miles de libros en forma de best seller, se ofertan grandes cantidades de viajes guiados por el mundo en meses sin intereses, las empresas de la televisión de paga tienen mayor cobertura a un costo cada vez menor en donde el espectador puede tener a disposición 800 canales donde, por lo regular la programación siempre se repite, planes de celular para mantenerse siempre conectado; existen una gran cantidad de redes sociales en donde se suben fotos, se cuentan historias, se expone el currículo para buscar un empleo, se comentan experiencias, se hacen comentarios sobre algún tema en común, se seduce y pretenden congeniar relaciones de amor o de amistad, se emplean conversaciones para que todo el mundo sepa públicamente todo y todos a la vez nada de nadie.  

A la par, el individuo se convierte en un ser multifacético, hacedor de diversas actividades que lo mantienen en rendimiento y movimiento constante, pues la velocidad con la que se vive su experiencia, exigen, que el individuo de hoy se convierta en un humano versátil. Mientras el individuo escribe a la par puede escuchar su música favorita, está pendiente de los correos electrónicos; piensa millones de cosas  o actividades por hacer en diversas horas del día, puede atender una llamada telefónica y a la vez chatear con un amigo que se encuentra en algún lugar del mundo. Puede estar en una conferencia y enviar mensajes al mismo tiempo, al final del día volver al gimnasio para relajarse y volver a recuperar las energías para comenzar un nuevo mañana.

En nuestros tiempos, la individualización de la sociedad se recrea con el tiempo libre y el entretenimiento, pero que a la par, la velocidad para adaptarse a los tiempos que corren toma mayor relevancia. Es por ello que la especialización se convierte uno de los pilares fundamentales para sobrevivir en este mundo líquido. De ahí que no sea casualidad que hoy más que nunca aparezcan diversas formas de enseñanza e instituciones que educan y preparan al individuo para los retos que establece el nuevo mundo.

Educar hoy en día al individuo, supone desestimular un esfuerzo para aprender a pensar sobre los aconteceres políticos, sociales, culturales, éticos y económicos. Educar en nuestros tiempos significa recibir métodos y herramientas que habiliten al individuo como un empresario de su vida, innovador, calculador de sus bienes y de sus relaciones. Esto hace suponer al individuo en términos de un ser superior, avanzado, civilizado, tecnificado, educado y libre. Aunque paradójicamente, estas peculiaridades hacen del individuo un ser más obsoleto y dependiente. Lo rezaga en lugar de impulsarlo, lo aísla y lo atomiza.

En la actualidad, hemos pasado de la preocupación por la buena vida a la ocupación por la sobrevivencia. Somos apenas sobrevivientes de un mundo hostil y veloz. Cuando nos alcanza el tiempo esquivamos las relaciones. Se diluye la existencia del otro. Los individuos de hoy,

No reflexionan en lo que miran. No dejan que las cosas hablen. Deben llegar a las siete, ir a junta, ir a dar clase, atender a los alumnos, volver a prisa a otra clase, ver otros alumnos, ir a clase una vez más. Luego, a casa. ¿A qué hora se puede contemplar algo? Los hombres tardemodernos han perdido la capacidad de contemplar. Ya no saben aburrirse correctamente. El aburrimiento no es negativo cuando se  liga a la actitud contemplativa (Orozco, 2015: 193).

Esto es lo que caracteriza al individuo de nuestros tiempos. En ese sentido, el individualismo podría definirse como aquella ideología que valora al individuo e ignora y subordina la totalidad social (Dumont, 1987). Contraponiéndose a la sociedad, generando una gran paradoja que caracteriza a la individualización, ya que “socializa a la individuos desocializándolos” (Lipovetsky, 2003). Por lo que los individuos de nuestra época son mucho y a la vez casi nada; son ante todo, el producto (Baudrillard, 2009), sin determinación personal y sin vocación (Mounier, 2002).

Nuestra civilización sería entonces, psicológicamente asocial y, a la vez, estructuralmente hipersocial. ¿Qué le incumbe al individuo en todo ello? ¿Dónde radica hoy su dignidad? ¿Cuál es el lugar que le pertenece? ¿En qué espacio puede desenvolverse? ¿Es ese espacio el que le asignaba la democracia, esto es, el espacio de la civilidad, el de la res publica? O bien, ¿el espacio idóneo para el individuo es solo el de la vida privada? Si es así, ¿no habría abandonado el individuo un espacio esencial de posibilidades y desenvolvimiento? (Moreno, 1991: 45).

En la sociedad de individuos somos socialmente nada, a fin de evitar compromisos sociales fuertes y responsables. Maffesoli menciona al respecto: “Al no ser nada estamos más allá de donde se nos espera, somos algo distinto de lo que se cree que somos” (Maffesoli, 2009: si la cita es literal falta el incorporar el número de página). He aquí la fuerza y la esencia de la individualización. Así pues ser esta o aquella persona, con nombre propio, identificable y por ello responsable ante los otros, el poder o la sociedad, en vez de ser esta o aquella persona, parece preferible a ser la persona (Moreno, 1991: 46). Dice Maffesoli “lo que nos permitirá hacernos partícipes de una energía vital primordial ajena a las determinaciones de la singularidad (…) gracias a un saber incorporado” (Maffesoli, 2009).

“El valor de la indiferencia por el otro es la piedra de toque de la individualización, y por consecuencia, este existir individual repercute fundamentalmente en la civilidad y en la política”. (López, 2016:15) Sin embargo, esta indiferencia se ve empoderada mediante el mecanismo de la subjetividad. Lipovetsky menciona al respecto “Hoy cuanto más solicita la subjetividad, más anónimo y vacío es el efecto” (Lipovetsky, 2003). De manera que algo aconteció con la subjetividad “de tal modo que su poder relacional y de apertura ya no se traduce fácilmente en responsabilidad moral, ni generosidad o espíritu solidario” (Moreno, 1991: 50).

El individualismo en la sociedad de individuos se manifiesta como ideología que tiene su base en la subjetividad y se expresa comúnmente en la intimidad y en el goce que produce los valores mercantiles. En este sentido, lo que define al individualismo es el ansia de lo que ha llamado Philipp Hersch “quest for fulfillment” que puede ser traducido bajo la idea de la búsqueda de placer, goce y bienestar. El individuo se convierte en un buscador de ambientes confortables. “El ideal moderno de subordinación de lo individual a las reglas racionales colectivas ha sido pulverizado, el proceso de personalización ha promovido y encarnado masivamente un valor fundamental, el de la realización personal” (Lipovetsky, 2003: 85).

Esta forma de organización tiene grandes repercusiones en el ámbito de lo política, en particular con la forma de hacer y organizarse. Esta incapacidad para pensar, escuchar, meditar y reflexionar sobre sus aconteceres que se desprenden de la actividad política tienen grandes efectos y que se manifiestan constantemente en un desencanto paulatino  por la  misma, pero que paradójicamente, el individuo a través de una aparente libertad que otorgan sus condiciones económicas a través del acceso al consumo, a la información y las diversas formas de seducción y  entretenimiento, posibilitan otras formas de asociación. Sin embargo, en lo que respecta a la política, hoy más que nunca vive sumergida en un desencanto constante y permanece bajo el yugo de la agonía. La política ha dejado de ser concebida como el espacio de posibilidad para convertirse en el lugar de lo imposible.

Esta situación tiene que ver en parte con el triunfo de las democracias liberales, ya que estas formas de gobiernos crean sistemas sociales complejos que tientan a los individuos como el espacio de posibles promociones de cualquier tipo, y orillan al individuo a huir de los gravosos compromisos.

En el sistema político de carácter democrático,  el individuo es apenas alguien que solo se visualiza en la participación política cuando vota en un lapso de tiempo determinado y después vuelve a su estado  “natural” de rol social. Por lo que el individuo se ve arropado bajo el discurso de mayor libertad y menos política. Pues el individuo al no encontrar otros mecanismos políticos y otras formas de acción política que no devengan de las instituciones del Estado, del sistema electoral, encuentra dificultades para actuar en el ejercicio político., Este síntoma crea un ambiente en el que surge un terrible sentimiento paralizante de impotencia, desgane e indiferencia. Las repercusiones son fuertes, en este proceso es preferible abandonar el sistema social y político antes que transformarlo. Y eso es una cuestión pendiente.

Bibliografía:

Cortina Orts, Adela, (2013), ¿Para qué sirve realmente la ética? Madrid: Paidós.

Baudrillard, Jean, (2009). La sociedad de consumo. México: Siglo XXI.

Beck, Ulrich, (1999). Hijos de la libertad. México: Fondo de Cultura Económica.

Byung-Chul Han, (2012). La sociedad del cansancio. Barcelona: Herder.

—————, (2015). La sociedad de la transparencia. Barcelona: Herder.

—————, (2015). La sociedad del aburrimiento. Barcelona: Herder.

Dumont, Louis, (1987). Ensayos sobre el individualismo. Madrid: Alianza.

Lipovetsky, Gilles, (2003). La era del vacío. Barcelona: Anagrama.

—————, (2012). El crespúsculo del deber. La ética indolora de los nuevos tiempos democráticos. Barcelona: Anagrama.

Franco Gavira, Luis, (2013). El concepto de libertad política en Hannah Arendt. Manizales: Universidad Autónoma de Manizales.

López Llanos, Víctor Hugo, (2016). El proceso de individualización en la sociedad moderna. Hacía la configuración de un pensamiento crítico. Tesis de maestría. México:UACM

Maffesoli, Michel, (2004). El tiempo de las tribus: El declive del individualismo en las sociedades de masa. México: Siglo XXI.

—————, (2009). Iconologías: Nuevas idolatrías postmodernas. Madrid: Península.

Mounier, Emmanuel, (2002). El personalísimo: Antología esencial. Barcelona: Sígueme.

Moreno, César, (1990). El papel del individualismo en la sociedad actual. Sevilla: Universidad de Sevilla.

Tocqueville de Alexis, (1957). La democracia en América. México: Fondo de Cultura Económica.

Electrónicas:

Aguilar Sosa, Yanet (2016), “La ligereza es la tendencia de nuestra época” En http://www.eluniversal.com.mx/articulo/cultura/letras/2016/08/24/la-ligereza-es-la-tendencia-de-nuestra-epoca Consultado el día 11 de noviembre del 2016.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SOCIETY OF INDIVIDUALS TO INDIVIDUALIZATION POLICY: FREEDOM OR ACTION IN THE DARK TIMES

The public realm has lost the power of illumination that was part of their primary nature. In Western countries, where, since the decline of the ancient world, it has been considered to emancipate politics as one of the basic freedoms, an increasing number of people use this freedom and depart from world and its obligations […] but each of these dropouts inflicts the world almost demonstrable loss: what is lost is the specific commitment and usually irreplaceable should have formed between the individual and their neighbors .
Hannah Arendt, Men in the Dark Times

TOWARDS EGO-SOCIETY

There are several reasons why we believe that in our time there are several expressions that fashionable society of our times: lack of solidarity, decay of moral values, culture of narcissism, selfishness, vindictive thought of radical or conservative and hedonism are terms that constantly resonate in the public space.
In this regard, the Catholic bishop of Limburg Franz Kamphaus, argues in this regard:
Each movement in the infinite field of freedom is accompanied by crises of relationships, loyalties breaks, tears in the fabric of tradition. The man who wants to enjoy full of freedom, has finally your own life? It seems modern societies because of their fragmentation, depletion of solidarity? (Kamphaus, 1994).
The XXI century lives of moral resources which have been replaced by different values that are geared towards productivity and ties established by global capitalism, and from our perspective, stem from three main categories that we analyzed in detail in chapter above: the productive solidarity, social division and specialization of the workforce. Elements that in our view are the engines of the breakdown of values such as sense of community, solidarity and social justice. And that takes root substantially the entire foundation of democracy today.
Alexis de Tocqueville wrote: “Fight against freedom means fighting against God” (Tocqueville, 1957: 6). That principle is from the beginning a kind of authorization that the individual is granted himself for the individual to make its own realities from their own faith and conviction.
This means that the whole society ego or selfishness can not be combated with less freedom, but with greater political freedom. Since this case the necessary links in public spaces that promote greater community and greater harmony, the opposite of what sets the neoliberal market.
Today more than we are never “Sons of Liberty” (Beck, 1999: 1). Society of our times does not live under a crisis of culture but lives surrounded by various pitfalls that test its stability.
The sense of freedom, which promote our political and economic elites, is the biggest threat now facing the individual: “Verbal praise of freedom becomes fact and in everyday life, and thus call into question the fundamentals of existing until now “(9 Beck, 199) coexistence. According to Ulrich Beck, the disaster is, we have to recognize, understand and consolidate more and different types of freedoms which had not been foreseen in the famous and promised democracy.
The fear of not being able to do something to change our safety and security situations orillan the individual tucking into a chaotic freedom that confuses and inhibits the individual’s existence.
The demands of the industry, business and the media cluttering positivity existence. That is why in our times is not liquid dialogue, not arguments, emotions and feelings that lead to a compromise in the short, medium and long term are exchanged, do not take the time to think about the other. The individual lives stalked and constantly bombarded with news that say nothing. There are plenty of television programs in which the only goal is to paralyze undead, evil robots, horrible diseases and stories of characters locked.
The modern individual lives lost to the screen or on your smartphone at whose end is the other, all the time-aligned text that sends often superficially. The man of our time has ceased to have time, but paradoxically, feels full of freedom and possibility.
Society ego-as well called Ulrich Beck in the introduction of the play Sons of Liberty, positivity is a characteristic of this type of society element, whose main feature is intended that the person works, render, revenge weather some work that benefits their productivity, income and allow their sociability efficiently. This allows the individual to feel free but not perceive the sense of subjugation and oppression.
In the works that offer companies increasingly fewer submission of master-slave type “in which the struggle for recognition implied that the slave wanted to be seen by the master, and therefore tried looking in the other-love” (Orozco, 2015: 171). So today the individual is master and slave himself. One tasks, excessive demands, imposing unreachable goals. “The hope of being recognized fades and sometimes does not matter. It is as if we had introjected the master in each of us “(Orozco, 2015: 171). So the guy runs to the gym, eat on the run, goes back to work and for years the same ritual. While for a long time does not enter into talks with anyone and feeling and mood of loneliness increases. Emerging various depressive disorders, anxiety, anguish and despair, “the subject no longer knows and what he wants, what he wants something, has identity problems of all kinds” (Orozco, 2015: 172).
The individualized society requires competition. In our liquid times the individual competitiveness keeps afloat, which is why cooperation and work together to pursue common goods shirk. Prevails a kind of fear spread that refers to someone who knows everything about you. Cameras watching us at all hours of the day, emails inspection, verification visits web pages. Today nothing is secret, everything around the individual is public, feelings, relationships, emotions, judgments, opinions, comments on any interest. Free will and freedom of expression seem to be found at its best, and in fact always allowed and when not transgress or violate the status quo of political, social structures or the same economy. The company has as determinative ego-the irrelación.
That is the positive as negation of the other that denies us. Speed, violence, consumption, competition, individualism, ad nauseam, silence, little thought, attention, contempt for the poor, war without remission, hunger (…) no matter what the original of each. Matter what one does to the extent that it gives points to earn more money. Nor it is studied taste and love of vocation. The young man simply wants to keep the average to keep the scholarship. He never goes to the office of teacher enamored of an idea, fighting for an ideology. He wants to spend ten. And the authorities care about excellence but mediating infamous, exigenciales times that sick students and teachers, with all controls barely be seen. And that in all schools throughout the system. Today everything is controlled is at least educate. And now that companies no training employees live alienated and frightened. Enslaved and gaining little. All do the same, they all suffer the same. All indifferent to all. (Orozco, 2015: 172-173).
Currently there are no common enemies, there are unknown and strange. Otherness means enmity, that way everything becomes equal. “In the XXI century the idea surpass all other pathogen as” (Orozco, 2015: 174), since globalization, the liberal triumph and interconnection systems kill indifference, today no longer tolerated, ignored.
Han Chul argues about it:
Society (…) is characterized by the desperation of otherness and strangeness. Otherness is a fundamental category of immunology. Each immunological reaction is a reaction to otherness. But now, instead of this, the difference appears, which produces no immune reaction (Chul-Han, 2012: 45).
The death of the other, to call it somehow becomes a merely different being that does not represent a threat to the elites and those who pull the strings of the world. The individual so that any danger is neutralized without annihilating. Simply discipline and radically them specialized training, placement in processes of assimilation and identification. So indifferent want your cell phone, your car, your television screen. part of what Han Chul-called system performance will be restored.
Consequently, there is an excess of positivity, the other no longer denies me. He is assimilating deny his denial of his and eliminating the rest. So the individual becomes selfish, lonely, silent, with nothing to say, but it becomes a public agent of its private causes.
All repel all. And we do what all. So all live indifferent. It’s the end of the company in which one is important. The end of true communication. The end of the long and interested dialogue. The end of the erotic commitment. The end of friendship. It is the end of stable relationships. And it is the end of international conflicts that take away our dream (Orozco, 2015: 178).
And so we are organized. Han Chul says through a quotation from Baudrillard:
According to baudrillardesca genealogy of enmity, the enemy appears in the first phase as a wolf. […] In the next phase, the enemy that operates clandestinely and hygienic means of combat. After a later stage, the beetle, the enemy adopts finally a virally. […] Viral violence of those oddities that are set in the system as a sleeper terrorist cells and try to destroy it. Terrorism as the main figure of the viral violence is, according to Baudrillard, in a singular uprising against the global.
Enmity, even virally, follows the immune scheme. The enemy virus enters the system, which functions as an immune system and repels the viral intruder. The genealogy of enmity does not match, however, with the genealogy of violence. The violence of positivity does not presuppose any enmity. It unfolds in a permissive just and peaceful society. Because it is less visible than viral violence. Inhabits the space of negativity of the identical, there exists no enemy friend polarization between the inside and the outside, or between self and strange. (Chul-Han, 2015: 21-23).
In this sense, violence positivity manifesting our society, and disappears denies any form of otherness. The old dichotomy of Carl Schmitt’s friend-enemy is raptured. No enemy or inside, or outside the imaginary boundaries. The death of otherness, means that in the society of the identical the enemy invisible and does the same; makes the strange and the stranger similar; and that remaining outside, which usually are the groups of immigrants, poor, sick or subordinates is ignored, admitted half and accepted as a kind of load that can also neutralize smoothly because either it is assimilated, or failing is excluded.
Consequently, individuals living on the edge of fatigue and fight all expressions of tired, stressed out or in the worst case, stop believing in it. The struggle to prevail ends with exhaustion. People often say, “and was privatized oil, whatever. Nothing you can do. ” And if you try something it will be useless. The deaths and disappearances no longer take importance, and stop having great impressions and indignation in society. Disappearances and deaths are reconciled and naturalize as a naturalized part of coexistence. So the machinery of indifference, fatigue and selfishness we break functionality.
About:
We can give many examples, as the case who is said Marxist but works as all immanent to the system of profits, buy, live in luxury, consume, boasts, complains about everything but does not see the others, and ends up being one more grain of the whole, a system of personality disorder as split that says one thing but does another (and that kind of violent positivity are saturated: demagogues of democracy working for retailers, “communicators” who speak but not They analyze anything or talk about everything because “know everything” and nothing they say); millionaires who say help society but pay starvation wages; leaders who speak of justice and good treatment but do what they do every boss when distributed loads and prefer some over others distributing these charges whim (being subordinate chiefs they the same ones that treatment with their heads). (Orozco, 2015: 180).
In that sense, the society of our liquid times, dominates an overabundance of sameness. Creating a kind of mirage, where at the end the individual remains exhausted and upset at his personality. Having a significant impact on the psychological level.
To cure these symptoms, individuals create rituals of body relaxation, mental spiritual order to maintain a healthy lifestyle and maintain common bonds of happiness. So the individual goes to the gym, doing weights, jog, she attends yoga classes, walk, climb, go to the sauna to sweat, eat appropriate diets, adorn themselves and then return to work, school or anywhere occupy your time. The modern individual is required itself to achieve everything possible to get that which is impossible. Han Chul mentioned in this regard: “Man performance is at war with himself and among those who do not achieve their purposes (…) campea depression. It is the disease of a highly productive positive partnership “(Chul-Han, 2015: 85). Of handle we have a free subject who forces himself to pay, but in its plot freedom takes it to extreme fatigue and boredom that leads him.
Therefore, the process of individualization of society requires an excess, seduction and various pleasures. The amount of stimuli that affect the lives of individuals is impressive. Today more than ever a surprising amount of music that is accessible to anyone who has the conditions to access it through the internet, pages that provide services of series television and catalogs on-demand movies, video games, entertainment third occurs dimension impressions of thousands of books in the form of best-selling large amounts of guided tours around the world in months interest are offered, companies pay television have greater coverage at a cost diminishing where the viewer may have 800 available channels, which usually always programming is repeated, cell plans to remain always connected; there are a lot of social networks where photos are uploaded, stories are told, the curriculum is set out to look for a job, experiences are discussed, comments on a topic are made in common, it seduces and seek congenial relationships of love or friendship, conversations are used to publicly that everyone knows everything and all at once anything from anyone.
At the same time, the individual becomes a multifaceted being, doing various activities that keep performance and constant movement, because the speed with which their experience is experienced, require that the individual today becomes a versatile human . While the individual writes to the pair you can listen to your favorite music is pending emails; think millions of things or activities done at different times of day, you can take a phone call and while chatting with a friend who is in somewhere in the world. It may be in a conference and send messages at the same time, at the end of the day back to the gym to relax and regain the energy to start a new tomorrow.
In our time, the individualization of society recreates leisure and entertainment, but at the same torque, speed to suit the times becomes more relevant. That is why specialization becomes one of the main pillars to survive in this liquid world. Hence no accident that today more than ever various forms of education and institutions that educate the individual to appear. Receiving an education that does not necessarily involve an effort in thought, criticism or reflection on the political, social and cultural happenings, but receives methods and tools that enable it as an entrepreneur of his life, maximizing their resources and calculating their property and their relationships. This suggests the individual who is, advanced, civilized, modernized, educated and free higher being. Paradoxically, these peculiarities make the individual a late and clumsy one. What lingers rather than lead, isolates and atomizes. This is the essence of individualization.
Today we have gone from concern for the good life to the occupation for survival. We are barely surviving in a hostile and fast world. When we have time dodged relations. the existence of the other is diluted. And the contemplative life becomes active.
Merleau-Ponty mentions about it, “during the contemplative state, [the individual] is somewhat out of himself and immersed in things” (Ponty, 2013: 56). That determines the individual to undergo a process of desprendiemiento with their social ties. Since the individual of our time has many things to do, but has stopped watching carefully.
They not reflect on what they see. Do not let things speak. They must arrive at seven, go together, go to class, students attend, hurry back to another class, see other students go to class again. Then home. What time you can see something ?. The tardemodernos men have lost the ability to contemplate. know not bored properly. Boredom is not negative when it binds to the contemplative attitude (Orozco, 2015: 193).
This modern form of society has a major impact on the field of politics, especially with the way we do, think and organize politically. This inability to think, listen, meditate and reflect on their happenings arising from political activity have a major impact and constantly manifested in a gradual disenchantment with it, but paradoxically, the individual through an apparent freedom that grant economic through access to consumption information and various forms of seduction and entertainment conditions. Allow other forms of association. However, with regard to politics, more than ever live immersed in a constant disappointment and living under the yoke of agony. The policy is no longer conceived as a space of possibility, to become the place of the impossible. The individual calls for more freedom and less political. It is why we should ask ourselves today more than ever about the meaning and significance of politics in these times

