Los partidos políticos y el trampolín “exitoso” de la vida académica

Tal parece que aquella vieja idea de que las instituciones que devienen y hacen política en relación con el Estado, en específico,  los partidos políticos se encontraban en crisis, es una vieja anulación que ha quedado en el pasado.

En México los partidos políticos están más vivos que nunca, así como su para ingenuidad y sus propósitos para sus afiliados e ideólogos; no sólo para conseguir bienes comunes, si no, según proclaman sus panegíricos, consolidar la tan ansiada democracia mexicana.

Basta con tan sólo adentrarse en las redes sociales para darse cuenta de la cantidad de personas que de verdad creen y defienden los procesos electorales y la pertinencia de llevar cabo acciones políticas desde la trinchera partidista. Y eso incluye desde jóvenes, adolescentes, adultos y personas mayores.  Y entre ellos, diversas personas que se dedican a cualquier actividad: obreros, estudiantes, amas de casa, académicos, burócratas, comerciantes…Este síntoma demuestra que los partidos políticos en la era del malestar en la democracia no solamente se han convertido en la piedra de toque del quehacer político, sino además, se han  convertido en la vía para alcanzar propósitos que tienen que ver con seguridades y protecciones sociales.

Sin embargo, la realidad, demuestra que los partidos políticos, más allá de representar a sectores de la sociedad, no representan más que a sus propios intereses, sin que ello afecte su reputación y su credibilidad, porque de ser el caso, millones de personas dejarían de creer en una institución, que al menos en nuestro país, son grupos de mafiosos que utilizan los mecanismos de los partidos políticos para mantener sus beneplácitos e intereses privados.

Pertenecer a un partido político en nuestros tiempos asegura bienestar personal y reputación social. Esto lo tienen bien entendido aquellos intelectuales que por lo regular, los define “el progresismo”, el discurso romántico y sobre todo la pose por la defensa de las causas perdidas que se encuentran en temas como: la defensa de los derechos humanos, la justicia social, el desarrollo y la creación de instituciones que posibiliten una mayor calidad de la democracias a partir de la transparencia, la rendición de cuentas o la preservación de la gobernabilidad a través de políticas públicas.

Si bien estos aparatos de la nueva democracia son fundamentales para la preservación de la misma, estos elementos son utilizados por esos intelectuales progres más por la retórica para generar adeptos tanto de sus pares como de sus sequitos de seguidores, que por la consolidación de estos dispositivos de control y vigilancia.

En ese sentido, los intelectuales que su afinidad es la política partidocrática encuentran en los partidos políticos comodidades, así como prebendas altamente rentables. De ahí que en nuestros tiempos haya un sinfín de académicos e intelectuales proto-críticos   que defiendan a capa y espada la labor de los partidos políticos sin importar que tan cínicos y corruptos sean.

Sin caer en la generalidad, para muchos que dicen trabajar con las ideas, es decir, quienes escriben libros, imparten conferencias, son profesores universitarios, publican artículos o ensayos en revistas indexadas, lo más fácil, para muchos de ellos es ofertar sus servicios al mejor postor. Y en este caso, el partido político es el trampolín del éxito y del reconocimiento académico.

En nuestros tiempos, tal parece que nadie se cuestiona  si con ello se pierde credibilidad como intelectual y como académico pues todo el mundo lo hace. En ese sentido, en un medio profesional tan acostumbrado a la mediocridad, a la vanagloria y a la confesión políticamente correcta, emplearse con los poderosos- ya sea a través de consultores, asesores, promotores, ideólogos, mercadólogos-, reivindicar la crítica y la independencia intelectual, en la actualidad resulta una tarea ilusa, pobre y hasta frívola.

En consecuencia, sigo pensando que el único compromiso plausible de los intelectuales y de los académicos, que al menos se interesan por la política, es el quehacer con la difusión y la divulgación de las ideas, sin quedarse, como es oportuno,  en el soliloquio que produce el escritorio o la soberbia que generan los olimpos que resguardan las universidades.

Por lo tanto, el quehacer político a través de la ideas requiere plena independencia del poder, de lo contrario, esos académicos e intelectuales se convierten en personas que se acomodan a lo que sea y a lo que pueden.

De ahí que hoy más que nunca el reconocimiento social de convertirse en asesor o consultor sea lo mejor que a alguien le pueda pasar, sobre todo al gremio de un sinfín de politólogos al que pertenecí por algún tiempo de mi vida.

Quienes consideren inscribirse  en los difíciles y caóticos ambientes que producen las ideas en su relación con la acción política deben mantener la virtud de la congruencia,  la honestidad, del valor de la crítica argumentada y sobre todo la plana libertad de atribuir ideas y respetar los disensos de los otros. La independencia intelectual no supone para los académicos e intelectuales renunciar a hacer política, pero sí a vender la pluma e ideas a los políticos profesionales, y por ende, también a los partidos políticos.

Considero que un intelectual con buenos cimientos de credibilidad puede opinar sobre todo lo que le preocupa sin más límite que su conciencia y sus convicciones; e incluso puede hacer públicas sus afinidades ideológicas o partidistas, pero cuando cobra por asesorar  partidos políticos, políticos profesionales, por apoyar a candidatos a algún cargo de representación popular o busca deliberadamente un beneficio personal con ello, no sólo sus ideas pierden autonomía, sino también, se convierte en un mercenario de las ideas.

En suma más vale navegar a contracorriente que subirse al barco de la conveniencia. Más vale que nuestros lectores o colegas comprometidos nos exhiban con críticas fundamentadas sobre algún ensayo o artículo y eso fomente el debate, la reflexión  y el análisis a que nos llamen vendidos o hipócritas de cubículo. Más vale el ostracismo que la incongruencia. Más vale ser uno mismo en la academia y en cualquier ámbito de nuestra vida que ser un reconocido intelectual exitoso lleno de  podredumbre y ostracismo.

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Muerte aparente en el pensar en la ciencia política

Vivimos en los tiempos en donde en el campo de lo académico de las ciencias sociales, atraviesa por una severa crisis de pensamiento. La actividad de pensar, en las sendas del conocimiento está siendo relegada por la actividad de tecnificar, deducir y emparentar a través de métodos comparativos la capacidad de comprender, analizar, observar y explicar diversos fenómenos que se desprenden a partir del conflicto en la senda política, económica, social y cultural.

La actividad de pensar está en la posibilidad constante de ser alcanzada y ejercida por el individuo, pero dicha condición no necesariamente garantiza que el individuo sea capaz de llevarlo a cabo.

Quienes ejercen en la actualidad la investigación, el desarrollo y la enseñanza de la ciencia política no quedan expuestos a este problema. La capacidad de pensar entre los politólogos que dominan la disciplina atraviesan por una severa crisis de pensamiento. Si bien es cierto que la ciencia política en la actualidad goza de una enorme y creciente institucionalidad que se manifiesta en los diversos congresos, seminarios, coloquios, simposios que se llevan a cabo en diversas partes del mundo; así como el nacimiento de diversos productos de “investigación” que se originan en las universidades se exhiben los resultados de su ejercicio a partir de los numerosos  temas que hoy dominan a la ciencia política, y que, por lo regular, se reducen a resultados meramente informativos esquematizados por aparentes resultados científicos reducidos a bases estadísticos.

Su actividad por generar conocimiento está siendo relegada constantemente por el carácter informativo. Es decir, la crisis de pensamiento que hoy sufre quienes ejercen  la ciencia política, no sólo se manifiesta por la creación constante de estudios y diagnósticos informativos sobre el fenómeno político, sino que dicha crisis provoca que nuestra disciplina origine conocimiento irrelevante, con fecha de caducidad, pero sobre todo, está originando que tanto la institucionalización de la disciplina como los productos que se originan de ella están produciendo una chatarrización de la ciencia política.

La ciencia política, desde su nacimiento, nunca había gozado de tanto esplendor institucional. En la actualidad, se enseñanza en diferentes universidades y sus aportaciones crecen con mayor ímpetu. Las universidades públicas y privadas cada vez más ofertan programas de estudios orientados a la capacitación sobre la actividad de la política, se crean programas de posgrado de “excelencia” académica y se ofertan con mayor demanda diplomados sobre algunos de los cursos que generan gran expectativa entre el público politológico, en donde la mayoría de ellos tienden a profesionalizar a servidores públicos, estudiantes e interesados sobre diversos temas comunes.

Nunca se habían producido tantos libros, artículos e investigaciones sobre temáticas que generan impacto, y que hoy, se sitúan a la vanguardia de la moda epistémica de la ciencia política.

Temas entorno a la calidad de la democracia, la transparencia, la rendición de cuentas, actividad parlamentaria, gestión y gerencia pública, marketing político, campañas electorales, análisis de políticas públicas,  tan sólo por nombrar algunos, abundan en las librerías y bibliotecas en donde se enseña y se difunde la disciplina.

Nunca como ahora las editoriales universitarias le habían dado tanto espacio en sus acervos a la producción que  provienen de las ciencias sociales y humanidades, y que para este caso, de la ciencia política; nunca como ahora habían existido tantos apoyos y recursos estatales para que los investigadores de la ciencia política pudieran divulgar sus obras y sus diagnósticos, que reitero, se quedan en la senda  informativa y que a menudo son panaceas que carecen del más mínimo esfuerzo  intelectual para comprender y explicar la actividad política.

Desde que la ciencia política se consolidó como una disciplina deductiva, lógica, esquemática y técnica por la necesidad de justificar su utilidad, su importancia y su valor social y educativo, poco a poco esta disciplina se ha ido desacreditando, y por ende, se ha ido sumergiendo en una severa crisis, no sólo de producción de conocimiento político, sino se está convirtiendo en una disciplina plástica que ha dejado de sensibilizarse y acercarse tanto a los Sujetos como a los actores políticos.

Aunque pareciera que lo anterior es una paradoja, bajo el argumento de que hoy más que nunca la ciencia política mantiene herramientas metodológicas idóneas para explicar con mayor exactitud la actividad política a través de herramientas estadísticas, diagramas y métodos complejos que devienen de la matemática, en la actualidad la actividad política se resume para los politólogos a un simple dato; que pretenden proyectar escenarios y si es posible dar solución a los problemas políticos desde un escritorio o un laboratorio de políticas públicas, como si la actividad política se resumiera a simples deducciones que aparentan ser racionales y científicos.

