De la sociedad de individuos a la individualización de la política: Libertad o acción en los tiempos oscuros

El ámbito público ha perdido el poder de la iluminación que formaba parte de su naturaleza principal. En los países del mundo occidental, en el que, desde el declive del mundo antiguo, se ha considerado la de emanciparse de la política como una de las libertades básicas, un número cada vez mayor de personas hacen uso de esa libertad y se apartan del mundo y de sus obligaciones en él […] pero con cada uno de esos abandonos se le inflige al mundo una pérdida  casi demostrable: lo que se pierde es el compromiso especifico y, habitualmente, irremplazable que debería haberse formado entre el individuo y sus prójimos.

Hannah Arendt, Men in the Dark Times

HACIA UNA SOCIEDAD DE YOICOS

Existen diversas razones por las cuales podemos creer que en nuestra época existen diversas expresiones que dan boga a la sociedad de nuestros tiempos: falta de solidaridad, decadencia de valores morales, cultura del narcisismo, egoísmo, pensamiento reivindicativo de corte radical o conservador y el hedonismo son términos que resuenan constantemente en el espacio público.

Al respecto, el obispo católico de Limburgo Franz Kamphaus, argumenta al respecto:

Cada movimiento en el campo infinito de la libertad va acompañado de crisis de relaciones, rupturas de lealtades, desgarramientos en la trama de la tradición. El hombre que quiere gozar por completo de su libertad, ¿goza, finalmente, de su propia vida? ¿Parece sociedades modernas a causa de su atomización, del agotamiento de solidaridad? (Kamphaus, 1994).

La sociedad del siglo XXI vive de recursos morales que han sido sustituidos por diversos valores que están orientados hacia la productividad y lazos que establece el capitalismo globalizado, y que desde nuestra perspectiva, se desprenden de tres categorías fundamentales que hemos analizado con detenimiento en el capítulo anterior: la solidaridad productiva, la división social y  la especialización de la fuerza de trabajo. Elementos que desde nuestra óptica son los motores de la descomposición de valores como sentido de comunidad, solidaridad social y de justicia. Y que substancialmente echa raíz a todo el fundamento de la democracia en la actualidad.

Alexis de Tocqueville, escribe: “Luchar contra la libertad significa luchar contra Dios” (Tocqueville, 1957: 6). Ese principio, es desde un comienzo una especie de autorización que el individuo se otorga a sí mismo para que el individuo formule sus propias realidades a partir de su propia fe y convencimiento.

Esto significa que toda la sociedad del yo o del egoísmo no pueden ser combatidos con menor libertad, sino con una mayor libertad política. Ya que ésta funda los vínculos necesarios en el espacio público que promueven una mayor colectividad y una mayor armonía, todo lo contrario a lo que establece el mercado neoliberal.

Hoy más que nunca somos “hijos de la libertad” (Beck, 1999: 1). La sociedad de nuestros tiempos no vive bajo una crisis de la cultura pero vive rodeado de diversos peligros latentes que ponen a prueba su estabilidad.

El sentido de la libertad, que promueven nuestras élites políticas y económicas, es la peor amenaza que hoy enfrenta al individuo: “El elogio verbal de la libertad se convierte en hechos y en vida cotidiana, y con ello ponen en duda los fundamentos de la convivencia existentes hasta ahora” (Beck, 199: 9). Según Ulrich Beck, la catástrofe consiste, es que tenemos que reconocer, entender y consolidar más y distintos tipos de libertades que los que no habían sido previstos en la famosa y prometida democracia.

El miedo a no poder hacer algo que cambie nuestras situaciones sobre seguridad y protección orillan al individuo arroparse en una caótica libertad que confunde e inhibe la existencia del individuo.

Las demandas de la industria, las empresas y los medios de comunicación saturan de positividad la existencia. Es por ello que en nuestros tiempos líquidos no se dialoga, no se intercambian argumentos, emociones y sentimientos que conlleven a un compromiso a corto, mediano y largo plazo, no se toma el tiempo para pensar en el otro. El individuo vive acechado y bombardeado constantemente de noticias que no dicen nada. Abundan los programas televisivos en el cual el único objetivo es paralizar con muertos vivientes, robots perversos, enfermedades horrendas e historias de personajes engarzados.

El individuo moderno vive perdido a la pantalla o en el teléfono inteligente en cuyo extremo se encuentra el otro, todo el tiempo alineado a un texto que envía muchas veces de forma superficial. El individuo de nuestra época ha dejado de tener tiempo, pero que paradójicamente, se siente lleno de libertad y posibilidad.

La sociedad de yoicos como bien las denomina Ulrich Beck en la introducción de la obra Hijos de la Libertad, la positividad es un elemento característico de este tipo de sociedad, cuyo principal rasgo tiene como objetivo que la persona trabaje, rinda, desquite el tiempo en alguna labor que beneficie su productividad, sus ingresos y que permita de manera eficiente su sociabilidad. Esto permite que el individuo se sienta libre pero que no perciba el sentido de sometimiento y de opresión.

En los trabajos que ofertan las empresas cada vez más hay menos sometimiento del tipo amo-esclavo “en el que la lucha por el reconocimiento implicaba que el esclavo deseaba ser visto por el amo, y por eso se esforzaba buscando en el otro-amo” (Orozco, 2015: 171). Por eso hoy el individuo es amo y esclavo de sí mismo. Uno se impone las tareas, las demandas excesivas, las metas inalcanzables. “La esperanza de ser reconocido se desvanece y en ocasiones ya no importa. Es como si hubiésemos introyectado al amo en cada uno de nosotros” (Orozco, 2015: 171). Por eso el individuo corre para ir al gimnasio, come a la carrera, vuelve a su trabajo y durante años hace el mismo ritual. Mientras que por mucho tiempo no entabla charlas con nadie y su sentimiento y animo de soledad aumenta. Emergiendo diversos trastornos depresivos, ansiedad, angustia y desolación, “el sujeto ya no sabe ya qué quiere, para qué quiere algo, tiene problemas de identidad de todo tipo” (Orozco, 2015: 172).

La sociedad individualizada,  requiere de competencia. En nuestros tiempos líquidos la competitividad mantiene al individuo a flote, es por ello que la colaboración y el trabajo en conjunto para perseguir bienes comunes se esquivan. Prevalece una especie de temor disperso que remite a alguien  que lo sabe todo sobre uno. Cámaras que nos vigilan a todas horas del día, inspección de correos electrónicos, verificación de visitas de páginas web. Hoy nada es secreto, todo lo que rodea al individuo es público, los sentimientos, las relaciones, las emociones, los juicios, las opiniones, los comentarios sobre algún tipo de interés. El libre  albedrío y la libertad de expresión parecieran que se encuentran en su máximo esplendor, y de hecho se permite siempre y cuando no transgreda o atente contra el estatus quo de la política, de las estructuras sociales o de la misma  economía. La sociedad de yoicos tiene como carácter determinante la irrelación.

Esa es la positividad como negación del otro que nos niega. Velocidad, violencia, consumo, competencia, individualismo, hartazgo, silencio, pensamiento escaso, atención, desprecio por los pobres, guerra sin remisión, hambre (…) no importa lo original de cada quien. Importa lo que uno hace en la medida en que eso da puntos para ganar más dinero. Tampoco se estudia por gusto y amor a la vocación. El joven simplemente quiere mantener el promedio para no perder la beca. Nunca va a la oficina del profesor enamorado de una idea, peleando por una ideología. Quiere pasar con diez. Y a las autoridades les importa la excelencia pero mediando horarios infames, exigenciales que enferman a estudiantes y profesores, con controles de todo tipo que apenas se dejan ver. Y eso en todas las escuelas, en todo el sistema. Hoy que todo se controla es cuando menos se educa. Y ahora que en las empresas hay capacitación los empleados viven enajenados y con temor. Esclavizados y ganando poco. Todos hacen lo mismo, todos padecen lo mismo. Todos indiferentes a todos. (Orozco, 2015: 172-173).

En la actualidad no hay enemigos comunes, hay desconocidos y extraños. La otredad significa enemistad, de esa forma todo se torna igual. “En el siglo XXI todos superan la idea del otro como agente patógeno”  (Orozco, 2015: 174), pues la globalización, el triunfo liberal y los sistemas de interconexión matan las indiferencias, hoy ya no se tolera, se ignora.

Chul Han argumenta al respecto:

La sociedad  (…) se caracteriza por la desesperación de la otredad y la extrañeza. La otredad es la categoría fundamental de la inmunología. Cada reacción inmunológica es una reacción frente a la otredad. Pero en la actualidad, en lugar de esta, comparece la diferencia, que no produce ninguna reacción inmunitaria (Chul-Han, 2012: 45).

La muerte del otro, por llamarlo de alguna manera se convierte en un ser meramente diferente que no representa ninguna a amenaza para las élites y para aquellos que mueven los hilos del mundo. El individuo  para que no represente ningún peligro se neutraliza sin necesidad de aniquilarlo. Basta con disciplinarlo y especializarlo de forma radical, ubicarlo en procesos de asimilación e identificación. Así el indiferente querrá su celular, su coche, su pantalla de televisión. Se volverá parte de lo que Chul-Han llama sistema de rendimiento.

En consecuencia, existe un exceso de positividad, el otro ya no me niega. Niego su negación asimilando parte de lo suyo y eliminando el resto. Por lo que el individuo se vuelve egoísta, solitario, mudo, sin nada que decir, pero se convierte en un agente público de sus causas privadas.

Todos repelemos a todos. Y hacemos lo que hacen todos. Por lo que todos vivimos indiferentes. Es el fin de la empresa en la que uno es importante. El fin de la verdadera comunicación. El fin del diálogo largo e interesado. El fin del compromiso erótico. El fin de la amistad. Es el fin de las relaciones estables. Y es el fin de conflictos internacionales que nos quiten el sueño  (Orozco, 2015: 178).

Y así estamos organizados. Dice Chul Han  a través de una cita de Baudrillard:

Según la genealogía baudrillardesca de la enemistad, el enemigo aparece en la primera fase como un lobo. […] En la siguiente fase, el enemigo que opera en la clandestinidad y se combate por medios higiénicos. Después de una fase ulterior, la del escarabajo, el enemigo adopta por ultimo una forma viral. […] La violencia viral parte de aquellas singularidades que se establecen en el sistema a modo de durmientes células terroristas y tratan de destruirlo. El terrorismo como figura principal de la violencia viral consiste, según Baudrillard, en una sublevación de lo singular frente a lo global.

La enemistad, incluso de forma viral, sigue el esquema inmunológico. El virus enemigo que penetra en el sistema, que funciona como un sistema inmunitario y repele al intruso viral. La genealogía de la enemistad no coincide, sin embargo, con la genealogía de la violencia. La violencia de la positividad no presupone ninguna enemistad. Se despliega precisamente en una sociedad permisiva y pacífica. Debido a ello, es menos visible que la violencia viral. Habita el espacio libre de negatividad de lo idéntico, ahí no existe ninguna polarización entre amigo enemigo, entre el adentro y el afuera, o entre lo propio y lo extraño. (Chul-Han, 2015: 21-23).

En este sentido, la violencia de la positividad que manifiesta nuestra sociedad actual, niega  y desaparece cualquier forma de otredad. La vieja dicotomía de Carl Schmitt del amigo-enemigo queda arrebatada. No hay enemigo ni adentro, ni afuera de las fronteras imaginarias. La muerte de la otredad, significa que en la sociedad de lo idéntico el enemigo se invisibiliza y lo hace igual; convierte al extraño y al desconocido en similar; y aquel que queda afuera, que por lo regular son los grupos de inmigrantes, pobres, enfermos o subordinados es ignorado, admitido a medias y aceptado como una especie de carga a la que también se puede neutralizar sin problemas  porque, o  bien se asimila, o en su defecto se excluye.

En consecuencia, los individuos viven al borde del cansancio y todas las expresiones de lucha cansan, estresan o en el peor de los casos, se deja de creer en ella. La lucha por prevalecer culmina con el agotamiento. La gente a menudo dice: “ya se privatizó el petróleo, qué más da. Ya nada se puede hacer”. Y si se intenta algo  será inútil. Los muertos y las desapariciones ya no toman importancia, y dejan de tener grandes impresiones e indignaciones  en la sociedad. Las desapariciones y las muertes se naturalizan  y se concilian como una parte naturalizada de convivencia. Por lo que la maquinaria de la indiferencia, del cansancio y del egoísmo nos empareja a la funcionalidad.

Al respecto:

Podemos dar muchos ejemplos, como el caso de quien se dice marxista pero trabaja como todos, inmanente al sistema de las ganancias, compra, vive de todo lujo, consume, presume, se queja de todo pero no ve a los otros, y termina siendo un grano más del conjunto, un sistema de trastorno de la personalidad como yo escindido que dice una cosa pero hace otra (y de ese tipo de positividad violenta estamos saturados: demagogos de la democracia que trabajan para minoristas; “comunicadores” que hablan pero no analizan nada o hablan de todo porque “saben todo” y nada dicen); millonarios que dicen ayudar  a la sociedad pero pagan salarios de hambre; jefes que hablan de justicia y buen trato pero hacen lo que hacen todos los jefe cuando distribuyen cargas y prefieren a unos sobre otros repartiendo esas cargas de capricho (siendo ellos los jefes mismos- subordinados de ese trato respecto de sus jefes). (Orozco, 2015: 180).

En ese sentido, la sociedad de nuestros tiempos líquidos,  predomina una sobreabundancia de lo idéntico. Creándose una especie de espejismo, en donde al final el individuo se mantiene extenuado y trastornado en su personalidad. Teniendo repercusiones importantes a nivel psicológico.

Para curar estos síntomas, los individuos crean rituales de relajamiento corporal, espiritual mental con el propósito de conservar una vida sana y mantener lazos comunes de felicidad. Por eso el individuo va a gimnasio, hace pesas, trota, asiste a clases de yoga, camina, escala, va al sauna a sudar, comen dietas apropiadas, se engalanan y de ahí vuelven al trabajo, a la escuela o a cualquier lugar donde ocupe su tiempo. El individuo moderno se exige a sí mismo para lograr todo lo posible hasta llegar aquello que le es imposible. Chul Han menciona al respecto: “El hombre del rendimiento se encuentra en guerra consigo mismo y en medio de todos los que no logran sus propósitos (…) campea su depresión. Es la enfermedad de una sociedad positiva sumamente productiva” (Chul-Han, 2015: 85). De maneta que tenemos a un Sujeto libre que se obliga a sí mismo a rendir, pero que en su trama de libertad lo lleva al extremo cansancio y eso lo conduce al aburrimiento.

Por lo tanto, el proceso de individualización de la sociedad exige un exceso, una seducción  y diversos placeres. La cantidad de estímulos que afectan la vida de los individuos es impresionante. Hoy más que nunca se produce una cantidad sorprendente de música que es accesible a todo aquel que tenga las condiciones para acceder a ella a través del internet,  páginas que brindan servicios de series televisión y catálogos de películas a la carta, videojuegos, entretenimiento en tercera dimensión, impresiones de miles de libros en forma de best seller, se ofertan grandes cantidades de viajes guiados por el mundo en meses sin intereses, las empresas de la televisión de paga tienen mayor cobertura a un costo cada vez menor en donde el espectador puede tener a disposición 800 canales, que por lo regular la programación siempre se repite, planes de celular para mantenerse siempre conectado; existen una gran cantidad de redes sociales en donde se suben fotos, se cuentan historias, se expone el currículo para buscar un empleo, se comentan experiencias, se hacen comentarios sobre algún tema en común, se seduce y se pretenden congeniar relaciones de amor o de amistad, se emplean conversaciones para que todo el mundo sepa públicamente todo y todos a la vez nada de nadie.

A la par, el individuo se convierte en un ser multifacético, hacedor de diversas actividades que lo mantengan en rendimiento y movimiento constante, pues la velocidad con la que se experimenta su experiencia, exigen, que el individuo de hoy se convierte en un humano versátil. Mientras el individuo escribe a la par puede escuchar su música favorita, está pendiente de los correos electrónicos; piensa millones de cosas  o actividades por hacer en diversas horas del día, puede atender una llamada telefónica y a la vez chatear con un amigo que se encuentra en el algún lugar del mundo. Puede estar en una conferencia y enviar mensajes al mismo tiempo, al final del día volver al gimnasio para relajarse y volver a recuperar las energías para comenzar un nuevo mañana.

En nuestros tiempos, la individualización de la sociedad recrea con el tiempo libre y el entretenimiento, pero que a la par, la velocidad para adaptarse a los tiempos que corren toma mayor relevancia. Es por ello que la especialización se convierte uno de los pilares fundamentales para sobrevivir en este mundo líquido. De ahí que no sea casualidad que hoy más que nunca aparezcan diversas formas de enseñanza e instituciones que eduquen al individuo. Recibiendo una educación que no necesariamente involucre un esfuerzo en el pensamiento, la crítica o la reflexión sobre los aconteceres políticos, sociales y culturales, sino recibe métodos y herramientas que lo habiliten como un empresario de su vida, maximizando sus recursos y calculador de sus bienes y de sus relaciones.  Esto hace suponer al individuo que es un ser superior, avanzado, civilizado, tecnificado, educado y libre.  Paradójicamente, estas peculiaridades hacen del individuo un ser más atrasado y torpe. Lo rezaga en lugar de impulsarlo, lo aísla y lo atomiza. Esta es la esencia de la individualización.

Hoy hemos pasado de la preocupación por la buena vida a la ocupación por la sobrevivencia. Somos apenas sobrevivientes de un mundo hostil y veloz. Cuando nos alcanza el tiempo esquivamos las relaciones. Se diluye la existencia del otro. Y la vida activa se vuelve contemplativa.

Merleau-Ponty menciona al respecto, “durante el estado contemplativo, [el individuo] se sale en cierto modo de sí mismo y se sumergen en las cosas” (Ponty, 2013:56). Eso condiciona al individuo  a sufrir un proceso de desprendiemiento con sus lazos sociales. Ya que el individuo de nuestra época tiene muchas cosas qué hacer, pero ha dejado de ver con cuidado.

No reflexionan en lo que miran. No dejan que las cosas hablen. Deben llegar a las siete, ir a junta, ir a dar clase, atender a los alumnos, volver a prisa a otra clase, ver otros alumnos, ir a clase una vez más. Luego, a casa. ¿A qué hora se puede contemplar algo?. Los hombres tardemodernos han perdido la capacidad contemplar. Ya no saben aburrirse correctamente. El aburrimiento no es negativo cuando se  liga a la actitud contemplativa (Orozco, 2015: 193).

Esta forma moderna de sociedad tiene grandes repercusiones en el ámbito de lo político, en particular con la forma de hacer, pensar y organizarse políticamente. Esta incapacidad para pensar, escuchar, meditar y reflexionar sobre sus aconteceres que se desprenden de la actividad política tienen grandes repercusiones y que se manifiestan constantemente en un desencanto paulatino  por la  misma, pero que paradójicamente, el individuo a través de una aparente libertad que otorgan sus condiciones económicas a través del acceso al consumo, a la información y  las diversas formas de seducción y  entretenimiento. Posibilitan otras formas de asociación. Sin embargo, en lo que respecta a la política, hoy más que nunca vive sumergida en un desencanto constante y vive bajo el yugo de la agonía. La política ha dejado de ser concebida como el espacio de la posibilidad, para convertirse en el lugar de lo imposible. El individuo pide más libertad y menos política. Es por eso que conviene preguntarnos hoy más que nunca por el sentido y el significado de la política en los tiempos que corren

El discreto DESencanto de la política

En una de las pancartas de consigna que se pudieron observar durante las marchas del movimiento de los indignados se podía leer la siguiente frase “Menos política, más libertad”. Si bien el mensaje de la pancarta tenía como propósito criticar y poner en tela de juicio a un régimen partidista carente de legitimidad y de credibilidad. Hoy en día, en diversas partes del mundo, la política considerada como aquella actividad y capacidad para hacer las cosas atraviesa por una crisis severa terminal.