THE DISCREET DISENCHANTMENT  POLICY

In one of the banners slogan that could be observed during the marches of the movement of the indignant you could read the phrase “Less politics, more freedom”. While the message of the banner was intended to criticize and put a partisan regime lacks legitimacy and credibility into question. Today, in various parts of the world, politics considered that activity and ability to get things going through a severe crisis terminal.
Questioning the meaning of politics from the land arrompan us under the effects of globalization and the increasing individualization of society, it could be a pretty delusional question lacking any significance. Because politics in our age is regarded as a selfish activity, which only exercise those in the upper echelons of the bureaucracy, technocrats, intellectuals belonging to an academic and cultural aristocracy, but above all, it makes a very select elite movers and dominate the threads of the national and global economy.
At present, political activity lives in a transparent reality invisible attitudes and positions on it, generating a constant divorce between those who represent (the ability to decide what political power (the ability to do things), the policy to do) and society in general (as the articulator handler element, mediator, plaintiff and between politics and political power). Few people expect salvation from the highest levels; the promises of ministers and various political figures are received with incredulity peppered with irony, and even worse, lying and romantic rhetoric.
That is why freedom is a condition that seduces us and constantly falls, but paradoxically, it is through the elites who dress up and hobble the discourse of freedom and transform as part of a democratic discourse, but in the practice is expressed as that ability to join a consumerist logic, lives default elections, deposited in the isolation and loneliness of individuality but with social values-oriented productivity and creating better opportunities for employment and professional living.
The policy of national states failed to comply with its duties in security and social protection through their traditional institutions and gradually moved into the private life of the individual, through productive solidarity, specialization and division of labor. In that sense, the individual becomes your only savior, promoter and persecutor of their own welfare. So that political activity becomes a lot of frustrated hopes and wasted time. So the individual prefers to employ and do things to facilitate their individual welfare, to change their reality through collective action.
In any case, we do not feel the need (again, except for some irritations occasions) to take to the streets to demand and demand more freedom or a better freedom that we have. But on the other hand, tend to believe just as firmly that there is little that can change, individually, in groups or all together- the course of world affairs, or the way they are handled; and we also believe that, if we were able to produce a change, it would be futile, and even unreasonable to think together a different world and strive to make it exist if we believe it could be better than the existing one. (Bauman, 1999: 9).
Traveling policy was exercised after the Second World War and that was trivializing over subsequent years was losing substance and stiffness due to loss of power to pressure groups that belong to the economic group. The policy of our era characterized by the loss of substance of the old institutional means of security and social protection; leaving it there, or failing that, are no longer in places that until recently they were intended. Power and local politics walk separately and divorce significantly affects society.
At present, power has moved, now walk freely through the new global, free extensions control, roaming less rambunctious land making it a little trackable element but its effects are felt in each of still considered the national states, so the policy is stripped of almost all its power and leaderless walks without direction and purpose.
So individuals by decree and artisans of their destiny, seem to be abandoned and exposed to insecurity and the little protection. They are doomed to pursue their own resources. And that generates, that the individuals themselves to be driven to subsist have no consideration for the other. In that sense, the individual is the need to compete effectively transformed through an education that not so long demerit or to set the minimum effort of thought and sensitivity. What matters is specialized to adopt new tools to be considered for the job offer, should be supportive but to create new spaces of exceedances expressed in materiality and consumption of products, in addition to having the ability to be self-directed and always keep the expectations of progress and development.