Bajo este panorama, la ciencia política más allá de ser la disciplina de moda que todos pretenden estudiar, se ha convertido en aquella disciplina que ha sido usurpada por una élite hegemónica que predomina entre sus filas, y que en su necesidad de mantenerse, acrecentarse y consolidarse en el terreno de lo académico; y así lograr un cierto prestigio intelectual, a partir de investigaciones que según estos son de vanguardia, generan que esta disciplina se sumerja en lo que Peter Sloterdijk llama  “muerte aparente en el pensar” (Sloterdijk, 2013).

La ciencia política de nuestros tiempos insinúa ser un impulsor y promotor de la explicación política a partir del método lógico-deductivo con la necesidad de demostrar su cientificidad, pero esta condición da como resultado a una disciplina que se le considere como muerta, por la poca utilidad de sus productos de investigación y de información política que genera en las últimas décadas. En ese sentido, esta disciplina aparenta adentrarse en el pensamiento político para otorgar diversas soluciones y/o explicaciones que se desprenden de la actividad política, pero se queda en la limítrofe de la incapacidad por entender, pero sobre todo de comprender el fenómeno político.

Este argumento se ve reflejado no solamente en la metodología que emplea la disciplina, sino en el propio lenguaje que utiliza. La incapacidad de pensar por sí mismos reconstruye y redefine las formas con las que nos comunicamos, depende de los contextos, de la situación actual y de las formas identitarias con las que el individuo se desenvuelve. De la misma forma, nuestra disciplina carece de la adopción de otras formas metodológicas y epistemológicas que no es cuestión de inventarse, sino de retomar las que existen, como por ejemplo la hermenéutica, la teoría crítica o hasta la misma fenomenología; arriesgarse por redefinir las categorías que han dejado de ser útiles para la comprensión de nuestra nueva realidad social y política que acelera los procesos de globalización y por último, adentrarse y volver a lo principal, aprender a pensar de nuevo la política.

Si en el pasado, los grandes teóricos de la política tuvieron en su acierto, fue esta capacidad extraordinaria que no solamente estratificaba la actividad política en datos o mapeos estadísticos, sino que la comprendían, la analizaban, la comparaban, la describían, se equivocaban y la explicaban con una capacidad y rigurosidad epistémica y filosófica que hasta nuestros días siguen siendo grandes referentes para estudiar el fenómeno político. Basta con leer El Príncipe de Maquiavelo para entender la actitud de los políticos, los diálogos de Platón, el Leviatán de Tomás Hobbes, el contrato social de Rousseau u obras contemporáneas de la vida gloriosa de la ciencia política con pensadores de la política muy importantes y que trascendieron por sus aportaciones y su capacidad de comprender y entender la acción política como por ejemplo Rafael del Águila; Mercedes Cabrera; Norberto Bobbio; Gianfranco Pasquino; Hannah Arendt, Riccardo Petrella: Giovanni Sartori; Bruno Rizzi; John Rawls entre tantos otros.

No obstante, los tiempos en donde se pensaba, se explicaba y se comprendía la política poco a poco se fueron sustituyendo por las aportaciones sin sustento intelectual radicado en una forma expresiva del pensamiento, en donde la  interpretación se hizo de lado y se encubrió por una ciencia política plastificada, menos sensible ante las situaciones que se desprenden del conflicto político, maquillado con la apariencia de la rigurosidad científica con base a la estadística o métodos complejos que devienen de la matemática. Basta con tan sólo buscar en la red cualquier tema al respecto que se encuentre en la órbita de la moda académica y nos daremos cuenta de la cantidad de “estudios” de politólogos que pretenden explicar un fenómeno en común, pero que no explican nada, y si bien nos va, se convierten en un texto periodístico de pronta opinión que se pierde en el tiempo o se transforman en prescripciones superficiales con una plantilla de números por doquier.

Si bien es cierto que son diversos factores que llevaron a nuestra disciplina a una enfermedad crónica terminal. Un elemento que es fundamental y que ocasionó la crisis del pensamiento en la ciencia política, y por ende, su chatarrización. El factor determinante es el fomento aparente por el conocimiento que se impulsa desde las instituciones que promueven la investigación científica. Estas instituciones que por lo regular abunda la corrupción en su interior, generaron todo tipo de estimulaciones, simulaciones y perversiones en lo que investigación se refiere, una situación muy cómoda para los miles de investigadores que existen en los centros y universidades en donde se investiga, que con el tiempo sustituyeron la investigación sería, esforzada, profesional y de buen sustento por los rollos insustanciales. Una costumbre factible entre diversos investigadores  debido a la comodidad no de cuestionarse nada y a cambio vivir sumergido en la mediocridad que de la exigencia (Cansino, “La chatarrización de la ciencia”: 2012). Justo como el doctor César Cansino menciona: “Lo peor es que intentar criticar y exhibir la mediocridad de las investigaciones que se producen en el país te convierte en automático en un desadaptado, un amargado y un presuntuoso, y te condena al ostracismo de por vida por parte de tus colegas. De ahí que aspirar a que se revalore el quehacer científico en un medio tan contaminado por la mediocridad es una batalla en el desierto” (Cansino, 2012).

En este sentido, la muerte aparente en el pensar de la ciencia política se ve reflejado en los miles de textos, artículos y libros que carecen de la más mínima dinámica sobre un tema abordado, además, son papeles informativos que resaltan una tremenda falta de capacidad analítica por parte del investigador.

No es que se menosprecie el intento de los investigadores por generar investigación trascendente, no solamente a nivel de la ciencia política, sino de todas las disciplinas que conforman las ciencias sociales, las humanidades y las artes. Sino debemos criticar a todos esos profesionales de la investigación que prostituyeron y han chatarrizado con kilos de artículos, libros y publicaciones nuestra disciplina con conocimiento irrelevante.

En suma, todos aquellos interesados en la investigación de cualquier disciplina de lo social, de las artes y de las humanidades que se encuentren en formación  o que  ya se encuentran dentro de este polémico, caótico y fascinante ámbito, es menester regresar a la investigación y a la condición de pensar con dedicación constante, con una vasta formación  y preparación académica, con una vocación y responsabilidad con el conocimiento, con mucho sacrificio y una gran honestidad intelectual.

Así como aprender a pensar de nuevo lo político, trascender los temas de moda de nuestra disciplina y ser más abiertos a la interpretación y a la crítica  de lo que producimos como investigadores, así como de lo que producen los colegas. De la misma forma, ser más sensibles a nuestra realidad política y acercarse de nuevo al Sujeto y al actor político. No quedarse en la proyección de lo estadístico y los métodos complejos, ni mucho menos en la racionalidad ilustrada supeditada al egoísmo de quien observa y comprende desde los albores de la academia.

Sin duda es un reto importante, pero que es un ejercicio pendiente y necesario para todo aquel que desee ser un investigador comprometido, honesto, profesional, y si me permite la expresión, arriesgado por decir, por pensar.

Bibliografía:

Cansino, C (2012), Caja sin Pandora. La clausura del saber en la universidad, México: UNAM.

Gabriel Z. (2010), El secreto de la fama, México: Lumen.

Sloterdijk, P. (2012), Muerte aparente en el pensar, Barcelona: Ciruela.

 

El Papel del Sujeto Revolucionario en la era de la Globalización en América Latina. Parte 3

Todos los males de la democracia pueden curarse con más democracia.

Alfred Emanuel Smith 

Hace algunos meses leí un libro titulado América Latina: ¿renacimiento o decadencia? del politólogo mexicano César Cansino, dicha obra fue publicada en los albores del  Nuevo [des] Orden Mundial, posterior a la Guerra Fría, la caída del muro de Berlín, después de lo que muchos analistas sociales han considerado llamarle la década perdida para América Latina.

Dicha obra concluía, que pese a los constantes avances democráticos registrados en la región, sobre todo en el último tercio del siglo XX, el futuro para América Latina, era poco promisorio, debido a la difícil condición imperante, ya que este fenómeno, en consecuencia, propiciaba la condición necesaria para el resurgimiento de actores y discursos populistas, con posibles soluciones semi-constitucionales o semi-militares, trayendo consigo, que las próximas y consolidadas democracias latinoamericanas estuvieran en peligro. “Lamentablemente al cabo del tiempo el pronóstico no sólo se confirmó, sino que fue rebasado sobradamente por la realidad.”[1]

Se manifestaron en algunos países latinoamericanos crisis económicas y políticas de gran profundidad. Por citar algunos ejemplos, encontramos el caso de Brasil, Argentina, Colombia, México, Perú, Venezuela, El Salvador, Chile, Uruguay,  y en algunos casos, peligrosos retrocesos autoritarios en naciones, como el caso de Abdalá Bucarám en Ecuador, Alberto Fujimori en Perú, Hugo Chávez en Venezuela y Evo Morales en Bolivia, sólo por nombrar algunos casos. Reapareciendo el fenómeno en muchos otros países, aunque con nuevas características, así como también surgieron movimientos guerrilleros de diversa afiliación ideológica.

Sin embargo, América Latina ha conservado un activo primordial, en donde la Sociedad Civil, está cada vez más involucrada, informada, crítica y participativa en los asuntos públicos, contrastando cada vez más a los obtusos políticos profesionales. “Si nuestras maltrechas democracias han logrado persistir en el tiempo, salvo algunos casos lamentables como Venezuela, no es por afanes de nuestros partidos y gobernantes, sino por la terquedad de los ciudadanos y ciudadanas.”[2]

De ahí que el Malestar en la Democracia no sólo sea de fondo, sino de forma. Ya que la propia sociedad, se ha visto en la tarea de crear y suministrar  espacios de persistencia participativa, pues aunque parezca contradictorio, la  Democracia se encuentra en Crisis, pero pese a los peligros que la acechan y/o amenazan, han efervecido diversos espacios en donde se recrea lo público-político. La calle, la plaza, la familia, la escuela, las organizaciones no gubernamentales, el barrio, el chat y ahora el facebook, el twitter y demás redes sociales. Estos son los nuevos espacios públicos en donde se discuten, reflexionan y se analiza la nueva realidad política, cultural y económica.

Estos nuevos espacios se han convertido en los lugares en donde los ciudadanos ratifican cotidianamente su voluntad de ser libres, en donde se originan los ámbitos que se producen los contenidos simbólicos, cuya resonancia coloca su ejercicio en el vilo del poder instituido.

Por lo tanto, la Individualización democrática, hace que los ciudadanos “sean de facto el principio y fin de la democracia y no las organizaciones de masas.”[3] Como se hacía pensar el pasado corporativo, clientelista mexicano.