Cuestionarse por el sentido de la política desde los terrenos que nos arrompan bajo los efectos de la globalización y la creciente individualización de la sociedad, podría suponer una pregunta bastante ilusa y carente de toda significación. Pues la política, en nuestra época es considerada como una actividad egoísta, que sólo la ejercen quienes se encuentran en las altas esferas de la burocracia, los tecnócratas, los intelectuales que pertenecen a una aristocracia académica y cultural, pero sobre todo, la realiza una élite muy selecta que mueven y dominan los hilos de la economía nacional y mundial.

En la actualidad, la actividad política vive en una realidad transparente que invisibiliza las actitudes y posicionamientos sobre la misma, generando un divorcio constante entre quienes representan al poder político (la capacidad de hacer las cosas), la política (la capacidad de decidir lo que hay que hacer)  y la sociedad en general (como el elemento gestionador, mediador, demandante y articulador entre la política y el poder político). Pocas personas esperan la salvación desde las altas esferas; las promesas de los ministros y de diversos personajes políticos se reciben con incredulidad salpicada de ironía, y peor aún, de mentira y de retórica romántica.

Es por ello que la libertad es una condición que nos seduce y nos enamora constantemente, pero que paradójicamente, es a través de las élites que disfrazan y maniatan el discurso de la libertad y la transforman como parte de un discurso democratizador, pero que en la práctica se expresa como aquella capacidad de incorporarse a una lógica consumista, de elecciones de vidas predeterminadas, depositada en el aislamiento y soledad de la individualidad pero con valores sociales orientados a la productividad y creación de mejores espacios de convivencia laborales y profesionales.

La política de los Estados-nacionales dejó de cumplir con sus cometidos de seguridad y protección social a través de sus instituciones tradicionales y los trasladó paulatinamente a la vida privada del individuo, a través de la solidaridad productiva, la especialización y la división del trabajo[1]. En ese sentido, el individuo se convierte en su único salvador, promotor y perseguidor de su propio bienestar. Por lo que la actividad política se convierte en un montón  de esperanzas frustradas y pérdida de tiempo. Por lo que el individuo prefiere emplear y hacer cosas que faciliten su bienestar individual, que cambiar su realidad a través de  acciones colectivas.

En cualquier caso, no sentimos la necesidad (una vez más, salvo algunas irritaciones ocasiones) de lanzarnos a la calle para reclamar y exigir más libertad o una libertad mejor de la que ya tenemos. Pero, por otra parte, tendemos a creer con igual firmeza que es poco lo que podemos cambiar –individualmente, en grupos o todos juntos- del decurso de los asuntos del mundo, o de la manera que son manejados; y también creemos que, si fuéramos capacidad de producir un cambio, sería fútil, e incluso poco razonable, reunirnos a pensar un mundo diferente y esforzarnos para hacerlo existir si creemos que podría ser mejor que el que ya existe.  (Bauman, 1999: 9).

La viaja política que se ejerció después de la segunda guerra mundial y que se fue banalizando  a lo largo de los años posteriores fue perdiendo sustancia y rigidez, debido a la pérdida de poder frente a grupos de presión que pertenecen al grupo económico. La política de nuestra época destaca por la pérdida de substancia de los viejos medios institucionales de seguridad y protección social; dejando se existir, o en su defecto, ya no se encuentran en los lugares que hasta hace poco estaban destinados. El poder y la política local caminan por separado y su divorcio afecta considerablemente a la sociedad.

En la actualidad, el poder ha cambiado de lugar, ahora anda a sus anchas por las nuevas extensiones globales, libre  de control, deambulando por terrenos menos estrepitosos lo que lo convierte en un elemento poco rastreable pero que sus efectos se sienten en cada uno de los aún considerados Estados-nacionales, por lo que la política es despojada de casi todo su poder y camina acéfalo carente de dirección y propósito.

Por lo que los individuos por decreto y artífices de su destino, parecen estar abandonados y expuestos a la inseguridad y a la poca protección. Están condenados a perseguir sus propios recursos. Y eso genera, que los propios individuos al verse orillados a subsistir no tengan ninguna consideración por el otro. En ese sentido, el individuo se ve en la necesidad de competir, de transformarse eficazmente a través de una educación que no demerite tanto tiempo ni que establezca el mínimo esfuerzo de pensamiento y sensibilidad. Lo que importa es especializarse para adoptar nuevas herramientas para ser considerado por la oferta del trabajo, debe ser solidario pero para crear nuevos espacios de superación expresados en la materialidad y consumo de productos, además de tener la capacidad de auto-dirigirse y mantener siempre las expectativas de progreso y desarrollo.

Bajo este nuevo ambiente, el individuo vive sumergido en el fondo de una terrible realidad que debe afrontar; las tareas que le son encomendadas son tremendamente imponentes y que pocas veces son solucionadas satisfactoriamente. Por lo que estas condiciones originan diversas patologías sociales como la frustración, fracasos que se expresan en depresiones, en confusiones, suicidios, violencia, fatalismo y desesperación.

La política que prolifera en nuestros tiempos yace de la crisis de los medios y de los instrumentos de acción afectiva. “Y su derivada: la enojosa, exasperante y degradante sensación de haber sido condenados a la soledad frente a los peligros compartidos” (Bauman, 2015: 81).

De ahí que ahora más que nunca el individuo viva sumergido en una “sociedad de riesgo” (Beck, 2006). Pues por una parte, si bien observamos el desarrollo de sociedades multireligiosas, multiculturales, multiétnicas y la multiplicación de soberanías. También se puede observar la extensión progresiva del sector informal de la economía, la flexibilización del trabajo, la desregulación legal de grandes sectores de la economía, de los grupos de seguridad laboral como los sindicatos y la pérdida de legitimidad del Estado.

Estos impactos generan la implicación de que el individuo viva en una red de instituciones desactivadas por el Estado-nación, por lo que las repercusiones en el ámbito social toman mayor complejidad, y junto con ello, los problemas que aquejan a la sociedad crezcan exponencialmente.

En ese sentido, el riesgo no sólo significa estar expuesto a los peligros de las transformaciones de la modernización que promueve el capitalismo globalizado, sino que también significa la previsión y control de las consecuencias futuras de la acción humana.

Por lo que en la sociedad del riesgo global, la política se hace extremadamente importante, pero que contradictoriamente se deja al unísono y en la esquina del olvido. Pues los riesgos con los que se encuentra constantemente el individuo cada vez toman mayor importancia, y de esa forma, la necesidad de crear nuevos espacios de convivencia para pensar y luego accionar nuevos mecanismos que compensen no sólo al individuo, sino a la toda la sociedad en general. Sin embargo, crear estos espacios es una cuestión sumamente conflictiva.

Justo como argumenta Zygmunt Bauman en su más reciente obra en colaboración con el filósofo y dramaturgo lituano Leonidas Donskis, Ceguera moral. La pérdida de sensibilidad en la modernidad líquida:

No hay escasez de salidas exploradoras, ni de intentos desesperados de encontrar nuevos instrumentos  para la acción colectiva que en un escenario progresivamente globalizado resulten más eficientes que las herramientas políticas inventadas y puestas a punto en la era poswesfaliana de la creación de naciones, y que tendrán más posibilidades de llevar la voluntad popular a su cumplimiento de las que puede soñarse para los órganos ostensivamente soberanos del Estado, atrapados en su doble vinculo (Bauman, 2015: 81).

Sin embargo, esta condición origina diversos tipos de creencia acerca de lo que significa la acción y la libertad política, que se consolida a partir de los nacientes y abundante discursos sobre la democracia y la libertad, y que considero habría que reflexionar al respecto.

En este sentido, si partimos de la idea de que el individuo por primera vez en su historia es un individuo realmente libre, esto debido a su creciente independencia y autonomía para dirigirse, y para tomar diferentes decisiones que le parezcan más adecuadas para manejar y conducir  su vida, y por ello, su existencia en sociedad. Si la libertad ya ha sido conquistada, ¿cómo es posible que la capacidad humana de imaginar un mundo mejor y hacer algo para mejorarlo no haya formado parte de esa elocuente victoria que tanto presumen los ideólogos y simpatizantes  de la democracia liberal?, ¿qué clase de libertad han conquistado los individuos sin tan solo sirve para desalentar la imaginación y para tolerar la impotencia de las personas libres en cuanto a temas que atañen a todas ellas?

En nuestra caótica época, la libertad individual coincide  con el incremento de la impotencia colectiva que se expresa fundamentalmente en la actividad política. Pues los puentes de la vida pública y privada del individuo nunca fueron construidos de forma homogénea y armoniosa, es decir, no existe una forma fácil  u obvia para traducir las preocupaciones privadas en temas públicos e, inversamente de discernir en las preocupaciones privadas en temas de preocupación pública. Ya que en nuestra moderna sociedad líquida los puentes brillan por su ausencia y el arte de la política rara vez se práctica en público, pero que, paradójicamente, siempre se hace de forma cotidiana en la espacio público, pero no se lleva hacía sendas que tengan mayor impacto y relevancia.

En ese sentido, el puente de lo público y lo privado se mantiene en esferas  que tienen la facultad de explotar cuando se van elevando y de caerse. Por lo que la ausencia de mecanismos fuertes, transgresivos y permanentes, los agravios privados y las demandas públicas no llegan a constituirse de forma contundente, debido, entre otras causas, por la falta de condensación por parte de la colectividad. Además de que el individuo se ocupa más por las cuestiones de interés privado que por las causas de interés social.

Bajo estas circunstancias, la sociabilidad de los individuos flotan como esferas en un terreno liquido que lo mantiene a la deriva, buscando en vano un terreno sólido dónde anclar un objetivo visible y viable para todos.

Al carecer de vías de canalización estables, nuestro deseo de asociación tiende a liberarse en explosiones aisladas… y de corta vida, como todas las explosiones. Suele ofrecérsele salida por medio de carnavales de compasión y caridad; a veces, a través de estallidos de hostilidad y agresión contra algún recién descubierto enemigo público (es decir, contra alguien a quien la mayoría del público puede reconocer como enemigo privado); en otras oportunidades, por medio de un acontecimiento que provoca en la mayoría el mismo sentimiento intenso que le permite sincronizar su júbilo, como cuando la selección nacional gana la Copa del Mundo, o como ocurrió en el caso de la trágica muerte de la princesa Diana. El problema de todas estas ocasiones es que se agotan rápidamente: una vez que retornamos a nuestras ocupaciones cotidianas, las cosas vuelven inalteradas, al mismo sitio donde estaban. Y cuando la deslumbrante llamarada de solidaridad se extingue, los solitarios se despiertan tanto solo como antes, en tanto mundo compartido, tan brillantemente iluminado por un momento atrás, parece aún más oscuro que antes. Y después de la descarga explosiva, queda poca energía para volver a encender las candilejas. (Bauman, 1999: 11).

Según Bauman la posibilidad de cambiar el estado de las cosas reside principalmente en el ágora, un espacio que no es ni público, ni privado, sino más bien es público-privado. Es el “espacio en que los problemas privados se reúnen de manera significativa, es decir, no solo para provocar placeres narcisistas […] sino para buscar palancas que, colectivamente aplicadas resulten suficientemente poderosas…” (Bauman, 1999: 11). Con el propósito de elevar  a los individuos  de sus desdichas individuales a través de espacios donde pueda nacer la idea como el bien público, la sociedad justa, los valores comunales.

No obstante, el problema es que en nuestra época, en la sociedad moderna poco a quedado de los antiguos espacios privados-públicos, y que, en su mayoría se trasladaron hacía  terrenos virtuales como el internet y las redes sociales. En ese sentido, el espacio público sufrió una especie de tecnificación y de tecnologización. Por lo que las viejas ágoras de participación y sujetos políticos se las han apropiado y han sido sustituidos por los nuevos emprendedores del mercado y consumidores de productos a la carta que promueve la publicidad, la moda y el marketing. De manera que los individuos han sido reciclados en parques temáticos, mientras poderosas fuerzas conspiran con la apatía política para negar el permiso de construcción de nuevas formas de hacer política.

Corneluis Castoriadis en El Avance de la Insignificancia que corresponde al cuarto título de la serie Les carrefours du labyrinthe le dice a Daniel Mermet “Los políticos son impotentes. […] Ya no tienen un programa. Su único objetivo es seguir en el poder”. (Castoriadis, 2005: 52). Por lo que en la actualidad, no hay una expresión clara de una doctrina e ideología política que tenga como proyecto una idea de funcionamiento social, político, ético y cultural. Sino ahora la política se reduce a una expresión individualizada del egoísmo, del narcisismo, del cinismo y del desarrollo de bienes que  compensen a las  élites políticas y económicas.

Además, se propaga de forma masiva a través de diversos mensajes que se pueden apreciar claramente en los discursos políticos, notas periodísticas, comerciales en la televisión y en otros medios de comunicación la parafernalia de que no hay una forma de construir otro mundo posible, pues en el que habitamos es el único que existe. Y para ello debemos estar bien “preparados” para afrontar los tiempos difíciles que nos arropan.

En consecuencia, el liberalismo de hoy se reduce al simple credo de no hay alternativa. Si se desea descubrir el origen de la creciente apatía  política, no es necesario buscar más allá o hacer un recorrido hacia el pasado. Pues la política actual promueve y premia el conformismo. Y conformarse con nuestro estado de cosas y con nuestra realidad imperante en un asunto que no necesita de los otros, sino bien uno puede hacerlo en soledad desde la comodidad del hogar, escuela o trabajo. Entonces, ¿para qué molestarnos si los políticos, de cualquier tendencia, no pueden prometernos nada, salvo más de lo mismo?

La actividad política con apellido democrático se ocupa de desmontar los límites de la libertad de los ciudadanos pero también los auto-limita. Pues en un primer momento concede a los ciudadanos como libres para permitirles establecer, individual y colectivamente, sus propios límites, individuales y colectivos. Esta segunda parte de la proposición  es la que se ha perdido. Ahora todos los límites son ilimitados. Cualquier intento de autolimitación es considerado el primer paso de un camino que conduce directamente al gulag o mejor dicho a la exclusión, como si no existiera otra opción más que la dictadura del mercado y del gobierno, como si no hubiera un espacio para los ciudadanos convertidos en sujetos políticos salvo para consumidores y productores de insumos mercantiles. “Solo de esa forma son soportados por los mercados financiero y comercial” (Bauman, 1999: 12). De esa forma el gobierno y las élites económicas promueven y cultiva una forma de organización social, cultural y política. Y que a través de ello posibilita que el proceso de individualización cumpla con su cometido de atomizar al individuo en sociedad a través del egoísmo, la apatía, la indiferencia, la insensibilidad y la condición acrítica de sus situaciones y de su entorno.

Vivimos en los tiempos de “La acumulación de basura y más basura” (Castoriadis, 2005). Esta acumulación no deben existir límites, ya que los límites son considerados como anatemas y ninguno sería tolerado.

En consecuencia, “la aversión de la autolimitación, el  conformismo  generalizado y la consecuente insignificancia de la política tiene un precio. Un precio muy alto, en realidad. El precio se paga con la moneda de cambio en que suele pagarse el precio de la mala política: el sufrimiento humano” (Bauman: 1999:11). Por lo que estos sufrimientos se perpetúan de diferentes  formas y pueden rastrearse en el mismo origen. Pues justo como lo intentamos visibilizar en nuestro primer capítulo de esta investigación, nace a partir de una lógica productiva que inventa el capitalismo industrial y que a través de la especialidad, la división del trabajo, la solidaridad productiva y la monetización del individuo como una forma de relación,  darán como resultado una serie de valores como la apatía política, la indiferencia por lo social y el perseguimiento de su bienestar privado, que posteriormente se expresaran de forma contundente en el ejercicio de una mala práctica política. Y que  en nuestra época se expresa de forma radical en un ambiente de incertidumbre, de desprotección e inseguridad.

El problema contemporáneo más siniestro y penoso puede expresarse más precisamente por medio del término “Unsicherheit”, la palabra alemana que fusiona otras tres del español: “incertidumbre”, “inseguridad” y “desprotección”. Lo curioso es que la naturaleza de este problema es también un poderosísimo impedimento para instrumentar remedios colectivos: las personas que se sienten inseguras, las personas preocupadas por lo que puede deparar el futuro y que temen por su seguridad, no son verdaderamente libres para enfrentar los riesgos que exige una acción colectiva. Carecen del valor necesario para intentarlo y del tiempo necesario para imaginar alternativas de convivencia; y están demasiado preocupadas con tareas que no pueden pensar en conjunto, a las que no pueden dedicar su energía y que solo pueden emprenderse colectivamente. (Bauman, 1999: 12).

De manera que las instituciones políticas que proliferan y se crean en la actualidad para ayudar a las personas en su lucha contra la inseguridad y la desprotección les ofrecen poco auxilio. Por lo que el individuo se ve forzado a crear sus propios mecanismos de seguridad y protección encontrándolas precisamente en el mercado mismo. Es por ello que el individuo de nuestra época prefiere gastar sus energías y cumplir con una jornada fulminante de trabajo, o en actividades que se vean reflejadas en el bolsillo de las personas y que le permitan  mantenerse estable y con una cierta certidumbre individual, que dedicarse a hacer actividades de beneficencia social y bien común por el simple gusto de hacerlo sin verse reflejado con algún salario o ayuda económica. Aquí se encuentra núcleo fundamental de producción y reproducción del proceso de individualización de las sendas políticas.

De acuerdo con Ulrich Beck, quien ha sido uno de los pensadores más presurosos en el análisis de la globalización y sus repercusiones en la vida pública. Menciona que precisamente, la individualización es un proceso que transforma institucionalmente las actitudes políticas de la sociedad. Ya que las instituciones encargadas de mantener una cierta cohesión y regulación de lo social, al verse limitadas y desgastadas por la pérdida creciente de poder político, debido a los fuertes y rápidos cambios que se originan con el proceso de globalización impulsadas por las élites económicas transnacionales, estas instituciones que se encuentran en el terreno de lo local no pueden hacer gran cosa para brindar certezas y seguridades al individuo.

Sin embargo, cuando en el escenario social emerge una cierta organización conjunta de actores y sujetos políticos para mitigar esas inseguridades y empezar a conquistar derechos que dignifican la vida de los individuos, casi todas estas acciones y medidas adoptadas por los involucrados tienden a dividirse; siembran suspicacia y terminan por separarse, acabando por volverse más solitarios, frustrados e aislados.

Esta es una de las razones que explica la escasez de demanda de espacios privados-públicos, y el hecho de que los pocos que existen estén vacios casi todo el tiempo condiciona su reducción e incluso su desaparición. Otra razón para que los espacios públicos tiendan a desaparecer es la flagrante carencia de importancia de todo lo que ocurre con ellos (Bauman, 1999: 13).

Sin embargo, además que estos espacios públicos-privados se encuentren desapareciendo paulatinamente en el terreno físico de la plaza o la calle, se están originando otros mecanismos de expresión sobre los asuntos políticos a partir de las redes sociales y grupos de internet.

Si bien estos “nuevos” espacios son criticados y algunas veces hasta banalizados por la elocuencia en  sus formas de comunicación y sus propósitos de entretenimiento, muchos de los individuos de nuestra época consideran que es una buena herramienta para organizar movilización, exponer sus críticas y juicios sobre la actividad política o para expresar diversos disgustos sobre la partidocracia, personajes políticos o coyunturas políticas.