Under this new environment, the individual lives immersed in the bottom of a terrible reality that must face; the tasks entrusted to it are extremely impressive and are rarely solved satisfactorily. So these conditions result in various social pathologies such as frustration, failures expressed in depressions, in confusion, suicide, violence, fatalism and despair.
The policy that proliferates in our times lies of the media crisis and instruments of affective action. “And its derivative: the vexing, exasperating and degrading feeling of having been condemned to solitude against shared perils” (Bauman, 2015: 81).
Hence, now more than ever the living individual immersed in a “risk society” (Beck, 2006). For on the one hand, if we observe the development of multi-religious, multi-cultural, multi-ethnic societies and the multiplication of sovereignties. You can also observe the progressive extension of the informal sector of the economy, the flexibility of labor, legal deregulation of large sectors of the economy, job security groups such as unions and the loss of legitimacy of the state.
These impacts generate the implication that the individual living in a network of institutions deactivated by the nation-state, so the impact on the social sphere take greater complexity, and with it, the problems afflicting society grow exponentially.
In that sense, the risk not only means being exposed to the dangers of modernization transformations that promotes global capitalism, but also means the anticipation and monitoring of future consequences of human action.
So in global risk society, politics becomes extremely important, but contradictorily left in unison and in the corner of oblivion. For the risks that constantly is the individual growing importance taken, and thus, the need to create new living spaces to think and then activate new mechanisms to compensate not only the individual, but to the whole society in general. However, creating these spaces is a highly contentious issue.
Just as Zygmunt Bauman argues in his most recent work in collaboration with the Lithuanian philosopher and playwright Leonidas Donskis, moral blindness. The loss of sensation in the liquid modernity:
There is no shortage of scout outings, or desperate to find new instruments for collective action in an increasingly globalized scenario are more efficient attempts that political tools invented and tune in poswesfaliana era of nation-building, and they will more likely to carry the popular will to fulfillment of which can be dreamed for ostensibly sovereign state bodies, trapped in their double bond (Bauman, 2015: 81).
However, this condition causes various types of belief about what it means action and political freedom, which is consolidated from the springs and abundant speeches about democracy and freedom, and that I think should be some thought.
In this sense, if we start from the idea that the individual for the first time in its history is a truly free individual, that because of their growing independence and autonomy to address, and to make different choices that seem most appropriate to handle and drive his life, and therefore their existence in society. If freedom has been conquered, how is it possible that the human ability to imagine a better world and do something to improve it has not been part of that eloquent victory that boast both ideologues and supporters of liberal democracy ?, what kind freedom individuals have conquered not only serves to discourage imagination and to tolerate the impotence of free people regarding issues that concern them all?
In our chaotic time, individual freedom coincides with the increase of collective impotence is expressed primarily in political activity. For bridges public and private life of the individual were never built in a homogeneous and harmonious, ie, there is no easy or obvious way to translate private concerns into public issues and, conversely to discern in private concerns issues public concern. Since in our modern liquid society bridges are conspicuous by their absence and the art of politics is rarely practiced in public, but which, paradoxically, is always done on a daily basis in the public space, but not leading towards paths that have greater impact and relevance.
In that sense, the bridge of the public and the private is kept in areas that have the ability to explode when are rising and falling. So the absence of strong, transgressive and permanent mechanisms, private grievances and public demands fail to become so strong, because, among other reasons, lack of condensation by the community. Besides the individual is more concerned with issues of interest for private that for reasons of social interest.
Under these circumstances, the sociability of individuals as spheres floating in a liquid ground that keeps him adrift, searching in vain solid ground where anchor a visible and viable objective for all.
Lacking stable way of channeling our desire tends to free association in isolated explosions … and short-lived, as all the explosions. Output usually be offered through carnivals of compassion and charity; sometimes by outbursts of hostility and aggression against any newly discovered public enemy (ie, against someone that most people can recognize as private enemy); on other occasions, through an event that brings in most the same intense feeling that lets you synchronize your joy, as when the national team won the World Cup, or as happened in the case of the tragic death of Princess Diana . The problem is that all these occasions tend to sell: once we return to our everyday occupations, things become unchanged, the same place where they were. And when the dazzling blaze of solidarity is extinguished, the lonely wake either alone or before, while shared world, so brilliantly illuminated by a moment ago, it seems even darker than before. And after the explosive discharge, it has little energy left to rekindle the footlights. (Bauman, 1999: 11).
According to Bauman’s ability to change the state of affairs it lies mainly in the agora, a space that is neither public nor private but rather is public-private. It is the “space where private problems meet significantly, that is, not only to cause narcissistic pleasures […] but to find levers that collectively applied are powerful enough …” (Bauman, 1999: 11). In order to raise individuals from their individual misfortunes through spaces where the idea can be born as the public good, the just society, community values.
However, the problem is that in our time, in modern society gradually I become of the former private-public spaces, and mostly moved to virtual land as the Internet and social networks. In that sense, public space had a sort of modernization and technologization. So the old agora participation and the political subjects have appropriated and have been replaced by new market entrepreneurs and product consumers the letter that promotes advertising, fashion and marketing. So that individuals have been recycled into theme parks, while powerful forces conspire with political apathy to refuse permission to build new ways of doing politics.
Corneluis Castoriadis in advancing insignificance corresponding to the fourth title of the series Les Carrefours du labyrinthe tells Daniel Mermet “Politicians are powerless. […] They do not have a program. His only goal is to stay in power. ” (Castoriadis, 2005: 52). So today, there is a clear expression of a political doctrine and ideology that has as project a sense of social functioning, political, ethical and cultural. But now politics is reduced to an individualized expression of selfishness, narcissism, cynicism and development of goods to compensate the political and economic elites.
In addition, it spreads massively through various messages that can be clearly seen in political speeches, journalistic, commercial notes on television and in other media paraphernalia that there is no way to build another possible world, as we inhabit is the only one there. And so we must be well “prepared” to face the difficult times we clothing.
Consequently, liberalism today is reduced to the simple credo of no alternative. If you want to discover the source of the growing political apathy, you do not need to look further or take a tour into the past. For the current policy it promotes and rewards conformism. And settle our state of affairs and with our prevailing reality in a matter that does not need the other, but rather one can do it alone from the comfort of home, school or work. So why bother if politicians, of any trend, can not promise us anything except more of the same?
The surname democratic political activity deals with dismantling the limits of freedom of citizens but also self-limiting. Well at first it gives citizens as free to enable them establish, individually and collectively, their own limits, both individual and collective. This second part of the proposition is that which has been lost. Now all limits are unlimited. Any attempt to self-limitation is considered the first step on a path that leads directly to the gulag or rather exclusion, as if there was no other option than the dictatorship of the market and the government, as if there was a space for citizens converted in political subjects except for consumers and producers of commercial inputs. “They are just like that supported by the financial and commercial markets” (Bauman, 1999: 12). Thus the government and economic elites promote and cultivate a form of social, cultural and political organization. And through this it enables the individualization process meets its mandate to atomize the individual in society through selfishness, apathy, indifference, insensitivity and uncritical condition of their situations and their environment.
We live in times of “The accumulation of trash and garbage” (Castoriadis, 2005). This accumulation should not be limits, as the limits are considered anathema and none would be tolerated.
Consequently, “the dislike of self-restraint, generalized conformism and the resulting insignificance of politics has a price. A very high price, indeed. The price is paid in the currency usually paid the price of poor policy: human suffering “(Bauman 1999: 11). So these sufferings are perpetuated in different ways and can be traced to the same origin. For just as we try to visualize in our first chapter of this research, it is born from a productive logic that invents industrial capitalism and through specialty division of labor, productive solidarity and monetization of the individual as a form relationship, will result in a set of values such as political apathy, indifference to the social and the pursuit of their private welfare, which subsequently expressed in emphatic fashion in the exercise of a bad political practice. And in our time it is expressed dramatically in an environment of uncertainty, vulnerability and insecurity.
The more sinister and pitiful contemporary problem can be expressed more precisely by the term “Unsicherheit”, the German word that fuses other three Spanish: “uncertainty”, “insecurity” and “vulnerability”. The funny thing is that the nature of this problem is also a powerful deterrent to implement collective remedies: people who feel insecure, people concerned about what the future may hold and fear for their safety, they are not truly free to face the risks requires collective action. They lack the courage to try and time to imagine alternatives of coexistence; and they are too preoccupied with tasks that can not think together, which can not devote their energy and can only be undertaken collectively. (Bauman, 1999: 12).
So that political institutions proliferate and are created today to help people in their fight against insecurity and lack of protection offered them little help. So the individual is forced to create their own security mechanisms and finding them protection precisely in the same market. That is why the individual of our time rather spend their energies and meet a withering day of work, or activities see reflected in the pocket of the people and to allow him to remain stable and with some individual certainty, that dedicate to do social activities and charitable common good for the sake of it without being reflected with some salary or financial aid. Here is the fundamental core of production and reproduction process of individualization of political paths.
According to Ulrich Beck, who has been one of the most hasty thinkers in the analysis of globalization and its impact on public life. It mentions that precisely individualization is a process that transforms institutionally political attitudes of society. Since the institutions responsible for maintaining a certain cohesion and regulation of the social, to be limited and worn by the increasing loss of political power, due to the strong and rapid changes that originate with the process of globalization driven by transnational economic elites these institutions are in the land of the local can not do much to provide certainty and assurance to the individual.
However, when social scenario emerges in some joint organization of actors and political subjects to mitigate those insecurities and start conquering rights that dignify the lives of individuals, most of these actions and measures taken by those involved tend to be divided; sow suspicion and eventually separated, running to become more lonely, frustrated and isolated.
This is one reason for the dearth of demand for private-public spaces, and the fact that the few that exist are empty most of the time determines its reduction and even disappearance. Another reason for public spaces tend to disappear is the blatant lack of importance of everything that happens to them (Bauman, 1999: 13).
However, besides these public-private spaces are gradually disappearing in the physical area of the square or the street, they are causing other mechanisms of expression on political issues from social networks and internet groups.
While these “new” spaces are criticized and sometimes trivialized by the eloquence in their forms of communication and entertainment purposes, many individuals of our times consider it a good tool for organizing mobilization, express criticism and judgments on political activity or to express various dislikes about the party-political figures or political situations.
This has caused classical politics, to call in some way associated with the power to turn private troubles into public issues, as well as the power to transform them internalize public and private affairs issues. Today this political mechanism is outdated and outmoded. For politics that prevails in our modern society, usually, individuals addressing public issues that arise from the private problems of public figures.
Observe the many political clowns today become more popular than any political or expert outdated bureaucratic type. We approached gently to a phase of political life in which the main rival of a consolidated political party will not be another political party or cutting different ideology, but an influential non-governmental organization or social movement. (Bauman; Donskis, 2015: 71)
In that sense we live incurred and thirst for power that manifests itself and is in an economic force, and not in the old military structures or political institutions. The power now shows how much power you possess to access the consumer, pleasure; power is a way to attain a decent material life. Consumption, therefore I am.
We have become accustomed to consider the human being as a mere statistical unit. We are not surprised conceive humans as a labor force. The purchasing power of humans and the ability to consume have become crucial criteria for assessing the degree of suitability of a country when joining the club of power, which we apply several pompous titles of international organizations. The question of democracy is relevant only when you have no power and you have to control it with political and rhetorical sticks. If you are rich in oil or you can consume or invest a lot, that absolves you of not respecting modern political and moral sensitivity or not commit to civil liberties and human rights (Bauman; Donskis, 2015: 72).
The sufferings born individually are very similar with the other, they share the growing debts of taxes and services, live in uncertainty of job insecurity or underpaid wages, share the confusion of vital long-term prospects; this whole atmosphere is reduced to existential uncertainty: that strange mixture of ignorance and powerlessness and an inexhaustible source of humiliation and desosiego.
However, the real power to make decisions and influence the other remains at a safe distance from politics. Where individuals are limited and have to reach back into their hands the addresses of their social life. The buying power is deposited in the minds of individuals and becomes a frothy ideology that makes it impossible for people to think and to project possible scenarios of coexistence. As expressed by Cornelius Castoriadis, “the problem of our civilization is that it stopped questioning” (Castoriadis. 2000) and add, ceased to learn to think, and therefore ceased to create possible scenarios of relationship and change. We change innovation by thinking, technology for political activity, the collective interest by the individual. Paraphrasing Bauman, land solids quicksand.
No society that forgets the art of asking questions or allowing that condition to fall into disuse can find answers to the problems that afflict them. Although it should be noted, that they are in academic cloisters, research groups and stakeholders on the issues that haunt us who are in pursuit and constant reflection to find new paths to give us out of the dark times that we embrace today. As artists, filmmakers, painters, among others.
So the social air around us and we breathe often in our daily lives, it seems that puny freedom we have seemingly conquered and suffocates us when they access the circle of consumption and individual pleasure, is the only thing worth worth living.
But for true freedom as a condition and not as an act of apparent consumption, it is that individual freedom can only be achieved and produced under the collective work. Freedom, dare I say, can only be achieved and guaranteed collectively.
In the XXI century we move towards privatization of the means to ensure and guarantee our individual freedom, so we are close to an accident that could leave us without any trace of collective life. And that is constantly going expressing various sinister and appalling social conditions in our day such as: there are increasing extreme poverty, marginalization and exclusion, emergence of drug gangs, organized crime groups money laundering, terrorist acts, social redundancy and latent fear. Diseases that gradually being manifested in various parts of the world. But all this environment is made-up by the seduction of consumption, hedonism, the individualist ideology, the media and entertainment.
The policy is not kept away from the seduction. Those responsible for politics today have very into account the importance of their image, which is used to send a humanized message to society that governs often occurs before the people with ostentatious simplicity, is presented with guayabera , jeans or jacket type jackets, humbly acknowledges its limitations, weaknesses and maintain a supportive speech to beat the ills that afflict a nation specific.
This form of personalized politics corresponds to the emergence of these new values that have been created at present and which correspond to a politically correct way cordiality, confidence, authenticity, personality, values individualism democratic has generated recent times. Not have or express these values, together with a number of basic requirements for a successful political life, it means wasting time.
The daughter seduction of hedonistic individualism that generates market values and radicalized in democracy makes politics a show, perverting democracies themselves because they are filled with advertising intoxication and manipulation of the electorate through the image, appearance and delusions.
Politics has entered the era of spectacular or liquidating the inflexible and ideological consciousness for the sake of curiosity dispersed, captured by everything and nothing. Hence the crucial importance of the media in the eyes of politicians; or having another impact that vehiculizado for information, the policy is bound to adopt the style of animation, custom debates, questions and answers, etc., all able to promptly mobilize the attention of the electorate (Lipovetsky, 2003: 39 ).
According to Lipovetsky, the apathy of the policy reflected in our time responds to the plethora of information, its speed of rotation, because as soon as a political event is recorded, it is forgotten almost immediately and is replaced by other political shows larger. In that sense, a paradoxical reality manifests, because excess information received by individuals, generates the same individuals do not have capacity to react, but above all, they do not have the ability to formulate a political identity that is reflected in a mobilization or group, and if they are born, eventually they are consumed. So the policy has the characteristic condition exhausted and disintegrated faster
Pure indifference designates the apotheosis of the temporal and individualist syncretism (…) In these conditions it is clear that the current indifference does not cover only very partially what Marxists call alienation, even if it is an extended alienation. This, we know, is inseparable from the categories of object, merchandise, otherness, and consequently the process of reification, while apathy extends more so as concerns informed and educated subjects. Desertion not reification: the more the system creates responsibilities and reports, more abandonment there is this paradox which prevents assimilate alienation and indifference although this is manifested by boredom and monotony (Lipovetsky, 2003: 41).
Under that argument indifference designates a new consciousness that is reflected in the apparent freedom of the individual and expressed in the various values produced by the process of individuation. The indifference of our times does not mean passivity or re-meaning, but means that the individual acquires his status viewer. The names for the human species of our time is neither pessimistic decadent Nietzsche and the oppressed worker Marx, but is a viewer who is informed and believes from their sources of information coming from social networks, the internet, blogs, newspapers and TV news. So the alienation that was previously in the mechanization of work, now in the free life of the individual and located in different parts of their daily and private life.
This process triggers that political activity is individualized pace of society. Creating an organizational system legitimated under a principle of substantial isolation, ideals and values of society are shared only if the other sees it as respectable. Otherwise, the individual generates all kinds of stigmas, stereotypes and disqualifications that denigrate human beings. Hence not uncommon to read messages, tweets or facebook states disqualifying political mobilization, a school of thought, a gay activist, feminist and transgender group. Intolerance of our time is expressed in a democratic makeup, under the standard of what the individual considers freedom of expression. Therefore, when the social and the political is abandoned, desire, pleasure and communication become the only values that must be preserved.
Hence often can observe the obsessive pursuit of maintaining a healthy and toned body, which seduce and attract the adoration of free sex without commitment, exacerbated consumption technological goods, the use of fashion as body language, finitude science magazines query can be purchased at newsstands to stay informed. The individual lives of our time at the stage of ecstasy of personal liberation, and anyone who violates it, should be excluded, ignored, invisilizado.
That is why specialization, solidarity-oriented production is now expressed in the creation of jobs that are not made by the State, but by the same individual, the social division of labor and monetization of money today it manifests radically as an element of socialization. These elements were built and were gradually moving into society allow integration of the individual to the field of pleasure and consumption, indifference and freedom of choice. Capitalism made indifferent to men and women as it did with things.
Here there is no failure or system resistance, apathy is not a defect but a new flexible socialization socialization and economic << >>, descrispación necessary for the functioning of modern capitalism as an experimental system accelerated and systematic. Founded in the relentless combination of new possibilities, capitalism is indifference ideal for experimentation condition, which can be met and a minimum of resistance (Lipovetsky, 2003: 43).
Why a system whose operation requires indifference continually strives to engage, educate, in interest? The system in which we live reproduces extended devices sense and responsibility that only manage to produce a compromise that is lacking in commitment. Often the elites who hold the strings of the economy and politics, through different media broadcast messages that appear to be positive for the nation and particularly for the individual himself: “Think what you will of the telly enchufadla, vote for us, pay unto your quotes, obey the slogan strike, parties and unions have no requirement that responsibility indifferent (Lipovetsky, 2003: 44).
The indifference of our times is identified with the lack of motivation. The man does not cling to anything, lives in uncertainty, they are uncertain of their future and their present, nothing surprises him and his views are as changeable as the reality itself.
The abandonment of roles and homogenous identities makes our time a random, plural and complex landscape. So the political and the non-existential separate spheres, but rather a mixture become aimless, where borders are erased and redefine priorities.
The apparent freedom with which we live and interact today has extended a desert absolute surprise at the other. We want to be alone but we suffer. Thus we reach the end of this new desert; previously atomised and separated, each person is an active life and their role in society agent does.

Bibliography:

Arendt, Hannah, (2005). De la historia a la acción. Buenos Aíres: Paidós.

—————, (2000). Entre o pasado e o futuro. Sao Paulo: Perspectiva.

—————, (2001). La condición humana. Barcelona: Paidós Ibérica.

—————, (2003). Sobre la revolución. Barcelona. Alianza Editorial.

Bauman, Zygmunt, (1999). En busca de la política. México: Fondo de Cultura Económica.

—————, (2006). Vida líquida.  Barcelona: Paidós

————— y Leonidas Donskis, (2015). Ceguera Moral. La pérdida de sensibilidad en la modernidad líquida. México: Paidós.

Beck, Ulrich, (1999). Hijos de la libertad. México: Fondo de Cultura Económica.

Byung-Chul Han, (2012). La sociedad del cansancio. Barcelona: Herder.

—————, (2015). La sociedad de la transparencia. Barcelona: Herder.

—————, (2015). La sociedad del aburrimiento. Barcelona: Herder.

Castoriadis, Cornelius, (2005). El avance de la insignificancia. Buenos Aíres: Editorial universitaria de Buenos Aíres:

Castells, Manuel, (1998). Redes de indignación y esperanza: Los movimientos sociales en la era del internet. Barcelona: Alianza Editorial.

Franco Gavira, Luis, (2013). El concepto de libertad política en Hannah Arendt. Manizales: Universidad Autónoma de Manizales.

Tocqueville de Alexis, (1957). La democracia en América. México: Fondo de Cultura Económica.

Electrónicas:

Ribeiro Alves Neto, Rodrigo, (2010). La acción política como base fenoménica de la libertad en Hannah Arendt en http://www.observacionesfilosoficas.net/laaccionpolitica.htm Consultado el: 16 de Mayo del 2016.

 

De la sociedad de individuos a la individualización de la política: Libertad o acción en los tiempos oscuros

El ámbito público ha perdido el poder de la iluminación que formaba parte de su naturaleza principal. En los países del mundo occidental, en el que, desde el declive del mundo antiguo, se ha considerado la de emanciparse de la política como una de las libertades básicas, un número cada vez mayor de personas hacen uso de esa libertad y se apartan del mundo y de sus obligaciones en él […] pero con cada uno de esos abandonos se le inflige al mundo una pérdida  casi demostrable: lo que se pierde es el compromiso especifico y, habitualmente, irremplazable que debería haberse formado entre el individuo y sus prójimos.

Hannah Arendt, Men in the Dark Times

HACIA UNA SOCIEDAD DE YOICOS

Existen diversas razones por las cuales podemos creer que en nuestra época existen diversas expresiones que dan boga a la sociedad de nuestros tiempos: falta de solidaridad, decadencia de valores morales, cultura del narcisismo, egoísmo, pensamiento reivindicativo de corte radical o conservador y el hedonismo son términos que resuenan constantemente en el espacio público.

Al respecto, el obispo católico de Limburgo Franz Kamphaus, argumenta al respecto:

Cada movimiento en el campo infinito de la libertad va acompañado de crisis de relaciones, rupturas de lealtades, desgarramientos en la trama de la tradición. El hombre que quiere gozar por completo de su libertad, ¿goza, finalmente, de su propia vida? ¿Parece sociedades modernas a causa de su atomización, del agotamiento de solidaridad? (Kamphaus, 1994).

La sociedad del siglo XXI vive de recursos morales que han sido sustituidos por diversos valores que están orientados hacia la productividad y lazos que establece el capitalismo globalizado, y que desde nuestra perspectiva, se desprenden de tres categorías fundamentales que hemos analizado con detenimiento en el capítulo anterior: la solidaridad productiva, la división social y  la especialización de la fuerza de trabajo. Elementos que desde nuestra óptica son los motores de la descomposición de valores como sentido de comunidad, solidaridad social y de justicia. Y que substancialmente echa raíz a todo el fundamento de la democracia en la actualidad.

Alexis de Tocqueville, escribe: “Luchar contra la libertad significa luchar contra Dios” (Tocqueville, 1957: 6). Ese principio, es desde un comienzo una especie de autorización que el individuo se otorga a sí mismo para que el individuo formule sus propias realidades a partir de su propia fe y convencimiento.

Esto significa que toda la sociedad del yo o del egoísmo no pueden ser combatidos con menor libertad, sino con una mayor libertad política. Ya que ésta funda los vínculos necesarios en el espacio público que promueven una mayor colectividad y una mayor armonía, todo lo contrario a lo que establece el mercado neoliberal.

Hoy más que nunca somos “hijos de la libertad” (Beck, 1999: 1). La sociedad de nuestros tiempos no vive bajo una crisis de la cultura pero vive rodeado de diversos peligros latentes que ponen a prueba su estabilidad.

El sentido de la libertad, que promueven nuestras élites políticas y económicas, es la peor amenaza que hoy enfrenta al individuo: “El elogio verbal de la libertad se convierte en hechos y en vida cotidiana, y con ello ponen en duda los fundamentos de la convivencia existentes hasta ahora” (Beck, 199: 9). Según Ulrich Beck, la catástrofe consiste, es que tenemos que reconocer, entender y consolidar más y distintos tipos de libertades que los que no habían sido previstos en la famosa y prometida democracia.

El miedo a no poder hacer algo que cambie nuestras situaciones sobre seguridad y protección orillan al individuo arroparse en una caótica libertad que confunde e inhibe la existencia del individuo.

Las demandas de la industria, las empresas y los medios de comunicación saturan de positividad la existencia. Es por ello que en nuestros tiempos líquidos no se dialoga, no se intercambian argumentos, emociones y sentimientos que conlleven a un compromiso a corto, mediano y largo plazo, no se toma el tiempo para pensar en el otro. El individuo vive acechado y bombardeado constantemente de noticias que no dicen nada. Abundan los programas televisivos en el cual el único objetivo es paralizar con muertos vivientes, robots perversos, enfermedades horrendas e historias de personajes engarzados.

El individuo moderno vive perdido a la pantalla o en el teléfono inteligente en cuyo extremo se encuentra el otro, todo el tiempo alineado a un texto que envía muchas veces de forma superficial. El individuo de nuestra época ha dejado de tener tiempo, pero que paradójicamente, se siente lleno de libertad y posibilidad.

La sociedad de yoicos como bien las denomina Ulrich Beck en la introducción de la obra Hijos de la Libertad, la positividad es un elemento característico de este tipo de sociedad, cuyo principal rasgo tiene como objetivo que la persona trabaje, rinda, desquite el tiempo en alguna labor que beneficie su productividad, sus ingresos y que permita de manera eficiente su sociabilidad. Esto permite que el individuo se sienta libre pero que no perciba el sentido de sometimiento y de opresión.

En los trabajos que ofertan las empresas cada vez más hay menos sometimiento del tipo amo-esclavo “en el que la lucha por el reconocimiento implicaba que el esclavo deseaba ser visto por el amo, y por eso se esforzaba buscando en el otro-amo” (Orozco, 2015: 171). Por eso hoy el individuo es amo y esclavo de sí mismo. Uno se impone las tareas, las demandas excesivas, las metas inalcanzables. “La esperanza de ser reconocido se desvanece y en ocasiones ya no importa. Es como si hubiésemos introyectado al amo en cada uno de nosotros” (Orozco, 2015: 171). Por eso el individuo corre para ir al gimnasio, come a la carrera, vuelve a su trabajo y durante años hace el mismo ritual. Mientras que por mucho tiempo no entabla charlas con nadie y su sentimiento y animo de soledad aumenta. Emergiendo diversos trastornos depresivos, ansiedad, angustia y desolación, “el sujeto ya no sabe ya qué quiere, para qué quiere algo, tiene problemas de identidad de todo tipo” (Orozco, 2015: 172).

La sociedad individualizada,  requiere de competencia. En nuestros tiempos líquidos la competitividad mantiene al individuo a flote, es por ello que la colaboración y el trabajo en conjunto para perseguir bienes comunes se esquivan. Prevalece una especie de temor disperso que remite a alguien  que lo sabe todo sobre uno. Cámaras que nos vigilan a todas horas del día, inspección de correos electrónicos, verificación de visitas de páginas web. Hoy nada es secreto, todo lo que rodea al individuo es público, los sentimientos, las relaciones, las emociones, los juicios, las opiniones, los comentarios sobre algún tipo de interés. El libre  albedrío y la libertad de expresión parecieran que se encuentran en su máximo esplendor, y de hecho se permite siempre y cuando no transgreda o atente contra el estatus quo de la política, de las estructuras sociales o de la misma  economía. La sociedad de yoicos tiene como carácter determinante la irrelación.