No significa que la sociedad se haya pulverizado o atomizado, sino que por primera vez en su historia, ésta se ha constituido y afirmado como lo que realmente es: “un conjunto de individuos radicalmente diferentes pero invariablemente iguales ante la ley.”[4]

La sociedad individualizada,[5] sigue más  vive que antes, pues ahora los ciudadanos saben que su destino no depende de nadie, sino de ellos mismos, para orientar la vida política de sus comunidades y naciones. Transparentando sus intereses y expectativas, gestionando sus afinidades en bienes comunes.

Si bien en el Estado Social, con una retórica más o menos populista, se encargaba de homologarnos y estabularnos, de derramar selectivamente dadivas a cambio de apoyos, haciendo de la libertad una moneda de cambio, ahora el imperativo individualista de la igualdad ante el derecho tiende a prevalecer sobre la nación de defensa de los interés colectivos.[6]

En el ámbito teórico, cuando empezaron a caer las dictaduras militares, muchas de las preguntas que sobresalieron oscilaban y se cuestionaban lo siguiente ¿Qué hace que los distintos actores  políticos y sociales elijan democracias tan costosas, dadas las condiciones económicas adversas? Ahora la pregunta ha cambiado: ¿Qué  hace que las maltrechas democracias de la región latinoamericana, incapaces de resolver los problemas de las sociedades, con partidos políticos corruptos e ineficaces, puedan persistir?

La respuesta fácil argumenta que la causa es la falta de una cultura política activa, pues la ignorancia de la gente, la débil participación, su escasa cultura cívica-democrática y su baja politización, vuelve que los ciudadanos sean presas fáciles de líderes populistas, partidos y políticos corruptos y ambiciosos.

Obviamente, no comparto esta visión, pues si bien la poca democracia que se ha mantenido en la región, pese a sus inconsistencias y graves problemas, es  debido precisamente, aunque no deja de ser paradójico, a la Sociedad Civil, a su creciente politización e involucramiento en los asuntos públicos y a una percepción muy clara de lo que significa vivir y no vivir en democracia.

Es cierto que no se puede generalizar, pues el grueso de nuestra población se preocupa más con resolver el día a día que por la política, pero el dinamismo de esta parte de la sociedad consciente de su condición de ciudadano termina por contaminarlo. He aquí La Nueva Cuestión Social Post-Revolucionaria.

El tránsito de un estado social y proveedor a uno desobligado de dicha responsabilidad, el tránsito de la política de intereses colectivos al de intereses individuales, el tránsito de sistemas cerrados a sistemas abiertos, de regímenes autoritarios donde se pisoteaban indiscriminadamente los derechos civiles y políticos a regímenes democráticos que garantizan condiciones mínimas de libertad e igualdad a los ciudadanos, el tránsito de sociedades articuladas por el Estado-fuerza a sociedades secularizadas donde más que el orden predomina el conflicto, el tránsito de modelos y patrones de conducta patrimonialistas y paternalistas fuertemente arraigados a otros en donde los ciudadanos no tenemos que valernos por nosotros mismos.[7]

Con la cita anterior quiero dejar en claro que esta investigación no es una simulación o una enésima reproducción del credo o del ideal latinoamericanista, ni propone un concepción que vanaglorie a la Sociedad Civil como virtuosa, frente a la maldad de Estado, sino que es una visión profundamente realista de la intervención, muerte o renacimiento del Sujeto Revolucionario; más ya no socialista, ni mucho menos comunista, como se le consideró en un momento de la historia mundial moderna.

Ya que es justamente la democracia el símbolo con el que se juega el estandarte de las próximas revoluciones de la estructura política, social y económica. No me refiero a la democracia discursiva que emplean los populistas, demagogos, políticos, empresarios y tecnócratas, pues lo único que propician es la deslegitimación constante y falta de credibilidad sobre la misma, haciendo que la Democracia encante en el discurso, pero decepcione en el modus operandi.

Es por ello que desde el plano de la Sociedad Civil, y desde el ciudadano en particular, debe perfeccionarse e inventarse día con día el ejercicio democrático o en su defecto revolucionarse en tensión creativa hacia la sociedad, con sus necesidades, anhelos y sueños. Pues “En las democracias modernas, la institución verdaderamente instituyente”[8]es la sociedad.

En consecuencia, si la poca democracia institucional se mantiene en la región, es por la intervención constante de la Sociedad Civil, más que las virtudes y el compromiso de los políticos profesionales.

Si bien, la democracia se encuentra deslegitimada[9], es precisamente por los enormes problemas, inconsistencias, incompetencia, ambiciones y desinterés exacerbado de la clase política en su conjunto, más que a la ignorancia, la desinformación y la apatía de la sociedad.

En efecto, no conozco todavía a ningún ciudadano que no aspire a tener mejor gobernantes, mejores partidos, mejores representantes, mejores leyes, mejores garantías y mejores libertades, pero si conozco a muchos políticos profesionales que solo aspiran a ascender en sus carreras políticas, con o sin el respaldo social.[10]

Es por ello que comúnmente en las encuestas y sondeos de opinión, elaboradas por reconocidas agencias internacionales como Latinobárometro, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), atestiguan que la mayoría de los latinoamericanos estarían dispuestos a sacrificar la democracia por un sistema autoritario, inmolando sus libertades políticos y civiles, con el objetivo de mejorar sus condiciones sociales y económicas.

Resultan insustanciales desde el momento que le  solicitan a los encuestados elegir entre los extremos de una falsa disyuntiva, como si el bienestar socioeconómico y las libertades básicas fueran mutuamente excluyentes o no pudieran caminar juntas, lo cual es una disociación de laboratorio o de cubículo que le gente de a pie simplemente no se coloca o nunca se colocaría. En efecto, la idea, o mejor, el ideal de bienestar  o de desarrollo o de progreso integral o no es.[11]

Por otra parte, varios académicos e interesados sobre la Calidad  de las Democracias, llaman a la actividad ciudadana latinoamericana, como “ciudadanos de baja intensidad”[12], “ciudadanos precarios”[13] o como “ciudadanos imaginarios.”[14]

Contra este tipo de posiciones, considero que no es cualquier cosa tener que soportar sobre nuestras espaldas democracias tan frágiles y endebles. Si bien es cierto que más allá de la actividad ciudadana, las democracias necesitan de un orden institucional, el papel de la ciudadanía es por necesidad más activa y decisiva, pues si hubiese un apagón de la actividad ciudadana, las endebles democracias líquidas, caminarían hacían rumbos totalitarios, en donde la realidad política de las naciones se estacionaría en la ambigüedad y el predominio cada vez mayor de la incertidumbre.

Para ello, es necesario la construcción de nuevo Sujeto que posea los nuevos valores democráticos que modelen a la nueva sociedad global en su conjunto, pues pensar en la solución de los problemas con un Sujeto Revolucionario Tradicional, que modele y cambie las estructuras políticas y socio-económicas en un asunto, que en nuestros días se queda en la imaginación, en la ideología y en la nostalgia.

Considerar que el malestar en la democracia y en la globalización puede ser modificado por un Sujeto Revolucionario Tradicional, al que conocimos en un momento de la historia, puede parecer bastante iluso, pues las sociedades cambian, así como su cosmovisión.

Como el propia Marx lo afirmara “la clase burguesa y revolucionaria se forja a un mundo a su semejanza y a su imagen”. Es por ello que me atrevería a decir que padeciendo los problemas que enfrenta día con día la sociedad, es imposible imaginar un Sujeto Revolucionario Tradicional único e aislado que cambie las nuevas condiciones locales y mundiales.

Buena parte de la sociedad global, ha dejado de creer en la abolición de la propiedad privada, cuestionando que el problema no es ese, sino más bien son los mecanismos con lo que se desenvuelven y se reproducen los “bienes” del mercado. Pues estos no se redistribuyen de manera adecuada y servil al bienestar público. Es decir, el problema reside en la mala distribución de la riqueza.

Es ahora cuando el hombre en el idealismo utópico, no procura alcanzar una cierta igualdad económica como el socialismo lo proclama entre sus postulados, pero si un cierta igualdad ante la ley, ahora pide libertades para la oportunidad laboral, respetando el género y orientación sexual, respetando usos y costumbres de las comunidades indígenas y de la sociedad en general, lograr una verdadera libre expresión por parte de grupos altermundistas, o mejor dicho anti-sistémicos, que los políticos profesionales realmente representen a los nuevos ciudadanos, con transparencia, rendición de cuentas, servicios públicos, y seguridad social, pide libre culto, asociación, pensamiento.

Es más me atrevería a decir que ahora las nuevas revoluciones, ya no son orientadas hacia el comunismo-socialismo, como en la década de los años 60’s del siglo pasado, sino más bien La Nueva Revolución del siglo XXI son las democracias, dando esto como resultado un Nuevo Sujeto Revolucionario Democrático, materializada en la Sociedad Civil, a través de Ciudadanos Libres y capacitados en los asuntos públicos. Ahora el Ciudadano es El Hombre Nuevo.

Mi posición puede llevar a muchos nostálgicos de la “lucha de clases” a calificarme como  reaccionario, pues sostengo, que la nueva fuerza social, contra el malestar en la globalización, reside en la fuerza de los Nuevos Sujetos Democráticos libres y no en un hipotético Sujeto Revolucionario Tradicional único e aislado, que los neo-marxistas llaman pueblo, multitud o cualquier otra expresión, para referirse a lo mismo que antes llamaban proletariado. Un Sujeto único y capaz de englobar los reclamos de todos los explotados del mundo que los conduzcan a la emancipación final contra la hegemonía de un capitalismo decadente.

Mi propósito en este escrito, no es ideológico, sino levantar un acta de realidad a través de la observación y la compresión de los nuevos aconteceres latinoamericanos.

En este sentido, considero que los viejos esquemas de análisis marxistas tan recurridos y persistentes entre los latinoamericanos para dar cuenta de nuestra situación, han dejado de ser concisos para entender la nueva complejidad social, producto de la liquidez estructural de la política, la economía y la cultura. Aunque no demerito, que dicha concepción sea punto de partida para dar explicación y entendimiento de la situación local y global entre los Nuevos Sujetos de la Política, ya que la nueva realidad, demanda un nuevo léxico. Pero querer siempre explicar la realidad de una forma bicolor, de los malos y los buenos, del explotado y oprimido, resalta incapacidad para comprender la nueva realidad socio-política actual.