Esto ha originado que la política clásica, por llamarlo de algún modo, asociada al poder de convertir los problemas privados en cuestiones públicas, así como el poder de interiorizar cuestiones públicas  y transfórmalas en asuntos privados. En la actualidad este mecanismo político está desfasado y pasado de moda. Pues la política que predomina en nuestra sociedad moderna, por lo regular, los individuos abordan las cuestiones públicas que devienen de los problemas privados de las figuras públicas.

Observemos los numerosos payasos políticos que hoy en día adquieren mayor popularidad que cualquiera de los anticuados políticos del tipo burocrático o experto. Nos acercamos suavemente a una fase la de la vida política en la que el principal rival de un partido político consolidado no será otro partido político de corte o ideología distinta, sino una organización no gubernamental influyente o un movimiento social. (Bauman; Donskis, 2015: 71)

En ese sentido vivimos habidos y con sed de poder que se manifiesta y se encuentra en una fuerza económica, y no en las viejas estructuras militares o instituciones políticas. El poder ahora se muestra en cuánto poder posees para acceder al consumo, al placer; el poder es un camino para lograr una vida material digna. Consumo, luego existo.

Nos hemos acostumbrado a considerar al ser humano como una mera unidad estadística. No nos sorprende concebir a los seres humanos como fuerza de trabajo. El poder de compra de los seres humanos y la capacidad para consumir se han convertido en criterios cruciales para evaluar el grado  de idoneidad de un país a la hora de ingresar  en el club de poder, al que aplicamos varios títulos pomposos de organizaciones internacionales. La cuestión de su es una democracia es relevante solo cuando no se tiene poder y hay que controlarlo con palos políticos y retóricos. Si eres rico en petróleo o puedes consumir o invertir mucho, eso te absuelve de no respetar la política moderna y la sensibilidad moral o de no comprometerte con las libertades civiles y los derechos humanos (Bauman; Donskis, 2015: 72).

Los sufrimientos nacidos individualmente son muy semejantes con el otro, ambos comparten las crecientes deudas de sus impuestos y servicios, viven en la incertidumbre de la precariedad del trabajo o salarios mal retribuidos, comparten la confusión de las perspectivas vitales a largo plazo; todo este ambiente se reduce a la incertidumbre existencial: esa extraña mezcla de ignorancia e impotencia y una fuente inagotable de humillación y desosiego.

No obstante, el verdadero poder de tomar decisiones e  influir sobre el otro permanece a una distancia segura de la política. En donde los individuos se ven limitados a alcanzar y tener de nuevo en sus manos las direcciones de su vida social. El poder de la compra, se deposita en la mente de los individuos y se convierte en una espumosa ideología que imposibilita a los personas a pensar y proyectar escenarios posibles de convivencia. Como lo expresa Cornelius Castoriadis, “el problema de nuestra civilización es que dejó de interrogarse” (Castoriadis. 2000) y agregaría, dejó de aprender a pensar, y en consecuencia, dejó de crear escenarios posibles de relación y cambio. Cambiamos la innovación por el pensamiento, la tecnología por la actividad política, el interés colectivo por el individual. Parafraseando a Bauman, los terrenos sólidos por las arenas movedizas.

Ninguna sociedad que olvida el arte de plantear preguntas o que  permite que esa condición caiga en desuso puede encontrar respuestas a los problemas que la aquejan. Aunque cabe destacar, que son en los claustros académicos, grupos de investigación e interesados sobre los temas que nos acechan quienes están en la búsqueda y reflexión constante por encontrar nuevos derroteros que nos den salida de los tiempos oscuros que nos abrazan en la actualidad. Así como artistas, cineastas, pintores, entre otros.

De modo que el aire social que nos rodea y que respiramos a menudo en nuestra cotidianeidad, pareciera que esa endeble libertad que aparentemente  hemos conquistado y que nos asfixia cuando no accedemos  al círculo del consumo y al placer individual, es lo único por lo que vale la pena vivir.

Sin embargo para conseguir una verdadera libertad como condición y no como un acto aparente de consumo, es que la libertad individual solo puede ser alcanzada y producida bajo el trabajo colectivo. La libertad, me atrevería a decir, solo puede ser conseguida y garantizada colectivamente.

En el siglo XXI nos desplazamos hacia la privatización de los medios que aseguran y garantizan nuestra libertad individual, por lo que estamos cerca de sufrir un accidente que podría dejarnos sin ningún rastro de vida colectiva. Y que constantemente se van expresando diversas patologías sociales siniestras y atroces en nuestros días como por ejemplo: hay cada vez más pobreza extrema, marginación y exclusión, emergencia de grupos  de narcotraficantes, delincuencia organizada, grupos de lavado de dinero, actos terroristas, redundancia social y miedo latente. Enfermedades que poco a poco se están manifestando en diversas partes del mundo. Pero que todo este ambiente es maquillado por la seducción del consumo, el hedonismo, la ideología individualista, los mass media y el entretenimiento.

La política no se mantiene apartada de la seducción. Quienes se encargan de hacer política hoy en día tienen muy en consideración la importancia de su imagen, la cual sirve para enviar un mensaje humanizado a la sociedad a quien gobierna, a menudo se presenta ante el pueblo con una simplicidad ostentosa, se presenta con guayaberas, jeans o chamarras tipo cazadora, reconoce humildemente sus límites, sus  debilidades y mantienen un discurso solidario para apalear los males que aquejan a una nación en específico.

Esta forma de política personalizada corresponde a la emergencia de esos nuevos valores que se han creado en la actualidad y que corresponden a una forma políticamente correcta como la cordialidad, la confidencia, la autenticidad, la personalidad, valores que el individualismo-democrático ha generado en los últimos tiempos. No tener o expresar estos valores, aunado con una serie de requisitos fundamentales para tener una vida política exitosa, implica perder el tiempo.

La seducción hija del individualismo hedonista que genera los valores del mercado y que se radicaliza en la democracia, hace de la política un espectáculo, pervirtiendo a las democracias mismas pues éstas se llenan de intoxicación publicitaria y manipulación del electorado a través de la imagen, la apariencia y las ilusiones falsas.

La política ha entrado en la era de o espectacular, liquidando la conciencia rigorista e ideológica en aras de una curiosidad dispersada, captada por todo y nada. De ahí la importancia capital que revisten los mass media a los ojos de los políticos; o teniendo otro impacto que el vehiculizado por la información, la política se ve obligada a adoptar el estilo de la animación, debates personalizados, preguntas y respuestas, etc., lo único capaz de movilizar puntualmente la atención del electorado (Lipovetsky, 2003: 39).

Según Lipovetsky, la apatía de la política que se refleja en nuestros tiempos responde a la plétora de  informaciones, a su velocidad de rotación, ya que tan pronto se registra un acontecimiento político, éste se olvida casi inmediatamente y es sustituido por otros espectáculos políticos de mayor envergadura. En ese sentido, se manifiesta una realidad paradójica, pues el exceso de información que reciben los individuos, genera que los mismos individuos no tengan capacidad de reacción, pero sobre todo, que no tengan la capacidad de formularse una identidad política que se refleje en una movilización o grupo, y si nacen, con el tiempo se van consumiendo. Por lo que la política del individuo tiene como  característica la condición de agotarse y desintegrase a mayor velocidad

La indiferencia pura designa la apoteosis de lo temporal y del sincretismo individualista (…) En estas condiciones está claro que la indiferencia actual no recubre más que muy parcialmente lo que los marxistas llaman alienación, aunque se trate de una alienación ampliada. Esta, lo sabemos, es inseparable de las categorías de objeto, de mercancía, de alteridad, y en consecuencia del proceso de reificación, mientras que la apatía se extiende tanto más por cuanto concierne a sujetos informados y educados. La deserción, no la reificación: cuanto más es el sistema crea responsabilidades e informa, más abandono hay, es esa paradoja lo que impide asimilar alienación e indiferencia aunque ésta se manifieste por el  aburrimiento y la monotonía (Lipovetsky, 2003: 41).

Bajo ese argumento la indiferencia designa una nueva conciencia que se ve reflejada en la libertad aparente del individuo y que se expresan en los diversos valores que produce el proceso de individualización.  La indiferencia de nuestros tiempos no significa pasividad o re-significación, sino significa que el individuo adquiere su estado de espectador. El zoon politikon de nuestra época no es ni el decadente pesimista de Nietzsche ni el trabajador oprimido de Marx, sino es un espectador, que se informa y opina desde sus fuentes de información que provienen de las redes sociales, el internet, blogs, periódicos y noticieros televisivos. Por lo que la alienación que antes se encontraba en la mecanización del trabajo, ahora se encuentra en la vida libre del individuo y que se encuentra en diferentes partes de su vida cotidiana y privada.

Este proceso detona que la actividad política se individualice a la par de la sociedad. Creándose un sistema de organización legitimado bajo un principio de aislamiento considerable, los ideales y valores de la sociedad son compartidos solo si el otro lo considera como respetable. De no ser así, el individuo genera todo tipo de estigmas, estereotipos y descalificaciones que denigran al ser humano. De ahí que no sea raro poder leer mensajes, tweets o  estados de facebook descalificando una movilización política, una corriente de pensamiento, un grupo activista homosexual, feminista o transgénero. La intolerancia de nuestra época se expresa en un maquillaje democrático, bajo el estándar de lo que el individuo considera la libertad de expresión. Por lo tanto, cuando lo social y lo político está abandonado, el deseo, el placer y la comunicación se convierten en los únicos valores que hay que conservar.

De ahí que a menudo podamos observar el perseguimiento obsesivo de mantener un cuerpo sano y torneado, que seduzca y atraiga, la adoración por el sexo libre y sin compromiso, el consumo exacerbado de mercancías tecnológicas, el uso de la moda como expresión corporal, la finitud por la ciencia en revistas de consulta que pueden adquirirse en  puestos de periódicos para mantenerse informado. El individuo de nuestra época vive en la etapa del éxtasis de la liberación personal, y todo aquel que atente contra ello, debe ser excluido, ignorado,  invisilizado.

Es por ello que la especialización, la solidaridad orientada a la producción que hoy se expresan en la creación de fuentes de trabajo que no son realizados por el Estado, sino por el mismo individuo, la división social de trabajo y la monetización del dinero que hoy se manifiesta de forma radical como un elemento de socialización. Estos elementos que se fueron construyendo y se fueron trasladando gradualmente a la sociedad permiten la integración del individuo al campo del placer y del consumo, de la indiferencia y de la libertad de elección. El capitalismo hizo indiferentes a los hombres y mujeres como lo hizo con las cosas.

Aquí no hay fracaso o resistencia al sistema, la apatía no es un defecto de socialización sino una nueva socialización flexible y <<económica>>, una descrispación necesaria para el funcionamiento del capitalismo moderno en tanto que sistema experimental acelerado y sistemático. Fundado en la combinación incesante de posibilidades inéditas, el capitalismo encuentra en la indiferencia una condición ideal para su experimentación, que puede cumplirse así como un mínimo de resistencia (Lipovetsky, 2003: 43).

¿Por qué un sistema cuyo funcionamiento exige la indiferencia se esfuerza continuamente en hacer participar, en educar, en interesar? El sistema en el que vivimos reproduce de forma extendida los aparatos de sentido y de responsabilidad que solo logran producir un cierto compromiso que es carente de compromiso. A menudo las élites quienes sujetan los  hilos de la economía y de la política, a través de los diferentes medios de comunicación emiten mensajes que aparentan ser positivos para la nación y en particular para el individuo mismo: “pensad lo que queráis de la tele pero enchufadla, votad por nosotros, pagad vuestras cotizaciones, obedeced la consigna de huelga, partidos y sindicatos no tienen más exigencia que esa <<responsabilidad>> indiferente (Lipovetsky, 2003: 44).

La indiferencia de nuestros tiempos se identifica con la escasez de motivación. El hombre no se aferra a nada, vive en la incertidumbre, no tienen certeza de su futuro ni de su presente, nada le sorprende y sus opiniones son tan cambiantes como su realidad misma.

El abandono  de roles e identidades homogéneas hace de nuestro tiempo un paisaje aleatorio, plural y complejo. Por lo que lo  político y lo existencial no pertenecen a esferas separadas, sino al contrario se convierten en una mezcla sin rumbo, en donde las fronteras se borran y las prioridades de redefinen.

La libertad aparente con la que vivimos y nos relacionamos hoy en día ha extendido un desierto de extrañeza absoluta ante el otro. Deseamos pero adolecemos estar solos. Así llegamos al final de este nuevo desierto; previamente atomizado y separado, cada persona se hace un agente activo de vida y de su rol en sociedad. El proceso de individualización impulsado por el sistema económico dominante, no contento con producir aislamiento de los individuos, engendra en su psique y en su conducta sed de deseo imposible, que una vez conseguido, resulta intolerable. Cada individuo exige y demanda estar solo, al tal grado de no soportarse a sí mismo, y por ende, al otro. Es cuando este nuevo desierto no tiene ni principio ni final.

Siguiendo a Bauman, este nuevo panorama se manifiesta de diversas formas de la vida social: de lo personal a lo relacional y luego a lo laboral.

La situación ha cambiado ahora; el ingrediente fundamental del cambio es la nueva mentalidad de “a corto plazo” que vino a reemplazar a la de a “largo plazo”. Los matrimonios “hasta que la muerte nos separe” son ahora una rareza: los miembros de la pareja ya no esperan estar mucho tiempo en compañía del otro. Según el último cálculo, un joven americano con un nivel educativo moderado supone que cambiará de empleo al menos once veces durante su vida laboral; esa expectativa de “cambio de empleo” seguirá sin duda en aumento antes de que concluya la vida laboral de la generación actual. “Flexibilidad” es el lema del día, y  cuando al mercado de trabajo significa el final del empleo “tal como lo conocemos” y el trabajo con contratos a corto plazo, contratos renovables o sin contrato, puestos sin seguridad incorporada pero con la cláusula de “hasta nuevo aviso”… el trabajo se ha convertido en un deporte 2de clase alta” o de “alto rendimiento”, más allá de la incapacidad y del alcance práctico de la mayoría de los que buscan trabajo… La pequeña parte de la población que trabaja lo hace de manera muy intensa y eficaz, mientras que la otra parte se queda el margen porque no puede mantener el rápido ritmo de la producción y, podemos añadir, porque la manera en que se realiza el trabajo deja poco espacio, y cada vez menos para sus habilidades. La vida laboral está saturada de incertidumbre (Bauman, 2001: 35-35).

Esta modernidad sin referentes de relaciones sociales se definen por la incertidumbre, y la actividad política no se escapa de sus efectos. Pues por un lado el ambiente social obliga a los individuos a relacionarse con sus pares para no sentirse desamparados, pero por otro lado, el escenario político nos impide ampararnos y situarnos en un terreno más digno y con mayor estabilidad y protección. Y todo esto  ocurre en un contexto de competencia exacerbada que termina por fracturar todas las relaciones. Este derrotero dificulta el florecimiento de la solidaridad social, la búsqueda del bien común, lazos de amistad, fraternidad, amor y responsabilidad.

Hoy más que nunca el sentido de la política debe tomar una nueva consideración; su comprensión, explicación y entendimiento en la sociedad actual demanda la necesidad de buscar una nueva definición de la misma. “Tal parece que la política hoy en día deja de tener sentido porque el mercado ha tomado su lugar”. (González, 2010: 279) La política al encontrarse individualizada, deja de definir los destinos de los individuos. Hoy en día su poder se ve cada vez más limitado en la instauración de las instituciones deseable.

Para tratar de redimensionar la política hacia el ámbito social, considero que debemos aportar una postura clínica y retomar diversas aportaciones que en el pasado fueron de gran importancia y explicaron desde su propia realidad la actividad política a través de categorías y consideraciones que en la actualidad pueden ser de gran utilidad, y así poder dar grandes propuestas de cambio. En palabras de Isaiah Berlin, no es posible concebir un escenario de cambio sin ideas.

Es por ello que considero que para significar el sentido de la política es pertinente voltear de nueva la mirada hacia las aportaciones de la pensadora de la política Hannah Arendt. En especial hacer uso de sus aportaciones en conceptos como la acción, libertad política y pluralidad. Considero que a partir de estas tres categorías es posible pensar la política desde los terrenos oscuros que promueve el proceso de individualización de la sociedad moderna actual y que nos permitirá en un tercer momento plantear la necesidad de construir un nuevo pensamiento político crítico.

Salir de las arenas movedizas de la individualización a través de la acción, pluralidad y libertad política

el ámbito público ha perdido el poder de iluminación  que formaba parte de su naturaleza original. En los países del mundo occidental, en el que, desde el declive del mundo antiguo, se ha considerado  la de emanciparse de la política como una de las libertades básicas, un núcleo cada vez mayor de personas hacen uso de esa libertad y se apartan del mundo y de sus obligaciones en él […] Pero con cada uno de esos abandonos se le inflige al mundo una perdida casi demostrable: lo que se pierde es el compromiso especifico y, habitualmente, irremplazable que debería haberse formado entre el individuo y sus prójimos (Arendt, 1990: 4-5).

La misantropía con respecto a la política y el ámbito de lo público, según Hannah Arendt, se ha convertido en unas de las actitudes básicas del individuo moderno, que, de forma alineada, el hombre sólo puede revelarse de forma privada y en la intimidad de los encuentros cara a cara.

Sin embargo, en los tiempos líquidos, para ocupar una acepción que acertadamente propone Zygmunt Bauman para explicar los nuevos paradigmas sociales, políticos, económicos y culturales que predominan en nuestra época, esa poca incapacidad por parte del individuo por revelarse y expresarse cara a cara es una condición que poco a poco se va definiendo en el tiempo y perdiendo en el espacio.

Esto detona que la acción política como dominio de  experiencia de la libertad en cuanto a razón de ser de la política, tenga repercusiones considerables en la sociedad moderna. Ya que se trata de recuperar la experiencia de la libertad a partir de la esfera pública-política, instaurada y mantenida por las interacciones humanas o a partir de la acción conjunta entre los individuos. Pero que en la actualidad está condición, se encuentra lacerada por las diversas interconexiones que se dan a partir de uso exacerbado de la tecnología para comunicarse, el consumo y el interés privado, que imposibilitan una  sensibilidad latente por las cuestiones políticas y asuntos de intereses colectivos.

La libertad de nuestros tiempos adquiere una condición pragmática que se ve maquillada y usurpada bajo los discursos capitalistas de las élites globales y como discursos populistas por parte de los políticos en acción, que utilizan su estandarte para ganar adeptos por parte de quienes los eligen y conservar el estatus quo  político.

Por lo tanto, para salir de las arenas movedizas que produce el proceso de individualización de la sociedad que establece el nuevo orden mundial y que se refleja considerablemente en la actividad política. Se trata de poner en evidencia que el problema de la libertad cosificada hacia las cuestiones de consumo y vida a la carta, surge originariamente a partir de la política, o sea, “del ámbito intermediario de relacionamiento y distinción instaurado entre los hombres por medio de sus interacciones e intereses comunes” (Ribeiro, 2010).

Arendt argumenta, “nuestra tradición filosófica sostiene casi únicamente que la libertad comienza donde los hombres dejaron el ámbito de la vida política, habitado por la mayoría, y que no es experimentada en asociación con otras personas, sino en relación con el propio yo” (Arendt, 2000: 204).