Esa es la positividad como negación del otro que nos niega. Velocidad, violencia, consumo, competencia, individualismo, hartazgo, silencio, pensamiento escaso, atención, desprecio por los pobres, guerra sin remisión, hambre (…) no importa lo original de cada quien. Importa lo que uno hace en la medida en que eso da puntos para ganar más dinero. Tampoco se estudia por gusto y amor a la vocación. El joven simplemente quiere mantener el promedio para no perder la beca. Nunca va a la oficina del profesor enamorado de una idea, peleando por una ideología. Quiere pasar con diez. Y a las autoridades les importa la excelencia pero mediando horarios infames, exigenciales que enferman a estudiantes y profesores, con controles de todo tipo que apenas se dejan ver. Y eso en todas las escuelas, en todo el sistema. Hoy que todo se controla es cuando menos se educa. Y ahora que en las empresas hay capacitación los empleados viven enajenados y con temor. Esclavizados y ganando poco. Todos hacen lo mismo, todos padecen lo mismo. Todos indiferentes a todos. (Orozco, 2015: 172-173).

En la actualidad no hay enemigos comunes, hay desconocidos y extraños. La otredad significa enemistad, de esa forma todo se torna igual. “En el siglo XXI todos superan la idea del otro como agente patógeno”  (Orozco, 2015: 174), pues la globalización, el triunfo liberal y los sistemas de interconexión matan las indiferencias, hoy ya no se tolera, se ignora.

Chul Han argumenta al respecto:

La sociedad  (…) se caracteriza por la desesperación de la otredad y la extrañeza. La otredad es la categoría fundamental de la inmunología. Cada reacción inmunológica es una reacción frente a la otredad. Pero en la actualidad, en lugar de esta, comparece la diferencia, que no produce ninguna reacción inmunitaria (Chul-Han, 2012: 45).

La muerte del otro, por llamarlo de alguna manera se convierte en un ser meramente diferente que no representa ninguna a amenaza para las élites y para aquellos que mueven los hilos del mundo. El individuo  para que no represente ningún peligro se neutraliza sin necesidad de aniquilarlo. Basta con disciplinarlo y especializarlo de forma radical, ubicarlo en procesos de asimilación e identificación. Así el indiferente querrá su celular, su coche, su pantalla de televisión. Se volverá parte de lo que Chul-Han llama sistema de rendimiento.

En consecuencia, existe un exceso de positividad, el otro ya no me niega. Niego su negación asimilando parte de lo suyo y eliminando el resto. Por lo que el individuo se vuelve egoísta, solitario, mudo, sin nada que decir, pero se convierte en un agente público de sus causas privadas.

Todos repelemos a todos. Y hacemos lo que hacen todos. Por lo que todos vivimos indiferentes. Es el fin de la empresa en la que uno es importante. El fin de la verdadera comunicación. El fin del diálogo largo e interesado. El fin del compromiso erótico. El fin de la amistad. Es el fin de las relaciones estables. Y es el fin de conflictos internacionales que nos quiten el sueño  (Orozco, 2015: 178).

Y así estamos organizados. Dice Chul Han  a través de una cita de Baudrillard:

Según la genealogía baudrillardesca de la enemistad, el enemigo aparece en la primera fase como un lobo. […] En la siguiente fase, el enemigo que opera en la clandestinidad y se combate por medios higiénicos. Después de una fase ulterior, la del escarabajo, el enemigo adopta por ultimo una forma viral. […] La violencia viral parte de aquellas singularidades que se establecen en el sistema a modo de durmientes células terroristas y tratan de destruirlo. El terrorismo como figura principal de la violencia viral consiste, según Baudrillard, en una sublevación de lo singular frente a lo global.

La enemistad, incluso de forma viral, sigue el esquema inmunológico. El virus enemigo que penetra en el sistema, que funciona como un sistema inmunitario y repele al intruso viral. La genealogía de la enemistad no coincide, sin embargo, con la genealogía de la violencia. La violencia de la positividad no presupone ninguna enemistad. Se despliega precisamente en una sociedad permisiva y pacífica. Debido a ello, es menos visible que la violencia viral. Habita el espacio libre de negatividad de lo idéntico, ahí no existe ninguna polarización entre amigo enemigo, entre el adentro y el afuera, o entre lo propio y lo extraño. (Chul-Han, 2015: 21-23).

En este sentido, la violencia de la positividad que manifiesta nuestra sociedad actual, niega  y desaparece cualquier forma de otredad. La vieja dicotomía de Carl Schmitt del amigo-enemigo queda arrebatada. No hay enemigo ni adentro, ni afuera de las fronteras imaginarias. La muerte de la otredad, significa que en la sociedad de lo idéntico el enemigo se invisibiliza y lo hace igual; convierte al extraño y al desconocido en similar; y aquel que queda afuera, que por lo regular son los grupos de inmigrantes, pobres, enfermos o subordinados es ignorado, admitido a medias y aceptado como una especie de carga a la que también se puede neutralizar sin problemas  porque, o  bien se asimila, o en su defecto se excluye.

En consecuencia, los individuos viven al borde del cansancio y todas las expresiones de lucha cansan, estresan o en el peor de los casos, se deja de creer en ella. La lucha por prevalecer culmina con el agotamiento. La gente a menudo dice: “ya se privatizó el petróleo, qué más da. Ya nada se puede hacer”. Y si se intenta algo  será inútil. Los muertos y las desapariciones ya no toman importancia, y dejan de tener grandes impresiones e indignaciones  en la sociedad. Las desapariciones y las muertes se naturalizan  y se concilian como una parte naturalizada de convivencia. Por lo que la maquinaria de la indiferencia, del cansancio y del egoísmo nos empareja a la funcionalidad.

Al respecto:

Podemos dar muchos ejemplos, como el caso de quien se dice marxista pero trabaja como todos, inmanente al sistema de las ganancias, compra, vive de todo lujo, consume, presume, se queja de todo pero no ve a los otros, y termina siendo un grano más del conjunto, un sistema de trastorno de la personalidad como yo escindido que dice una cosa pero hace otra (y de ese tipo de positividad violenta estamos saturados: demagogos de la democracia que trabajan para minoristas; “comunicadores” que hablan pero no analizan nada o hablan de todo porque “saben todo” y nada dicen); millonarios que dicen ayudar  a la sociedad pero pagan salarios de hambre; jefes que hablan de justicia y buen trato pero hacen lo que hacen todos los jefe cuando distribuyen cargas y prefieren a unos sobre otros repartiendo esas cargas de capricho (siendo ellos los jefes mismos- subordinados de ese trato respecto de sus jefes). (Orozco, 2015: 180).

En ese sentido, la sociedad de nuestros tiempos líquidos,  predomina una sobreabundancia de lo idéntico. Creándose una especie de espejismo, en donde al final el individuo se mantiene extenuado y trastornado en su personalidad. Teniendo repercusiones importantes a nivel psicológico.

Para curar estos síntomas, los individuos crean rituales de relajamiento corporal, espiritual mental con el propósito de conservar una vida sana y mantener lazos comunes de felicidad. Por eso el individuo va a gimnasio, hace pesas, trota, asiste a clases de yoga, camina, escala, va al sauna a sudar, comen dietas apropiadas, se engalanan y de ahí vuelven al trabajo, a la escuela o a cualquier lugar donde ocupe su tiempo. El individuo moderno se exige a sí mismo para lograr todo lo posible hasta llegar aquello que le es imposible. Chul Han menciona al respecto: “El hombre del rendimiento se encuentra en guerra consigo mismo y en medio de todos los que no logran sus propósitos (…) campea su depresión. Es la enfermedad de una sociedad positiva sumamente productiva” (Chul-Han, 2015: 85). De maneta que tenemos a un Sujeto libre que se obliga a sí mismo a rendir, pero que en su trama de libertad lo lleva al extremo cansancio y eso lo conduce al aburrimiento.

Por lo tanto, el proceso de individualización de la sociedad exige un exceso, una seducción  y diversos placeres. La cantidad de estímulos que afectan la vida de los individuos es impresionante. Hoy más que nunca se produce una cantidad sorprendente de música que es accesible a todo aquel que tenga las condiciones para acceder a ella a través del internet,  páginas que brindan servicios de series televisión y catálogos de películas a la carta, videojuegos, entretenimiento en tercera dimensión, impresiones de miles de libros en forma de best seller, se ofertan grandes cantidades de viajes guiados por el mundo en meses sin intereses, las empresas de la televisión de paga tienen mayor cobertura a un costo cada vez menor en donde el espectador puede tener a disposición 800 canales, que por lo regular la programación siempre se repite, planes de celular para mantenerse siempre conectado; existen una gran cantidad de redes sociales en donde se suben fotos, se cuentan historias, se expone el currículo para buscar un empleo, se comentan experiencias, se hacen comentarios sobre algún tema en común, se seduce y se pretenden congeniar relaciones de amor o de amistad, se emplean conversaciones para que todo el mundo sepa públicamente todo y todos a la vez nada de nadie.

A la par, el individuo se convierte en un ser multifacético, hacedor de diversas actividades que lo mantengan en rendimiento y movimiento constante, pues la velocidad con la que se experimenta su experiencia, exigen, que el individuo de hoy se convierte en un humano versátil. Mientras el individuo escribe a la par puede escuchar su música favorita, está pendiente de los correos electrónicos; piensa millones de cosas  o actividades por hacer en diversas horas del día, puede atender una llamada telefónica y a la vez chatear con un amigo que se encuentra en el algún lugar del mundo. Puede estar en una conferencia y enviar mensajes al mismo tiempo, al final del día volver al gimnasio para relajarse y volver a recuperar las energías para comenzar un nuevo mañana.

En nuestros tiempos, la individualización de la sociedad recrea con el tiempo libre y el entretenimiento, pero que a la par, la velocidad para adaptarse a los tiempos que corren toma mayor relevancia. Es por ello que la especialización se convierte uno de los pilares fundamentales para sobrevivir en este mundo líquido. De ahí que no sea casualidad que hoy más que nunca aparezcan diversas formas de enseñanza e instituciones que eduquen al individuo. Recibiendo una educación que no necesariamente involucre un esfuerzo en el pensamiento, la crítica o la reflexión sobre los aconteceres políticos, sociales y culturales, sino recibe métodos y herramientas que lo habiliten como un empresario de su vida, maximizando sus recursos y calculador de sus bienes y de sus relaciones.  Esto hace suponer al individuo que es un ser superior, avanzado, civilizado, tecnificado, educado y libre.  Paradójicamente, estas peculiaridades hacen del individuo un ser más atrasado y torpe. Lo rezaga en lugar de impulsarlo, lo aísla y lo atomiza. Esta es la esencia de la individualización.

Hoy hemos pasado de la preocupación por la buena vida a la ocupación por la sobrevivencia. Somos apenas sobrevivientes de un mundo hostil y veloz. Cuando nos alcanza el tiempo esquivamos las relaciones. Se diluye la existencia del otro. Y la vida activa se vuelve contemplativa.

Merleau-Ponty menciona al respecto, “durante el estado contemplativo, [el individuo] se sale en cierto modo de sí mismo y se sumergen en las cosas” (Ponty, 2013:56). Eso condiciona al individuo  a sufrir un proceso de desprendiemiento con sus lazos sociales. Ya que el individuo de nuestra época tiene muchas cosas qué hacer, pero ha dejado de ver con cuidado.

No reflexionan en lo que miran. No dejan que las cosas hablen. Deben llegar a las siete, ir a junta, ir a dar clase, atender a los alumnos, volver a prisa a otra clase, ver otros alumnos, ir a clase una vez más. Luego, a casa. ¿A qué hora se puede contemplar algo?. Los hombres tardemodernos han perdido la capacidad contemplar. Ya no saben aburrirse correctamente. El aburrimiento no es negativo cuando se  liga a la actitud contemplativa (Orozco, 2015: 193).

Esta forma moderna de sociedad tiene grandes repercusiones en el ámbito de lo político, en particular con la forma de hacer, pensar y organizarse políticamente. Esta incapacidad para pensar, escuchar, meditar y reflexionar sobre sus aconteceres que se desprenden de la actividad política tienen grandes repercusiones y que se manifiestan constantemente en un desencanto paulatino  por la  misma, pero que paradójicamente, el individuo a través de una aparente libertad que otorgan sus condiciones económicas a través del acceso al consumo, a la información y  las diversas formas de seducción y  entretenimiento. Posibilitan otras formas de asociación. Sin embargo, en lo que respecta a la política, hoy más que nunca vive sumergida en un desencanto constante y vive bajo el yugo de la agonía. La política ha dejado de ser concebida como el espacio de la posibilidad, para convertirse en el lugar de lo imposible. El individuo pide más libertad y menos política. Es por eso que conviene preguntarnos hoy más que nunca por el sentido y el significado de la política en los tiempos que corren

El discreto DESencanto de la política

En una de las pancartas de consigna que se pudieron observar durante las marchas del movimiento de los indignados se podía leer la siguiente frase “Menos política, más libertad”. Si bien el mensaje de la pancarta tenía como propósito criticar y poner en tela de juicio a un régimen partidista carente de legitimidad y de credibilidad. Hoy en día, en diversas partes del mundo, la política considerada como aquella actividad y capacidad para hacer las cosas atraviesa por una crisis severa terminal.

Cuestionarse por el sentido de la política desde los terrenos que nos arrompan bajo los efectos de la globalización y la creciente individualización de la sociedad, podría suponer una pregunta bastante ilusa y carente de toda significación. Pues la política, en nuestra época es considerada como una actividad egoísta, que sólo la ejercen quienes se encuentran en las altas esferas de la burocracia, los tecnócratas, los intelectuales que pertenecen a una aristocracia académica y cultural, pero sobre todo, la realiza una élite muy selecta que mueven y dominan los hilos de la economía nacional y mundial.

En la actualidad, la actividad política vive en una realidad transparente que invisibiliza las actitudes y posicionamientos sobre la misma, generando un divorcio constante entre quienes representan al poder político (la capacidad de hacer las cosas), la política (la capacidad de decidir lo que hay que hacer)  y la sociedad en general (como el elemento gestionador, mediador, demandante y articulador entre la política y el poder político). Pocas personas esperan la salvación desde las altas esferas; las promesas de los ministros y de diversos personajes políticos se reciben con incredulidad salpicada de ironía, y peor aún, de mentira y de retórica romántica.

Es por ello que la libertad es una condición que nos seduce y nos enamora constantemente, pero que paradójicamente, es a través de las élites que disfrazan y maniatan el discurso de la libertad y la transforman como parte de un discurso democratizador, pero que en la práctica se expresa como aquella capacidad de incorporarse a una lógica consumista, de elecciones de vidas predeterminadas, depositada en el aislamiento y soledad de la individualidad pero con valores sociales orientados a la productividad y creación de mejores espacios de convivencia laborales y profesionales.

La política de los Estados-nacionales dejó de cumplir con sus cometidos de seguridad y protección social a través de sus instituciones tradicionales y los trasladó paulatinamente a la vida privada del individuo, a través de la solidaridad productiva, la especialización y la división del trabajo[1]. En ese sentido, el individuo se convierte en su único salvador, promotor y perseguidor de su propio bienestar. Por lo que la actividad política se convierte en un montón  de esperanzas frustradas y pérdida de tiempo. Por lo que el individuo prefiere emplear y hacer cosas que faciliten su bienestar individual, que cambiar su realidad a través de  acciones colectivas.

En cualquier caso, no sentimos la necesidad (una vez más, salvo algunas irritaciones ocasiones) de lanzarnos a la calle para reclamar y exigir más libertad o una libertad mejor de la que ya tenemos. Pero, por otra parte, tendemos a creer con igual firmeza que es poco lo que podemos cambiar –individualmente, en grupos o todos juntos- del decurso de los asuntos del mundo, o de la manera que son manejados; y también creemos que, si fuéramos capacidad de producir un cambio, sería fútil, e incluso poco razonable, reunirnos a pensar un mundo diferente y esforzarnos para hacerlo existir si creemos que podría ser mejor que el que ya existe.  (Bauman, 1999: 9).

La viaja política que se ejerció después de la segunda guerra mundial y que se fue banalizando  a lo largo de los años posteriores fue perdiendo sustancia y rigidez, debido a la pérdida de poder frente a grupos de presión que pertenecen al grupo económico. La política de nuestra época destaca por la pérdida de substancia de los viejos medios institucionales de seguridad y protección social; dejando se existir, o en su defecto, ya no se encuentran en los lugares que hasta hace poco estaban destinados. El poder y la política local caminan por separado y su divorcio afecta considerablemente a la sociedad.

En la actualidad, el poder ha cambiado de lugar, ahora anda a sus anchas por las nuevas extensiones globales, libre  de control, deambulando por terrenos menos estrepitosos lo que lo convierte en un elemento poco rastreable pero que sus efectos se sienten en cada uno de los aún considerados Estados-nacionales, por lo que la política es despojada de casi todo su poder y camina acéfalo carente de dirección y propósito.

Por lo que los individuos por decreto y artífices de su destino, parecen estar abandonados y expuestos a la inseguridad y a la poca protección. Están condenados a perseguir sus propios recursos. Y eso genera, que los propios individuos al verse orillados a subsistir no tengan ninguna consideración por el otro. En ese sentido, el individuo se ve en la necesidad de competir, de transformarse eficazmente a través de una educación que no demerite tanto tiempo ni que establezca el mínimo esfuerzo de pensamiento y sensibilidad. Lo que importa es especializarse para adoptar nuevas herramientas para ser considerado por la oferta del trabajo, debe ser solidario pero para crear nuevos espacios de superación expresados en la materialidad y consumo de productos, además de tener la capacidad de auto-dirigirse y mantener siempre las expectativas de progreso y desarrollo.

Bajo este nuevo ambiente, el individuo vive sumergido en el fondo de una terrible realidad que debe afrontar; las tareas que le son encomendadas son tremendamente imponentes y que pocas veces son solucionadas satisfactoriamente. Por lo que estas condiciones originan diversas patologías sociales como la frustración, fracasos que se expresan en depresiones, en confusiones, suicidios, violencia, fatalismo y desesperación.