Si muchos estudiosos se aferran todavía a sus preceptos es porque permanecer a ellos les ahorra la tarea de pensar, basta con aplicar el esquema de contradicciones de clase, de los buenos y los malos, todo para cuanto se quiera.[15]

Que no proclame, en esta investigación a la teoría neo-marxista,  para dar entendimiento a un fenómeno que éstos han estudiado arduamente, en debates, reflexiones y obras enteras, no significa que sea un neoliberal irredento o panegirista  de esta corriente de pensamiento.

De hecho el Sujeto que propongo, es un Sujeto Democrático, y no el mismo que presupone el neoliberalismo, es decir, un Sujeto atomizado, asilado y egoísta, sino un Sujeto involucrado, informado, crítico y participativo de los asuntos públicos.

Si bien, ambos Sujetos coexisten y se interrelacionan cotidianamente a través de los problemas que los convergen, el Sujeto Democrático, en comparación al Sujeto de Mercado, sabe que solo con el apoyo de los demás puede hacer política y conseguir lo que necesita, y solo con el otro puede ejercer su libertad y construir su propia ciudadanía. “pues ahora el verdadero motor de los pueblos ha sido su deseo de ser libres más que cualquier otra cosa.”[16]

De ahí que muchos de los lemas de los nuevos movimientos anti-sistémicos, sostengan la palabra libertad, como uno de sus principales fuerzas discursivas. Pero en el contexto del nuevo orden internacional, en donde cada vez los problemas sociales se incrementan, con el posible regreso del Estado Benefactor, ¿podría ser la solución a más democracia y menos malestares para las sociedades latinoamericanas? Mi respuesta es un no rotundo.

Que el Estado Benefactor haya sido un instrumento invaluable para el desarrollo social de Europa y Estados Unidos en la posguerra, no significa que haya pasado lo mismo en América Latina. Para esta región, lo único que significó fue el ascenso de grupos oligárquicos, autoritarios, dictadores militares y oportunistas, que en nombre de la justicia social, promovieron su propia riqueza, mientras que la sociedad en general se hacía cada vez más pobre y desigual. “Si el estado benefactor sucumbió en todas partes fue porque se volvió insostenible (crisis fiscal, crisis de gobernabilidad y crisis de legitimidad), no porque el neoliberalismo, haya irrumpido maquiavélicamente con su espada desenvainada.”[17]

De la misma forma que el socialismo ruso también sucumbió en 1989, precisamente por sus excesos y propias contradicciones que propició, el Estado Social Capitalista se agotó desde el momento que le fue imposible seguir satisfaciendo los enormes y crecientes expectativas que generó.

Sin embargo, hay que rescatar, que el primer intento para llevar a cabo la consolidación socialista por todo el mundo, hacia comienzos del siglo XX, propició un parte-aguas en la historia social mundial. Pues fue el primer intento para construir un mundo alterno, en donde los hilos del poder capitalista dejaran de tener la hegemonía organizacional.

Por lo tanto, el simbolismo de lo que han llamado el socialismo real, también fue el primer Estado-Nación, que intentó establecer al socialismo como una forma de organización política, sociocultural y económica, teniendo influencia posteriormente en los países asiáticos, africanos y latinoamericanos.

Esto conllevó que Norteamérica tuviera la necesidad de combatir la influencia socialista, pues como hemos mencionado, esto repercutió que la poca estabilidad política de la región latinoamericana se fragmentara,  estableciendo regímenes militares dictatoriales por toda la región.

Esta coyuntura, además con la creciente revolución cultural, intelectual e ideológica, dieran las condiciones necesarias para la realización de una nueva revolución socialista que se propagó por todo el mundo. En otras palabras, la revolución socialista estaba supeditada por una costumbre, juicio y valores sociales modernos.

Entonces, ¿Cuáles eran las claves político-culturales de la sociedad en los años magnánimos  de socialismo utópico del siglo pasado?

La figura central era la necesidad de cambio como promotor de la realidad social, política, cultural y económica. En donde la voluntad social se materializaba en una nueva forma de expresión para la toma de decisiones.

Inscriptas en un contexto de una fuerte radicalización política e ideológica, consecuencia de la disputa entre el socialismo y el capitalismo, así como la creciente descolonización de los países oprimidos. Argelia en África, Vietnam en Asia y Cuba en Latinoamérica.

Esta triada por la liberación, define con toda la claridad las características que asumía la participación política por aquellas décadas. De ahí que la voluntad se haya considerado como el motor de la transformación radical mundial. En donde la política además de ser el espacio para la emancipación, era también donde se originaba la voluntad transformadora.

Por lo tanto, existe una dimensión generacional  que emerge y muestra la presencia protagónica de la sociedad, quienes al calor de una mayor autonomía, fueron ampliando su círculo de injerencia y apropiándose gradualmente, en las decisiones de su propia vida.

Esto fue posible, a un Estado benefactor, pues así fue como ascendió  grupos oligárquicos al poder, también le permitió a la sociedad disponer de un mayor tiempo para sí mismas, a la vez que se ampliaron los espacios públicos para la reflexión, critica y análisis de la obra pública y privada. También hay que mencionar que el propio Estado era quien establecía, de una manera oficialista y ortodoxa, una ideología, y con ello, una forma de actitud política.

Además la notable juventud, propiciaba un paso generacional de la política en una especie de institucionalidad política revolucionaria, fundamentada en el marxismo, en el leninismo, maoísmo y demás derivados.

En este sentido, algunos críticos y opositores al marxismo, le llegaron a consideran a éste, más como una moda juvenil, que como una corriente de pensamiento de carácter político- filosófico. No obstante estos argumentos no tenían más que un valor peyorativo.

Posteriormente en la década de los años 80’s del siglo pasado, se sobreviene otra etapa que propiciará el rompimiento de los esquemas establecidos, ya que se empiezan a acelerar los sistemas productivos con base en la estructura tecnológica, automática y científica.

A nivel político y económico, se empiezan a crear las diversas condiciones para liberar al mercado, adelgazar al Estado y propiciar un mayor involucramiento de la sociedad, pero en base a la autonomía de su propia decisión.

Esto trajo entre sí muchas consecuencias negativas, pero también impulsó otras positivas, por ejemplo: se mejoraron las nuevas herramientas para el acceso a la información (internet), nacen con ellos los nuevos modelos de gestión, se desplaza la burocracia clásica para transformarse ahora en una burocracia gerencial, entre muchos otros mecanismos. Por lo tanto, y aplicando la máxima de algunos economistas; las reconversiones económicas propician el surgimiento de una nueva sociedad, con juicios, valores y costumbres muy diferentes a lo que se tenía conocimiento en la década de auge revolucionario, principalmente entre los años 60’ y 70’ del siglo pasado, a comparación con la actualidad globalizada.

Esto origina que en el plano de la política, se abandone su rasgo voluntario para convertirse en un plano solo para legitimar la producción capitalista  a través de la ley y parte de la elite empresarial-tecnocrática. De ahí que la democracia sea usurpada por esta nueva elite y sea utilizada para dar sustento a su propia actividad.

Esto hace que el ciudadano tenga la sensación de la llegada de una nueva época en la que el estado de las cosas no pueda ser modificada significativamente, como antes se tenía acostumbrado, a través de la voluntad revolucionaria tradicional, pues la caída de lo que se consideró como socialismo real, provocó tensiones, desilusiones y temores, al ver que el socialismo había sido derrotado por el gran capital. En palabras de Bauman la sociedad se mantiene al borde de la incertidumbre, producto de la vida líquida moderna.

Sin embargo, es necesario considerar y establecer nuevos mecanismos de acción, pues como lo he sustentado, la solución a los grandes problemas locales y globales ya no recae en una sola persona, gobierno u organización internacional, sino ahora en una Nueva Sociedad Civil Mundial Organizada.   

En consecuencia es ahora cuando la sociedad se debe reconciliar consigo misma, pues es ahora y no antes cuando los individuos pueden concebirse y  asumirse como verdaderos Sujetos Políticos o en palabras de Aristóteles como un verdadero Zoon Politikon, en donde la democracia sea entendida por los Nuevos Sujetos de la Política, no solamente como una forma de gobierno, sino como una forma de vida.

De ahí que, entre otras circunstancias, las nuevas movilizaciones globales y regionales, que se han desarrollado en las últimas décadas, tengan como reclamo central, la libertad democrática y el final de las dictaduras. Es ahora en donde la política empieza a ser entendida como: el mecanismo perfecto de acción social por excelencia, pero sobre todo, el gran campo en donde se origina el debate, la reflexión, la crítica y la concepción de un mundo nuevo. Es decir, hay un intento por modificar la nueva realidad social, a través de la institucionalidad gubernamental. A través de proyecciones y justificaciones de protocolos administrativos (participación ciudadana y/o política pública) para el mejoramiento de la sociedad en su conjunto.

El principal instrumento de alcance de los ciudadanos para promover soluciones o buscar consensos es ahora la política, o sea el debate o la deliberación públicas (aunque en muchas ocasiones es igualmente legitima la resistencia y la desobediencia, siempre y cuando sean civiles  y pacíficas, y que no atenten contra los derechos de terceros) y ya no la típica lucha de clases, o la confrontación violenta en cualquiera de sus expresiones, no significa que la sociedad civil haya perdido valor, congruencia o radicalidad, sino que ha aprendido a aceptar como dato incontrovertible de su tiempo la pluralidad compleja y heterogénea que cruza y, en consecuencia, lo intransigentes e intolerantes que resultan todas aquellas posiciones que se creen portadoras de verdades universales por lo que los partidarios las quieren imponer al resto de la sociedad a como dé lugar.[18]

Que ya no se pueda reducir el conflicto en las sociedades actuales a una lucha entre clases sociales o a una disputa por la hegemonía entre dos grandes proyectos antagónicos no significa que la sociedad no esté atravesada por conflictos de todo tipo o que el conflicto haya dejado de ser una condición inherente a la misma, sino que simplemente las modalidades de expresión de las diferencias es distinto que en el pasado.

No obstante, la realidad democrática latinoamericana enfrenta demasiados peligros, que pensar en su consolidación, resulta muchas veces ingenuo. Pues Latinoamérica, además de la notable desigualdad económica y las débiles instituciones que padece, enfrenta problemáticas mucho más promisorias, como por ejemplo, las re-militarizaciones nacionales, el predominio de los poderes fácticos, la corrupción, el populismo, la personificación de la política y la volatilidad económica.