La libertad desde la tradición filosófica, fue concebida y pensada como una propiedad de la voluntad y de la razón, mediante el cual su dominio de experiencia radica en el acto cognitivo del intelecto y de la decisión, en contraparte, la tradición cristiana consolidó la reflexión  sobre la libertad a partir del ámbito de interioridad, es decir, a partir de un espacio mediante el  cual los hombres “se sentían “libres” en la medida en que podían refugiarse de un mundo hostil e inhóspito en el cual no tenían un lugar reconocido y garantizado por la pluralidad humana” (Ribeiro: 2010). En ese sentido, la construcción de la libertad fue concebida como algo que sólo compete al propio individuo, es decir, la libertad se encuentre en sí misma en el individuo, pero que solo concierne a él mismo perdiendo toda significación pública y consecuentemente su interés y su sentido político.

El sujeto se retira del mundo público en cuanto algo que aparece directamente entre iguales por de la acción y del habla, con el fin de resguardarse al abrigo de la interioridad en que la libertad es ejercida en las más completa soledad, a través del libre albedrio, sin ninguna relación con la acción política (Ribeiro, 2010).

Esta construcción sobre la libertad interna del individuo es en donde fundamentalmente se justifica el individualismo que provoca las sendas del capitalismo globalizado y de las olas democratizadoras estructuradas bajo las lógicas del liberalismo. La concepción liberal de la política, amplió el abismo entre libertad y política. Eres más libre mientras menos te permitas involucrarte en los ámbitos de la política.

Esa clásica posición liberal vincula a la libertad con garantía de seguridad a los individuos, atribuyendo a la política ese deber y liberando a los individuos para las actividades realizadas fuera del ámbito público-político. “Para el liberalismo, la esfera política debe garantizarnos una posible libertad en relación a la política” (Ribeiro, 2000).

La noción de libertad que emerge de las prácticas liberales y que se radicalizan en los tiempos de gran movilidad e inestabilidad constante, equivale al libre albedrio de cada individuo. De esa manera, la representación política de una cierta sociedad delibera a sus ciudadanos para que cumplan un papel en el especifico, pero sobre todo ejerzan diversas actividades con el propósito de que no impliquen necesariamente acciones políticas.

Las democracias liberales representativas restringen la libertad política al mínimo instante del voto. La actividad política, para el liberalismo, debe respetar las actividades privadas de los individuos o la libertad económica de los propietarios privados, dejando que hagan las reglas y las normas de sus prácticas. En esa distinción liberal, la libertad es pensada como “libertad en relación a la política”, destinada exclusivamente al crecimiento y desarrollo económico privado, promoviendo una apatía política que se rige del proceso de aislamiento de los ciudadanos y la masificación de los individuos, incrementado por el imperialismo económico, aumentado el empleo de la violencia para la resolución de conflictos, la multiplicación de las minorías, etc. (Ribeiro, 2000).

Vivimos inmersos en un mundo colapsado por su sistema político y del mundo en general. El colapso del mundo significa la profunda disminución del vigor del ámbito público y humano, una ruptura en la plena pertenencia del hombres al hombre público, una caída visible de la fuerza del mundo que el mundo tiene para congregar a los individuos y distinguirlos uno de otros en cuanto seres que actúan y hablan.

De forma que para Arendt, el mundo común, es la esfera pública que permite a la libertad aparecer concretamente como una realidad tangible, porque unifica y distingue os hombres más allá de los intereses privados y de las necesidades de la vida natural (Arendt, 2000). En ese sentido, el colapso del mundo significa que el espacio público perdió la fuerza de juntar, relacionar y distinguir a los hombres pues ya no poseen un interés en un mundo común.

En las diversas democracias realmente existentes, la actividad política está obscurecida por la despolitización tecnocrática, en función de la burocratización del creciente empleo de la violencia por parte del Estado y por la creciente privatización  del espacio público, transformando  en esfera social de intercambios económicos de una sociedad  que reduce a los hombres a la función de trabajadores y consumidores.

De esa manera no es raro que Arendt haya sorprendido en la crítica y su reniego de considerar al liberalismo como la única alternativa política que se manifestaba en los lejanos albores de la Guerra Fría. Sosteniendo, además, que tanto los defensores de los pueblos libres y de los mercados abiertos también existen  elementos característicos de los movimientos totalitarios en todas las sociedades que son consideradas como libres, tales expresiones se manifiestan en la apatía política, el aislamiento de los ciudadanos, el carácter superfluo de los hombres, la irresponsabilidad y la indiferencia con relación al mundo público y el obscurecimiento liberal entre la libertad y la política.

La libertad es pensada como libertad en relación al ejercicio político activo, destinado exclusivamente al crecimiento y el desarrollo económico privado. El estado moderno se tornó una asociación de propietarios, cuya función primordial es preservar  la propiedad privada y crear condiciones de acumulación de más riqueza. Pero su “permanencia”  es de otra naturaleza: se trata de un proceso continuo de acumulación para satisfacer el consumo y no una estructura estable. (Ribeiro: 2000).

Arendt acusa a la democracia liberal de haber transformado el ejercicio plural de la política  en un compleja administración burocratizada, y hoy, tecnologizada, de los interés vitales de la sociedad, expresados en interés que se manifiestan en el nuevo hombre laborans  que se desarrollaron a partir de la solidaridad productiva, la especialización y la división social del trabajo.

La actividad política, para el liberalismo, debe respetar las actividades privadas de los individuos o la libertad privada económica de los individuos privados, dejando que hagan sus reglas y las normas de sus prácticas. Por lo tanto, la libertad siempre debe estar separada de la acción política, porque esta tiene la función de garantizar seguridad, arbitrar los diversos conflictos que se desprenden de la sociedad. La verdadera libertad que proclaman las élites económicas y políticas la justifican en la no política, sino es trasmitida y entendida como la capacidad de liberarse de la política, y por ende, de todo compromiso posible, dado que toda acción política está al servicio de las garantías que confieren al individuo la libertad económica y que se enuncian en el trabajo, la propiedad y la sobrevivencia.

En el ensayo Sobre la Revolución, Arendt considera que esta tradición confundió el sentido de la libertad con el liberación. Ya que no basta  con que estemos liberados para ser políticamente libres. Por lo que los individuos son libres en cuanto actúan, ni antes ni después; porque ser libre y actuar es la misma cosa (Arendt, 2003).

La separación entre libertad y política está enraizada en una larga tradición que remonta al desencanto con Platón con la antigua polis. Según Arendt está tradición que comenzó con Platón se deja formular con la siguiente pregunta: ¿para qué sirve la política?

La vida política es una actividad fue concebida como un elemento elevado en sí misma. Tanto Platón como Aristóteles pensaban que la política debería ser organizada de tal manera que la filosofía, el cuidado de la verdad y de las cosas eternas, fueran posibles. Sin embargo, fue con los autores modernos de corte contratualista en donde la política es algo fabricado artificialmente, es decir, que no es permanente en la realidad sino que es producido entre las acciones de los diversos sujetos que la conforman con el único  sentido de asegurar una existencia pacifica y prevenir la muerte  violenta.

Sin embargo, en los terrenos líquidos que predominan en nuestra época, la pluralidad juega un elemento fundamental en el quehacer de la actividad política. Ya que la pluralidad instaura en el ámbito público del mundo la experiencia de la acción y el ejercicio de la libertad. “La pluralidad es condición mundana que exige  del “hombre estar entre los hombres” (Ribeiro, 2000), de vivir y cohabitar un mundo de seres diferentes pero únicos entre iguales, haciendo del individuo un ser que actúa, habla, opina y enjuicia a través de su palabra.

El diálogo es la única actividad que se da entre los hombres y mujeres, sin la mediación de las cosas naturales, por lo que la acción  es la substancia intangible de las relaciones humanas. Por lo tanto, considero que uno de los actos fundamentales para emprender la búsqueda de la salida de las arenas movedizas que reinan en nuestro tiempo radica en el habla y en la acción.

Es través del habla y de la acción, lo que le permite al individuo distinguirse de la diferencia de solo permanecer diferentes  e indiferentes ante el otro, porque la pluralidad no equivale a alteridad como lo consideran muchos latinoamericanistas, sino que significa capacidad de asimilación, comprensión que se articulan a partir de ciertos procesos de cambio que se desprenden  de la diversidad y de los interés comunes que cada sujeto político mantiene como  afinidad permanente sobre los asuntos relacionados a sus derechos, inquietudes, afinidades políticas e ideologías.

En consecuencia, la esfera pública es, por definición el espacio de la acción libre que nos interpone “entre los individuos y prescinde la mediación de los objetos o de la materia, dado que se ejerce sólo a partir de la convivencia y de la interacción humana en la medida de que los hombres se encuentran envueltos los unos con los otros en la realización de intereses comunes” (Ribeiro, 2000). Dichos intereses “constituyen, en la acepción más literal de la palabra algo que inter-esa, que está entre las personas y que, por lo tanto, las relaciona e entrelaza” (Arendt, 2001: 195).

Es  la acción y en el discurso  es como  los individuos se manifiestan y se definen quienes son. Más no a través del acceso al consumo y la vida determinada que imposibilita el desarrollo de la plena libertad. Por lo que, el individuo no es plural por sus diferentes gustos, placeres y valores; es plural por su condición de hablar y de actuar. En ese sentido, la pluralidad deviene del pensamiento, del juicio y de la identidad, mientras que en el proceso de individualización, atenta contra estas formas fenoménicas de racionalidad, sociabilidad y de ser-estar en el mundo. La individualización niega, borra y seduce, para transgredirla, hay que interpelar, actuar, pensar y dialogar para aparecer en sociedad, y junto con ello, sensibilizar el sentido de comunidad y bienestar común. “La acción está estrechamente vinculada a la pluralidad en cuanto una de las condiciones fundamentales de la existencia humana” (Ribeiro, 2000).

Mientras que en el proceso de individualización de la sociedad los individuos están condenados a trabajar para ellos mismos, y disfrutar del ambiente artificial de las cosas materiales y pasionales sin nunca comprometerse a un lazo sólido de interacción, debido a la inexistencia de acción y palabra. Esta forma de vida deja de ser una existencia humana, pues desde la interpretación  arendtiana, el individuo deja de crear  lazos de supervivencia y de relación al ser sustituida por la lógica de la innovación y el consumo que establece la propia vida líquida.

Actuar, desde esta perspectiva significa comenzar algo, iniciar un proceso, tomar iniciativa, imprimir movimiento hacia algo. Y el individuo es un ser creador por excelencia de su sociedad, de su forma de hacer política, de civilizarse, de pensar y concebir más allá de su órbita de posibilidades. Por lo tanto, la libertad no es sólo el blanco de la acción política como en los tiempos de revolución y crisis latente, sino en nuestra época se convierte en el principal motivo por el cual los individuos conviven políticamente organizados. Sin libertad la vida política como tal sería destituida  y despojada de significado y pertinencia.

Para ello para comenzar a salir de las arenas movedizas de la individualización es pertinente volver a crear, y para crear, considero es necesario volver a pensar.

En esa medida,

La gran tarea de la vida política es evitar la pérdida de la confianza de los hombres en la coincidencia entre libertad y acción. Es necesario tornar estable la esfera de la acción y del habla, teniendo en cuanta que es necesario impedir que esta desaparezca con el aislamiento producido por la tiranía o con la dispersión de los hombres en el regreso a sus vidas privadas (Ribeiro, 2000).

Sin embargo, entrar a la vida pública no sólo basta con hablar y actuar, sino además se necesita de coraje y valentía, es decir, se necesita de osadía para superar el servilismo de la auto-preservación impuesta por las élites  que establecen diversos mecanismos de dominación que mantienen a los individuos aislados e indiferentes. El coraje es la virtud política por excelencia.

Es necesario el coraje hasta para dejar la seguridad protectora de nuestras cuatro paredes y adentrarse en el ámbito político, no debido a los peligros específicos que puedan estar al acecho, sino porque hemos llegado a un dominio desde la preocupación con la vida para la libertad en el mundo. El coraje es indispensable porque, en política, lo que no está en juego no es la vida, sino en el mundo (Arendt, 2000: 203).

La libertad demanda a salir a los individuos al lado público-político y así se encuentren unos con otros en la modalidad de la acción y del discurso. Es por ello que las cuestiones privadas y los intereses propios del individuo corresponden a prácticas pre-políticas y para superar este estadio es necesario tener el coraje de superar el aislamiento con el fin de vincularse  los unos con los otros y producir procesos que inspiren y cultiven la confianza en la libertad de la acción política.

Si bien es cierto, que asociar la libertad con los asuntos de la política para ser  una empresa sin esperanza y como un túnel sin salida, la libertad tiene la capacidad de disolverse en el pensamiento mismo ya que la “mente tendrá que hacer un enorme esfuerzo para poner en orden todos sus elementos que saldrán a la luz según las exigencias de las propias experiencias” (Arendt, 2000:155). Lo que permitirá al individuo desarrollarse en lo que Arendt llama espacio de aparición, donde los individuos se encuentran, aparecen y se hacen visibles; y la pluralidad juega un elemento fundamental, ya que no solo tiene la capacidad de articular el fundamento de lo político y la libertad de los individuos, sino que permite aglutinar la acción de los individuos con su propio pensamiento. “La acción de los hombres se soporta en la libertad política y la convivencia humana, como ser con otros en el mundo” (Franco, 2013: 154).

Así, la acción “puede estimularse por la presencia de otros cuya compañía deseemos, pero nunca está condicionada por ellos; su impulso surge del comienzo, que se  adentró en el mundo cuando nacimos y al que respondemos comenzando algo nuevo por nuestra propia iniciativa” (Arendt, 2005: 206).

En consecuencia, el individuo que cosifica el proceso de individualización no son consideradas como personas sino como productores y su relación está mediada por lo producido y su ámbito público queda reducido al mero apetito que genera lo producido en relación con las mercancías, y con sus deseos de consumo. Bajo esta perspectiva, la acción y el discurso que promueve estás lógicas de socialización  quedan reducidas a los ámbitos de la innovación, la indiferencia y la insensibilidad política.

Por lo tanto, el ciudadano no es mayor o menor activo dependiendo el grado de intromisión en las cuestiones políticas, eso es una falsa idea que promueve el liberalismo a partir de cuestiones que impactan en su vida sociopolítica, a través de elementos como la cultura política, el voto y otras consideraciones que promueve. Sino el individuo es participativo cuando se ciñe y se relaciona a la esfera compartida de la convivencia con el otro. El buen individuo no es aquél, que convertido en ciudadano, es militante de algún partido político, ni mucho menos es aquél que lo mueve su espíritu político, sino quien es capaz de crear diversos mecanismos y espacios de convivencia que posibiliten cambios y que impacten en su política, su sociedad, su economía y sus formas de vida; convencido de sus actitudes, pensamiento y responsabilidades con el propósito de construir un mundo público mejor,  alcanzando su plena libertad a través de su actividad política

En ese sentido la libertad política va más allá de instituciones y de leyes, pues no sólo busca espacios para el desarrollo de cada individuo, sino que propicia la participación con los demás, como la fuente de la reconstrucción de la esfera pública.

Sin embargo, en nuestros endebles tiempos líquidos en el espacio público, no solamente reina y se construye a través de la acción y la pluralidad, sino que además, existe un ambiente en común que también imposibilita que los individuos salgan de las arenas movedizas, la condición del miedo.

En la actualidad, los productores de incertidumbre e inseguridad son, en general, de tipo global, por lo que pertenecen fuera de los alcances de las instituciones políticas existentes en el terreno nacional. Como justamente mencionó Manuel Castells “el mundo de hoy existe como un conjunto de redes superpuestas: mercados de valores, canales de televisión, computadoras o Estados” (Castells, 2012: 6).

Por lo que la política, no ha sabido adaptarse a estos nuevos derroteros que establece la globalización, pues mientras el individuos convertido en ciudadano realiza y construye su espacio público en el ámbito local, quienes mueven los hilos conductores de la economía actúan en el ámbito global.

De este modo, existe en las élites políticas una comprensible inclinación a desviar la causa más profunda de angustia y miedo, es decir, la inseguridad y la incertidumbre de los individuos se traslada hacía ellos a partir de la falta de protección.

Este miedo generalizado impide la capacidad de pensar, porque el miedo que arropa el ambiente líquido está lleno de elementos que cautivan y orillan al individuo satisfacer sus propios intereses personales.

En ese sentido, existe la necesidad de construir un nuevo pensamiento crítico que nos orille a formular nuevas formas de convivencia, pero sobre todo, crear nuevos diversos mundos posibles. Hoy más que nunca el mundo de carácter liquido no súplica transformación, sino demanda a detenerlo por un instante para aprender a pensarlo; para poder comprenderlo y explicarlo de forma adecuada, respondiendo a sus interrogantes y problemáticas que se desprenden de esta nueva realidad. Pero, en nuestros tiempos de gran cambio, de estructuras movedizas, en donde la política se encuentra en el desencanto y la individualización de la sociedad se encuentra sesgada y seducida bajo los estándares del consumo, el entreteniendo, el tiempo libre, el egoísmo y de sus instituciones que posibilitaban una forma de cohesión social es pertinente preguntarse, con miras de responder en nuestro tercer capítulo:  ¿Cómo es posible construir un nuevo pensamiento crítico en los tiempos líquidos, que responda y de cabida a la acción de los individuos para conseguir un mundo más habitable, más sensato, menos hostil y más comprometido?

Bibliografía:

Arendt, Hannah, (2005). De la historia a la acción. Buenos Aíres: Paidós.

—————, (2000). Entre o pasado e o futuro. Sao Paulo: Perspectiva.

—————, (2001). La condición humana. Barcelona: Paidós Ibérica.

—————, (2003). Sobre la revolución. Barcelona. Alianza Editorial.

Bauman, Zygmunt, (1999). En busca de la política. México: Fondo de Cultura Económica.

—————, (2006). Vida líquida.  Barcelona: Paidós

————— y Leonidas Donskis, (2015). Ceguera Moral. La pérdida de sensibilidad en la modernidad líquida. México: Paidós.

Beck, Ulrich, (1999). Hijos de la libertad. México: Fondo de Cultura Económica.

Byung-Chul Han, (2012). La sociedad del cansancio. Barcelona: Herder.

—————, (2015). La sociedad de la transparencia. Barcelona: Herder.

—————, (2015). La sociedad del aburrimiento. Barcelona: Herder.

Castoriadis, Cornelius, (2005). El avance de la insignificancia. Buenos Aíres: Editorial universitaria de Buenos Aíres:

Castells, Manuel, (1998). Redes de indignación y esperanza: Los movimientos sociales en la era del internet. Barcelona: Alianza Editorial.

Franco Gavira, Luis, (2013). El concepto de libertad política en Hannah Arendt. Manizales: Universidad Autónoma de Manizales.

Tocqueville de Alexis, (1957). La democracia en América. México: Fondo de Cultura Económica.

Electrónicas:

Ribeiro Alves Neto, Rodrigo, (2010). La acción política como base fenoménica de la libertad en Hannah Arendt en http://www.observacionesfilosoficas.net/laaccionpolitica.htm Consultado el: 16 de Mayo del 2016.

[1] Para entender dicho proceso, léase el primer capítulo de la presente investigación.

Apparent death in thinking. Towards the scrapping of political science.

The climber pressure leads to the rise of the poor […]. It is assumed that the fiercely competitive Darwinism should enthrone excellent, not incompetent. But climbing races are full of supposedly objective tests whose results are not as easily measured […]. Evaluate a person for a position or award, evaluating the significance of a work may not be accurate. If, to avoid the discussion, it comes down to mechanical measurements, the result is absurd. The candidate with the most points can be a mediocre […]. The climbing competition does not always favor the most competent in this or that, but the most competent to compete, accommodate, manage their public relations, modeled himself as desirable product, pass exams, earn points, derail competitors, seduce or pressure on the jurors, get the microphone and the spotlight, made popular […]. Natural selection favors trepadero in the rise of a new Darwinian species: mediocris habilis.