La política que prolifera en nuestros tiempos yace de la crisis de los medios y de los instrumentos de acción afectiva. “Y su derivada: la enojosa, exasperante y degradante sensación de haber sido condenados a la soledad frente a los peligros compartidos” (Bauman, 2015: 81).

De ahí que ahora más que nunca el individuo viva sumergido en una “sociedad de riesgo” (Beck, 2006). Pues por una parte, si bien observamos el desarrollo de sociedades multireligiosas, multiculturales, multiétnicas y la multiplicación de soberanías. También se puede observar la extensión progresiva del sector informal de la economía, la flexibilización del trabajo, la desregulación legal de grandes sectores de la economía, de los grupos de seguridad laboral como los sindicatos y la pérdida de legitimidad del Estado.

Estos impactos generan la implicación de que el individuo viva en una red de instituciones desactivadas por el Estado-nación, por lo que las repercusiones en el ámbito social toman mayor complejidad, y junto con ello, los problemas que aquejan a la sociedad crezcan exponencialmente.

En ese sentido, el riesgo no sólo significa estar expuesto a los peligros de las transformaciones de la modernización que promueve el capitalismo globalizado, sino que también significa la previsión y control de las consecuencias futuras de la acción humana.

Por lo que en la sociedad del riesgo global, la política se hace extremadamente importante, pero que contradictoriamente se deja al unísono y en la esquina del olvido. Pues los riesgos con los que se encuentra constantemente el individuo cada vez toman mayor importancia, y de esa forma, la necesidad de crear nuevos espacios de convivencia para pensar y luego accionar nuevos mecanismos que compensen no sólo al individuo, sino a la toda la sociedad en general. Sin embargo, crear estos espacios es una cuestión sumamente conflictiva.

Justo como argumenta Zygmunt Bauman en su más reciente obra en colaboración con el filósofo y dramaturgo lituano Leonidas Donskis, Ceguera moral. La pérdida de sensibilidad en la modernidad líquida:

No hay escasez de salidas exploradoras, ni de intentos desesperados de encontrar nuevos instrumentos  para la acción colectiva que en un escenario progresivamente globalizado resulten más eficientes que las herramientas políticas inventadas y puestas a punto en la era poswesfaliana de la creación de naciones, y que tendrán más posibilidades de llevar la voluntad popular a su cumplimiento de las que puede soñarse para los órganos ostensivamente soberanos del Estado, atrapados en su doble vinculo (Bauman, 2015: 81).

Sin embargo, esta condición origina diversos tipos de creencia acerca de lo que significa la acción y la libertad política, que se consolida a partir de los nacientes y abundante discursos sobre la democracia y la libertad, y que considero habría que reflexionar al respecto.

En este sentido, si partimos de la idea de que el individuo por primera vez en su historia es un individuo realmente libre, esto debido a su creciente independencia y autonomía para dirigirse, y para tomar diferentes decisiones que le parezcan más adecuadas para manejar y conducir  su vida, y por ello, su existencia en sociedad. Si la libertad ya ha sido conquistada, ¿cómo es posible que la capacidad humana de imaginar un mundo mejor y hacer algo para mejorarlo no haya formado parte de esa elocuente victoria que tanto presumen los ideólogos y simpatizantes  de la democracia liberal?, ¿qué clase de libertad han conquistado los individuos sin tan solo sirve para desalentar la imaginación y para tolerar la impotencia de las personas libres en cuanto a temas que atañen a todas ellas?

En nuestra caótica época, la libertad individual coincide  con el incremento de la impotencia colectiva que se expresa fundamentalmente en la actividad política. Pues los puentes de la vida pública y privada del individuo nunca fueron construidos de forma homogénea y armoniosa, es decir, no existe una forma fácil  u obvia para traducir las preocupaciones privadas en temas públicos e, inversamente de discernir en las preocupaciones privadas en temas de preocupación pública. Ya que en nuestra moderna sociedad líquida los puentes brillan por su ausencia y el arte de la política rara vez se práctica en público, pero que, paradójicamente, siempre se hace de forma cotidiana en la espacio público, pero no se lleva hacía sendas que tengan mayor impacto y relevancia.

En ese sentido, el puente de lo público y lo privado se mantiene en esferas  que tienen la facultad de explotar cuando se van elevando y de caerse. Por lo que la ausencia de mecanismos fuertes, transgresivos y permanentes, los agravios privados y las demandas públicas no llegan a constituirse de forma contundente, debido, entre otras causas, por la falta de condensación por parte de la colectividad. Además de que el individuo se ocupa más por las cuestiones de interés privado que por las causas de interés social.

Bajo estas circunstancias, la sociabilidad de los individuos flotan como esferas en un terreno liquido que lo mantiene a la deriva, buscando en vano un terreno sólido dónde anclar un objetivo visible y viable para todos.

Al carecer de vías de canalización estables, nuestro deseo de asociación tiende a liberarse en explosiones aisladas… y de corta vida, como todas las explosiones. Suele ofrecérsele salida por medio de carnavales de compasión y caridad; a veces, a través de estallidos de hostilidad y agresión contra algún recién descubierto enemigo público (es decir, contra alguien a quien la mayoría del público puede reconocer como enemigo privado); en otras oportunidades, por medio de un acontecimiento que provoca en la mayoría el mismo sentimiento intenso que le permite sincronizar su júbilo, como cuando la selección nacional gana la Copa del Mundo, o como ocurrió en el caso de la trágica muerte de la princesa Diana. El problema de todas estas ocasiones es que se agotan rápidamente: una vez que retornamos a nuestras ocupaciones cotidianas, las cosas vuelven inalteradas, al mismo sitio donde estaban. Y cuando la deslumbrante llamarada de solidaridad se extingue, los solitarios se despiertan tanto solo como antes, en tanto mundo compartido, tan brillantemente iluminado por un momento atrás, parece aún más oscuro que antes. Y después de la descarga explosiva, queda poca energía para volver a encender las candilejas. (Bauman, 1999: 11).

Según Bauman la posibilidad de cambiar el estado de las cosas reside principalmente en el ágora, un espacio que no es ni público, ni privado, sino más bien es público-privado. Es el “espacio en que los problemas privados se reúnen de manera significativa, es decir, no solo para provocar placeres narcisistas […] sino para buscar palancas que, colectivamente aplicadas resulten suficientemente poderosas…” (Bauman, 1999: 11). Con el propósito de elevar  a los individuos  de sus desdichas individuales a través de espacios donde pueda nacer la idea como el bien público, la sociedad justa, los valores comunales.

No obstante, el problema es que en nuestra época, en la sociedad moderna poco a quedado de los antiguos espacios privados-públicos, y que, en su mayoría se trasladaron hacía  terrenos virtuales como el internet y las redes sociales. En ese sentido, el espacio público sufrió una especie de tecnificación y de tecnologización. Por lo que las viejas ágoras de participación y sujetos políticos se las han apropiado y han sido sustituidos por los nuevos emprendedores del mercado y consumidores de productos a la carta que promueve la publicidad, la moda y el marketing. De manera que los individuos han sido reciclados en parques temáticos, mientras poderosas fuerzas conspiran con la apatía política para negar el permiso de construcción de nuevas formas de hacer política.

Corneluis Castoriadis en El Avance de la Insignificancia que corresponde al cuarto título de la serie Les carrefours du labyrinthe le dice a Daniel Mermet “Los políticos son impotentes. […] Ya no tienen un programa. Su único objetivo es seguir en el poder”. (Castoriadis, 2005: 52). Por lo que en la actualidad, no hay una expresión clara de una doctrina e ideología política que tenga como proyecto una idea de funcionamiento social, político, ético y cultural. Sino ahora la política se reduce a una expresión individualizada del egoísmo, del narcisismo, del cinismo y del desarrollo de bienes que  compensen a las  élites políticas y económicas.

Además, se propaga de forma masiva a través de diversos mensajes que se pueden apreciar claramente en los discursos políticos, notas periodísticas, comerciales en la televisión y en otros medios de comunicación la parafernalia de que no hay una forma de construir otro mundo posible, pues en el que habitamos es el único que existe. Y para ello debemos estar bien “preparados” para afrontar los tiempos difíciles que nos arropan.

En consecuencia, el liberalismo de hoy se reduce al simple credo de no hay alternativa. Si se desea descubrir el origen de la creciente apatía  política, no es necesario buscar más allá o hacer un recorrido hacia el pasado. Pues la política actual promueve y premia el conformismo. Y conformarse con nuestro estado de cosas y con nuestra realidad imperante en un asunto que no necesita de los otros, sino bien uno puede hacerlo en soledad desde la comodidad del hogar, escuela o trabajo. Entonces, ¿para qué molestarnos si los políticos, de cualquier tendencia, no pueden prometernos nada, salvo más de lo mismo?

La actividad política con apellido democrático se ocupa de desmontar los límites de la libertad de los ciudadanos pero también los auto-limita. Pues en un primer momento concede a los ciudadanos como libres para permitirles establecer, individual y colectivamente, sus propios límites, individuales y colectivos. Esta segunda parte de la proposición  es la que se ha perdido. Ahora todos los límites son ilimitados. Cualquier intento de autolimitación es considerado el primer paso de un camino que conduce directamente al gulag o mejor dicho a la exclusión, como si no existiera otra opción más que la dictadura del mercado y del gobierno, como si no hubiera un espacio para los ciudadanos convertidos en sujetos políticos salvo para consumidores y productores de insumos mercantiles. “Solo de esa forma son soportados por los mercados financiero y comercial” (Bauman, 1999: 12). De esa forma el gobierno y las élites económicas promueven y cultiva una forma de organización social, cultural y política. Y que a través de ello posibilita que el proceso de individualización cumpla con su cometido de atomizar al individuo en sociedad a través del egoísmo, la apatía, la indiferencia, la insensibilidad y la condición acrítica de sus situaciones y de su entorno.

Vivimos en los tiempos de “La acumulación de basura y más basura” (Castoriadis, 2005). Esta acumulación no deben existir límites, ya que los límites son considerados como anatemas y ninguno sería tolerado.

En consecuencia, “la aversión de la autolimitación, el  conformismo  generalizado y la consecuente insignificancia de la política tiene un precio. Un precio muy alto, en realidad. El precio se paga con la moneda de cambio en que suele pagarse el precio de la mala política: el sufrimiento humano” (Bauman: 1999:11). Por lo que estos sufrimientos se perpetúan de diferentes  formas y pueden rastrearse en el mismo origen. Pues justo como lo intentamos visibilizar en nuestro primer capítulo de esta investigación, nace a partir de una lógica productiva que inventa el capitalismo industrial y que a través de la especialidad, la división del trabajo, la solidaridad productiva y la monetización del individuo como una forma de relación,  darán como resultado una serie de valores como la apatía política, la indiferencia por lo social y el perseguimiento de su bienestar privado, que posteriormente se expresaran de forma contundente en el ejercicio de una mala práctica política. Y que  en nuestra época se expresa de forma radical en un ambiente de incertidumbre, de desprotección e inseguridad.

El problema contemporáneo más siniestro y penoso puede expresarse más precisamente por medio del término “Unsicherheit”, la palabra alemana que fusiona otras tres del español: “incertidumbre”, “inseguridad” y “desprotección”. Lo curioso es que la naturaleza de este problema es también un poderosísimo impedimento para instrumentar remedios colectivos: las personas que se sienten inseguras, las personas preocupadas por lo que puede deparar el futuro y que temen por su seguridad, no son verdaderamente libres para enfrentar los riesgos que exige una acción colectiva. Carecen del valor necesario para intentarlo y del tiempo necesario para imaginar alternativas de convivencia; y están demasiado preocupadas con tareas que no pueden pensar en conjunto, a las que no pueden dedicar su energía y que solo pueden emprenderse colectivamente. (Bauman, 1999: 12).

De manera que las instituciones políticas que proliferan y se crean en la actualidad para ayudar a las personas en su lucha contra la inseguridad y la desprotección les ofrecen poco auxilio. Por lo que el individuo se ve forzado a crear sus propios mecanismos de seguridad y protección encontrándolas precisamente en el mercado mismo. Es por ello que el individuo de nuestra época prefiere gastar sus energías y cumplir con una jornada fulminante de trabajo, o en actividades que se vean reflejadas en el bolsillo de las personas y que le permitan  mantenerse estable y con una cierta certidumbre individual, que dedicarse a hacer actividades de beneficencia social y bien común por el simple gusto de hacerlo sin verse reflejado con algún salario o ayuda económica. Aquí se encuentra núcleo fundamental de producción y reproducción del proceso de individualización de las sendas políticas.

De acuerdo con Ulrich Beck, quien ha sido uno de los pensadores más presurosos en el análisis de la globalización y sus repercusiones en la vida pública. Menciona que precisamente, la individualización es un proceso que transforma institucionalmente las actitudes políticas de la sociedad. Ya que las instituciones encargadas de mantener una cierta cohesión y regulación de lo social, al verse limitadas y desgastadas por la pérdida creciente de poder político, debido a los fuertes y rápidos cambios que se originan con el proceso de globalización impulsadas por las élites económicas transnacionales, estas instituciones que se encuentran en el terreno de lo local no pueden hacer gran cosa para brindar certezas y seguridades al individuo.

Sin embargo, cuando en el escenario social emerge una cierta organización conjunta de actores y sujetos políticos para mitigar esas inseguridades y empezar a conquistar derechos que dignifican la vida de los individuos, casi todas estas acciones y medidas adoptadas por los involucrados tienden a dividirse; siembran suspicacia y terminan por separarse, acabando por volverse más solitarios, frustrados e aislados.

Esta es una de las razones que explica la escasez de demanda de espacios privados-públicos, y el hecho de que los pocos que existen estén vacios casi todo el tiempo condiciona su reducción e incluso su desaparición. Otra razón para que los espacios públicos tiendan a desaparecer es la flagrante carencia de importancia de todo lo que ocurre con ellos (Bauman, 1999: 13).

Sin embargo, además que estos espacios públicos-privados se encuentren desapareciendo paulatinamente en el terreno físico de la plaza o la calle, se están originando otros mecanismos de expresión sobre los asuntos políticos a partir de las redes sociales y grupos de internet.

Si bien estos “nuevos” espacios son criticados y algunas veces hasta banalizados por la elocuencia en  sus formas de comunicación y sus propósitos de entretenimiento, muchos de los individuos de nuestra época consideran que es una buena herramienta para organizar movilización, exponer sus críticas y juicios sobre la actividad política o para expresar diversos disgustos sobre la partidocracia, personajes políticos o coyunturas políticas.

Esto ha originado que la política clásica, por llamarlo de algún modo, asociada al poder de convertir los problemas privados en cuestiones públicas, así como el poder de interiorizar cuestiones públicas  y transfórmalas en asuntos privados. En la actualidad este mecanismo político está desfasado y pasado de moda. Pues la política que predomina en nuestra sociedad moderna, por lo regular, los individuos abordan las cuestiones públicas que devienen de los problemas privados de las figuras públicas.

Observemos los numerosos payasos políticos que hoy en día adquieren mayor popularidad que cualquiera de los anticuados políticos del tipo burocrático o experto. Nos acercamos suavemente a una fase la de la vida política en la que el principal rival de un partido político consolidado no será otro partido político de corte o ideología distinta, sino una organización no gubernamental influyente o un movimiento social. (Bauman; Donskis, 2015: 71)

En ese sentido vivimos habidos y con sed de poder que se manifiesta y se encuentra en una fuerza económica, y no en las viejas estructuras militares o instituciones políticas. El poder ahora se muestra en cuánto poder posees para acceder al consumo, al placer; el poder es un camino para lograr una vida material digna. Consumo, luego existo.

Nos hemos acostumbrado a considerar al ser humano como una mera unidad estadística. No nos sorprende concebir a los seres humanos como fuerza de trabajo. El poder de compra de los seres humanos y la capacidad para consumir se han convertido en criterios cruciales para evaluar el grado  de idoneidad de un país a la hora de ingresar  en el club de poder, al que aplicamos varios títulos pomposos de organizaciones internacionales. La cuestión de su es una democracia es relevante solo cuando no se tiene poder y hay que controlarlo con palos políticos y retóricos. Si eres rico en petróleo o puedes consumir o invertir mucho, eso te absuelve de no respetar la política moderna y la sensibilidad moral o de no comprometerte con las libertades civiles y los derechos humanos (Bauman; Donskis, 2015: 72).

Los sufrimientos nacidos individualmente son muy semejantes con el otro, ambos comparten las crecientes deudas de sus impuestos y servicios, viven en la incertidumbre de la precariedad del trabajo o salarios mal retribuidos, comparten la confusión de las perspectivas vitales a largo plazo; todo este ambiente se reduce a la incertidumbre existencial: esa extraña mezcla de ignorancia e impotencia y una fuente inagotable de humillación y desosiego.

No obstante, el verdadero poder de tomar decisiones e  influir sobre el otro permanece a una distancia segura de la política. En donde los individuos se ven limitados a alcanzar y tener de nuevo en sus manos las direcciones de su vida social. El poder de la compra, se deposita en la mente de los individuos y se convierte en una espumosa ideología que imposibilita a los personas a pensar y proyectar escenarios posibles de convivencia. Como lo expresa Cornelius Castoriadis, “el problema de nuestra civilización es que dejó de interrogarse” (Castoriadis. 2000) y agregaría, dejó de aprender a pensar, y en consecuencia, dejó de crear escenarios posibles de relación y cambio. Cambiamos la innovación por el pensamiento, la tecnología por la actividad política, el interés colectivo por el individual. Parafraseando a Bauman, los terrenos sólidos por las arenas movedizas.

Ninguna sociedad que olvida el arte de plantear preguntas o que  permite que esa condición caiga en desuso puede encontrar respuestas a los problemas que la aquejan. Aunque cabe destacar, que son en los claustros académicos, grupos de investigación e interesados sobre los temas que nos acechan quienes están en la búsqueda y reflexión constante por encontrar nuevos derroteros que nos den salida de los tiempos oscuros que nos abrazan en la actualidad. Así como artistas, cineastas, pintores, entre otros.