En suma, la democracia sólo representa los discursos execrables por parte de la clase política o gerencial, de ahí el nacimiento del Malestar en la Democracia. No obstante, ésta debe ser concebida como una forma de vida, y para ello hay que inventarla día a día, a través del uso del espacio público y en el encuentro cotidiano con el otro, pues los ciudadanos son los Nuevos Sujetos de la Política a condición de participar en los asuntos públicos, ya que su acción es una forma de reforzar su actividad y su importancia, convirtiéndolos en los protagonistas de una nueva especie de Revuelta Silenciosa.

[1] César Cansino, América Latina: ¿renacimiento o decadencia?, FLACSO, Costa Rica, 1994, p.11.

[2]César Cansino, La Revuelta Silenciosa. Democracia, Espacio público y ciudadanía en América Latina, México, 2010, p. 12.

[3] Ídem, p. 13.

[4] Ídem, p. 13.

[5] Ruslan Posadas, op. cit. p. 91.

[6] Cesar Cansino, op. cit. P. 13.

[7] Ídem, p. 14.

[8] Carnelius Castoriadis, La Institución Imaginaria de la Sociedad, Fondo de Cultura Económica, México, 2005, p. 23.

[9] Ruslan Posadas, op. cit. p. 106.

[10] César Cansino, op. cit, p. 17.

[11] Ídem p.18.

[12] Guillermo O’ Donnell, Ciudadanos de Baja Intensidad, Trota, Barcelona, 2002.

[13] Duran Ponte, Ciudadanos Imaginarios, Grupo editorial tomo, México, 2003.

[14] Fernando Escalante, “Ciudadanos Imaginarios” en Revista Nexos, Núm. 8, Octubre 2002, México, p.28.

[15] Ídem, p. 19.

[16] Ídem, p. 20.

[17] Ídem.

[18] Ídem, p. 21.

Reseña libro: Realidades líquidas, conceptos zombis: El léxico de la política en la globalización

Por: Víctor Hugo López Llanos[1]

Datos sobre el libro: Posadas, Ruslan (2015). Realidades líquidas, conceptos zombis: El léxico de la política en la globalización, México: Gedisa-UACM. 152 pp.

Reseña: Nos corresponde comentar de la manera más somera el más reciente libro del profesor investigador de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, Ruslan Posadas Velázquez, quien justamente en el trayecto del seminario “El léxico de la política en la globalización”, y después de varias discusiones y reflexiones en torno al estado de la ciencia política en nuestro días, hoy nos presenta una nueva obra teórica-reflexiva sobre las transformaciones que produce el proceso de globalización.

Como se presenta en el libro, nuestro autor considera que la globalización, más allá de ser un proyecto económico, está generando el rompimiento de paradigmas que en el pasado creíamos inamovibles hasta hace pocos años. Lo que ha producido la dificultad de proponer y establecer nuevos modelos explicativos que permitan entender, comprender, analizar y de-construir las nuevas realidades que se manifiestan en la esfera política, social y cultural de nuestros inestables tiempos. Ya que como bien lo afirma el profesor Ruslan, los drásticos, espontaneaos y vertiginosos cambios que genera el proceso de globalización hace que lo que empezaríamos a considerar proceso de larga data se torne efímeros.

A consecuencia de esto, la ciencia política no ha sido inmune a estos cambios radicales, por lo que se hace necesaria una nueva reflexión, discusión y un nuevo debate sobre los conceptos que configuran su léxico contemporáneo, ya que muchas categorías y elementos con los que estábamos acostumbrados a analizar la realidad política y social del pasado, con las rápidas transformaciones que produce la globalización han generado que los apotegmas de la ciencia política se conviertan en una especie de conceptos zombis, es decir, categorías que se mantengan medio vivas y medio muertas, lo que imposibilita que los análisis y los estudios que se desprenden de la ciencia política, por lo regular, caigan en el vacío, en la irregularidad, en la tautología y en la imprecisión.

En ese sentido, nuestro autor considera que, “la descripción de nuevas realidades con viejos referentes dé como resultado una disciplina zombi, que siga pensando en instituciones que se han vuelto inadecuadas para las tareas que están destinadas a cumplir” (Posadas, 2015). Para reflexionar sobre este argumento, el Dr. Posadas, utiliza cuatro categorías que pone en tela de juicio a partir de la interpretación de autores como Zygmunt Bauman y Ulrich Beck que ayudaran a discernir en torno a los tópicos que para la ciencia política son de gran relevancia; convirtiéndose en su columna vertebral y de sobrevivencia en los análisis politológicos.

El lector encontrará un texto estructurado en dos partes que ayudaran al lector, primero a entender el debate y reflexiones  teóricas que se desprenden de los estudios de la globalización y una segunda parte intitulada: “El léxico de la política en la globalización”, en donde se reflexiona y se analiza cuatro categorías que el autor pone en tela de juicio y las de-construye a partir de los cambios que produce la globalización en los referentes de la ciencia política. Considerando a la democracia deslegitimada, a  la sociedad individualizada, a la gobernabilidad diezmada y un Estado en retirada. Estableciendo que estos conceptos han sufrido un cambio importante en su significación y en su expresión en las sociedades que Beck llamará: Segunda modernidad.

En la segunda parte del texto nos encontrarnos con una reflexión sobre la situación de la ciencia política frente a la globalización, en donde el profesor Ruslan, no pretende diseñar nuevas tipologías ideales o nuevos referentes conceptuales y lingüísticos de esta disciplina, sino su objetivo es discutir e introducir nuevos elementos que puedan sentar las bases de esta emergente discusión. En ese sentido, el objetivo de la obra en general es reflexionar en torno a la necesidad de construir un nuevo léxico que se adapte a las condiciones sociopolíticas que genera el proceso de globalización con la finalidad de que la ciencia política no se convierta en una disciplina agónica, en donde el desgaste de su lenguaje es un retrato paradigmático de las imposibilidades que le condiciona esta nueva realidad líquida.

No dudamos en calificar que el nuevo libro del Dr. Ruslan Posadas es un texto meritorio, no sólo por su rigurosidad teórica sino también por su vinculación epistémica a través de una lectura bastante elocuente y digerible para cualquier estudiante o interesado sobre el tema.

No obstante, el libro también manifiesta diferentes posibilidades que promueven hacia una fehaciente discusión. Que parten de diversas interrogantes: ¿cómo establecer un nuevo consenso de las nuevas categorías que deben ser propuestas por los nuevos politólogos?, ¿es necesaria la reconstrucción de nuevo linaje epistemológico de las ciencias sociales, en particular de la ciencia política?

No hay duda de que estamos en la presencia de un texto que no sólo posee un valor académico, sino que el libro nace en los abismos en donde es posible y necesaria repensar nuestra disciplina, pero no desde los tópicos tradicionales de la discusión cientificista, sino me atrevería a decir, desde la cotidianeidad de la acción plural y política. Sólo en ese sentido, el léxico de la política se rediseñará y se reflexionará desde los quehaceres y problemas que nos acongojan política y socialmente en nuestra nueva realidad liquida.

[1] Maestro en Humanidades y Ciencias Sociales y licenciado en Ciencia Política y Administración Urbana por la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM). Coordinador del seminario: “El léxico de la política en la globalización” en la misma universidad.

Léxico de la politica

La crisis del capitalismo: Reflexión sobre una alternativa teórica y política en América Latina

Por: Víctor Hugo López Llanos

Introducción:

En el presente trabajo se pretende reflexionar sobre la crisis del capitalismo con el propósito de aproximarse y dar respuesta a la pregunta: ¿es posible una alternativa teórica y política en América latina? Para ello se hace un breve discernimiento sobre las crisis que se desprende el capitalismo moderno en su fase global, para establecer una respuesta a estas crisis por la que atraviesa la región Latinoamérica y el mundo en su conjunto. Se tiene como referencia las diferentes discusiones, reflexiones y análisis abordados en nuestro curso de América latina del posgrado en ciencias sociales y las lecturas realizadas durante el curso. Para terminar con una conclusión sobre el tema abordado.

Durante nuestro curso de teoría social latinoamericana, estuvimos debatiendo y reflexionando a grandes rasgos diversos enfoques teóricos que nos permitieron hacer un diagnostico sobre la situación que vive en la actualidad América latina. Desde su comienzo como una región autónoma e independiente, hasta llegar a la etapa de lo que hoy en día se conoce como la globalización del capitalismo financiero.

Estos temas de gran relevancia para el mundo de la academia latinoamericana desprenden en su interior otros grandes temas que también son fundamentales para entender el desarrollo de nuestra región en relación con el mundo.

La importancia de la democracia, el ejercicio de un aparato teórico-crítico sobre nuestras condiciones económicas, políticas, sociales y culturales, entre otros enfoques son de suma relevancia para entender nuestro pasado, nuestro presente y proyectar nuestro futuro.

Cuando revisamos la historia de nuestro región y de los países que lo conforman, podemos observar que la mayoría de los países latinoamericanos hemos atravesado por los mismos problemas, pero cada uno con una característica única. Por ejemplo, las dictaduras que se suscitaron a lo largo de la región a partir de la década de los 70’s, las crisis económicas que se manifestaron en los 80’s, los procesos de transición democrática y los cambios económicos-tecnológicos a partir de la década de los 90’s, las nueva formas de vida y organización política a partir del 2000.

Es decir, Latinoamérica, en sí misma es especial, pues además de ser diversa, folclórica, criolla, mestiza y autóctona, guarda en sí misma un pasado que no ha dejado de atormentarle hasta la actualidad. Que le ha impedido desarrollarse planamente a lo largo de su historia, pero sobre todo le ha impedido situarse como una verdadera entidad independiente y autónoma capaz de guiarse ante diversos problemas que trae consigo, principalmente el capitalismo económico dominante.

No quisiera repetir lo que siempre se dice de nuestra América latina, ni tampoco quisiera hacer una reflexión romántica que muchos latinoamericanistas hacen sobre la misma. Sino quisiera desarrollar algunos puntos que considero pueden aproximarse a una posible respuesta o alternativa a nuestra condición política y económica por la que atravesamos hoy en día las sociedades de cada una de las naciones que integran nuestra región.

La compresión actual de lo que algunos llaman la crisis actual del capitalismo mundial reviste una gran complejidad analítica, ya que concita diferentes interpretaciones teóricas canalizadas sobre diversos paradigmas filosóficos, sociológicos, antropológicos, y sobre todo económicos.