Gabriel Zaid

We live in times where in the academic field of social sciences, cross through a severe crisis of thought. The activity of thinking, in the paths of knowledge is being relegated by the activity of introducing technology, deduct and intermarry through comparative methods, the ability to understand, analyze, observe and explain various phenomena arising from the conflict in the political path economic, social and cultural.

The activity of thinking is the constant possibility of being achieved and exercised by the individual, but this condition does not necessarily guarantee that the individual is able to carry it out.

Those in today’s research, development and teaching of political science are not exposed to this problem. The ability of thinking among political scientists that dominate the discipline traviesan a severe crisis of thought. While it is true that political science currently enjoys a huge and growing institutional manifested in various conferences, seminars, workshops, symposia are held in various parts of the world; and the birth of various research products originating in universities which teach through books, tracts, magazines and cyber space, where the results of the exercise exhibits from the many issues that now dominate the Politic science.

Its activity to generate knowledge is constantly being relegated by the informative. That is, the crisis of thought suffered today who exert political science, not only manifested by the constant creation of studies and informative diagnoses on political phenomenon, but this crisis is that our discipline originates irrelevant knowledge, dated expiration, but above all, it is causing both the institutionalization of the discipline as products originating from it are producing a scrapping of political science.

Political science, from birth, had never enjoyed both institutional splendor. Currently teaching grows increasingly more momentum. Public and private universities increasingly offer study programs aimed at training activity politics graduate programs are created with a tendency to academic “excellence” and offer more demand, courses and courses on some of the courses generated great expectations among the political science public most of them tend to professionalize public servants, students and stakeholders on various issues.

In addition they have never produced so many books, articles and research on topics that generate impact on the discipline and today are at the forefront of fashion epistemic political science.

Issues around the quality of democracy, transparency, accountability, parliamentary activity, management and public management, political marketing, election campaigns, public policy analysis, just to name a few, abound in bookstores and libraries where it teaches discipline and spreads.

Never before university presses had been given so much space in their collections to the production coming from the social sciences and humanities, and in this case, political science; Never before they had now been so many supporters and state resources for researchers of political science could present their works and their diagnoses, I reiterate, stay in the informative and often are panaceas that lack any intellectual effort to understand and explain politics.

Since political science is consolidated as a deductive discipline, logic, schematic and technique with the need to justify its usefulness, its importance and its social and educational value, slowly this discipline has been discredited, and thus plunging into a severe crisis, not only production of political knowledge, but also, this crisis is producing a plastic discipline that has ceased to be sensitive and so close to the subjects as political actors.

Although it seems that the above is a paradox, arguing that today more than ever political science maintains suitable methodological tools to more accurately explain political activity through statistical tools, diagrams and complex methods that arise from the mathematics, Today political activity is summarized for political scientists to a simple fact; seeking to project scenarios and if possible to solve the political problems from a desktop or a laboratory of public policies, as if summarizing political activity to simple deductions that appear to be rational and scientific.

Under this scenario, political science beyond being fashionable discipline all intend to study, that has become a discipline that has been usurped by a hegemonic elite that dominates the field of academics, and in its need to remain , be enhanced and strengthened in the field of academics; and thus achieve a certain intellectual prestige from research as these are cutting edge they generate this discipline is immersed in what Peter Sloterdijk calls “apparent death in thinking” (Sloterdijk, 2013).

Political science of our time implies being a driver and promoter of political explanation from the logical-deductive method with the need to demonstrate its scientific, but this condition evaluates to a discipline to be considered as dead by little usefulness of their research products and policy information generated in recent decades. In that sense, this discipline seems to enter the political thought to provide various solutions and / or explanations arising from political activity, but stays on the border of the inability to understand, but above all to understand the political phenomenon.

This argument is reflected not only in the methodology used discipline, but in the very language you use. The inability to think for themselves reconstructs and redefines the ways in which we communicate depends on the context of the current situation and the identity forms with which the individual develops. In the same way, our discipline lacks the adoption of other methodological and epistemological forms that is not a matter of inventing, but to resume there, such as hermeneutics, criticism or even the same phenomenological theory; redefine risk categories that are no longer useful for compression of our new social and political reality accelerating the processes of globalization and finally, explore and return to the main thing, learn to rethink the policy.

If in the past, the great political theorists had in their success was this extraordinary ability that not only stratified political activity or statistical data mapping, but understood it, the analyzed, the comparing, the described and explained with capacity and epistemological and philosophical rigor that to this day remain major reference for studying the political phenomenon. Just read Machiavelli’s The Prince to understand the attitude of politicians, Plato’s dialogues, the Leviathan of Thomas Hobbes, Rousseau’s social contract or contemporary works of the glorious life of political science with important thinkers and policy that transcended for their contributions and their ability to comprehend and understand political action such as Rafael del Aguila; Mercedes Cabrera; Norberto Bobbio; Gianfranco Pasquino; Riccardo Petrella: Giovanni Sartori: Bruno Rizzi: John Rawls just to mention a few.

However, times where I thought, was explained and politics gradually were replaced by contributions not filed intellectual sustenance in an expressive way of thinking is understood, where the interpretation is made of hand and concealed by a plasticized science policy, less sensitive to situations that emerge from political conflict, makeup with the appearance of scientific rigor based on statistics or complex methods that arise from mathematics and deductive logic. Simply just search the net about any subject that is in the orbit of academic fashion and we realize the amount of “studies” of political scientists attempt to explain a phenomenon in common, but they do not explain anything, although we will, become a journalistic text of opinion which is lost early in time or become surface requirements a staff of numbers everywhere.

But how did we get to this situation?

While it is true that there are various factors that led to our discipline to a chronic terminal. Ubico an element that is essential and that caused the crisis of thought in political science, and therefore its scrapping.

The determining factor, in my perception, is the apparent encouragement for knowledge that is driven from the institutions that promote scientific research. These institutions usually rife with corruption within, generated all kinds of stimuli, simulations and perversions as research is concerned, a very comfortable situation for thousands of researchers who are in schools and universities where research, that eventually would be replaced research, courageous, professional and good living by insubstantial rolls. A custom among several researchers feasible because of the convenience of not questioning anything in return to live immersed in the mediocrity of the requirement.

The worst part is trying to criticize and display the mediocrity of the research produced in the country automatically makes you a misfit, a bitter, presumptuous, and I ostracized for life by your colleagues. Hence aspire to reassess the scientific work is so polluted in half by mediocrity is a battle in the desert (Cansino, 2012).

In this sense, the apparent death in the thinking of political science is reflected in the thousands of articles and books that do not have the slightest dynamic on a topic addressed also are informative papers highlighting a tremendous lack of capacity Analytical by the researcher.

Not that the attempt to belittle the researchers to generate important research, not only at the level of political science, but of all the disciplines that make up the social sciences, humanities and arts. But we must criticize all those professionals research and have prostituted chatarrizado with kilos of articles, books and publications our discipline with irrelevant knowledge.

In short, all those interested in research in all disciplines of the social, arts and humanities who are in training or who are already in this controversial, chaotic and fascinating field, we must return to research and condition think constant dedication, extensive training and academic preparation with a vocation and responsibility to knowledge, with great sacrifice and great intellectual honesty.

And learn to rethink politics, transcend trendy topics of our discipline and be more open to interpretation and criticism of what we produce as researchers, as well as what they produce colleagues. In the same way, be more sensitive to our political reality and approach again the subject and political actor. Do not stay in the projection of the statistical methods and complex, much less in the illustrated rationality conditional to the selfishness of those who observe and understand from the beginning of the academy.

It is certainly a major challenge, but it is an outstanding and necessary for anyone who wishes to be a committed, honest, professional investigator exercise, and if I may say, risky to say, thinking.

References.

Cansino, C (2012), Caja sin Pandora. La clausura del saber en la universidad, México: UNAM.

Gabriel Z. (2010), El secreto de la fama, México: Lumen.

Sloterdijk, P. (2012), Muerte aparente en el pensar, Barcelona: Ciruela.

 

Muerte aparente en el pensar.  Hacia la chatarrización de la ciencia política

La presión trepadora desemboca en el ascenso de los mediocres […]. Se supone que el darwinismo ferozmente competitivo debería entronizar a los excelentes, no a los incompetentes. Pero las carreras trepadoras están llenas de pruebas supuestamente objetivas cuyos resultados no se miden tan fácilmente […]. Evaluar a una persona para un puesto o premio, evaluar la importancia de una obra, no puede ser exacto. Si, para evitar la discusión, todo se reduce a mediciones mecánicas, el resultado es absurdo. El candidato con más puntos puede ser un mediocre […]. La competencia trepadora no siempre favorece al más competente en esto o en aquello, sino al más competente en competir, acomodarse, administrar sus relaciones públicas, modelarse a sí mismo como producto deseable, pasar exámenes, ganar puntos, descarrilar a los competidores, seducir o presionar a los jurados, conseguir el micrófono y los reflectores, hacerse popular […]. La selección natural en el trepadero favorece el ascenso de una nueva especie darwiniana: el mediocris habilis.

Gabriel Zaid

Vivimos en los tiempos en donde en el campo de lo académico de las ciencias sociales, a traviesa por una severa crisis de pensamiento. La actividad de pensar, en las sendas del conocimiento está siendo relegada por la actividad de tecnificar, deducir y emparentar a través de métodos comparativos la capacidad de comprender, analizar, observar y explicar diversos fenómenos que se desprenden a partir del conflicto en la senda política, económica, social y cultural.

La actividad de pensar está en la posibilidad constante de ser alcanzada y ejercida por el individuo, pero dicha condición no necesariamente garantiza que el individuo sea capaz de llevarlo a cabo.

Quienes ejercen en la actualidad la investigación, el desarrollo y la enseñanza de la ciencia política no quedan expuestos a este problema. La capacidad de pensar entre los politólogos que dominan la disciplina a traviesan por una severa crisis de pensamiento. Si bien es cierto que la ciencia política en la actualidad goza de una enorme y creciente institucionalidad que se manifiesta en los diversos congresos, seminarios, coloquios, simposios que se llevan a cabo en diversas partes del mundo; así como el nacimiento de diversos productos de investigación que se originan en las universidades donde se enseña a través de libros, tratados, revistas y espacios cibernéticos, en donde se exhibe los resultados de su ejercicio a partir de los numerosos  temas que hoy dominan a la ciencia política.

Su actividad por generar conocimiento está siendo relegada constantemente por el carácter informativo. Es decir, la crisis de pensamiento que hoy sufre quienes ejercen  la ciencia política, no sólo se manifiesta por la creación constante de estudios y diagnósticos informativos sobre el fenómeno político, sino que dicha crisis está provocando que nuestra disciplina origine conocimiento irrelevante, con fecha de caducidad, pero sobre todo, está originando que tanto la institucionalización de la disciplina como los productos que se originan de ella están produciendo una chatarrización de la ciencia política.

La ciencia política, desde su nacimiento, nunca había gozado de tanto esplendor institucional. En la actualidad, se enseñanza en diferentes universidades y sus aportaciones crecen con mayor ímpetu. Las universidades públicas y privadas cada vez más ofertan programas de estudios orientados a la capacitación sobre la actividad de la política, se crean programas de posgrado con tendencia a la “excelencia” académica y se ofertan con mayor demanda, diplomados sobre algunos de los cursos que generan gran expectativa entre el público politológico, en donde la mayoría de ellos tienden a profesionalizar a servidores públicos, estudiantes e interesados sobre diversos temas.

Además, nunca se habían producido tantos libros, artículos e investigaciones sobre temáticas que generan impacto, y que hoy, se sitúan a la vanguardia de la moda epistémica de la ciencia política.

Temas entorno a la calidad de la democracia, la transparencia, la rendición de cuentas, actividad parlamentaria, gestión y gerencia pública, marketing político, campañas electorales, análisis de políticas públicas,  tan sólo por nombrar algunos, abundan en las librerías y bibliotecas en donde se enseña y se difunde la disciplina.

Nunca como ahora las editoriales universitarias le habían dado tanto espacio en sus acervos a la producción que  provienen de las ciencias sociales y humanidades, y que para este caso, de la ciencia política; nunca como ahora habían existido tantos apoyos y recursos estatales para que los investigadores de la ciencia política pudieran divulgar sus obras y sus diagnósticos, que reitero, se quedan en la senda  informativa y que a menudo son panaceas que carecen del más mínimo esfuerzo  intelectual para comprender y explicar la actividad política.

Desde que la ciencia política se consolidó como una disciplina deductiva, lógica, esquemática y técnica por la necesidad de justificar su utilidad, su importancia y su valor social y educativo, poco a poco esta disciplina se ha ido desacreditando, y por ende, se ha ido sumergiendo en una severa crisis, no sólo de producción de conocimiento político, sino se está convirtiendo en una disciplina plástica que ha dejado de sensibilizarse y acercarse tanto a los Sujetos como a los actores políticos.

Aunque pareciera que lo anterior es una paradoja, bajo el argumento de que hoy más que nunca la ciencia política mantiene herramientas metodológicas idóneas para explicar con mayor exactitud la actividad política a través de herramientas estadísticas, diagramas y métodos complejos que devienen de la matemática, en la actualidad la actividad política se resume para los politólogos a un simple dato; que pretenden proyectar escenarios y si es posible dar solución a los problemas políticos desde un escritorio o un laboratorio de políticas públicas, como si la actividad política se resumiera a simples deducciones que aparentan ser racionales y científicos.

Bajo este panorama, la ciencia política más allá de ser la disciplina de moda que todos pretenden estudiar, se ha convertido en aquella disciplina que ha sido usurpada por una élite hegemónica que predomina entre sus filas, y que en su necesidad de mantenerse, acrecentarse y consolidarse en el terreno de lo académico; y así lograr un cierto prestigio intelectual, a partir de investigaciones que según estos son de vanguardia, generan que esta disciplina se sumerja en lo que Peter Sloterdijk llama  “muerte aparente en el pensar” (Sloterdijk, 2013).

La ciencia política de nuestros tiempos insinúa ser un impulsor y promotor de la explicación política a partir del método lógico-deductivo con la necesidad de demostrar su cientificidad, pero esta condición da como resultado a una disciplina que se le considere como muerta, por la poca utilidad de sus productos de investigación y de información política que genera en las últimas décadas. En ese sentido, esta disciplina aparenta adentrarse en el pensamiento político para otorgar diversas soluciones y/o explicaciones que se desprenden de la actividad política, pero se queda en la limítrofe de la incapacidad por entender, pero sobre todo de comprender el fenómeno político.

Este argumento se ve reflejado no solamente en la metodología que emplea la disciplina, sino en el propio lenguaje que utiliza. La incapacidad de pensar por sí mismos reconstruye y redefine las formas con las que nos comunicamos, depende de los contextos, de la situación actual y de las formas identitarias con las que el individuo se desenvuelve. De la misma forma, nuestra disciplina carece de la adopción de otras formas metodológicas y epistemológicas que no es cuestión de inventarse, sino de retomar las que existen, como por ejemplo la hermenéutica, la teoría crítica o hasta la misma fenomenología; arriesgarse por redefinir las categorías que han dejado de ser útiles para la compresión de nuestra nueva realidad social y política que acelera los procesos de globalización y por último, adentrarse y volver a lo principal, aprender a pensar de nuevo la política.

Si en el pasado, los grandes teóricos de la política tuvieron en su acierto, fue esta capacidad extraordinaria que no solamente estratificaba la actividad política en datos o mapeos estadísticos, sino que la comprendían, la analizaban, la comparaban, la describían y la explicaban con una capacidad y rigurosidad epistémica y filosófica que hasta nuestros días siguen siendo grandes referentes para estudiar el fenómeno político. Basta con leer El Príncipe de Maquiavelo para entender la actitud de los políticos, los diálogos de Platón, el Leviatán de Tomás Hobbes, el contrato social de Rousseau u obras contemporáneas de la vida gloriosa de la ciencia política con pensadores de la política muy importantes y que trascendieron por sus aportaciones y su capacidad de comprender y entender la acción política como por ejemplo Rafael del Águila; Mercedes Cabrera; Norberto Bobbio; Gianfranco Pasquino; Hannah Arendt, Riccardo Petrella: Giovanni Sartori; Bruno Rizzi; John Rawls entre tantos otros.

No obstante, los tiempos en donde se pensaba, se explicaba y se comprendía la política poco a poco se fueron sustituyendo por las aportaciones sin sustento intelectual radicado en una forma expresiva del pensamiento, en donde la  interpretación se hizo de lado y se encubrió por una ciencia política plastifica, menos sensible ante las situaciones que se desprenden del conflicto político, maquillado con la apariencia de la rigurosidad científica con base a la estadística o métodos complejos que devienen de la matemática y de la lógica-deductiva. Basta con tan sólo buscar en la red cualquier tema al respecto que se encuentre en la órbita de la moda académica y nos daremos cuenta de la cantidad de “estudios” de politólogos que pretenden explicar un fenómeno en común, pero que no explican nada, y si bien nos va, se convierten en un texto periodístico de pronta opinión que se pierde en el tiempo o se transforman en prescripciones superficiales con una plantilla de números por doquier.

¿Pero cómo llegamos a esta situación?

Si bien es cierto que son diversos factores que llevaron a nuestra disciplina a una enfermedad crónica terminal. Ubico un elemento que es fundamental y que ocasionó la crisis del pensamiento en la ciencia política, y por ende, su chatarrización.

El factor determinante, desde mi percepción, es el fomento aparente por el conocimiento que se impulsa desde las instituciones que promueven la investigación científica. Estas instituciones que por lo regular abunda la corrupción en su interior, generaron todo tipo de estimulaciones, simulaciones y perversiones en lo que investigación se refiere, una situación muy cómoda para los miles de investigadores que existen en los centros y universidades en donde se investiga, que con el tiempo sustituyeron la investigación sería, esforzada, profesional y de buen sustento por los rollos insustanciales. Una costumbre factible entre diversos investigadores  debido a la comodidad no de cuestionarse nada y a cambio vivir sumergido en la mediocridad que de la exigencia.

Lo peor es que intentar criticar y exhibir la mediocridad de las investigaciones que se producen en el país te convierte en automático en un desadaptado, un amargado y un presuntuoso, y te condena al ostracismo de por vida por parte de tus colegas. De ahí que aspirar a que se revalore el quehacer científico en un medio tan contaminado por la mediocridad es una batalla en el desierto (Cansino, 2012).

En este sentido, la muerte aparente en el pensar de la ciencia política se ve reflejado en los miles de textos, artículos y libros que carecen de la más mínima dinámica sobre un tema abordado, además, son papeles informativos que resaltan una tremenda falta de capacidad analítica por parte del investigador.

No es que se menosprecie el intento de los investigadores por generar investigación trascendente, no solamente a nivel de la ciencia política, sino de todas las disciplinas que conforman las ciencias sociales, las humanidades y el arte. Sino debemos criticar a todos esos profesionales de la investigación que prostituyeron y han chatarrizado con kilos de artículos, libros y publicaciones nuestra disciplina con conocimiento irrelevante.

En suma, todos aquellos interesados en la investigación de cualquier disciplina de lo social, de las artes y de las humanidades que se encuentren en formación  o que  ya se encuentran dentro de este polémico, caótico y fascinante ámbito, es menester regresar a la investigación y a la condición de pensar con dedicación constante, con una vasta formación  y preparación académica, con una vocación y responsabilidad con el conocimiento, con mucho sacrificio y una gran honestidad intelectual.