De modo que el aire social que nos rodea y que respiramos a menudo en nuestra cotidianeidad, pareciera que esa endeble libertad que aparentemente  hemos conquistado y que nos asfixia cuando no accedemos  al círculo del consumo y al placer individual, es lo único por lo que vale la pena vivir.

Sin embargo para conseguir una verdadera libertad como condición y no como un acto aparente de consumo, es que la libertad individual solo puede ser alcanzada y producida bajo el trabajo colectivo. La libertad, me atrevería a decir, solo puede ser conseguida y garantizada colectivamente.

En el siglo XXI nos desplazamos hacia la privatización de los medios que aseguran y garantizan nuestra libertad individual, por lo que estamos cerca de sufrir un accidente que podría dejarnos sin ningún rastro de vida colectiva. Y que constantemente se van expresando diversas patologías sociales siniestras y atroces en nuestros días como por ejemplo: hay cada vez más pobreza extrema, marginación y exclusión, emergencia de grupos  de narcotraficantes, delincuencia organizada, grupos de lavado de dinero, actos terroristas, redundancia social y miedo latente. Enfermedades que poco a poco se están manifestando en diversas partes del mundo. Pero que todo este ambiente es maquillado por la seducción del consumo, el hedonismo, la ideología individualista, los mass media y el entretenimiento.

La política no se mantiene apartada de la seducción. Quienes se encargan de hacer política hoy en día tienen muy en consideración la importancia de su imagen, la cual sirve para enviar un mensaje humanizado a la sociedad a quien gobierna, a menudo se presenta ante el pueblo con una simplicidad ostentosa, se presenta con guayaberas, jeans o chamarras tipo cazadora, reconoce humildemente sus límites, sus  debilidades y mantienen un discurso solidario para apalear los males que aquejan a una nación en específico.

Esta forma de política personalizada corresponde a la emergencia de esos nuevos valores que se han creado en la actualidad y que corresponden a una forma políticamente correcta como la cordialidad, la confidencia, la autenticidad, la personalidad, valores que el individualismo-democrático ha generado en los últimos tiempos. No tener o expresar estos valores, aunado con una serie de requisitos fundamentales para tener una vida política exitosa, implica perder el tiempo.

La seducción hija del individualismo hedonista que genera los valores del mercado y que se radicaliza en la democracia, hace de la política un espectáculo, pervirtiendo a las democracias mismas pues éstas se llenan de intoxicación publicitaria y manipulación del electorado a través de la imagen, la apariencia y las ilusiones falsas.

La política ha entrado en la era de o espectacular, liquidando la conciencia rigorista e ideológica en aras de una curiosidad dispersada, captada por todo y nada. De ahí la importancia capital que revisten los mass media a los ojos de los políticos; o teniendo otro impacto que el vehiculizado por la información, la política se ve obligada a adoptar el estilo de la animación, debates personalizados, preguntas y respuestas, etc., lo único capaz de movilizar puntualmente la atención del electorado (Lipovetsky, 2003: 39).

Según Lipovetsky, la apatía de la política que se refleja en nuestros tiempos responde a la plétora de  informaciones, a su velocidad de rotación, ya que tan pronto se registra un acontecimiento político, éste se olvida casi inmediatamente y es sustituido por otros espectáculos políticos de mayor envergadura. En ese sentido, se manifiesta una realidad paradójica, pues el exceso de información que reciben los individuos, genera que los mismos individuos no tengan capacidad de reacción, pero sobre todo, que no tengan la capacidad de formularse una identidad política que se refleje en una movilización o grupo, y si nacen, con el tiempo se van consumiendo. Por lo que la política del individuo tiene como  característica la condición de agotarse y desintegrase a mayor velocidad

La indiferencia pura designa la apoteosis de lo temporal y del sincretismo individualista (…) En estas condiciones está claro que la indiferencia actual no recubre más que muy parcialmente lo que los marxistas llaman alienación, aunque se trate de una alienación ampliada. Esta, lo sabemos, es inseparable de las categorías de objeto, de mercancía, de alteridad, y en consecuencia del proceso de reificación, mientras que la apatía se extiende tanto más por cuanto concierne a sujetos informados y educados. La deserción, no la reificación: cuanto más es el sistema crea responsabilidades e informa, más abandono hay, es esa paradoja lo que impide asimilar alienación e indiferencia aunque ésta se manifieste por el  aburrimiento y la monotonía (Lipovetsky, 2003: 41).

Bajo ese argumento la indiferencia designa una nueva conciencia que se ve reflejada en la libertad aparente del individuo y que se expresan en los diversos valores que produce el proceso de individualización.  La indiferencia de nuestros tiempos no significa pasividad o re-significación, sino significa que el individuo adquiere su estado de espectador. El zoon politikon de nuestra época no es ni el decadente pesimista de Nietzsche ni el trabajador oprimido de Marx, sino es un espectador, que se informa y opina desde sus fuentes de información que provienen de las redes sociales, el internet, blogs, periódicos y noticieros televisivos. Por lo que la alienación que antes se encontraba en la mecanización del trabajo, ahora se encuentra en la vida libre del individuo y que se encuentra en diferentes partes de su vida cotidiana y privada.

Este proceso detona que la actividad política se individualice a la par de la sociedad. Creándose un sistema de organización legitimado bajo un principio de aislamiento considerable, los ideales y valores de la sociedad son compartidos solo si el otro lo considera como respetable. De no ser así, el individuo genera todo tipo de estigmas, estereotipos y descalificaciones que denigran al ser humano. De ahí que no sea raro poder leer mensajes, tweets o  estados de facebook descalificando una movilización política, una corriente de pensamiento, un grupo activista homosexual, feminista o transgénero. La intolerancia de nuestra época se expresa en un maquillaje democrático, bajo el estándar de lo que el individuo considera la libertad de expresión. Por lo tanto, cuando lo social y lo político está abandonado, el deseo, el placer y la comunicación se convierten en los únicos valores que hay que conservar.

De ahí que a menudo podamos observar el perseguimiento obsesivo de mantener un cuerpo sano y torneado, que seduzca y atraiga, la adoración por el sexo libre y sin compromiso, el consumo exacerbado de mercancías tecnológicas, el uso de la moda como expresión corporal, la finitud por la ciencia en revistas de consulta que pueden adquirirse en  puestos de periódicos para mantenerse informado. El individuo de nuestra época vive en la etapa del éxtasis de la liberación personal, y todo aquel que atente contra ello, debe ser excluido, ignorado,  invisilizado.

Es por ello que la especialización, la solidaridad orientada a la producción que hoy se expresan en la creación de fuentes de trabajo que no son realizados por el Estado, sino por el mismo individuo, la división social de trabajo y la monetización del dinero que hoy se manifiesta de forma radical como un elemento de socialización. Estos elementos que se fueron construyendo y se fueron trasladando gradualmente a la sociedad permiten la integración del individuo al campo del placer y del consumo, de la indiferencia y de la libertad de elección. El capitalismo hizo indiferentes a los hombres y mujeres como lo hizo con las cosas.

Aquí no hay fracaso o resistencia al sistema, la apatía no es un defecto de socialización sino una nueva socialización flexible y <<económica>>, una descrispación necesaria para el funcionamiento del capitalismo moderno en tanto que sistema experimental acelerado y sistemático. Fundado en la combinación incesante de posibilidades inéditas, el capitalismo encuentra en la indiferencia una condición ideal para su experimentación, que puede cumplirse así como un mínimo de resistencia (Lipovetsky, 2003: 43).

¿Por qué un sistema cuyo funcionamiento exige la indiferencia se esfuerza continuamente en hacer participar, en educar, en interesar? El sistema en el que vivimos reproduce de forma extendida los aparatos de sentido y de responsabilidad que solo logran producir un cierto compromiso que es carente de compromiso. A menudo las élites quienes sujetan los  hilos de la economía y de la política, a través de los diferentes medios de comunicación emiten mensajes que aparentan ser positivos para la nación y en particular para el individuo mismo: “pensad lo que queráis de la tele pero enchufadla, votad por nosotros, pagad vuestras cotizaciones, obedeced la consigna de huelga, partidos y sindicatos no tienen más exigencia que esa <<responsabilidad>> indiferente (Lipovetsky, 2003: 44).

La indiferencia de nuestros tiempos se identifica con la escasez de motivación. El hombre no se aferra a nada, vive en la incertidumbre, no tienen certeza de su futuro ni de su presente, nada le sorprende y sus opiniones son tan cambiantes como su realidad misma.

El abandono  de roles e identidades homogéneas hace de nuestro tiempo un paisaje aleatorio, plural y complejo. Por lo que lo  político y lo existencial no pertenecen a esferas separadas, sino al contrario se convierten en una mezcla sin rumbo, en donde las fronteras se borran y las prioridades de redefinen.

La libertad aparente con la que vivimos y nos relacionamos hoy en día ha extendido un desierto de extrañeza absoluta ante el otro. Deseamos pero adolecemos estar solos. Así llegamos al final de este nuevo desierto; previamente atomizado y separado, cada persona se hace un agente activo de vida y de su rol en sociedad. El proceso de individualización impulsado por el sistema económico dominante, no contento con producir aislamiento de los individuos, engendra en su psique y en su conducta sed de deseo imposible, que una vez conseguido, resulta intolerable. Cada individuo exige y demanda estar solo, al tal grado de no soportarse a sí mismo, y por ende, al otro. Es cuando este nuevo desierto no tiene ni principio ni final.

Siguiendo a Bauman, este nuevo panorama se manifiesta de diversas formas de la vida social: de lo personal a lo relacional y luego a lo laboral.

La situación ha cambiado ahora; el ingrediente fundamental del cambio es la nueva mentalidad de “a corto plazo” que vino a reemplazar a la de a “largo plazo”. Los matrimonios “hasta que la muerte nos separe” son ahora una rareza: los miembros de la pareja ya no esperan estar mucho tiempo en compañía del otro. Según el último cálculo, un joven americano con un nivel educativo moderado supone que cambiará de empleo al menos once veces durante su vida laboral; esa expectativa de “cambio de empleo” seguirá sin duda en aumento antes de que concluya la vida laboral de la generación actual. “Flexibilidad” es el lema del día, y  cuando al mercado de trabajo significa el final del empleo “tal como lo conocemos” y el trabajo con contratos a corto plazo, contratos renovables o sin contrato, puestos sin seguridad incorporada pero con la cláusula de “hasta nuevo aviso”… el trabajo se ha convertido en un deporte 2de clase alta” o de “alto rendimiento”, más allá de la incapacidad y del alcance práctico de la mayoría de los que buscan trabajo… La pequeña parte de la población que trabaja lo hace de manera muy intensa y eficaz, mientras que la otra parte se queda el margen porque no puede mantener el rápido ritmo de la producción y, podemos añadir, porque la manera en que se realiza el trabajo deja poco espacio, y cada vez menos para sus habilidades. La vida laboral está saturada de incertidumbre (Bauman, 2001: 35-35).

Esta modernidad sin referentes de relaciones sociales se definen por la incertidumbre, y la actividad política no se escapa de sus efectos. Pues por un lado el ambiente social obliga a los individuos a relacionarse con sus pares para no sentirse desamparados, pero por otro lado, el escenario político nos impide ampararnos y situarnos en un terreno más digno y con mayor estabilidad y protección. Y todo esto  ocurre en un contexto de competencia exacerbada que termina por fracturar todas las relaciones. Este derrotero dificulta el florecimiento de la solidaridad social, la búsqueda del bien común, lazos de amistad, fraternidad, amor y responsabilidad.

Hoy más que nunca el sentido de la política debe tomar una nueva consideración; su comprensión, explicación y entendimiento en la sociedad actual demanda la necesidad de buscar una nueva definición de la misma. “Tal parece que la política hoy en día deja de tener sentido porque el mercado ha tomado su lugar”. (González, 2010: 279) La política al encontrarse individualizada, deja de definir los destinos de los individuos. Hoy en día su poder se ve cada vez más limitado en la instauración de las instituciones deseable.

Para tratar de redimensionar la política hacia el ámbito social, considero que debemos aportar una postura clínica y retomar diversas aportaciones que en el pasado fueron de gran importancia y explicaron desde su propia realidad la actividad política a través de categorías y consideraciones que en la actualidad pueden ser de gran utilidad, y así poder dar grandes propuestas de cambio. En palabras de Isaiah Berlin, no es posible concebir un escenario de cambio sin ideas.

Es por ello que considero que para significar el sentido de la política es pertinente voltear de nueva la mirada hacia las aportaciones de la pensadora de la política Hannah Arendt. En especial hacer uso de sus aportaciones en conceptos como la acción, libertad política y pluralidad. Considero que a partir de estas tres categorías es posible pensar la política desde los terrenos oscuros que promueve el proceso de individualización de la sociedad moderna actual y que nos permitirá en un tercer momento plantear la necesidad de construir un nuevo pensamiento político crítico.

Salir de las arenas movedizas de la individualización a través de la acción, pluralidad y libertad política

el ámbito público ha perdido el poder de iluminación  que formaba parte de su naturaleza original. En los países del mundo occidental, en el que, desde el declive del mundo antiguo, se ha considerado  la de emanciparse de la política como una de las libertades básicas, un núcleo cada vez mayor de personas hacen uso de esa libertad y se apartan del mundo y de sus obligaciones en él […] Pero con cada uno de esos abandonos se le inflige al mundo una perdida casi demostrable: lo que se pierde es el compromiso especifico y, habitualmente, irremplazable que debería haberse formado entre el individuo y sus prójimos (Arendt, 1990: 4-5).

La misantropía con respecto a la política y el ámbito de lo público, según Hannah Arendt, se ha convertido en unas de las actitudes básicas del individuo moderno, que, de forma alineada, el hombre sólo puede revelarse de forma privada y en la intimidad de los encuentros cara a cara.

Sin embargo, en los tiempos líquidos, para ocupar una acepción que acertadamente propone Zygmunt Bauman para explicar los nuevos paradigmas sociales, políticos, económicos y culturales que predominan en nuestra época, esa poca incapacidad por parte del individuo por revelarse y expresarse cara a cara es una condición que poco a poco se va definiendo en el tiempo y perdiendo en el espacio.

Esto detona que la acción política como dominio de  experiencia de la libertad en cuanto a razón de ser de la política, tenga repercusiones considerables en la sociedad moderna. Ya que se trata de recuperar la experiencia de la libertad a partir de la esfera pública-política, instaurada y mantenida por las interacciones humanas o a partir de la acción conjunta entre los individuos. Pero que en la actualidad está condición, se encuentra lacerada por las diversas interconexiones que se dan a partir de uso exacerbado de la tecnología para comunicarse, el consumo y el interés privado, que imposibilitan una  sensibilidad latente por las cuestiones políticas y asuntos de intereses colectivos.

La libertad de nuestros tiempos adquiere una condición pragmática que se ve maquillada y usurpada bajo los discursos capitalistas de las élites globales y como discursos populistas por parte de los políticos en acción, que utilizan su estandarte para ganar adeptos por parte de quienes los eligen y conservar el estatus quo  político.

Por lo tanto, para salir de las arenas movedizas que produce el proceso de individualización de la sociedad que establece el nuevo orden mundial y que se refleja considerablemente en la actividad política. Se trata de poner en evidencia que el problema de la libertad cosificada hacia las cuestiones de consumo y vida a la carta, surge originariamente a partir de la política, o sea, “del ámbito intermediario de relacionamiento y distinción instaurado entre los hombres por medio de sus interacciones e intereses comunes” (Ribeiro, 2010).

Arendt argumenta, “nuestra tradición filosófica sostiene casi únicamente que la libertad comienza donde los hombres dejaron el ámbito de la vida política, habitado por la mayoría, y que no es experimentada en asociación con otras personas, sino en relación con el propio yo” (Arendt, 2000: 204).

La libertad desde la tradición filosófica, fue concebida y pensada como una propiedad de la voluntad y de la razón, mediante el cual su dominio de experiencia radica en el acto cognitivo del intelecto y de la decisión, en contraparte, la tradición cristiana consolidó la reflexión  sobre la libertad a partir del ámbito de interioridad, es decir, a partir de un espacio mediante el  cual los hombres “se sentían “libres” en la medida en que podían refugiarse de un mundo hostil e inhóspito en el cual no tenían un lugar reconocido y garantizado por la pluralidad humana” (Ribeiro: 2010). En ese sentido, la construcción de la libertad fue concebida como algo que sólo compete al propio individuo, es decir, la libertad se encuentre en sí misma en el individuo, pero que solo concierne a él mismo perdiendo toda significación pública y consecuentemente su interés y su sentido político.

El sujeto se retira del mundo público en cuanto algo que aparece directamente entre iguales por de la acción y del habla, con el fin de resguardarse al abrigo de la interioridad en que la libertad es ejercida en las más completa soledad, a través del libre albedrio, sin ninguna relación con la acción política (Ribeiro, 2010).

Esta construcción sobre la libertad interna del individuo es en donde fundamentalmente se justifica el individualismo que provoca las sendas del capitalismo globalizado y de las olas democratizadoras estructuradas bajo las lógicas del liberalismo. La concepción liberal de la política, amplió el abismo entre libertad y política. Eres más libre mientras menos te permitas involucrarte en los ámbitos de la política.

Esa clásica posición liberal vincula a la libertad con garantía de seguridad a los individuos, atribuyendo a la política ese deber y liberando a los individuos para las actividades realizadas fuera del ámbito público-político. “Para el liberalismo, la esfera política debe garantizarnos una posible libertad en relación a la política” (Ribeiro, 2000).

La noción de libertad que emerge de las prácticas liberales y que se radicalizan en los tiempos de gran movilidad e inestabilidad constante, equivale al libre albedrio de cada individuo. De esa manera, la representación política de una cierta sociedad delibera a sus ciudadanos para que cumplan un papel en el especifico, pero sobre todo ejerzan diversas actividades con el propósito de que no impliquen necesariamente acciones políticas.