Sin embargo, el problema de la crisis del capitalismo es monolítica, es decir, está fundamentado y situado en el carácter estructural, sistémico y civilizatoria que produce el capitalismo en su fase actual.

En primera instancia, y como lo discutimos en algunas sesiones de nuestro curso, en primera instancia existe una crisis de valorización en términos económicos, es decir existe una grave sobreacumulación de mercancías que está provocando la pérdida de ganancia, pero que a su vez demanda mano de obra barata que desproporciona los estándares de igualdad entre los estratos sociales que integran las sociedades latinoamericanas.

A partir de esta problemática, se desprenden otras crisis de índole ecológica, debido a la sobre-explotación de los recursos naturales, de índole política, pues la democracia al no garantizar una cierta igualdad y un bienestar social, está forma de gobierno está gravemente atentada ante otras formas antagónicas que impiden el libre ejercicio de derechos y obligaciones que son de suma importancia para lograr una cohesión social, cultural y política que permita una mejor administración de la gestión publica, fortalecimiento de las instituciones, del ejercicio y ejecución de la justicia, y por ende lograr una mejor gobernanza, y es de índole social, pues la sociedad endeblemente se está individualizando bajo un moral hedonista, superflua, consumista y apolítica; y sobre tdo de índole teórica ya que nuestros referentes modernos han demostrado incapacidad para comprender, explicar y analizar los nuevos problemas que manifiesta nuestra nueva realidad.

La crisis del capitalismo muchas veces es mal entendida y mal estudiada, ya que está crisis es muchas veces entendida como una crisis que viene de fuera hacia adentro, focalizada en el imperialismo yanqui. Esto produce una visión reduccionista del problema, pues si bien es cierto que Estados Unidos es el centro y la doxa del capitalismo mundial, la gran burbuja económica no sólo depende de un centro regulatorio, sino también depende de una periferia que permita la carburación de todo el sistema económico y político.

En este sentido el capitalismo mundial, ideologizado en el neoliberalismo ha generado una propensión de crisis recurrentes en distintas regiones del planeta, particularmente en las regiones periféricas (Asia, y América latina).[1]

A partir de este desglose breve de problemas y crisis, ¿es posible formular alternativas teóricas y políticas en América latina frente al capitalismo? La respuesta obvia, es clara, por supuesto que existen, han sido temas de debate no sólo desde la academia, sino desde convenciones, coloquios, seminarios y eventos de investigación. Latinoamérica tiene diversos autores y personajes importantes que han dedicado parte de su vida a formular posiciones teóricas que permiten y proyectan una alternativa al capitalismo desde la teoría crítica y desde la dialéctica del materialismo histórico.

Sin embargo, ante esta crisis del capitalismo con la que se encuentra Latinoamérica y el mundo entero, considero conveniente abordar seis grandes postulados para tener una verdadera alternativa política, económica, social, cultural y tecnológica.

Considero que como primer paso, en la nueva edad global se debe de generar una nueva revolución tecnológica, en donde la crisis del capitalismo sea traspasada por una nueva etapa de crecimiento e innovación en materia científica.

La ideología del neoliberalismo debe ser rebasada e ir más allá. Es decir, el libre mercado nos ha demostrado a través de la historia que no puede operar en sí mismo sin una regulación por parte de Estado, el mercado, como los sistemas de gobierno necesita de un contrapeso real que regule la actividad mercantil financiera. En otras palabras, el neoliberalismo debe ser transcendido, debe de ser una etapa antagónica en la dialéctica materialista.

Por lo tanto, el mito del desarrollo y el progreso requiere de ser desmantelado o al menos debe de ser refutado, criticado y re-direccionado hacia los ámbitos más sensibles de la actividad social y cultural.

En este sentido, se debe dejar atrás el capitalismo global moderno para introducirnos hacia un poscapitalismo. Pero este poscapitalismo no necesariamente significa alcanzar la utopía socialista o comunista.

Si bien es cierto que la idea del socialismo, históricamente se ha instaurado como el gran proyecto alternativo, en la actualidad se ha convertido en un sistema que ha sido fruto de diversas críticas. Sobre todo por aquellos que analizan la realidad existente, como los casos como China, Cuba o la extinta Unión Soviética.

Lo que respecta a América latina, en la actualidad han surgido varios proyectos que presuponen ser alternativos frente al capitalismo. El llamado al nuevo socialismo del siglo XXI, si bien es cierto que pone freno a las políticas neoliberales y en cierta manera lo amordazan. La realidad es que las naciones que integran este nuevo socialismo siguen jugando bajo la lógica del mercado y por ende del capitalismo.

Por lo tanto este poscapitalismo, debería ser un sistema regulado por el Estado[2], operado a partir de políticas publicas que permitieran la desconcentración del capital, y por ende que permitieran la distribución de la riqueza. No hay que olvidar que Latinoamérica se caracteriza por ser una región sumamente desigual, pobre y diversa. Por lo que esto permitiría un saneamiento social a través de la educación, de la salud, de la alimentación, de la recreación, en otras palabras esto permitiría que los índices bienestar aumentaran, todo esto logrado bajo un proyecto democrático que permitiera el libre ejercicio de derechos sociales y civiles.

Aunque pareciera una reflexión un poco romántica y bastante criticable, me parece que son diversos puntos que han sido fundamentales para entender Latinoamérica en la actualidad. Además considero que son a grandes rasgos los diversos temas que estuvimos reflexionando y debatiendo a lo largo de nuestro curso.

Es necesario seguir cultivando un pensamiento propio latinoamericano, con una base fundamentalmente crítica, sin negar lo otro. Partir del pensamiento establecido para generar diversas aproximaciones y puntos de arranque para producir mayor conocimiento, y junto con ello, reconocer las diversas problemáticas y limitaciones por las que se encuentran nuestras sociedades.

Debemos de generar nuevos sabes latinoamericanos, que si bien es cierto, existen y han perdurado en el tiempo, deben de ser retomados para generar otros saberes desde nuestra región, cosificados bajo esta nueva realidad global, tecnológica, epistemológica, científica y humanística.

 

Conclusión

La alternativa teórica y política, como se ha discernido a lo largo de este trabajo, dependen de nuestras condiciones imperantes en nuestra región latinoamericana. Poco a poco se ha ido instaurando nuevos mecanismos de participación política, y junto con ello se han ido configurando en el terreno teórico nuevos enfoques que ponen al capitalismo en el eje de la discusión y el análisis.

En este sentido, es menester considerar un mundo en donde quepan otros mundos, justo como como los movimientos anti-sistémicos proclaman en sus intervenciones políticas. No obstante, la crisis del capitalismo no se ha descarrilado ni ha tomado una nueva interpretación que sea fundamental en su significado y en su naturaleza. Sino al contrario, el capitalismo sigue reinventándose a través de sus mecanismos de poder, en donde la ideología liberal sigue siendo el pensamiento dominante en diversas universidades, centros de investigación y los programas de ajuste gubernamental. No obstante, el pensamiento crítico sigue siendo aquel ejercicio que pone en tela de juicio su actividad y que poco a poco se están materializando en experiencias reales que intentan construir una ruta alternativa al capitalismo moderno en su fase globalizada.

En suma, somos los nuevos investigadores en formación quienes tenemos esa viejo pero vivo referente por establecer nuevas oportunidades y nuevos conocimiento, a partir de nuestro propio pensamiento.

Debemos de ser inteligentes y hasta en cierta menara proactivos y creativos por establecer nuevos referentes de nuestra nueva realidad.

Tenemos un gran reto por delante.

Bibliografía de apoyo

Cueva, A. “Reflexiones sobre la sociología latinoamericana” En Marini, R. y Millán, M. (Compiladores) La teoría social latinoamericana. Textos escogidos.

Tomo 3: La centralidad del marxismo. México: UNAM-FCPyS/CELA. Pp. 379-397.

Lander, E. “Ciencias sociales: saberes coloniales y eurocentrismo” En

La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas latinoamericanas. Buenos Aires, CLACSO. Pp. 4-23.

Díaz-Polanco, H. “Autonomía regional y territorialidad india. Perspectivas del Estado multiétnico” En Marini, R. y Millán M. (Coord.)

La teoría social latinoamericana. Cuestiones contemporáneas. Tomo IV. México: Ed. El caballito. Pp. 163-190.

Ceceña, A. “Tecnología y organización capitalista al final del siglo XX” En Marini, R. y Millán M. (Coord.) La teoría social latinoamericana. Cuestiones contemporáneas. Tomo IV. México: Ed. El caballito. Pp. 95-103.

 

[1]No se incluye África en esta periferia, pues bajo la lógica del capitalismo mundial, la región africana ha dejado de estar bajo el modelo económico financiero.

Ha dejado de ser reconocida, para ser negada y desaparecida. Aquí existe una negación histórica-cultural por parte del sistema capitalista. Para discutir más sobre esta posición considero pertinente revisar el artículo de Sergio Almisas Cruz, “Movimientos sociales y políticos africanos. Del siglo XIX al siglo XXI: Una visión histórica”. Disponible en: http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=4457384

[2] Como estuvimos discutiendo en las ultimas sesiones de nuestro curso. Latinoamérica al caracterizarse como una región esencialmente diversa, por los grupos indígenas y pueblos originarios que aún persisten y resisten bajo el esquema modernizador. La gran lucha se deposita por establecer un Estado auténtico, conformado por diversas etnias que permitan el libre ejercicio de la autonomía regional y el reconocimiento del espacio (territorialidad) de estos pueblos originarios. Lograr un Estado multiétnico me parece que es otro gran reto por alcanzar por los gobiernos y las sociedades latinoamericanas. Además considero que sería un gran contrapeso a las políticas neoliberales esto debido por el trasfondo tradicional con las que se organizan estas comunidades.

WHERE TO GO THE POLITICAL SCIENCE? METHODOLOGY AND GLOSSARY OF POLITICS IN THE AGE OF GLOBALIZATION “English version”

To where will the Political Science? I do not know (…)
I am asked to make a historian of my own present.
I’ll try, but not before without Haber put his hands to the fire.
I comfort UN: I have been asked the impossible.
Giovanni Sartori
Dove is the Scienza Policy, 1984.