Así como aprender a pensar de nuevo lo político, trascender los temas de moda de nuestra disciplina y ser más abiertos a la interpretación y a la crítica  de lo que producimos como investigadores, así como de lo que producen los colegas. De la misma forma, ser más sensibles a nuestra realidad política y acercarse de nuevo al Sujeto y al actor político. No quedarse en la proyección de lo estadístico y los métodos complejos, ni mucho menos en la racionalidad ilustrada supeditada al egoísmo de quien observa y comprende desde los albores de la academia.

Sin duda es un reto importante, pero que es un ejercicio pendiente y necesario para todo aquel que desee ser un investigador comprometido, honesto, profesional, y si me permite la expresión, arriesgado por decir, por pensar.

Bibliografía:

Cansino, C (2012), Caja sin Pandora. La clausura del saber en la universidad, México: UNAM.

Gabriel Z. (2010), El secreto de la fama, México: Lumen.

Sloterdijk, P. (2012), Muerte aparente en el pensar, Barcelona: Ciruela.

 

Carta a Ricardo Aleman.

México D.F a, 8 de octubre del 2015

Ricardo Alemán

Columnista del periódico El universal

P R E S E N T E

Antes de empezar mi disertación, quisiera presentarme a usted.

Mi nombre es Víctor Hugo López Llanos, soy licenciado en Ciencia Política y Administración Urbana, actualmente soy estudiante de la maestría en ciencias sociales por la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM). Cuento con una maestría en Estudios Políticos por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).  He sido ponente en diversos congresos, simposios y coloquios a nivel nacional e internacional. Y he publicado diversos artículos en revistas de circulación nacional y libros especializados en temas sobre filosofía política, democracia, globalización, teoría crítica y movimientos sociales.

La presente carta que dirijo a usted con mucho respeto y con ánimo de debate. Surge a partir de mis impresiones acerca de la columna que intituló: “AMLO: grosero engaño con las universidades”, en el periódico El universal el día 5 de octubre del presente año.

Quisiera remarcar que las expresiones aquí expuestas no pertenecen a un grupo político, partido político, ni tampoco representa la posición de la universidad al respecto. Todos los argumentos aquí desarrollados es responsabilidad de quien suscribe la presente carta.

Como usted se habrá informado en sus diversas fuentes informativas fueron casi cien días en que la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, estuvo sumergida en una de sus crisis institucionales más ávidas desde su creación. Se habló demasiado en los medios de comunicación de la carencia, de la ineficacia  y de la endeble propuesta educativa a nivel superior que esta casa de estudios ofrece a los habitantes de la ciudad de México. Esto, sobre todo, por el bajo nivel de titulados que ha expedido desde su creación, así como el estigma constante que se reproduce entre los afamados periodistas que politizan su proyecto educativo y su responsabilidad social, debido a que la creación de esta universidad es asociada con uno de los líderes políticos más visibles y polémicos de la política mexicana en los últimos tiempos.

No obstante, entender el fenómeno del proyecto educativo de la UACM, va más allá de prejuicios y valores supuestamente periodísticas, que hace retroceder y etiquetar a la institución, como una universidad que produce fósiles, vándalos y estudiantes deficientes con un bajo nivel en su desempeño académico y productivo.

Esta universidad ha sido relacionada con diferentes acontecimientos de carácter político, atentando contra su débil reputación, polarizando a la comunidad universitaria y a la sociedad en general, además de ser atentada en su esencia y en su compromiso científico, tecnológico, humanístico y moral de los habitantes del Distrito Federal.

A menudo se habla en los medios de comunicación  de una universidad violenta, ingobernable y fáctica, poniendo en tela de juicio su propia autonomía, así como su propia existencia. Ya que, según la opinión de diversos periodistas supuestamente reconocidos en los medios informativos, al presentar estas características, hace que la universidad sea insostenible económica y políticamente.

En lo que compete, dentro de la comunidad universitaria, ha suscitado una serie de fenómenos que incita al estudio de su comportamiento, pero sobre todo de la constante confrontación con proyectos educativos alternos, ideales pedagógicos, personales y carismáticos.

Esto originó que a lo largo de los cien días de huelga hayan surgido diversos grupos importantes al interior de la UACM,  que fueron duramente confrontados y descalificados por sus opositores. Algunos luchando por sus ideales y algunos otros, persiguiendo proyectos que a su sentir, son el mejor camino para salvaguardar la integridad de la universidad.

Sin embargo, considero que las etiquetas con adjetivos  peyorativos, solamente reluce la falta de interpretación y de entendimiento en la actitud de los diversos Sujetos  y actores políticos que forman parte de nuestra universidad. Pues entre sus integrantes y simpatizantes existe una identidad política y moral que origina  una cierta  construcción del deber ser universitario.

Por tal motivo, es aquí cuando entra el verdadero valor de la educación práctica en relación con los grupos de poder nacional, internacional, y como es el caso, universitario.

Usted, ha sido uno de los tantos personajes que reproduce un estigma y un estereotipo a la sociedad mexicana sobre la UACM, utilizando diversos adjetivos peyorativos y descalificaciones que no sólo atentan contra toda la comunidad universitaria, sino que también atenta contra las propias conciencias de quienes leen sus notas cotidianamente. Al llenar sequitos de columnas de opinión que engañan a gran parte de la población y que desinforma constantemente.

Sin embargo, sería pertinente que más allá de descalificar a nuestra institución, se tome el tiempo necesario para entender lo que pasa con nuestra universidad. Entienda su contexto, sus actividades, su proyecto educativo, sus metas y sus objetivos.

Debo reconocer, que como  cualquier espacio de interacción social, política, educativa y cultural, quienes pertenecen a esta universidad desarrollan diversas posiciones ideológicas  que forman parte de las actitudes y pensamientos que desenvuelven y expresan todos los individuos que forman parte de nuestra comunidad universitaria.

Usted mejor que nadie debe entender que las universidades son ese espacio público en donde cohabitan una diversidad de ideas, de posiciones y juicios respecto a la realidad política y sociocultural de nuestro México y de nuestra ciudad.

Es evidente, que en nuestra universidad existan afiliaciones ideológicas que muchos de los estudiantes, profesores y administrativos se identifiquen con una institución política producto de nuestra endeble democracia y que se reconozcan como parte de un partido político, ya sea de derecha y/o izquierda. Eso fenómeno no es el síntoma peculiar de la UACM, de hecho, con temor a equivocarme la mayoría de las universidades públicas manifiesta estás prácticas. Lo malo, no es la identificación por parte de la comunidad universitaria con personajes o grupos políticos que predominan en la escena política, lo perverso deviene cuando las universidades se convierten en un botín político. Y, afortunadamente, esas formas, que si bien persisten, no se han apoderado por completo, no sólo de la UACM sino de todas las universidades públicas que existen en todo el país. En ese sentido, el carácter de la autonomía juega un papel fundamental, ya que limita y frena con los intereses de diversos grupos, en este caso, políticos.

No obstante, también existe ese otro lado, que usted a menudo invisibiliza con su retórica incendiaria, en donde también se hace otra política a través de la investigación y de la academia, así como de las diversas expresiones culturales al interior de la universidad, pero sobre todo, desde el campo de las ideas y del conocimiento.

Es decir, nuestra universidad está en la actividad constante del dialogo, del debate, de la reflexión y de la interpretación de cada uno de los diversos campos que conforma el conocimiento; desde la ciencia a la tecnología, desde el arte a la política, desde la literatura a la filosofía.

Nuestra universidad es ese espacio  en donde constantemente reproduce el sentido de la política, a través de la pluralidad y de la acción social, pero además, es importante señalar que también se están creando diversos mecanismos que benefician, no sólo a aquellos quienes integran esta universidad, sino a la sociedad en general a través de valores humanísticos y científicos que son de gran importancia para mantener la cohesión social, y que en estos tiempos tanta falta nos hace.

En consecuencia, la UACM no es un espacio pórril ilustrado corporativizado a un partido político, ni mucho menos es un botín de una élite política. Nuestra universidad, se ha esforzado, gracias a la colaboración y el trabajo constante de estudiantes e investigadores, que con su trabajo en el aula y sus grupos de investigación combaten ese estigma con la que nuestra universidad ha tenido que luchar constantemente, para demostrarle a los habitantes de la ciudad que no somos una universidad vacua con titules apócrifos o “patito” como usted nos llama. Sino que somos una universidad comprometida con el conocimiento humanístico, científico y tecnológico.

Ahora si lo que usted crítica es que nuestros estudiantes son ineficientes por no ser capacitados, especializados y entrenados bajo los estándares y calidades que demanda el mercado nacional e internacional. Usted tiene una distorsionada idea de lo que es la escuela y la educación, ya que bajo esa perspectiva la escuela en las sendas globales, cambia la máxima de educar para reflexionar, para convertirse en educar para obedecer de una manera cuasi-automática las lógicas del mercado.

De ahí que esta universidad sea soslayada y marginada académicamente, al no seguir los parámetros  de calidad, privacidad y desregulación pedagógica que el nuevo orden mundial demanda, es decir, en el mundo de la tecnocracia lo cuántico y el sentido de la productividad mercantil supera a la sensibilidad del Sujeto, al menos política y culturalmente.

Estos nuevos estándares de enseñanza permiten que las nuevas definiciones de calidad educativa no sean más que la introducción de la empresa en la escuela. Creándose así  nuevas instituciones como centros de poder y zonas de atracción, de lo que se denomina Think tanks (Los tanques de pensamiento). Aquí existe un claro desplazamiento de lo privado sobre público. Pero sobre todo, de la naturaleza de lo que significa la escuela y la enseñanza.

Estos argumentos fueron uno de los grandes debates que se desarrolló dentro de la comunidad universitaria en nuestra más reciente huelga. Surgiendo interrogantes importantes que forman parte de nuestro debate: ¿qué debe hacer la UACM para consolidar su proyecto educativo?, ¿hacia dónde debe ir la UACM?, ¿qué alternativas educativas debe ofrecer a los habitantes de la ciudad? Y sobre todo, ¿cómo debe alcanzar sus propósitos a corto, mediano y largo plazo.

Es cierto, vivimos en un mundo en donde los individuos buscan formas de subsistencia y se preparan para obtener una mejor calidad de vida. No obstante, estos tópicos se encuentran en la encrucijada y están siendo debatidos en todo el mundo por académicos, intelectuales e interesados en el tema a partir de la crisis del capitalismo financiero y de las estructuras políticas que se desprenden de lo que todavía llamamos Estado-Nación.

Por otro lado, me atrevería a decir, que si algo dejó la reciente huelga, fue precisamente que se reflexionó sobre los temas de educación en el nivel superior,  se establecieron mecanismos de toma de decisiones, así como también hubo una creciente politización de la comunidad universitaria en general.

Es por ello que a menudo, entre las charlas en los diferentes espacios públicos (facebook, Twitter, en la plaza, afuera de los planteles de la UACM,) existe una constante confrontación entre quienes conforman esta universidad. En ese sentido, los fenómenos  y la actividad política, sin duda, traen consigo pluralidad, y por lo tanto los Sujetos pelean en el campo de las ideas.

Sin embargo, cuando la incapacidad para entender al otro queda limitada por la ignorancia, la violencia se convierte en un mecanismo de acción que malinterpreta y distorsiona por completo el espectro político. Justo como usted a menudo realiza en sus diferentes espacios “informativos”.

Usted con sus declaraciones, no sólo desinforma, sino que también genera una especie de violencia que atenta contra la dignidad de quienes estudian y laboran en esta institución. A través de la descalificación, de la incapacidad para entender el proyecto educativo, pero sobre todo por distorsionar las opiniones de quienes lo leen. Afortunadamente, existe una naciente población que está en la búsqueda y en la construcción constante de un pensamiento crítico que no cree todo lo que lee, escucha o se informa.

Por último, quisiera subrayar que un servidor está a favor incondicionalmente de la libertad de expresión y del ejercicio del  periodismo con objetividad, profesionalismo y sentido ético. Pues considero que es una herramienta fundamental para la consolidación de nuestra aún endeble democracia.

En suma, me permito concluir esta carta con una frase de un periodista, historiador, escritor, ensayista y poeta cuyo nombre es Ryszard Kapuscinski y que cito a continuación:Para ejercer el periodismo, ante todo, hay que ser buenos seres humanos. Las malas personas no pueden ser buenos periodistas. Si se es una buena persona se puede intentar comprender a los demás, sus intenciones, su fe, sus intereses, sus dificultades, sus tragedias”.

Con todo el ánimo de discutir y debatir sobre el asunto, reciba un cordial saludo.

Atentamente

Víctor Hugo López Llanos

Estudiante de Maestría en Ciencias Sociales

Universidad Autónoma de la Ciudad de México

“Nada Humano me es Ajeno”.

 

Reseña de la película: Amor en el Aire. “Del amor y de la interacción social”.

Por: Teolinca Velázquez [1]

Esta película lo que nos enseña en primera instancia es el error que comete la sociedad contemporánea, Bauman la denominaría la sociedad líquida en la que las relaciones se desenvuelven vía virtual viéndose atravesadas por la tecnología que reemplaza los vínculos sociales de antaño por aquellos vínculos a distancia, efímeros, líquidos.

Dos personajes representan lo que menciono de Bauman, uno pensaría quizá que me refiero al personaje de George Clooney pero irónicamente no, me refiero al personaje de Anna Kendrick (Natalie) y el de Vera Farmiga (No me acuerdo de su nombre Alex?). El personaje de Natalie es todo un proceso que enfrenta la juventud moderna que va más allá de la madurez que su personaje experimenta; Natalie es todo aquel joven recién graduado quien cree que la tecnología resolverá todos nuestros problemas, es todo aquél chavo que busca innovar su lugar de trabajo lleno de viejos, como se referiría a George Clooney en una escena, con soluciones virtuales, novedosas, líquidas.

Me parece excelente que la película demuestre que esto no es posible a la hora de trabajar, se requiere del contacto humano, del saber hacer vínculo con quienes trabajando y que aunque las video llamadas son muy útiles, hay ámbitos en los que no pueden reemplazar al individuo. Esto me parece primordial a la hora de pensar en cualquier trabajo que se tenga: las máquinas tienen límites y no reemplazan a los individuos; las máquinas están para ampliarle el límite al hombre, no para reemplazarlo.

Por lo tanto cualquier trabajo hoy en día puede debe encontrar el equilibrio entre el trabajador y la máquina a medida de que esta última optimice el desempeño de quien trabaja. Esta reflexión tiene todo el Siglo XX argumentándose, me viene a la mente la película de Charles Chaplin “Tiempos Modernos” la cual en su época marcó la misma argumentación que yo estoy dando, sin embargo la película se refería al reemplazo de la mano de obra; hoy, en la modernidad líquida, se trata del reemplazo de las relaciones humanas.

A consecuencia de la revolución industrial el trabajo humano se vio disminuido y los pesimistas del tiempo juraban que llegaría la revolución de las máquinas; lo que vemos en l película es irónicamente la respuesta a lo que estos hombres decían en su tiempo: es imposible que exista una revolución de máquinas puesto que aunque el hombre y su sociedad por más sistémicos que se encuentren, por más automática que se encuentre la vida actual, son vida, son seres vivos que respiran, sienten, lloran, ríen, hablan, se comunican, perciben, hacen contacto. Esto es algo que no se puede sistematizar por más de que la autoridad se haya esmerado (hago alusión a la teoría de Michel Foucault), es imposible querer hacer de un hombre un robot, no solo es imposible, es una afrenta a la naturaleza del hombre.

Así que lo que le obtengo a la película es eso, el vínculo entre la tecnología y el hombre, George Clooney representa al hombre independientemente de sus ideas de libertad, él está consciente de lo necesario que es hacer contacto con la persona, sobre todo a la hora de comunicar algo tan fuerte como es un despido. Por otro lado, están las primeras escenas con Anna Kendrick, ella al principio de la película representa al mundo de la tecnología,  pues juntos deben formar el equipo que hacen la virtualidad y la naturaleza humana de las relaciones sociales.

A mitad de la película el personaje de Anna Kendrick comienza dejar ese lado sistémico que trae de su escuela y su propio contexto; me parece muy importante la escena donde despiden a un señora que anuncia su suicidio porque creo que ahí se encuentra también otro obstáculo para la optimización de un trabajo basado en la interacción social. Resulta que el personaje, ya habiendo recibido de su propia medicina (cuando su novio la corta por mensaje) comienza a interactuar con aquellas personas a las que deben despedir y por lo tanto se da cuenta de la profundidad del trabajo de Clooney, sin embargo cuando ella menciona que hay que evitar que la señora se suicide el mismo Clooney la detiene, nos damos cuenta entonces que hasta el mismo Clooney ha interiorizado el discurso deshumanizador que no solamente traen las grandes empresas, sino también las personas de a pie.

Cuando uno pregunta  un ladrón ¿Por qué robas? una de las respuestas más comunes es que digan “No es nada personal, es sólo un trabajo”, nuestra sociedad nos ha enseñado  trabajar automáticamente, a que nuestros trabajos no se vean interferidos por nuestra naturaleza humana, nosotros trabajamos, contribuimos productivamente  la sociedad, generamos ganancia y plusvalía, esa es nuestra misión como individuos formados en una sociedad occidental, esto es sinónimo de orden. Por lo tanto no es de sorprender que Clooney, después del discurso del principio sobre la importancia de la presencia del portavoz de las malas noticias también se vea atravesado por la deshumanización del individuo occidental productivo y eficaz.

Esta es mi conclusión sobre la película: la clave para el éxito se encuentra en reconocer la importancia del ser humano como individuo que se relaciona con unos y otros; y que la tecnología, aunque muy útil, se encuentra como herramienta para el individuo y no como su reemplazo, especialmente dentro del marco de la interacción social

[1] Licenciada en Sociología por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Amante de la literatura y el cine. Actualmente se desempeña como asesora en Instituto E-Marketing México.

Sobre la Idea del Sujeto Revolucionario en la Nueva era Global. Limitaciones y Nueva Propuesta: El Malestar en la Democracia y La Nueva Cuestión Social Post-Revolucionaria. Parte 3

Todos los males de la democracia pueden curarse con más democracia.

Alfred Emanuel Smith 

Hace algunos meses leí un libro titulado América Latina: ¿renacimiento o decadencia? del politólogo mexicano César Cansino, dicha obra fue publicada en los albores del  Nuevo [des] Orden Mundial, posterior a la Guerra Fría, la caída del muro de Berlín, después de lo que muchos analistas sociales han considerado llamarle la década perdida para América Latina.

Dicha obra concluía, que pese a los constantes avances democráticos registrados en la región, sobre todo en el último tercio del siglo XX, el futuro para América Latina, era poco promisorio, debido a la difícil condición imperante, ya que este fenómeno, en consecuencia, propiciaba la condición necesaria para el resurgimiento de actores y discursos populistas, con posibles soluciones semi-constitucionales o semi-militares, trayendo consigo, que las próximas y consolidadas democracias latinoamericanas estuvieran en peligro. “Lamentablemente al cabo del tiempo el pronóstico no sólo se confirmó, sino que fue rebasado sobradamente por la realidad.”[1]

Se manifestaron en algunos países latinoamericanos crisis económicas y políticas de gran profundidad. Por citar algunos ejemplos, encontramos el caso de Brasil, Argentina, Colombia, México, Perú, Venezuela, El Salvador, Chile, Uruguay,  y en algunos casos, peligrosos retrocesos autoritarios en naciones, como el caso de Abdalá Bucarám en Ecuador, Alberto Fujimori en Perú, Hugo Chávez en Venezuela y Evo Morales en Bolivia, sólo por nombrar algunos casos. Reapareciendo el fenómeno en muchos otros países, aunque con nuevas características, así como también surgieron movimientos guerrilleros de diversa afiliación ideológica.