Las democracias liberales representativas restringen la libertad política al mínimo instante del voto. La actividad política, para el liberalismo, debe respetar las actividades privadas de los individuos o la libertad económica de los propietarios privados, dejando que hagan las reglas y las normas de sus prácticas. En esa distinción liberal, la libertad es pensada como “libertad en relación a la política”, destinada exclusivamente al crecimiento y desarrollo económico privado, promoviendo una apatía política que se rige del proceso de aislamiento de los ciudadanos y la masificación de los individuos, incrementado por el imperialismo económico, aumentado el empleo de la violencia para la resolución de conflictos, la multiplicación de las minorías, etc. (Ribeiro, 2000).

Vivimos inmersos en un mundo colapsado por su sistema político y del mundo en general. El colapso del mundo significa la profunda disminución del vigor del ámbito público y humano, una ruptura en la plena pertenencia del hombres al hombre público, una caída visible de la fuerza del mundo que el mundo tiene para congregar a los individuos y distinguirlos uno de otros en cuanto seres que actúan y hablan.

De forma que para Arendt, el mundo común, es la esfera pública que permite a la libertad aparecer concretamente como una realidad tangible, porque unifica y distingue os hombres más allá de los intereses privados y de las necesidades de la vida natural (Arendt, 2000). En ese sentido, el colapso del mundo significa que el espacio público perdió la fuerza de juntar, relacionar y distinguir a los hombres pues ya no poseen un interés en un mundo común.

En las diversas democracias realmente existentes, la actividad política está obscurecida por la despolitización tecnocrática, en función de la burocratización del creciente empleo de la violencia por parte del Estado y por la creciente privatización  del espacio público, transformando  en esfera social de intercambios económicos de una sociedad  que reduce a los hombres a la función de trabajadores y consumidores.

De esa manera no es raro que Arendt haya sorprendido en la crítica y su reniego de considerar al liberalismo como la única alternativa política que se manifestaba en los lejanos albores de la Guerra Fría. Sosteniendo, además, que tanto los defensores de los pueblos libres y de los mercados abiertos también existen  elementos característicos de los movimientos totalitarios en todas las sociedades que son consideradas como libres, tales expresiones se manifiestan en la apatía política, el aislamiento de los ciudadanos, el carácter superfluo de los hombres, la irresponsabilidad y la indiferencia con relación al mundo público y el obscurecimiento liberal entre la libertad y la política.

La libertad es pensada como libertad en relación al ejercicio político activo, destinado exclusivamente al crecimiento y el desarrollo económico privado. El estado moderno se tornó una asociación de propietarios, cuya función primordial es preservar  la propiedad privada y crear condiciones de acumulación de más riqueza. Pero su “permanencia”  es de otra naturaleza: se trata de un proceso continuo de acumulación para satisfacer el consumo y no una estructura estable. (Ribeiro: 2000).

Arendt acusa a la democracia liberal de haber transformado el ejercicio plural de la política  en un compleja administración burocratizada, y hoy, tecnologizada, de los interés vitales de la sociedad, expresados en interés que se manifiestan en el nuevo hombre laborans  que se desarrollaron a partir de la solidaridad productiva, la especialización y la división social del trabajo.

La actividad política, para el liberalismo, debe respetar las actividades privadas de los individuos o la libertad privada económica de los individuos privados, dejando que hagan sus reglas y las normas de sus prácticas. Por lo tanto, la libertad siempre debe estar separada de la acción política, porque esta tiene la función de garantizar seguridad, arbitrar los diversos conflictos que se desprenden de la sociedad. La verdadera libertad que proclaman las élites económicas y políticas la justifican en la no política, sino es trasmitida y entendida como la capacidad de liberarse de la política, y por ende, de todo compromiso posible, dado que toda acción política está al servicio de las garantías que confieren al individuo la libertad económica y que se enuncian en el trabajo, la propiedad y la sobrevivencia.

En el ensayo Sobre la Revolución, Arendt considera que esta tradición confundió el sentido de la libertad con el liberación. Ya que no basta  con que estemos liberados para ser políticamente libres. Por lo que los individuos son libres en cuanto actúan, ni antes ni después; porque ser libre y actuar es la misma cosa (Arendt, 2003).

La separación entre libertad y política está enraizada en una larga tradición que remonta al desencanto con Platón con la antigua polis. Según Arendt está tradición que comenzó con Platón se deja formular con la siguiente pregunta: ¿para qué sirve la política?

La vida política es una actividad fue concebida como un elemento elevado en sí misma. Tanto Platón como Aristóteles pensaban que la política debería ser organizada de tal manera que la filosofía, el cuidado de la verdad y de las cosas eternas, fueran posibles. Sin embargo, fue con los autores modernos de corte contratualista en donde la política es algo fabricado artificialmente, es decir, que no es permanente en la realidad sino que es producido entre las acciones de los diversos sujetos que la conforman con el único  sentido de asegurar una existencia pacifica y prevenir la muerte  violenta.

Sin embargo, en los terrenos líquidos que predominan en nuestra época, la pluralidad juega un elemento fundamental en el quehacer de la actividad política. Ya que la pluralidad instaura en el ámbito público del mundo la experiencia de la acción y el ejercicio de la libertad. “La pluralidad es condición mundana que exige  del “hombre estar entre los hombres” (Ribeiro, 2000), de vivir y cohabitar un mundo de seres diferentes pero únicos entre iguales, haciendo del individuo un ser que actúa, habla, opina y enjuicia a través de su palabra.

El diálogo es la única actividad que se da entre los hombres y mujeres, sin la mediación de las cosas naturales, por lo que la acción  es la substancia intangible de las relaciones humanas. Por lo tanto, considero que uno de los actos fundamentales para emprender la búsqueda de la salida de las arenas movedizas que reinan en nuestro tiempo radica en el habla y en la acción.

Es través del habla y de la acción, lo que le permite al individuo distinguirse de la diferencia de solo permanecer diferentes  e indiferentes ante el otro, porque la pluralidad no equivale a alteridad como lo consideran muchos latinoamericanistas, sino que significa capacidad de asimilación, comprensión que se articulan a partir de ciertos procesos de cambio que se desprenden  de la diversidad y de los interés comunes que cada sujeto político mantiene como  afinidad permanente sobre los asuntos relacionados a sus derechos, inquietudes, afinidades políticas e ideologías.

En consecuencia, la esfera pública es, por definición el espacio de la acción libre que nos interpone “entre los individuos y prescinde la mediación de los objetos o de la materia, dado que se ejerce sólo a partir de la convivencia y de la interacción humana en la medida de que los hombres se encuentran envueltos los unos con los otros en la realización de intereses comunes” (Ribeiro, 2000). Dichos intereses “constituyen, en la acepción más literal de la palabra algo que inter-esa, que está entre las personas y que, por lo tanto, las relaciona e entrelaza” (Arendt, 2001: 195).

Es  la acción y en el discurso  es como  los individuos se manifiestan y se definen quienes son. Más no a través del acceso al consumo y la vida determinada que imposibilita el desarrollo de la plena libertad. Por lo que, el individuo no es plural por sus diferentes gustos, placeres y valores; es plural por su condición de hablar y de actuar. En ese sentido, la pluralidad deviene del pensamiento, del juicio y de la identidad, mientras que en el proceso de individualización, atenta contra estas formas fenoménicas de racionalidad, sociabilidad y de ser-estar en el mundo. La individualización niega, borra y seduce, para transgredirla, hay que interpelar, actuar, pensar y dialogar para aparecer en sociedad, y junto con ello, sensibilizar el sentido de comunidad y bienestar común. “La acción está estrechamente vinculada a la pluralidad en cuanto una de las condiciones fundamentales de la existencia humana” (Ribeiro, 2000).

Mientras que en el proceso de individualización de la sociedad los individuos están condenados a trabajar para ellos mismos, y disfrutar del ambiente artificial de las cosas materiales y pasionales sin nunca comprometerse a un lazo sólido de interacción, debido a la inexistencia de acción y palabra. Esta forma de vida deja de ser una existencia humana, pues desde la interpretación  arendtiana, el individuo deja de crear  lazos de supervivencia y de relación al ser sustituida por la lógica de la innovación y el consumo que establece la propia vida líquida.

Actuar, desde esta perspectiva significa comenzar algo, iniciar un proceso, tomar iniciativa, imprimir movimiento hacia algo. Y el individuo es un ser creador por excelencia de su sociedad, de su forma de hacer política, de civilizarse, de pensar y concebir más allá de su órbita de posibilidades. Por lo tanto, la libertad no es sólo el blanco de la acción política como en los tiempos de revolución y crisis latente, sino en nuestra época se convierte en el principal motivo por el cual los individuos conviven políticamente organizados. Sin libertad la vida política como tal sería destituida  y despojada de significado y pertinencia.

Para ello para comenzar a salir de las arenas movedizas de la individualización es pertinente volver a crear, y para crear, considero es necesario volver a pensar.

En esa medida,

La gran tarea de la vida política es evitar la pérdida de la confianza de los hombres en la coincidencia entre libertad y acción. Es necesario tornar estable la esfera de la acción y del habla, teniendo en cuanta que es necesario impedir que esta desaparezca con el aislamiento producido por la tiranía o con la dispersión de los hombres en el regreso a sus vidas privadas (Ribeiro, 2000).

Sin embargo, entrar a la vida pública no sólo basta con hablar y actuar, sino además se necesita de coraje y valentía, es decir, se necesita de osadía para superar el servilismo de la auto-preservación impuesta por las élites  que establecen diversos mecanismos de dominación que mantienen a los individuos aislados e indiferentes. El coraje es la virtud política por excelencia.

Es necesario el coraje hasta para dejar la seguridad protectora de nuestras cuatro paredes y adentrarse en el ámbito político, no debido a los peligros específicos que puedan estar al acecho, sino porque hemos llegado a un dominio desde la preocupación con la vida para la libertad en el mundo. El coraje es indispensable porque, en política, lo que no está en juego no es la vida, sino en el mundo (Arendt, 2000: 203).

La libertad demanda a salir a los individuos al lado público-político y así se encuentren unos con otros en la modalidad de la acción y del discurso. Es por ello que las cuestiones privadas y los intereses propios del individuo corresponden a prácticas pre-políticas y para superar este estadio es necesario tener el coraje de superar el aislamiento con el fin de vincularse  los unos con los otros y producir procesos que inspiren y cultiven la confianza en la libertad de la acción política.

Si bien es cierto, que asociar la libertad con los asuntos de la política para ser  una empresa sin esperanza y como un túnel sin salida, la libertad tiene la capacidad de disolverse en el pensamiento mismo ya que la “mente tendrá que hacer un enorme esfuerzo para poner en orden todos sus elementos que saldrán a la luz según las exigencias de las propias experiencias” (Arendt, 2000:155). Lo que permitirá al individuo desarrollarse en lo que Arendt llama espacio de aparición, donde los individuos se encuentran, aparecen y se hacen visibles; y la pluralidad juega un elemento fundamental, ya que no solo tiene la capacidad de articular el fundamento de lo político y la libertad de los individuos, sino que permite aglutinar la acción de los individuos con su propio pensamiento. “La acción de los hombres se soporta en la libertad política y la convivencia humana, como ser con otros en el mundo” (Franco, 2013: 154).

Así, la acción “puede estimularse por la presencia de otros cuya compañía deseemos, pero nunca está condicionada por ellos; su impulso surge del comienzo, que se  adentró en el mundo cuando nacimos y al que respondemos comenzando algo nuevo por nuestra propia iniciativa” (Arendt, 2005: 206).

En consecuencia, el individuo que cosifica el proceso de individualización no son consideradas como personas sino como productores y su relación está mediada por lo producido y su ámbito público queda reducido al mero apetito que genera lo producido en relación con las mercancías, y con sus deseos de consumo. Bajo esta perspectiva, la acción y el discurso que promueve estás lógicas de socialización  quedan reducidas a los ámbitos de la innovación, la indiferencia y la insensibilidad política.

Por lo tanto, el ciudadano no es mayor o menor activo dependiendo el grado de intromisión en las cuestiones políticas, eso es una falsa idea que promueve el liberalismo a partir de cuestiones que impactan en su vida sociopolítica, a través de elementos como la cultura política, el voto y otras consideraciones que promueve. Sino el individuo es participativo cuando se ciñe y se relaciona a la esfera compartida de la convivencia con el otro. El buen individuo no es aquél, que convertido en ciudadano, es militante de algún partido político, ni mucho menos es aquél que lo mueve su espíritu político, sino quien es capaz de crear diversos mecanismos y espacios de convivencia que posibiliten cambios y que impacten en su política, su sociedad, su economía y sus formas de vida; convencido de sus actitudes, pensamiento y responsabilidades con el propósito de construir un mundo público mejor,  alcanzando su plena libertad a través de su actividad política

En ese sentido la libertad política va más allá de instituciones y de leyes, pues no sólo busca espacios para el desarrollo de cada individuo, sino que propicia la participación con los demás, como la fuente de la reconstrucción de la esfera pública.

Sin embargo, en nuestros endebles tiempos líquidos en el espacio público, no solamente reina y se construye a través de la acción y la pluralidad, sino que además, existe un ambiente en común que también imposibilita que los individuos salgan de las arenas movedizas, la condición del miedo.

En la actualidad, los productores de incertidumbre e inseguridad son, en general, de tipo global, por lo que pertenecen fuera de los alcances de las instituciones políticas existentes en el terreno nacional. Como justamente mencionó Manuel Castells “el mundo de hoy existe como un conjunto de redes superpuestas: mercados de valores, canales de televisión, computadoras o Estados” (Castells, 2012: 6).

Por lo que la política, no ha sabido adaptarse a estos nuevos derroteros que establece la globalización, pues mientras el individuos convertido en ciudadano realiza y construye su espacio público en el ámbito local, quienes mueven los hilos conductores de la economía actúan en el ámbito global.

De este modo, existe en las élites políticas una comprensible inclinación a desviar la causa más profunda de angustia y miedo, es decir, la inseguridad y la incertidumbre de los individuos se traslada hacía ellos a partir de la falta de protección.

Este miedo generalizado impide la capacidad de pensar, porque el miedo que arropa el ambiente líquido está lleno de elementos que cautivan y orillan al individuo satisfacer sus propios intereses personales.

En ese sentido, existe la necesidad de construir un nuevo pensamiento crítico que nos orille a formular nuevas formas de convivencia, pero sobre todo, crear nuevos diversos mundos posibles. Hoy más que nunca el mundo de carácter liquido no súplica transformación, sino demanda a detenerlo por un instante para aprender a pensarlo; para poder comprenderlo y explicarlo de forma adecuada, respondiendo a sus interrogantes y problemáticas que se desprenden de esta nueva realidad. Pero, en nuestros tiempos de gran cambio, de estructuras movedizas, en donde la política se encuentra en el desencanto y la individualización de la sociedad se encuentra sesgada y seducida bajo los estándares del consumo, el entreteniendo, el tiempo libre, el egoísmo y de sus instituciones que posibilitaban una forma de cohesión social es pertinente preguntarse, con miras de responder en nuestro tercer capítulo:  ¿Cómo es posible construir un nuevo pensamiento crítico en los tiempos líquidos, que responda y de cabida a la acción de los individuos para conseguir un mundo más habitable, más sensato, menos hostil y más comprometido?

Bibliografía:

Arendt, Hannah, (2005). De la historia a la acción. Buenos Aíres: Paidós.

—————, (2000). Entre o pasado e o futuro. Sao Paulo: Perspectiva.

—————, (2001). La condición humana. Barcelona: Paidós Ibérica.

—————, (2003). Sobre la revolución. Barcelona. Alianza Editorial.

Bauman, Zygmunt, (1999). En busca de la política. México: Fondo de Cultura Económica.

—————, (2006). Vida líquida.  Barcelona: Paidós

————— y Leonidas Donskis, (2015). Ceguera Moral. La pérdida de sensibilidad en la modernidad líquida. México: Paidós.

Beck, Ulrich, (1999). Hijos de la libertad. México: Fondo de Cultura Económica.

Byung-Chul Han, (2012). La sociedad del cansancio. Barcelona: Herder.

—————, (2015). La sociedad de la transparencia. Barcelona: Herder.

—————, (2015). La sociedad del aburrimiento. Barcelona: Herder.

Castoriadis, Cornelius, (2005). El avance de la insignificancia. Buenos Aíres: Editorial universitaria de Buenos Aíres:

Castells, Manuel, (1998). Redes de indignación y esperanza: Los movimientos sociales en la era del internet. Barcelona: Alianza Editorial.

Franco Gavira, Luis, (2013). El concepto de libertad política en Hannah Arendt. Manizales: Universidad Autónoma de Manizales.

Tocqueville de Alexis, (1957). La democracia en América. México: Fondo de Cultura Económica.

Electrónicas:

Ribeiro Alves Neto, Rodrigo, (2010). La acción política como base fenoménica de la libertad en Hannah Arendt en http://www.observacionesfilosoficas.net/laaccionpolitica.htm Consultado el: 16 de Mayo del 2016.

[1] Para entender dicho proceso, léase el primer capítulo de la presente investigación.

Reseña de la película: Amor en el Aire. “Del amor y de la interacción social”.

Por: Teolinca Velázquez [1]

Esta película lo que nos enseña en primera instancia es el error que comete la sociedad contemporánea, Bauman la denominaría la sociedad líquida en la que las relaciones se desenvuelven vía virtual viéndose atravesadas por la tecnología que reemplaza los vínculos sociales de antaño por aquellos vínculos a distancia, efímeros, líquidos.

Dos personajes representan lo que menciono de Bauman, uno pensaría quizá que me refiero al personaje de George Clooney pero irónicamente no, me refiero al personaje de Anna Kendrick (Natalie) y el de Vera Farmiga (No me acuerdo de su nombre Alex?). El personaje de Natalie es todo un proceso que enfrenta la juventud moderna que va más allá de la madurez que su personaje experimenta; Natalie es todo aquel joven recién graduado quien cree que la tecnología resolverá todos nuestros problemas, es todo aquél chavo que busca innovar su lugar de trabajo lleno de viejos, como se referiría a George Clooney en una escena, con soluciones virtuales, novedosas, líquidas.