By Victor Hugo López Llanos *

Summary: The aim of this short paper is to reflect on the methodological and lexical history of contemporary political science and clarify its heuristic value in relation to the new social subjects, arising from the process of globalization. Reviewed by Giovanni Sartori be addressed; the excessive use of quantification political phenomenon by American political scientists, as well as from private universities, in addition to the need to discuss new conceptual references to the new political reality is studied. It concludes by proposing a political science community mental break new locks to interpret the new subjects of politics, not only with numerical methods, but to gradually building a new discipline, increasingly sensitive to the protagonists of political phenomena.
Keywords: Science, Lexicon, Methodology, Quantification, Globalization, Politics.

Man since its emergence as a thinking was always worried about the future and investigate their environment. Standing primarily to natural events that accompany it during its existence. The individual, although it is characterized as a complex object for study, creates scientific methodologies that explain their attitude and behavior towards society.
Political science is one of the most complex disciplines that exist in the panorama of knowledge. Since not only studies the conflict that emerges from power as an essential unit of the human nature, but also dares to justify and interpret power as a symbol of submission to social and economic organization, through the creation of State and Civil Society.
However, nowadays, political science goes through a transformation process that often impossible, in detail, explaining the political phenomenon.
This document comes from several investigations of political scientists that put into question the methodology used by political science in recent decades. Such is the case of the most popular Italian political scientist in the world, Giovanni Sartori, a prolific author who has seen our discipline as a science walking with feet of clay, due to the inability on the part of political science, to generate new knowledge and important.
The in previous years had only focused on the question of the public state, as scholars of politics, political phenomenon regarded politics as those joints that looked just placed in the context of the state, produced and played by himself through its cause and effect.
This caused that political science in particular create a particular kind of language to explain these phenomena. Such as: government, bureaucracy, civil society, forms of government, the party system.
It is not until the decades of the 80s of the twentieth century that the terminology is undergoing a kind of transformation in their meanings, other important elements also appear, such as: Globalization, technocracy, sustainability.
While it is true that political science, as commonly understood today, was born in Western Europe in the early 50’s, from the last third of the nineteenth century until World War II, had considered him as a captive science dominated by historical studies and legal approaches.
As political science, had a new beginning after the war, becoming a research field in its own right.
Among its founders authors are Giovanni Sartori, Stein Rokkan, Juan Linz, Matter Dogan. However, we must not ignore the classical thinkers for the study of politics. From Aristotle to Plato, Machiavelli, Hobbes, Rousseau, Montesquieu, to the early Enlightenment, Kant, Hegel, Tocqueville, Weber, Mosca, among many others who have contributed their contributions, understand and reflect the political phenomenon.
Since the early 50‘s, the British generally have resisted calling this discipline as political science. They prefer to call politicians or government studies.
According to Giovanni Sartori, the bone of contention that caused the study of politics as a weak discipline, was the mistake of thinking this discipline with the character of positivism, logical and deductive, using as methodological transverse axis, quantification of politics .
In the 50‘s modernist political scientists, advocated faithfully, that politics should be governed based strict methodological systems, mathematical and logicaldeductive should be adopted and improved in order to contribute to a real explanation of political phenomena, without boarding, or adjectives or subjectivations.
Under this premise, British philosophy on matters of politics in the first half of the twentieth century, no call to political science as a science because it does not use a specialized language, in addition to their studies requires a methodology ad hoc. That is, political science does not generate a native methodology to reflect and explain the political reality, which becomes itself a copier dominant paradigms, mainly from the doctrines of the natural sciences.
Therefore, Sartori raises a central question What kind of science can and must be the political science?
The big criticism that has been made to political science comes in the wake of the way how to obtain and creates his own knowledge. Since the methodological model of this discipline is analogous to the methodology of economics. The Economists have an easier task than others. Economic behavior conforms to a criterion (utility maximization interest of profit, income, deficit, inflation. “While political behavior does not. Because the politician expresses a variety of motivations and emotions second. “Economists working with real numbers (monetary amounts) enrolled in the behavior of economic animal.
Economic science is developed in a context in which science needed accurate and stable definition with basic terminology, creating a kind of data containers that allow the cumulative flow of information.
While the Anglo-Saxon political science, quickly met Khun paradigms and scientific revolutions and joyfully entered the exciting but insubstantial way revolutionized itself, roughly every 15 year search for new paradigms, models, approaches.
As political science should be separated from the dominant methodology, since its aberration to explain the political phenomenon of quantum way, is leading a battle that is failing, producing a kind of resignation of his own essence.
Books whose titles are methodology of the social sciences, but these works are simply trying on research techniques and statistical processing (…) As we have a dismal science that lacks logical method and, in fact, ignores pure logic and simple.
Sartori, characterizes the political science of our day, three substantial thesis:
a) unconstitutional and, in the same sense, behavioral;
b) progressively as quantitative and statistical as possible; and
c) Due to favor the path of theoretical research at the expense nexus between theory and practice.
From these assumptions. Political science in factum maintains a constant interaction between behavior and institutions.
The predominance of the quantitative‘re confusing us, but above all, is creating students in this discipline, a modernization of the political schemes, in which political knowledge is increasingly prone to irrelevance, since not achieve confront the relationship between theory and practice, political science, is becoming a kind of useless science. ¿Knowledge, for what? “From the point of view of the practice, largely useless, because it provides knowledge that can be used.”
It is therefore appropriate that restores and political science to delve back into the field characterizations of their linguistic and methodological components. Going through a process of modernizing its specialized language, as well as to find, or rather to return closer to the dominant actors in the public / private setting.
But, what about the language used by political science today? The lexicon of political and social sciences in general, is suffering a kind of reconfiguration of meanings, due to globalization, because although this is a result of the global economic conversions, certainly brings impact on the political, socio-cultural sphere.
That is why, I believe that political science must redefine both its methodology and its language.
While it is true that, with globalization, the policy is now closer to citizens and society in general is also true that their concepts employees become more mainstream, everyday use, a clear example is the use of various lexicons used in the media to describe various kinds news related to politics.
However, there are few who have decided to delve into the true meaning and history in terms of modernity, democracy, citizenship, tolerance, authoritarianism, just to name a few of the vast universe.
Some philosophers like Aristotle defined man as political animals and some others, such as René Descartes as essentially linguistic animals. This has led several scholars and political philosophers conduct studies between the use of language and its connection with politics.
Although the study of language never occupied a central place among academic disciplines related to politics, occasionally some philosophers and intellectuals concerned about political science showed that they are aware of the problem.
In the disciplines with language worth noting that among the Greek and Roman writers, considered the study of rhetoric (the art of verbal persuasion) as a kind of “political science“. In Greek polis and the Roman Empire, the rhetorical tradition was part of the entertainment speakers who met with prominent public functions, including political functions, and in a way, provided an apparatus for critical observation of critical verbal behavior.
Therefore in the late twentieth century, there were various print and electronic media, which meant that persons were exposed to various verbal messages. But above all academic disciplines suffered following the birth of globalization, a mutation in the interpretation of their own language and therefore its own reality. Leading to further discussions to achieve reach a consensus and make a new lexicon for politics.
Traditionally, the meaning of words has brought problems and has caused concern both philosophy and political science. Concepts like Democracy, Civil Society, State and Governance, have been discussed over and over again. In the past it was assumed that they were true meanings, so this trend continued during most of the last century.
This led many scholars of political science, under the influence of logical positivism; wanted to eliminate confusion and ambiguity of rhetoric and political language. Emerging in the last third of the twentieth silgo a relativistic approach.
Sartori proposes a more flexible approach, while the notion that political concepts, would be related to the language of political organization and therefore would be subject to discussion and reflection.
Political science, according to the new reality presented by globalization, force create both a new methodology for the explanation of political phenomena, as well as the formation of a new lexicon for communication, but especially to explain and reflect their object of study. Because the world is very different and we knew only a quarter of a century. The way to understand it too.
This changing reality allows us to explore the approaches and definitive explanations. With globalization have broken paradigms we thought immovable. If there is an element that characterizes globalization is that it allows us to create new explanatory models, because the rapid changes make what we would begin to consider long-standing processes are changing.”
In short I do not intend to argue that political science has exhausted its methods, or that their usefulness and have handles, but, on the contrary, I affirm the urgency of introducing new ways of thinking out of the mess, and continue development political analysis. For this it is necessary to consider the crisis with political science living today and try new perspectives from within.
Hanna Arendt showed us in his works that politics has no specific meaning, ie there is nothing that define or determine before hand. However, points out that politics can be understood as action, where conflict, voices, criteria, interests, ideologies, discourses are staged.
So that action and speech immersed in public spaces people are the categories and means to comprehend and understand the policy beyond a simple numerical description has usually developed political science in recent years.
The new Latin American political scientists, we must sensitize and head into the interpretation of the New Subjects of Politics. Not only designing numerical methodologies, but also reflective demand that both the world of politics and its related fields. This will allow us to open new mental locks to rethink the political and go beyond the platitudes in explaining the facts and political phenomena.

SOURCES:
Giovanni Sartori, Where the policy is science ?, Debate, Mexico, 2004.
Ruslan Posadas Velázquez, liquid Realities, zombies concepts: The Lexicon of political globalization, Alfert, Mexico, 2010.
Teun A. Van Dijk, Discourse as social interaction. Studies on discourse II. A Multidisciplinary Introduction, Gedisa, Barcelona, 2000.

 

 

 

 

La Teoría Crítica frente al Positivismo Lógico

Por: Víctor Hugo López Llanos

Introducción:

En el presente trabajo se pretende reflexionar en torno a la teoría crítica, sus principales postulados y propuesta metodológica como crítica y confrontación al positivismo lógico. Para ello, se utilizarán diferentes textos que abordan y que ponen en tela de juicio los paradigmas metodológicos que dominan a las ciencias sociales, para comprender diversos fenómenos o acontecimientos que se desprenden de la realidad social, política y cultural. Para terminar con una conclusión sobre la reflexión alcanzada en estas breves páginas.

La teoría crítica que se construye en la escuela de Frankfurt, cuyos miembros y principales exponentes se encontraban inmersos dentro del pensamiento marxista, y quienes se comprometieron, desde esta teoría a desarrollar de una forma autentica y diferente sus ideas sobre el campo del saber científico hegemónico, predominante hasta ese entonces en gran parte de las ciencias sociales, sobre todo en particular en el campo de la sociología.

La teoría crítica pone en tela de juicio los paradigmas de la teoría tradicional. Esta última forma representa el tipo de teorización cientista guiada por los ideales de las ciencias naturales modernas y su prerrogativa de investigaciones libres de valoración y juicio que propone el positivismo lógico.