Sin embargo, América Latina ha conservado un activo primordial, en donde la Sociedad Civil, está cada vez más involucrada, informada, crítica y participativa en los asuntos públicos, contrastando cada vez más a los obtusos políticos profesionales. “Si nuestras maltrechas democracias han logrado persistir en el tiempo, salvo algunos casos lamentables como Venezuela, no es por afanes de nuestros partidos y gobernantes, sino por la terquedad de los ciudadanos y ciudadanas.”[2]

De ahí que el Malestar en la Democracia no sólo sea de fondo, sino de forma. Ya que la propia sociedad, se ha visto en la tarea de crear y suministrar  espacios de persistencia participativa, pues aunque parezca contradictorio, la  Democracia se encuentra en Crisis, pero pese a los peligros que la acechan y/o amenazan, han efervecido diversos espacios en donde se recrea lo público-político. La calle, la plaza, la familia, la escuela, las organizaciones no gubernamentales, el barrio, el chat y ahora el facebook, el twitter y demás redes sociales. Estos son los nuevos espacios públicos en donde se discuten, reflexionan y se analiza la nueva realidad política, cultural y económica.

Estos nuevos espacios se han convertido en los lugares en donde los ciudadanos ratifican cotidianamente su voluntad de ser libres, en donde se originan los ámbitos que se producen los contenidos simbólicos, cuya resonancia coloca su ejercicio en el vilo del poder instituido.

Por lo tanto, la Individualización democrática, hace que los ciudadanos “sean de facto el principio y fin de la democracia y no las organizaciones de masas.”[3] Como se hacía pensar el pasado corporativo, clientelista mexicano.

No significa que la sociedad se haya pulverizado o atomizado, sino que por primera vez en su historia, ésta se ha constituido y afirmado como lo que realmente es: “un conjunto de individuos radicalmente diferentes pero invariablemente iguales ante la ley.”[4]

La sociedad individualizada,[5] sigue más  vive que antes, pues ahora los ciudadanos saben que su destino no depende de nadie, sino de ellos mismos, para orientar la vida política de sus comunidades y naciones. Transparentando sus intereses y expectativas, gestionando sus afinidades en bienes comunes.

Si bien en el Estado Social, con una retórica más o menos populista, se encargaba de homologarnos y estabularnos, de derramar selectivamente dadivas a cambio de apoyos, haciendo de la libertad una moneda de cambio, ahora el imperativo individualista de la igualdad ante el derecho tiende a prevalecer sobre la nación de defensa de los interés colectivos.[6]

En el ámbito teórico, cuando empezaron a caer las dictaduras militares, muchas de las preguntas que sobresalieron oscilaban y se cuestionaban lo siguiente ¿Qué hace que los distintos actores  políticos y sociales elijan democracias tan costosas, dadas las condiciones económicas adversas? Ahora la pregunta ha cambiado: ¿Qué  hace que las maltrechas democracias de la región latinoamericana, incapaces de resolver los problemas de las sociedades, con partidos políticos corruptos e ineficaces, puedan persistir?

La respuesta fácil argumenta que la causa es la falta de una cultura política activa, pues la ignorancia de la gente, la débil participación, su escasa cultura cívica-democrática y su baja politización, vuelve que los ciudadanos sean presas fáciles de líderes populistas, partidos y políticos corruptos y ambiciosos.

Obviamente, no comparto esta visión, pues si bien la poca democracia que se ha mantenido en la región, pese a sus inconsistencias y graves problemas, es  debido precisamente, aunque no deja de ser paradójico, a la Sociedad Civil, a su creciente politización e involucramiento en los asuntos públicos y a una percepción muy clara de lo que significa vivir y no vivir en democracia.

Es cierto que no se puede generalizar, pues el grueso de nuestra población se preocupa más con resolver el día a día que por la política, pero el dinamismo de esta parte de la sociedad consciente de su condición de ciudadano termina por contaminarlo. He aquí La Nueva Cuestión Social Post-Revolucionaria.

El tránsito de un estado social y proveedor a uno desobligado de dicha responsabilidad, el tránsito de la política de intereses colectivos al de intereses individuales, el tránsito de sistemas cerrados a sistemas abiertos, de regímenes autoritarios donde se pisoteaban indiscriminadamente los derechos civiles y políticos a regímenes democráticos que garantizan condiciones mínimas de libertad e igualdad a los ciudadanos, el tránsito de sociedades articuladas por el Estado-fuerza a sociedades secularizadas donde más que el orden predomina el conflicto, el tránsito de modelos y patrones de conducta patrimonialistas y paternalistas fuertemente arraigados a otros en donde los ciudadanos no tenemos que valernos por nosotros mismos.[7]

Con la cita anterior quiero dejar en claro que esta investigación no es una simulación o una enésima reproducción del credo o del ideal latinoamericanista, ni propone un concepción que vanaglorie a la Sociedad Civil como virtuosa, frente a la maldad de Estado, sino que es una visión profundamente realista de la intervención, muerte o renacimiento del Sujeto Revolucionario; más ya no socialista, ni mucho menos comunista, como se le consideró en un momento de la historia mundial moderna.

Ya que es justamente la democracia el símbolo con el que se juega el estandarte de las próximas revoluciones de la estructura política, social y económica. No me refiero a la democracia discursiva que emplean los populistas, demagogos, políticos, empresarios y tecnócratas, pues lo único que propician es la deslegitimación constante y falta de credibilidad sobre la misma, haciendo que la Democracia encante en el discurso, pero decepcione en el modus operandi.

Es por ello que desde el plano de la Sociedad Civil, y desde el ciudadano en particular, debe perfeccionarse e inventarse día con día el ejercicio democrático o en su defecto revolucionarse en tensión creativa hacia la sociedad, con sus necesidades, anhelos y sueños. Pues “En las democracias modernas, la institución verdaderamente instituyente”[8]es la sociedad.

En consecuencia, si la poca democracia institucional se mantiene en la región, es por la intervención constante de la Sociedad Civil, más que las virtudes y el compromiso de los políticos profesionales.

Si bien, la democracia se encuentra deslegitimada[9], es precisamente por los enormes problemas, inconsistencias, incompetencia, ambiciones y desinterés exacerbado de la clase política en su conjunto, más que a la ignorancia, la desinformación y la apatía de la sociedad.

En efecto, no conozco todavía a ningún ciudadano que no aspire a tener mejor gobernantes, mejores partidos, mejores representantes, mejores leyes, mejores garantías y mejores libertades, pero si conozco a muchos políticos profesionales que solo aspiran a ascender en sus carreras políticas, con o sin el respaldo social.[10]

Es por ello que comúnmente en las encuestas y sondeos de opinión, elaboradas por reconocidas agencias internacionales como Latinobárometro, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), atestiguan que la mayoría de los latinoamericanos estarían dispuestos a sacrificar la democracia por un sistema autoritario, inmolando sus libertades políticos y civiles, con el objetivo de mejorar sus condiciones sociales y económicas.

Resultan insustanciales desde el momento que le  solicitan a los encuestados elegir entre los extremos de una falsa disyuntiva, como si el bienestar socioeconómico y las libertades básicas fueran mutuamente excluyentes o no pudieran caminar juntas, lo cual es una disociación de laboratorio o de cubículo que le gente de a pie simplemente no se coloca o nunca se colocaría. En efecto, la idea, o mejor, el ideal de bienestar  o de desarrollo o de progreso integral o no es.[11]

Por otra parte, varios académicos e interesados sobre la Calidad  de las Democracias, llaman a la actividad ciudadana latinoamericana, como “ciudadanos de baja intensidad”[12], “ciudadanos precarios”[13] o como “ciudadanos imaginarios.”[14]

Contra este tipo de posiciones, considero que no es cualquier cosa tener que soportar sobre nuestras espaldas democracias tan frágiles y endebles. Si bien es cierto que más allá de la actividad ciudadana, las democracias necesitan de un orden institucional, el papel de la ciudadanía es por necesidad más activa y decisiva, pues si hubiese un apagón de la actividad ciudadana, las endebles democracias líquidas, caminarían hacían rumbos totalitarios, en donde la realidad política de las naciones se estacionaría en la ambigüedad y el predominio cada vez mayor de la incertidumbre.

Para ello, es necesario la construcción de nuevo Sujeto que posea los nuevos valores democráticos que modelen a la nueva sociedad global en su conjunto, pues pensar en la solución de los problemas con un Sujeto Revolucionario Tradicional, que modele y cambie las estructuras políticas y socio-económicas en un asunto, que en nuestros días se queda en la imaginación, en la ideología y en la nostalgia.

Considerar que el malestar en la democracia y en la globalización puede ser modificado por un Sujeto Revolucionario Tradicional, al que conocimos en un momento de la historia, puede parecer bastante iluso, pues las sociedades cambian, así como su cosmovisión.

Como el propia Marx lo afirmara “la clase burguesa y revolucionaria se forja a un mundo a su semejanza y a su imagen”. Es por ello que me atrevería a decir que padeciendo los problemas que enfrenta día con día la sociedad, es imposible imaginar un Sujeto Revolucionario Tradicional único e aislado que cambie las nuevas condiciones locales y mundiales.

Buena parte de la sociedad global, ha dejado de creer en la abolición de la propiedad privada, cuestionando que el problema no es ese, sino más bien son los mecanismos con lo que se desenvuelven y se reproducen los “bienes” del mercado. Pues estos no se redistribuyen de manera adecuada y servil al bienestar público. Es decir, el problema reside en la mala distribución de la riqueza.

Es ahora cuando el hombre en el idealismo utópico, no procura alcanzar una cierta igualdad económica como el socialismo lo proclama entre sus postulados, pero si un cierta igualdad ante la ley, ahora pide libertades para la oportunidad laboral, respetando el género y orientación sexual, respetando usos y costumbres de las comunidades indígenas y de la sociedad en general, lograr una verdadera libre expresión por parte de grupos altermundistas, o mejor dicho anti-sistémicos, que los políticos profesionales realmente representen a los nuevos ciudadanos, con transparencia, rendición de cuentas, servicios públicos, y seguridad social, pide libre culto, asociación, pensamiento.

Es más me atrevería a decir que ahora las nuevas revoluciones, ya no son orientadas hacia el comunismo-socialismo, como en la década de los años 60’s del siglo pasado, sino más bien La Nueva Revolución del siglo XXI son las democracias, dando esto como resultado un Nuevo Sujeto Revolucionario Democrático, materializada en la Sociedad Civil, a través de Ciudadanos Libres y capacitados en los asuntos públicos. Ahora el Ciudadano es El Hombre Nuevo.

Mi posición puede llevar a muchos nostálgicos de la “lucha de clases” a calificarme como  reaccionario, pues sostengo, que la nueva fuerza social, contra el malestar en la globalización, reside en la fuerza de los Nuevos Sujetos Democráticos libres y no en un hipotético Sujeto Revolucionario Tradicional único e aislado, que los neo-marxistas llaman pueblo, multitud o cualquier otra expresión, para referirse a lo mismo que antes llamaban proletariado. Un Sujeto único y capaz de englobar los reclamos de todos los explotados del mundo que los conduzcan a la emancipación final contra la hegemonía de un capitalismo decadente.

Mi propósito en este escrito, no es ideológico, sino levantar un acta de realidad a través de la observación y la compresión de los nuevos aconteceres latinoamericanos.

En este sentido, considero que los viejos esquemas de análisis marxistas tan recurridos y persistentes entre los latinoamericanos para dar cuenta de nuestra situación, han dejado de ser concisos para entender la nueva complejidad social, producto de la liquidez estructural de la política, la economía y la cultura. Aunque no demerito, que dicha concepción sea punto de partida para dar explicación y entendimiento de la situación local y global entre los Nuevos Sujetos de la Política, ya que la nueva realidad, demanda un nuevo léxico. Pero querer siempre explicar la realidad de una forma bicolor, de los malos y los buenos, del explotado y oprimido, resalta incapacidad para comprender la nueva realidad socio-política actual.

Si muchos estudiosos se aferran todavía a sus preceptos es porque permanecer a ellos les ahorra la tarea de pensar, basta con aplicar el esquema de contradicciones de clase, de los buenos y los malos, todo para cuanto se quiera.[15]

Que no proclame, en esta investigación a la teoría neo-marxista,  para dar entendimiento a un fenómeno que éstos han estudiado arduamente, en debates, reflexiones y obras enteras, no significa que sea un neoliberal irredento o panegirista  de esta corriente de pensamiento.

De hecho el Sujeto que propongo, es un Sujeto Democrático, y no el mismo que presupone el neoliberalismo, es decir, un Sujeto atomizado, asilado y egoísta, sino un Sujeto involucrado, informado, crítico y participativo de los asuntos públicos.

Si bien, ambos Sujetos coexisten y se interrelacionan cotidianamente a través de los problemas que los convergen, el Sujeto Democrático, en comparación al Sujeto de Mercado, sabe que solo con el apoyo de los demás puede hacer política y conseguir lo que necesita, y solo con el otro puede ejercer su libertad y construir su propia ciudadanía. “pues ahora el verdadero motor de los pueblos ha sido su deseo de ser libres más que cualquier otra cosa.”[16]

De ahí que muchos de los lemas de los nuevos movimientos anti-sistémicos, sostengan la palabra libertad, como uno de sus principales fuerzas discursivas. Pero en el contexto del nuevo orden internacional, en donde cada vez los problemas sociales se incrementan, con el posible regreso del Estado Benefactor, ¿podría ser la solución a más democracia y menos malestares para las sociedades latinoamericanas? Mi respuesta es un no rotundo.

Que el Estado Benefactor haya sido un instrumento invaluable para el desarrollo social de Europa y Estados Unidos en la posguerra, no significa que haya pasado lo mismo en América Latina. Para esta región, lo único que significó fue el ascenso de grupos oligárquicos, autoritarios, dictadores militares y oportunistas, que en nombre de la justicia social, promovieron su propia riqueza, mientras que la sociedad en general se hacía cada vez más pobre y desigual. “Si el estado benefactor sucumbió en todas partes fue porque se volvió insostenible (crisis fiscal, crisis de gobernabilidad y crisis de legitimidad), no porque el neoliberalismo, haya irrumpido maquiavélicamente con su espada desenvainada.”[17]

De la misma forma que el socialismo ruso también sucumbió en 1989, precisamente por sus excesos y propias contradicciones que propició, el Estado Social Capitalista se agotó desde el momento que le fue imposible seguir satisfaciendo los enormes y crecientes expectativas que generó.

Sin embargo, hay que rescatar, que el primer intento para llevar a cabo la consolidación socialista por todo el mundo, hacia comienzos del siglo XX, propició un parte-aguas en la historia social mundial. Pues fue el primer intento para construir un mundo alterno, en donde los hilos del poder capitalista dejaran de tener la hegemonía organizacional.

Por lo tanto, el simbolismo de lo que han llamado el socialismo real, también fue el primer Estado-Nación, que intentó establecer al socialismo como una forma de organización política, sociocultural y económica, teniendo influencia posteriormente en los países asiáticos, africanos y latinoamericanos.

Esto conllevó que Norteamérica tuviera la necesidad de combatir la influencia socialista, pues como hemos mencionado, esto repercutió que la poca estabilidad política de la región latinoamericana se fragmentara,  estableciendo regímenes militares dictatoriales por toda la región.

Esta coyuntura, además con la creciente revolución cultural, intelectual e ideológica, dieran las condiciones necesarias para la realización de una nueva revolución socialista que se propagó por todo el mundo. En otras palabras, la revolución socialista estaba supeditada por una costumbre, juicio y valores sociales modernos.

Entonces, ¿Cuáles eran las claves político-culturales de la sociedad en los años magnánimos  de socialismo utópico del siglo pasado?

La figura central era la necesidad de cambio como promotor de la realidad social, política, cultural y económica. En donde la voluntad social se materializaba en una nueva forma de expresión para la toma de decisiones.

Inscriptas en un contexto de una fuerte radicalización política e ideológica, consecuencia de la disputa entre el socialismo y el capitalismo, así como la creciente descolonización de los países oprimidos. Argelia en África, Vietnam en Asia y Cuba en Latinoamérica.

Esta triada por la liberación, define con toda la claridad las características que asumía la participación política por aquellas décadas. De ahí que la voluntad se haya considerado como el motor de la transformación radical mundial. En donde la política además de ser el espacio para la emancipación, era también donde se originaba la voluntad transformadora.

Por lo tanto, existe una dimensión generacional  que emerge y muestra la presencia protagónica de la sociedad, quienes al calor de una mayor autonomía, fueron ampliando su círculo de injerencia y apropiándose gradualmente, en las decisiones de su propia vida.

Esto fue posible, a un Estado benefactor, pues así fue como ascendió  grupos oligárquicos al poder, también le permitió a la sociedad disponer de un mayor tiempo para sí mismas, a la vez que se ampliaron los espacios públicos para la reflexión, critica y análisis de la obra pública y privada. También hay que mencionar que el propio Estado era quien establecía, de una manera oficialista y ortodoxa, una ideología, y con ello, una forma de actitud política.

Además la notable juventud, propiciaba un paso generacional de la política en una especie de institucionalidad política revolucionaria, fundamentada en el marxismo, en el leninismo, maoísmo y demás derivados.

En este sentido, algunos críticos y opositores al marxismo, le llegaron a consideran a éste, más como una moda juvenil, que como una corriente de pensamiento de carácter político- filosófico. No obstante estos argumentos no tenían más que un valor peyorativo.

Posteriormente en la década de los años 80’s del siglo pasado, se sobreviene otra etapa que propiciará el rompimiento de los esquemas establecidos, ya que se empiezan a acelerar los sistemas productivos con base en la estructura tecnológica, automática y científica.

A nivel político y económico, se empiezan a crear las diversas condiciones para liberar al mercado, adelgazar al Estado y propiciar un mayor involucramiento de la sociedad, pero en base a la autonomía de su propia decisión.

Esto trajo entre sí muchas consecuencias negativas, pero también impulsó otras positivas, por ejemplo: se mejoraron las nuevas herramientas para el acceso a la información (internet), nacen con ellos los nuevos modelos de gestión, se desplaza la burocracia clásica para transformarse ahora en una burocracia gerencial, entre muchos otros mecanismos. Por lo tanto, y aplicando la máxima de algunos economistas; las reconversiones económicas propician el surgimiento de una nueva sociedad, con juicios, valores y costumbres muy diferentes a lo que se tenía conocimiento en la década de auge revolucionario, principalmente entre los años 60’ y 70’ del siglo pasado, a comparación con la actualidad globalizada.

Esto origina que en el plano de la política, se abandone su rasgo voluntario para convertirse en un plano solo para legitimar la producción capitalista  a través de la ley y parte de la elite empresarial-tecnocrática. De ahí que la democracia sea usurpada por esta nueva elite y sea utilizada para dar sustento a su propia actividad.

Esto hace que el ciudadano tenga la sensación de la llegada de una nueva época en la que el estado de las cosas no pueda ser modificada significativamente, como antes se tenía acostumbrado, a través de la voluntad revolucionaria tradicional, pues la caída de lo que se consideró como socialismo real, provocó tensiones, desilusiones y temores, al ver que el socialismo había sido derrotado por el gran capital. En palabras de Bauman la sociedad se mantiene al borde de la incertidumbre, producto de la vida líquida moderna.

Sin embargo, es necesario considerar y establecer nuevos mecanismos de acción, pues como lo he sustentado, la solución a los grandes problemas locales y globales ya no recae en una sola persona, gobierno u organización internacional, sino ahora en una Nueva Sociedad Civil Mundial Organizada.   

En consecuencia es ahora cuando la sociedad se debe reconciliar consigo misma, pues es ahora y no antes cuando los individuos pueden concebirse y  asumirse como verdaderos Sujetos Políticos o en palabras de Aristóteles como un verdadero Zoon Politikon, en donde la democracia sea entendida por los Nuevos Sujetos de la Política, no solamente como una forma de gobierno, sino como una forma de vida.