Me parece excelente que la película demuestre que esto no es posible a la hora de trabajar, se requiere del contacto humano, del saber hacer vínculo con quienes trabajando y que aunque las video llamadas son muy útiles, hay ámbitos en los que no pueden reemplazar al individuo. Esto me parece primordial a la hora de pensar en cualquier trabajo que se tenga: las máquinas tienen límites y no reemplazan a los individuos; las máquinas están para ampliarle el límite al hombre, no para reemplazarlo.

Por lo tanto cualquier trabajo hoy en día puede debe encontrar el equilibrio entre el trabajador y la máquina a medida de que esta última optimice el desempeño de quien trabaja. Esta reflexión tiene todo el Siglo XX argumentándose, me viene a la mente la película de Charles Chaplin “Tiempos Modernos” la cual en su época marcó la misma argumentación que yo estoy dando, sin embargo la película se refería al reemplazo de la mano de obra; hoy, en la modernidad líquida, se trata del reemplazo de las relaciones humanas.

A consecuencia de la revolución industrial el trabajo humano se vio disminuido y los pesimistas del tiempo juraban que llegaría la revolución de las máquinas; lo que vemos en l película es irónicamente la respuesta a lo que estos hombres decían en su tiempo: es imposible que exista una revolución de máquinas puesto que aunque el hombre y su sociedad por más sistémicos que se encuentren, por más automática que se encuentre la vida actual, son vida, son seres vivos que respiran, sienten, lloran, ríen, hablan, se comunican, perciben, hacen contacto. Esto es algo que no se puede sistematizar por más de que la autoridad se haya esmerado (hago alusión a la teoría de Michel Foucault), es imposible querer hacer de un hombre un robot, no solo es imposible, es una afrenta a la naturaleza del hombre.

Así que lo que le obtengo a la película es eso, el vínculo entre la tecnología y el hombre, George Clooney representa al hombre independientemente de sus ideas de libertad, él está consciente de lo necesario que es hacer contacto con la persona, sobre todo a la hora de comunicar algo tan fuerte como es un despido. Por otro lado, están las primeras escenas con Anna Kendrick, ella al principio de la película representa al mundo de la tecnología,  pues juntos deben formar el equipo que hacen la virtualidad y la naturaleza humana de las relaciones sociales.

A mitad de la película el personaje de Anna Kendrick comienza dejar ese lado sistémico que trae de su escuela y su propio contexto; me parece muy importante la escena donde despiden a un señora que anuncia su suicidio porque creo que ahí se encuentra también otro obstáculo para la optimización de un trabajo basado en la interacción social. Resulta que el personaje, ya habiendo recibido de su propia medicina (cuando su novio la corta por mensaje) comienza a interactuar con aquellas personas a las que deben despedir y por lo tanto se da cuenta de la profundidad del trabajo de Clooney, sin embargo cuando ella menciona que hay que evitar que la señora se suicide el mismo Clooney la detiene, nos damos cuenta entonces que hasta el mismo Clooney ha interiorizado el discurso deshumanizador que no solamente traen las grandes empresas, sino también las personas de a pie.

Cuando uno pregunta  un ladrón ¿Por qué robas? una de las respuestas más comunes es que digan “No es nada personal, es sólo un trabajo”, nuestra sociedad nos ha enseñado  trabajar automáticamente, a que nuestros trabajos no se vean interferidos por nuestra naturaleza humana, nosotros trabajamos, contribuimos productivamente  la sociedad, generamos ganancia y plusvalía, esa es nuestra misión como individuos formados en una sociedad occidental, esto es sinónimo de orden. Por lo tanto no es de sorprender que Clooney, después del discurso del principio sobre la importancia de la presencia del portavoz de las malas noticias también se vea atravesado por la deshumanización del individuo occidental productivo y eficaz.

Esta es mi conclusión sobre la película: la clave para el éxito se encuentra en reconocer la importancia del ser humano como individuo que se relaciona con unos y otros; y que la tecnología, aunque muy útil, se encuentra como herramienta para el individuo y no como su reemplazo, especialmente dentro del marco de la interacción social

[1] Licenciada en Sociología por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Amante de la literatura y el cine. Actualmente se desempeña como asesora en Instituto E-Marketing México.

Individualización, Violencia y Proceso des-civilizatorio

Por: Víctor Hugo López Llanos

El problema de la individualización es un asunto complicado por las diversas posiciones que se desprenden al realizar un análisis comparado. Por ejemplo, con los países del llamado centro en comparación con los países que conforman la periferia del sistema mundo. Eso en cuanto a realidades existentes especificas. La cuestión se problematiza cuando se aborda el proceso de individualización desde la cuestión teórica.

Si bien podemos entender a la individualización como el rompimiento de la lógica y la razón de ser de la sociedad civil a partir de los lazos de comunidad, representación y participación sobre las cuestiones públicas. Este nuevo fenómeno de la sociedad trae consigo diversas interrogantes que pueden ser de gran importancia para entender diversas problemáticas con las que se encuentra hoy en día la sociedad. Como por ejemplo el incremento de la violencia y el nuevo proceso civilizatorio que trae consigo la individualización de la sociedad.

Para diversos autores, consideran que el problema de la individualización realmente no es un problema, sino es una transformación natural de los individuos frente a la sociedad. Ya que los individuos se reivindican y se reconocen como lo que realmente son; individuos aislados que sólo en su necesidad de sobrevivir se relacionan con el otro.

Por lo que este proceso de individualización más que una trasformación es un nuevo proceso sociabilidad que se establece a partir de la ruptura de las instituciones políticas, del advenimiento del Estado y de la imposición de los valores que trae consigo el mercado frente a la sociedad.

A partir de este argumento, esta reflexión abordará la relación del individualismo con la violencia y estos dos elementos en relación al nuevo proceso “des-civilizatorio” en la sociedad. Para terminar con una conclusión sobre el tema abordado.

 

 Individualismo y violencia

La violencia como toda acción cambia el mundo

Hannah Arendt.

“On Violence”,

1970.

Con el advenimiento del Estado, diversos conflictos se han manifestado en la sociedad. Esto debido a las nuevas formas de administrar las cuestiones públicas con las que se gestiona, se dirige y se orienta a los individuos.

A partir de la flexibilidad laboral, la desigualdad que produce el mercado, la lógica democrática como preservación de la propiedad privada y circulación de elites políticas, la imposición de los valores del consumo, la idea del emprendimiento, la innovación, la cultura del entretenimiento y de la rapidez con las que se disuelven las relaciones sociales. Han producido que el individuo se transformé en la manera en cómo se desarrolla y se relaciona con el otro y con la sociedad.

Sin embargo, esto también ha producido otras grandes problemáticas, por ejemplo: el incremento exacerbado de la pobreza, la marginación, la migración y junto con ello el incremento exponencial de la desigualdad social.

Es decir, la individualización de la sociedad actual, no sólo debe ser entendida como el rompimiento de los lazos solidarios y comunitarios que antes lubricaban a la sociedad civil a partir de colectividades, grupos y comunidades que participan en la escena política, social y cultural.

Sino que ahora la individualización de la sociedad debe ser entendida como un producto de una seria crisis institucional. Ya que las endebles instituciones que dan una efímera cohesión a la sociedad se encuentran amenazadas y acosadas por la lógica del mercado y el proceso globalizatorio.

Es aquí cuando aparecen nuevas formas de socialización o en términos de Lipovetsky, un nuevo proceso de personalización[1], que trae consigo comportamientos paralelos a las normas establecidas; estos procesos están en la base de la aparición de un incremento constante de la violencia.

En este sentido, la modernización de la economía ha producido que la sociedad caiga en una especie de vacío, de incertidumbre en donde el temor a ser negado o desaparecido sea el motor fundamental para el que el individuo se movilice, se capacite, se tecnifique, se profesionalice. Por lo que el individuo genera en sí mismo un proceso de psicologización en donde la violencia se convierte en un modo de protección de su vida. Esto da origen a que la sociedad individualizada se deposite en el riesgo constante.

Beck menciona al respecto:

Con la extensión de los riesgos de la modernización (con la puesta en peligro de la naturaleza, de la salud, de la alimentación, etc.) se relativizan las diferencias y los limites sociales (…) En este sentido, las sociedades del riesgo nos son sociedades de clases; sus situaciones de peligro no se pueden pensar como situaciones de clases, ni sus conflictos de clases[2].

La violencia es por lo tanto un rompimiento de la estructura del Sujeto, ya que rompe con su esquema racionalizador que le da significado a sus propias acciones, por lo que las normas institucionales se ven severamente afectas, perdiéndose la noción de normalidad, de paz, de cohesión social y existencia.

Por lo tanto, es más fácil que los sujetos se inclinen a la violencia, cuando no cuentan con ningún proyecto de vida, cuando sus expectativas quedan limitadas por las estructuras que confeccionan su modo de superarse, pero sobre todo cuando se produce un desencantamiento con su creatividad y su proyección.

Según René Kaës:

“Cuando los símbolos institucionales están atascados o desfallecientes y que son representados en la desaparición de los espacios-soporte institucionales podemos observar la violencia destructiva cuando las funciones degeneradoras de símbolos están atascadas o desfallecientes y cuando el retorno de la violencia fundadora no puede ser simbolizada.”[3]

El definitivo agotamiento institucional refleja su ineficacia para lograr una nueva cohesión social que redefina al individuo frente la sociedad, por lo que genera un profundo resentimiento social, en donde los jóvenes son los más involucrados en esta problemática. Por lo que este fenómeno trae consigo una reacción de los individuos frente a la sociedad.

Bataille menciona en La parte maldita que “todos los sistemas vivos reciben su energía del desprendimiento que el sol hace de su propia energía. El sol da sin recibir (…) los seres vivos aprovechan esta energía para su propio funcionamiento y crecimiento, pero cuando su crecimiento llega a un limite dicha energía ya no tiene utilidad y debe ser derrochada”[4]

Esto significa para este contexto, que si la sociedad se encuentra bajo un proceso de individualización es gracias al debilitamiento institucional y por el encubrimiento y protección de la lógica del mercado; por lo que los individuos, al no cumplir con sus expectativas, se ven orillados a manifestar actitudes radicales de insatisfacción política y económica, en donde la violencia es la principal manifestación de inconformidad que paradójicamente atentan contra su bienestar y seguridad social.

Por lo tanto, para decirlo de una forma especial, si el Estado a través de sus instituciones no “regala” y garantiza el reto de la función de protección y seguridad que el individuo espera de él. Entonces el individuo al quedar deshonrada su voluntad necesita hacer lo mismo pero con un valor agregado[5]. Aquí es un ejemplo del potlatch que Bataille menciona en La parte maldita.

En otras palabras, las instituciones del Estado no sólo es su deber derrochar “generosidad” y “protección”, sino es la parte fundamental de coacción, gobernanza y reproducción de la vida social, cultural, política y civilizatoria.

Si bien es cierto que la violencia, también depende de otros factores como las costumbres, la marginación, el hábito, y por ende la desigualdad y la pobreza. Todo esto genera una especie de destrucción del entramado social. En donde el individuo materializa en su conducta nuevas formas de interacción y produce una nueva especie de civilización.

En donde la supervivencia se convierte en la base social que reproduce nuevos mecanismos de vida. Es decir, el individuo común inmerso en esta problemática, en donde la violencia reina y se manifiesta constantemente, sus gustos y sus valores están permeados por la ética de la distracción y la estética de la muerte. En una sociedad en donde se enfrenta a la tentación constante del consumo compulsivo.

En sentido cabría interrogarnos lo que el doctor Francisco Pamplona se pregunta en su artículo intitulado “Violencia y civilización en la sociología figuracional de Norbert Elías”, ¿por qué la violencia “parece” contraria a la civilización?[6]

Citando a Elías, el doctor Pamplona argumenta que “para poder entender la violencia en el marco del proceso civilizatorio. No podría entenderse sin la consideración de que los conflictos entre los seres humanos se resuelven de manera no violenta.”[7] Debido a que “este rasgo es inseparable del entendimiento de la “positividad” de la pacificación alcanzada en el interior de los estados.”[8]

A partir del anterior argumento, considero que para apaciguar la actividad violenta de los individuos en la sociedad depende del nivel de institucionalización que genere el Estado y que el gobierno, por su parte, se encargue de administrar la violencia en el interior de las sociedades para generar una mayor gobernanza entre toda la sociedad en su conjunto. Por lo tanto, es necesario que el Estado adopte y recupere el monopolio de la violencia.

Pero, ¿cómo es posible esto?

Estado y sociedad son productos que se retroalimentan a sí mismos, se complementan y se redefinen tanto en el tiempo como en el espacio en donde ambas convergen, se conflictual y se reproducen a partir del poder político, la economía, las leyes y la moral.

En este sentido, aunque pareciera una gran paradoja, la individualidad de la violencia debe ser traspasada a partir de varios mecanismos en donde se lubrique de nueva forma la institucionalidad, se rescate el sentido solidario de comunidad, de la distribución de la riqueza a partir de políticas públicas que logre y genere diversos bienestares sociales, pero que sobre todo se antepongan nuevos lazos y valores que unan a la sociedad en donde se reconozca al otro.

La individualización de la sociedad propicia la aparición de la violencia. Esto debido a las altas tasas desempleo, la indiferencia de las instituciones económicas y políticas hacia las situaciones de pobreza extrema, el problema de la drogadicción, entre otros problemas que generan y desatan violencia.

En otras palabras, al referirnos de una sociedad individualizada, en la que el desempleo, la pobreza, la marginación, la drogadicción y la exclusión de grandes cantidades de población, están provocando que las instituciones no puedan otorgar sentido de vida a los sujetos, por lo que paulatinamente la violencia dota a los individuos en una vía idónea para expresar su sentir hacia el mundo.

Por lo tanto, ante desgaste de la comunicación entre los individuos, ante el consumo exacerbado fomentado por el mercado como eje articulador de la sociedad, ante la personalización de la vida y ante la aparición de la ética hedonista como norma universal de comportamiento, la violencia tiene un gran estado de germinación en una sociedad de riesgo latente, efímera, móvil con miedo e incertidumbre.

En este sentido, la violencia y la individualización de la sociedad están dando brecha a nuevos formas de des-civilización en donde el terror, el hambre, la guerra, el éxtasis, la locura, el sacrificio y la confrontación de todos contra todos se encuentren a la orden del día.

De ahí que muchos críticos, intelectuales y estudiosos sobre las nuevas realidades consideren que el Estado, la cohesión social y la armonía institucional se encuentren en tela de juicio, y que hoy más que nunca en la historia moderna, se encuentren en peligro constante.

Conclusión:

Considero que la explicación de la violencia requiere de diversos análisis que vayan más allá de la mera descripción o cuantificación de los datos, que si bien es cierto, son relevantes para diagnosticar las diferentes variables que la producen, resulta muchas veces quedan limitadas a meros atributos económicos y políticos.

La explicación de la violencia debería voltear los ojos hacia las configuraciones sociales, en el entramado de relaciones que los individuos establecen entre sí de manera directa través de las siguientes instituciones.

De esta forma, considero que la individualización en relación con la violencia son efectos que va generando la re-estructuración de la economía, que paradójicamente afecta al capital financiero, al Estado y la cultura en las relaciones sociales y que en cierta manera ponen a la violencia como un fenómeno relevante que merece la atención poner énfasis sobre su estudio.

Ya que resalta las diversas formas en cómo se relacionan los actores sociales y las instituciones. Lo cual constituye, indudablemente, una forma de sopesar la manera en cómo cada sociedad afronta sus propios cambios y busca construir y ser artífice de su propio destino.

 

Bibliografía:

Bataille, George, La parte maldita, Barcelona, Les editions de minuit, 1987.

Hobbes, Thomas, Leviatán o la materia, forma y poder de una republica eclesiástica y civil, México, Fondo de Cultura Económica, 2006.

Lipovetsky, Gilles, La era del vacío, Barcelona, Anagrama, 2003.

Pamplona, Francisco, “Violencia y civilización en la sociología figuracional de Norbert Elías en: Acta republicana: Política y Sociedad, Número 12, año 12. Universidad de Guadalajara, 2013.

René, Kaës, “La violencia que esta en el origen de las instituciones”, Disponible en: http://www.pagina12.com.ar/2000/suple/psico/00-08/00-08-31/psico01.htm Consultado el día 5 de diciembre 2014.

Ulrich, Beck, La sociedad del riesgo. Amor, violencia, guerra, Madrid, Barcelona, Paidós, 1998.

[1] Lipovetsky, Gilles, La era del vacío, Barcelona, Anagrama, 2003, p. 25.

[2] Ulrich, Beck, La sociedad del riesgo. Amor, violencia, guerra, Madrid, Barcelona, Paidós, 1998, p. 42

[3] René, Kaës, “La violencia que esta en el origen de las instituciones”, Disponible en: http://www.pagina12.com.ar/2000/suple/psico/00-08/00-08-31/psico01.htm Consultado el día 5 de diciembre 2014.

[4] Bataille, George, La parte maldita, Barcelona, Les editions de minuit, 1987, p. 56.

[5] Aquí cabe la idea de revolución. Desterrar a la élite del Estado que no proteja, ni cumpla con la voluntad de todos para la protección y seguridad de la vida en sociedad.

Hobbes argumenta en el Leviatán sobre el derecho a la resistencia cuando: “La obligación de los súbditos con respecto al soberano se comprende que no ha de durar ni más ni menos que lo que dure el poder mediante el cual tiene capacidad para protegerlos. En efecto, el derecho que los hombres tienen, por naturaleza, a protegerse a sí mismos, cuando ninguno puede protegerlos, no puede ser renunciado a ningún pacto”. Hobbes considera de suma importancia la idea de seguridad, que construye un derecho inalienable, el cual el súbdito puede recuperarlo cuando el soberano no se le esté brindando. Aquí es cuando Hobbes ratifica en la seguridad el alma de la vida social”. Hobbes, Thomas, Leviatán o la materia, forma y poder de una republica eclesiástica y civil, México, Fondo de Cultura Económica, 2006, p.120.

[6] Pamplona, Francisco, “Violencia y civilización en la sociología figuracional de Norbert Elías en: Acta republicana: Política y Sociedad, Número 12, año 12. Universidad de Guadalajara, 2013, p. 25.

[7] Ídem, p. 25.

[8] Ídem, p. 25.