La escuela de Frankfurt cuyo uno de sus principales exponentes es el filósofo y sociólogo alemán Max Horkheimer definirá a la teoría como “un conjunto de preposiciones acerca de un campo de objetos relacionados unos con otros” (Horkheimer, 2003:23), en otras palabras, los objetos y los sujetos que conforman a la sociedad están constituidos bajo el carácter de la socialización, por lo tanto, deben ser analizados e interpretados bajo su contexto histórico-social.

En consecuencia, los autores de la teoría critica, aprueban y retoman a la teoría materialista de la historia como un marco de referencia para sus interpretaciones teoréticas. A partir de esta lógica metodológica, la teoría crítica identificará y criticará diferentes mecanismos, estructuras y diversas relaciones en el campo de saber social, político, económico, filosófico y cultural. Por lo que “la teoría crítica hace referencia a un concepto general que incluye una variedad de proyectos pos-realistas y pos-positivistas dentro y fuera de la tradición marxista” (Frankenberg, 2011: 69).

El carácter critico que proclama esta teoría, significará, y en cierta manera vendrá a revolucionar el paradigma científico predominante en las ciencias sociales, sobre todo pondrá en tela de juicio los mecanismos utilizados por el positivismo lógico-deductivo. El carácter crítico significará “una postura opuesta al mainstream, a gran parte del discurso positivista en las diversas ciencias, con base a un nuevo marco analítico y un nuevo vocabulario”. (Frankenberg, 2011: 69).

Según los ideólogos de la teoría crítica, la ciencia no debe ser un ejercicio que excluya a la sociedad, pues la ciencia tiene un valor fundamental que debe cumplir con un propósito y un sentido, debe de tener el carácter de la inclusión, de la conciencia y de la praxis histórica concreta.

En otras palabras, la ciencia para la teoría crítica debe ser capaz de emplear un lenguaje que tenga la facultad de ser entendido por los diferentes estratos de la sociedad con el propósito de generar conciencia, pero que sobre todo permita un saber que desarrolle la crítica de los modelos dominantes y junto con ello la transformación del orden social existente.

Según Horkheimer, la ciencia es un cierto universo de preposiciones que surge de modo constante de la actividad teórica, y cuyo orden sistemático un cierto universo de objetos que alcanza su determinación” (Horkheimer, 2003:29). Por lo tanto, el sistema teórico debe de existir una armonía excluyendo la contradicción y sus componentes superfluos. Sin embargo, esta forma teórica del saber predominante, según este autor, es tendencialmente al análisis meramente matemático utilizado por las ciencias naturales y dominantemente en las ciencias sociales. Esta lógica hace que las ciencias sean subordinadas a los valores del mercado, produciendo saberes a merced de las necesidades mercantiles operativas.

Horkheimer mencionará que los empiristas sirven como punto de apoyo para los teóricos, ya que este podrá hacer una mejor clasificación de su problema u objeto de estudio, pero sobre todo pondrá en evidencia las problemáticas que se observará a partir del aparato crítico. Por lo tanto, “el conocimiento son determinaciones que no solamente se reducen a elementos lógicos, sino que pueden ser comprendidos en su ligazón con procesos sociales reales” (Horkheimer, 2003:56).

Desde esta perspectiva, la teoría crítica se opondrá al positivismo lógico del círculo de Viena en dos planos fundamentales:

  • En el plano de lo social, ya que la ciencia depende de la orientación fundamental sobre la investigación que deviene de los asuntos de lo social.
  • Y del plano teórico-cognitivo, la teoría crítica denunciará la separación absoluta que presenta el positivismo entre el sujeto que conoce y el objeto conocido. Es decir “que mientras menos se meta el investigador en lo investigado, gracias al método, más objetiva y verdadera es la investigación” (Osorio, 2007: 106).

De esta manera, se pierde la esencia del sujeto como constructor de su realidad, ya que se absolutizan los hechos mediante los rasgos lógicos, por lo tanto, el paradigma positivista hace que la ciencia pierda su carácter transformador y su función social. En este sentido “los resultados positivos del trabajo científico son un factor de auto-conservación y reproducción permanente del orden establecido” (Osorio, 2007: 106).

Como lo hemos mencionado, en contraparte al positivismo, la teoría crítica busca la transformación del orden social a través de un proceso de humanización que se fundamente en la razón, para ello, la teoría crítica entiende a la razón “como las determinaciones conceptuales del entendimiento” (Horkheimer, 2003:56), a través de la reflexión filosófica.

La teoría crítica aspira a la compresión de la situación histórica-cultural de la sociedad como fuerza transformadora a partir de la desmesura de las contradicciones sociales y luchas de clase.

En contraparte, los ideólogos del positivismo estarán en desacuerdo con esta postura, pues la esencia metodológica de las ciencias es restringir la noción del sentido, de las intuiciones y de la subjetividad de las preposiciones, pues estas categorías al no implicar la verificabilidad de los fenómenos a partir del ejercicio lógico, la ciencia perderá su carácter objetivo, por el rasgo de la relatividad y saberes comunes. Además el positivismo abogará por la no transformación del orden social, sino por la compresión y entendimiento de los sucesos acontecidos en un margen de tiempo.

Por lo tanto, el sentido de la ciencia es la verificación lógica de los fenómenos sociales, así como la comprensión de la cosa que confecciona las relaciones a través del lenguaje. En este sentido el positivismo establecerá que el lenguaje que la ciencia utilizará debe de tener el mismo rigor lógico que explique la realidad social, pero que sobre todo, tenga la capacidad de ser comprobado. Pues si está resguarda la contradicción entre realidad y hipótesis, entonces el concepto y la teoría debe ser rechazada.

“La posibilidad de verificación no se base en ninguna verdad experimental, en una ley natural o en cualquier otro proposición general verdadera; es determinada únicamente por nuestras definiciones, por las reglas fijas para nuestro lenguaje o que podemos fijar arbitrariamente en cualquier momento. Todas estas reglas apuntan, en último término, a definiciones ostensivas… y, a través del ellas, la verificabilidad está ligada a la experiencia” (Diánoia, 1961: 217).

Sobre la experiencia que abogará el positivismo lógico la depositará en la experimentación y en la práctica social, mientras que la teoría crítica la focalizará en la historia. Por lo tanto, la historia es aquella disciplina que confeccionará el pensamiento crítico que tendrá como desafío no sólo explicar y comprender, sino ayudar a las necesidades de la comunidad, pero sobre todo perseguir el ideal de la justicia.

El pensamiento crítico debe estar supeditado bajo el carácter de la libertad que sólo se conseguirá bajo la representación de la praxis y la teoría. Pues en ambos elementos podremos determinar y examinar a la totalidad como característica principal de la actividad del pensar.

La actividad de pensar genera en el sujeto la capacidad de aceptar su condición material en relación con su historia, pero sobre todo detona las herramientas necesarias para generar un estado de justicia entre los individuos, es otras palabras la esencia del pensamiento es la transformación radical y constante del orden social a través de la praxis, de la conciencia histórica y de los saberes científico y comunes.

Por otro lado, no podemos considerar al positivismo bajo la óptica de la teoría crítica como un tipo de pensamiento científico adherente a la naturaleza burguesa, de hecho el positivismo ha sido utilizado por el mercado como la herramienta para generar conocimiento pragmático, aplicable hacía ciertas demandas que produce el capital. Por ejemplo: La sociología, la ciencia política, la antropología y la psicología social han sido ocupadas, bajo la utilización de estos paradigmas, para generar análisis del mercado y generar diversa información que permita el consumo de diferentes productos mercantiles, de propaganda electoral o de cualquier otra índole que satisfaga la oferta y la demanda.

De manera que el pensamiento crítico tiene como objetivo confrontar el pensamiento burgués, a partir de diferentes esquemas de entendimiento, teniendo como base fundamental el proceso histórico concreto y la conciencia activa de los individuos. De manera que la teoría critica, además de significar una postura alterna para la producción de conocimiento científico social, también es una teoría que proclama la emancipación del paradigma científico dominante, y en ese sentido, la teoría crítica es revolucionaria para el pensamiento y los saberes.

Conclusión:

En este pequeño texto hemos tratado de abordar de manera reflexiva la confrontación constante que existe entre el positivismo lógico y la teoría critica.

Como mencionamos párrafos anteriores, la teoría crítica de la escuela de Frankfurt viene a generar para el pensamiento científico social una contribución epistemológica que permite la comprensión de las ciencias sociales, a partir de un esquema alternativo, que no sólo propone describir y analizar diversos fenómenos sociales, sino que además posibilita la comprensión y el entendimiento de las diferentes estructuras que confeccionan la sociabilización de los individuos. Por ejemplo: la economía, la política, la cultura, la ética, la religión, las leyes. Teniendo como plataforma principal el sentido de la praxis y la experiencia de la historia.

En este sentido, considero que la teoría critica, en contraparte del positivismo lógico, logra unir tres elementos fundamentales para la ciencia social: la construcción de una técnica que permita desarrollar análisis que incite a la comprensión del fenómeno, la valorización de la ciencia como un constructo histórico, y por último, la ciencia como aquella disciplina generador del cambio y orden social.

Si bien es cierto que la teoría critica tiene diferentes deficiencias epistemológicas sobre la producción del saber, considero que la importancia de conocer esta propuesta es de suma importancia ya que sensibiliza al científico social con la sociedad, fungiendo como un elemento más de la transformación del orden establecido, pero sobre todo, asimilándose junto con demás actores como el motor fundamental para generar una mejor calidad de vida entre los individuos a través del ejercicio del aparato crítico y de la contribución hacia la conformación de más y mejor conocimiento.

Bibliografía:

Gustavo Leyva. (2012) “Teoría Crítica: El indisoluble vínculo entre la teoría social y la crítica normativa inmanente” en Enrique de la Garza Toledo y Gustavo Leyva: Tratado de Metodología de las Ciencias Sociales: Perspectivas actuales, Fondo de Cultura Económica, México.

Horkheimer, Max (2003), La teoría crítica, México: Amorrortu.

Osorio, Nestor (2007), La teoría crítica de la sociedad de la escuela de Frankfurt: Algunos presupuestos teórico-críticos, Nueva Granada: Departamento de humanidades, Pontifica Universidad Javeriana.

Frankenberg, Günter (2011), Teoría Crítica: Buenos Aires: UBA.