De ahí que, entre otras circunstancias, las nuevas movilizaciones globales y regionales, que se han desarrollado en las últimas décadas, tengan como reclamo central, la libertad democrática y el final de las dictaduras. Es ahora en donde la política empieza a ser entendida como: el mecanismo perfecto de acción social por excelencia, pero sobre todo, el gran campo en donde se origina el debate, la reflexión, la crítica y la concepción de un mundo nuevo. Es decir, hay un intento por modificar la nueva realidad social, a través de la institucionalidad gubernamental. A través de proyecciones y justificaciones de protocolos administrativos (participación ciudadana y/o política pública) para el mejoramiento de la sociedad en su conjunto.

El principal instrumento de alcance de los ciudadanos para promover soluciones o buscar consensos es ahora la política, o sea el debate o la deliberación públicas (aunque en muchas ocasiones es igualmente legitima la resistencia y la desobediencia, siempre y cuando sean civiles  y pacíficas, y que no atenten contra los derechos de terceros) y ya no la típica lucha de clases, o la confrontación violenta en cualquiera de sus expresiones, no significa que la sociedad civil haya perdido valor, congruencia o radicalidad, sino que ha aprendido a aceptar como dato incontrovertible de su tiempo la pluralidad compleja y heterogénea que cruza y, en consecuencia, lo intransigentes e intolerantes que resultan todas aquellas posiciones que se creen portadoras de verdades universales por lo que los partidarios las quieren imponer al resto de la sociedad a como dé lugar.[18]

Que ya no se pueda reducir el conflicto en las sociedades actuales a una lucha entre clases sociales o a una disputa por la hegemonía entre dos grandes proyectos antagónicos no significa que la sociedad no esté atravesada por conflictos de todo tipo o que el conflicto haya dejado de ser una condición inherente a la misma, sino que simplemente las modalidades de expresión de las diferencias es distinto que en el pasado.

No obstante, la realidad democrática latinoamericana enfrenta demasiados peligros, que pensar en su consolidación, resulta muchas veces ingenuo. Pues Latinoamérica, además de la notable desigualdad económica y las débiles instituciones que padece, enfrenta problemáticas mucho más promisorias, como por ejemplo, las re-militarizaciones nacionales, el predominio de los poderes fácticos, la corrupción, el populismo, la personificación de la política y la volatilidad económica.

En suma, la democracia sólo representa los discursos execrables por parte de la clase política o gerencial, de ahí el nacimiento del Malestar en la Democracia. No obstante, ésta debe ser concebida como una forma de vida, y para ello hay que inventarla día a día, a través del uso del espacio público y en el encuentro cotidiano con el otro, pues los ciudadanos son los Nuevos Sujetos de la Política a condición de participar en los asuntos públicos, ya que su acción es una forma de reforzar su actividad y su importancia, convirtiéndolos en los protagonistas de una nueva especie de Revuelta Silenciosa.

[1] César Cansino, América Latina: ¿renacimiento o decadencia?, FLACSO, Costa Rica, 1994, p.11.

[2]César Cansino, La Revuelta Silenciosa. Democracia, Espacio público y ciudadanía en América Latina, México, 2010, p. 12.

[3] Ídem, p. 13.

[4] Ídem, p. 13.

[5] Ruslan Posadas, op. cit. p. 91.

[6] Cesar Cansino, op. cit. P. 13.

[7] Ídem, p. 14.

[8] Carnelius Castoriadis, La Institución Imaginaria de la Sociedad, Fondo de Cultura Económica, México, 2005, p. 23.

[9] Ruslan Posadas, op. cit. p. 106.

[10] César Cansino, op. cit, p. 17.

[11] Ídem p.18.

[12] Guillermo O’ Donnell, Ciudadanos de Baja Intensidad, Trota, Barcelona, 2002.

[13] Duran Ponte, Ciudadanos Imaginarios, Grupo editorial tomo, México, 2003.

[14] Fernando Escalante, “Ciudadanos Imaginarios” en Revista Nexos, Núm. 8, Octubre 2002, México, p.28.

[15] Ídem, p. 19.

[16] Ídem, p. 20.

[17] Ídem.

[18] Ídem, p. 21.

The process of individualization in global society : Concerning epistemological analysis from the dialectic of the concrete and critical theory

By: Victor Hugo Lopez Llanos

Given the current process of globalization many of the structures we knew before are undergoing a process of transformation: the state, governance, democracy and society itself are suffering drastic changes in the values ​​previously characterized them and gave them reason.

For example, the state is now in question because the sovereignty and legitimacy that form it are in question, this is the role it plays in the big picture the new transnational power, international institutions and logic market, democracy is increasingly delegitimized, the decimated governance, and society (within the meaning of the Civil) as the field where before trait of community and social responsibility reproduced has been changing radically by the sense of individuality and personal interests.

While true that the above argument stems discussion and analysis, especially if we look at the Latin American reference, I believe that we should not leave out the transformations that contemporary society to globalization processes.

That is why in this text is addressed in general the problems that brings the process of individualization in global society; set roughly what factors by gushing, weak or solidly, the processes of individualization of society are. Critical Theory of Max Horkheimer and the Dialectics of the Concrete Karel Kosik: as a justification and epistemological interpretation from texts is also made

Starting from the modern concept of society that many disciplines of social sciences defined as a tool to explain the phenomena historically occurred (dialectic of knowledge).

Subsequently, the role played by new institutions of motivation and desire that promotes market will also address a number of core questions that are not answered even in this text, seeking to settle the debate and reflection on the process established individualization in global society.

Society, ¿Individualized?

In sociology, the concept of empirical description structured society, described how objects take societal systems behavior and relationships between individuals.

Individuals acquire through their experiences modulated existence through moral and religious norms; as well as different patterns of behavior who make their relationship with politics, economics, technology and now recently with the ecology.

However, civil society suffers gradual gap facing drastic changes to other types of behavior, this due to many factors depending from the point of view of discipline who observes and explains.

For example, economists argue that society changes depending on economic revolutions that are made in the media and production systems, since the value of objects, individuals sue on deals to be consumed.

On the other hand, political scientists who study the apparatus of power, consider that the State’s relationship with the Company, individuals create models of behavior through regulation and enforcement and institutions coerce life modern societies.

Anthropologists and historians consider culture as the transverse axis of behavior, since according to their contributions nomadic man became a balanced being, creating civilizations, where agricultural production scheme demanded and created the necessary conditions of subsistence long term.

Subsequently, the birth of industrial society, greatly accelerated the system of social reproduction inciting individuals to be machined to tame machines, and establish a speech worthy and fulfilling life. To end up with a society of information or knowledge, where the main techniques of partnership and interaction are framed in the use of new technologies, both for the case to communicate (chat), for information (blogs, e-zines) to participate in political affairs (social networks) or for entertainment (digital cinema, video) and to establish relations of commodity production and financial mobility.

Therefore, the individual and society in general is undergoing a process of individualization, and for the first time ever, people are becoming what they really are: isolated subjects, with experiences that only relate to each other, to meet, politically, and economically essential physiological needs and manufactured.

While it is true that scholars of the social sciences, the concept of society continue to be associated with the spaces of political participation, today, has become a term that is in question, this is thanks to the new features that globalization imposes on the socio-political life.

Historically and as a product of modernity, society has been coined by a number of features that made sense and reason.

The first approach is found in Aristotle, the term societas civilians, translated into Greek as Kononia politike which means political community, then Hobbes and Kant used the term as a synonym for state. It was to Hegel made a clear distinction between state and civil society.

In the famous Hegelian triad of ethics, he identified three instances of human interaction: “The first on blood ties and mutual effect resulting in the construction of human relationships (the family), another linked to the field of social relations -economic derivatives workforce and commercial (Civil Society), and the last linked to space policy deliberation and decision. ” (Ruslan, 2010: 92).

From the above arguments, the company acquires the sense of where the conflict of public interest are resolved, therefore, it is here where the company acquires trait civil, by the mechanisms of political participation, economic reproduction of civilizing processes based on ethics and religion, comprised mostly of individuals who maintain identity and a way of socializing. However, all the above has been drastically changed by the effects generated by globalization.

This new reality raises several questions, for example: What has been one of the main factors by which society is no longer considered as a place where playing the sense of community and social responsibility ?, The identity of consumerism is one of the main factors which society has been individualized and atomized ?, Can there be an individualized society involved in the fields of politics, economy, ecology and culture in the global era ?, Is individualism way society is expressed today ?, What are the factors that trigger the process of individuation of a certain global society ?, What are the new identities that individuals are generated through a individualizada- globalized society?

I believe that one of the main arguments that can bring us closer to answering these questions, but above all explain this phenomenon, part of the idea that individualization is a global sociological mutation close to what Castoriadis called the “host imaginary signification” whose result It is synergistic organization and meaning of actions and values ​​acquired by new subjects in an individualized society, in other words, individualization is a historical product generated by globalization.

It is not intended to show the individualization as a product of labor flexibility, or as the result of changes to the traditional family, much less as a radical change of consciousness, but rather analyze and reflect individualization through new forms of socialization through new digital patterns of behavior and new generations of so-called “liquid identity” (Bauman, 2005: 99).

Understanding individualization (for purposes of this research), as the way in which society organizes and directs its way to manage their behavior.

It is now and not before, when in the society of this “second modernity” (Ulrich Beck), and the individuals who make up have failed to act on the rigid political, economic and cultural structure modulated to society.

Now society increasingly demand possible private choices, the minimum and maximum austerity drive.

Although the above seems a little obtuse and objective statement, I would say that individualization processes are generated from the logic of the new institutions of motivation and desire generated by the market, strengthened and reproduced in democratic systems, to the extent that new institutions encourage the participation of politics, ecology and sustainable means, enable free time (from outsourcing and new labor contracts with expiry date), encourage leisure entertainment (movies, video games, interactive museums, homogeneous music), digital multiculturalism (social networks) is strengthened and encourages psychologizing of ephemeral fashion as new individual socialization.

In other words, society is gradually becoming a kind of self-managed community, individualistic needs and desires. A single saw, global companies acquire new hedonistic values, for example: respect for differences, the cult of personal freedom, relaxation, mood sincerity and free expression, that is, the new society that is rebuilding, re-it signifies the sense of autonomy and self-self, leaving behind the old unsustainable and systematic voluntary expressions of the old authoritarian regimes, not only in Mexico but in much of Latin America and the world.

Moreover, in the XXI century, various moral and political values ​​have led to significant changes both in the way of structuring the political life of a society, as well as organizing social and cultural patterns of the weak US-National.

The trait of freedom, has removed the stickler idea of ​​the unique expressions of modern societies, the decades of the 60’s, 70’s, 80’s and 90’s of the twentieth century. The rigid practices of politics, productive and moral life have disappeared, or the best are in the process of death.

The old modern ideal of subordination to the individual to the rational rules of the community, are in question, or are being pulverized by the exercise of freedom, mobility and cyber life, or in the words of Lipovetsky ” pour la vie nouvelle qui produit à la lettre hyper-modernité “(for the new life to the letter produced hyper-modernity) (Lipovetsky, 2003: 64).

Because now the new postmodern ideal of individuality is embodied in the transformation of lifestyles, aimed at consumer life, and in that sense, this activity has allowed, paradoxically, the development of rights, desires and pleasures of individuals.

Epistemological analysis of the process of individuation

To address the process of individualization in global society, it is necessary to define and justify the epistemological theoretical field that will give this character of scientific research, or at least give results and contributions to inter-subjective approach to the phenomenon studied.

The different theories that were addressed to explain the process of individuation, consider the epistemological positions that are taken to better interpret this phenomenon are especially critical theory texts and the Dialectics of the Concrete.

I believe that the process of individuation saved himself, in his explanation and interpretation different contradictions are contrasted with reality, especially when analyzed society from the field of civil, as the sense of community is denied and social responsibility.

However, there are other interpretations that explain from tangible variables such phenomenon. From labor flexibility, re-structuring of the state and of the new institutions generated by the market and democracy as the only form of relationship between individuals.

Some scholars on the subject dare to explain this phenomenon from positivist methodologies, this in order to classify their contributions, the sense of objectivity and scientific approach, but all have shown in their research contributions are abstract, flimsy, and deducted prepositions often unrealistic. Therefore, “if there is a contradiction between experience and theory must be discarded” (Horkheimer, 1974: 224).

The theoretical to analyze and interpret the process of individuation, system consider that there must be a certain harmony excluding contradiction superfluous, abstract and univocal components.

That is, to explain the process of individuation should set aside the positivist-mathematical interpretation, because I believe that for the study of society, not only be studied from deductive objectification, much less be reduced to logic elements but they can be understood from the bond with real social processes. Because society must be understood as a space that plays in time, but mostly as a changing entity in constant transformation. Therefore “social knowledge is an intra-scientific process, ie, time and type of society” (Horkheimer, 1974, 230). So the process of individuation must not explain under trait of logic, but rather has to be understood through critical dialectical method (Kosik, 1984: 36).

But for this phenomenon can be explained critically necessary that the explanation thereof is located on the ground of revolutionary praxis, not associating revolutionary praxis with old proletarian groups, but with new subjects of politics, these are: citizens turned into actors of their interests and collective goods.

Therefore to gain knowledge, as stated Kosik, we must start from the decomposition of everything and understand society from their particular-individual unit, because through this decomposition we can interpret the phenomenon (individualization) and substance (individual ) and show its internal coherence. Only in this way can we reach the world of the realization of truth and dismantle the world of pseudo-realization with the surrounding society as individualistic trait in relation to the new institutions of motivation and desire that promotes market .

On the other hand, in paragraph I stated that the process of individuation is the product of a sociological mutation generated through economic changes that were raised throughout history, especially since the fall of the Berlin Wall and the birth of the It is known as globalization.

In this regard and as famed for attaining the objective it is necessary to place the individual in history and the context in which their identification is promoted, and with it, new processes of socialization with new structures. In other words, the individual and society are moving parts that are transformed and acquire new traits relationship through history, but this mobility is not given only by physical, biological and social issues, but also by the material issues.

So if the individual is a product of history and the social, observation and understanding of revolutionary praxis, it will lead us to that reality checked through the materialist theory of knowledge advocating observing the substance understanding to this “as the thing in motion” (Kosik, 1984: 41).

Hence the phenomena being studied in society (and in this case the individualization process) should not only be reduced to simple logic-reductionist assumptions, but should be studied by the thing (society) in motion. Because: “The movement of the thing through sensitive to rational observation is the method of dialectics of the concrete totality (…) Example: We study the motion and subject-object, all the contradiction and the essence and the phenomenon “(Kosik, 1984: 43).

So to analyze this new reality of society is necessary to consider and from the whole as a perfectly structured and dialectical, which can be understood rationally any done.

So our scientific method to explain the process of individualization in global society will be through the study of concrete reality that emerge through historical phenomena. Analyzed and reified through the materialist theory of knowledge and from history itself.

On the other hand, I consider that to analyze society and the individual under the globalizatorios processes is necessary to generate a new species of native knowledge of the individual “sovereignty understood as the creative thought” (Horkheimer, 1974: 252). This new kind of thinking must correspond to a set of relationships that responds to their collective and private needs. Since the individual, as we mentioned, you accept his world in which it has been usurped, but also modifies and persists with its revolutionary praxis. “Therefore, human production contains some systematic, to the extent that the fact that the individual is added externally to the theory, it is socially produced. This fact must be present on reason “(Horkheimer, 1974: 259).

However, to explain the process of individualization must not only be in the limitation of history, but is also necessary to place the contradictions in the system of relations of individuals with other entities, primarily the economy (division of labor and productive means), by the company itself (classes or social strata), cultural issues (moral, customs and identity) and politics (the State, the government and laws). Achieving locate the contradictions of these entities and as factors in the process of individuation, we can only achieve through behavior and critical thinking.

Precisely this kind of thinking will help us to confront the bourgeois thought, but especially to contrast the process of individualization as a product of capitalism and the new institutions and logic of the global market. Thus we conjugaremos the appearance of critical theory in relation to the practice of individuals, civil society and globalizatorios processes.

In this sense, just as we said Castoriadis to understand the composition of society as individuals, not as a set of individuals. So that the individual is the factory essence of society itself.

Therefore, when individualization understand as historical and social product and as a weak trend towards transformation or separation of institutions that once gave rationale, it is important to apply the necessity of being of society. Since society itself remains the real and imaginary space that itself establishes itself, and therefore creates different forms of socialization.

So that individualization is not the destruction of the areas of relationships, or give rise to atomized, selfish individuals of their own passions and interests, but that individualization is creating and autoafirmando the individual and what has really always been: A isolated individual, with life and experience that only their need to survive in society relates to the other, giving off different values ​​and political, economic actions, ethical and civilizational.

In the words of Castoriadis: “Therefore, the need to postulate another level of being, socio-historical, social imaginary as instituting, creating field in ways that arises as there is a multiplicity of humans, but unobservable in their origins as humans never find more than socialized “(Castoriadis, 2004: 37).

Under the logic of Kosik and Castoriadis, the dichotomy individual / society no contradiction between them or disappearance of some of them, since the individual as single monolithic material remains the concrete representation of society and society is phenomenal device with fear of contradiction, one could say that then society is the essential representation of individuals in their concrete form. “It is so because the individual is a product of society, a social fabrication by which society perpetuates and really exists.” (Castoriadis, 2004: 38).

This argument completely opposes the claims that the company, under the globalizatorios processes between the process of individuation, denies and seeks to wipe out the company itself. As if society as a whole depended on a single economic dimension.

Consequently, society in any transformation that develops throughout history to be glimpsed through critical thinking, but should also be perceived through ideal types in order to pursue the evidence in the interpretation of phenomena that manifest in this If the process of individualization of new global partnerships, should be observed from the revolutionary praxis of individuals and within the meaning of their action.

Final Reflections

Individualization is a product of sociological mutation, changing values ​​established democracy, and the new institutions that generates the logic of the market.

While it is true that more needs to discuss the issue of the relevance and problems resulting individualization in society, and the validity of the theories that this new phenomenon is explained, I believe that the social sciences, in an effort categorize and explain the changes experienced by the individualistic society and new subjects; It is the responsibility of those engaged in the social sciences with a commitment to explain, or at least understand, the new structures that give cohesion and support to public and private life of individuals.

Besides the epistemological reference with which I will analyze, observe and study the process of individualization in global society through the use of critical theory and contributions to the work of the dialectic of the concrete, they grant me easier to understand this phenomenon but also I try to raise my research, the first place the individual in history, materialist dialectics to approach and observe the revolutionary praxis of individuals embodied in people pursuing their collective and private property. As well as put into question, accept or reject the theories of those who say that society as civil trait is a process of individuation.

Bibliography:

Castoriadis, Cornelius. (2004). Subject and Truth in the social historical world, Argentina: FCE.

Horkheimer, Max. (1974). Critical Theory, Buenos Aires: Routledge.

Kosik Karel. (1984). The dialectic of the concrete, Buenos Aires: Grijalbo.

J. M. Mardones and Ursúa N. (1983). Philosophy of human and social sciences: materials for a scientific foundation, Barcelona: Fontanarama.

Further reading:

Bauman, Zygmunt. (2005). Identity, Buenos Aires: Losada.

Lipovetsky, Gilles (2003). The era of emptiness, Barcelona: Anagram.

Posadas, Ruslan (2010). Liquid realities, zombies concepts: the lexicon of politics in globalization: Alfer.

Beck, Ulrich (2003). Individualization. Institutionalized individualism and its social and political consequences, Barcelona: Polity Press.